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¿CAMBIAR DE RUMBO A MITAD DE CAMINO? (2ª parte)

La semana pasada repasamos esos fichajes que revolucionaron el mercado de invierno. Esta semana seguimos con más.  Chimezie Metu aún no ha debutado con Dreamland Gran Canaria (es posible que lo haga este fin de semana), mientras que Patty Mills aterrizó, tras pasar en La Laguna las pruebas médicas, se ha incorporado a la expedición que C.B. Canarias está haciendo hacía tierras italianas, para enfrentarse a Pallacanestro Trieste. El australiano es la gran atracción a priori en nuestra Liga Endesa Son muchos partidos disputados a sus 37 años desde que, en Endesa Basket Lover, lo vimos por primera vez con la selección australiana junior, en el famoso torneo de Manheim, debiendo echar un vistazo a su nombre en la guía de plantillas. “Pues se llama Patrick (así ponía en aquella revistilla a modo de Media Guide) y parece que el chaval manda, ¿eh?”. Era el torneo de la generación de Víctor Claver y Quino Colom. El torneo de una selección francesa (que venció) liderada por Antoine Diot, Nico Batum y Alexis Ajinca. Fíjense si han pasado años. Desde 2009, recalando en los Blazers hasta la actualidad en la NBA, con un título en 2014 de por medio, ganado con San Antonio Spurs y una medalla de bronce en 2021 en los Juegos Olímpicos de Tokio, la travesía ha sido prolongada. Como dicen en la isla, “Marcelinho llegó aquí con 36 años. Si no hubiese sido así, jamás habría venido”. Repetimos que Mills cuenta con 37, uno más que Shermadini y Abromaitis y menos que los de Doornekamp y el propio Marce.

Sigamos con nuestro repaso de aquellos que, fichados durante la temporada con una fama más que notoria sobre ellos, recalaron en nuestro baloncesto español. También con 37 años apareció un tipo muy, muy especial en un modesto club, Bàsquet Manresa, en enero de 1990. Una leyenda de la NBA que había sido 4 veces máximo anotador de la liga e, incluso, MVP en uno de sus All Star Games. Perdónennos que en este artículo nos explayemos un poco más con él, porque la historia que traía tras de sí y su estancia en Manresa son, realmente, fascinantes.

GEORGE GERVIN (TDK Manresa): Cuenta la leyenda que Johnny “Red” Kerr, tras fichar a George Gervin por los Virginia Squires de la ABA, lo invitó a ver un partido en su pabellón, desde la grada. Tras el choque, ambos bajaron a la pista y Gervin preguntó que por qué no tiraban más de 3 puntos. “Coach Bianchi no cree que sea un tiro con buenos porcentajes. George, está realmente alejado”. El recinto ya, totalmente vacío, contaba con escasas luces encendidas. Gervin tomó un balón y vestido con una camiseta, vaqueros y  zapatillas, cogió un balón y comenzó a tirar de tres puntos. Uno tras otro. Dentro, dentro… dentro. De 20 lanzamientos, anotó 18. A Kerr, lo único que se le ocurrió decir fue “vámonos, para asegurarme que la tinta de tu contrato está seca”.

George Gervin fue visto y descubierto por -cómo no- Sonny Vaccaro (sí, sí, el protagonista de la película “Air”), que habló de tal perla al entrenador de los Virginia Squires, Al Bianchi. Éste, tras presenciar una actuación en directo jugando con los Pontiac Chaparrals -perteneciente a la Continental Basketball League- quedó más que convencido del futuro estrellato del joven. Con su mediación, Johnny “Red” Kerr, antigua estrella de la NBA entre los 50 y los 60 y  jefe de la franquicia de en la ABA, se hizo con sus servicios tras cerciorarse que, el incidente por el que tuvo que dejar la NCAA, fue un hecho aislado. El chico era humilde y tratable.

Retrocedamos algo en el tiempo. Jerry Tarkanian, el mítico “tiburón”, le quiso echar el guante para la universidad de Long Beach State, donde entrenaba por aquel entonces. De hecho, Gervin pasó unos días allí. Pero decidió quedarse en casa, en los “hurones” de Eastern Michigan. Y con tal -pequeña- universidad, un partido disputado en Evansville en 1972, dio un puñetazo a Joe Piccola, jugador de Roanoke College, por el que fue fuertemente sancionado, apartado. Y tras dos años, Gervin pensó que estaría bien ganarse la vida jugando al baloncesto. Y firmó por los Chaparrals. “En Pontiac, ganaba 500 dólares mensuales. Tenía para vivir, un buen coche… Era feliz”.

Lo que Gervin jamás pudiera imaginar es que, con su marcha desde los Virginia Squires a los San Antonio Spurs -también de la ABA-, cambiaría tanto su vida. Decir adiós al estado de Virginia “donde estaba con Julius Erving. Cuando fui traspasado a San Antonio, no tenía ni idea de que allí hubiese baloncesto”, le sonó regresar a las catacumbas Sin embargo, se encontró con una urbe deseosa de ver baloncesto y pasárselo bien con ello. Desde Endesa Basket Lover, recomendamos fervientemente el documental sobre la ABA de la plataforma Amazon Prime Video, “Soul Power”.

Tanto fue el impacto del equipo en la ciudad tejana, que tras la desaparición de la ABA y la absorción de la NBA, uno de los cuatro de equipos que emigraron, expolio mediante (de verdad, vean el “Soul Power”, junto a Nets, Nuggets y Pacers, fueron los Spurs.  Liderados por George Gervin ya en la mejor liga del mundo, más Larry Kenon, James Silas o Billy Paultz (terrorífico equipo), lograron entrar en los playoffs NBA desde su primera campaña en 1977 hasta 1983 de forma ininterrumpida (solamente otros 3 equipos pueden decir eso). George Gervin era delgado. Muy delgado. Y con sus dos metros hacía absolutamente de todo con un balón en las manos. Superó la depresión que padecieron todos los ABA de disputar una nueva liga sin línea de tres puntos. Tres años duró aquella rareza hasta que la NBA la implantó. Y a base de seguir anotando, de entrar a canasta, usar su “finger roll”, donde la historia lo ha acabado patentando  como uno de los gestos más icónicos de la liga, junto a la suspensión de Jerry West, el gancho de Abdul Jabbar y las bandejas por extensión del “Doctor J”.

Con su mirada como que la cosa no iba con él, con su suavidad ejecutando jugadas, su frialdad aparente… había que buscar apelativo: ”Iceman”, claro. “Intentar parar a Ice, es hacer que Ice se crezca” ya decía George Karl, compañero suyo en los Spurs, a quien se encontró en su llegada a España en 1990, entrenando al Real Madrid. “Él sabe cuando vas a saltar, por lo que te finta, y no le vas a molestar lo más mínimo”. Norm Van Lier -estrella y gran atleta en Chicago Bulls- le picó tanto las dos últimas veces, que le endosó 37 puntos en ambas ocasiones. Eso sí, tomen nota: 17 de 18 en tiros de campo. “¡Ja, ja, ja! Es un chiste para él. El tío juega con la NBA entera”. Lo que Karl no cuenta es que el día anterior, anotó 42 puntos a los Kings (19 canastas de 25 intentos) y en que la anterior actuación, en New York, se fue a los 35 (14 de 20). Números que le dieron hasta 4 veces ser el máximo anotador de la NBA (1978-79-80-82).Fue MVP de uno de ellos, en 1980, el mismo en el que debutaron Magic Johnson y Larry Bird.

En 1985 fue su última aparición en un All Star (como titular incluso) y a la siguiente temporada, fue traspasado a Chicago Bulls, donde tuvo más protagonismo del esperado, tras la prolongada lesión de Michael Jordan. Y se acabó su historia NBA.

¿Cómo era posible, siendo un año y medio antes uno de los favoritos de los aficionados? Sus problemas con las drogas le sumieron en un pozo, incluyendo su paso por Roma intentando salir de tal atolladero. Tras la lesión de Scott May, el Banco di Roma se hizo con sus servicios, formando con Mike Bantom como pareja de extranjeros. Jugó en el equipo de ‘la ciudad eterna’ 27 partidos, con una media de 27.3 puntos, aunque no podían ocultar sus problemas con la cocaína. Y dejó de jugar al baloncesto. Tuvo al menos su día de gloria cuando en mitad de su infierno particular, en la temporada 87/88 fue reunido junto a su familia, porque los Spurs lo retiraron el número 44 que tantas ovaciones arrancó. Dos temporadas después, volvió a los Quaid Rapid Thunder de la CBA, en el estado de Iowa, a ganar algunos dólares jugando ante su precaria situación financiera. En estas, apareció Manresa.

Como suele pasar en estos casos de jugadores tan carismáticos, encontró un equipo con problemas. En la segunda temporada del entrenador portorriqueño Flor Meléndez, TDK Manresa perdía un partido tras otro, incluso en la fase de la A-2, con los equipos que buscaban la salvación en el furgón de cola. Los bagesanos apostaron aquel año por una pareja de yugoslavos como dúo extranjero, Obrad Sarancic y Boban Petrovic. Y éste último fue cesado. “Petrovic es una gran persona, un gran jugador, al que le ha faltado suerte para triunfar” según las palabras del histórico presidente del cuadro manresano, Carles Casas. Casas tenía en su bolsillo una lista de 8 posibles sustitutos del serbio. Y fue su hijo mayor Carles cuando vio la lista, que pegó del  respingo a quedarse lívido. En ella, se encontraba nada menos que George Gervin. Quedando advertido por su hijo, pues el presidente no conocía de las excelencias de ‘Iceman’, se habla con su agente, que lo había ofrecido en Francia y en Bélgica. La operación era más que arriesgada, Gervin tenía 37 años y unos problemas con las drogas que, según el mítico Walter Szczerbiak, estaban superados tal y como contaban algunos medios USA. Basquet Manresa pidió una prueba y comprobar su estado de forma. pero como dijo su agente “es como si vas al concesionario a comprarte un Roll Royce y pides probarlo antes”. Ante las dudas, el riesgo. Los Thunder de la CBA quieren hacerle una extensión de contrato por lo que restaba de temporada. Toca decidirse y con premura. Y acabaron un 16 de enero de 1990, dende aterrizó por Barcelona de la mano y sonrisa de su nuevo presidente, Carles Casas.

Debutó en la jornada 20, anotando 31 puntos, con 23 ya al descanso. En un Congost más que abarrotado, con algo más de 3000 espectadores -casi se doblaba su aforo-, en la segunda parte estaba asfixiado. Perdieron el choque ante Cajacanarias (79-92) y Flor Meléndez se enojó bastante pues sus jugadores no tenían claro aún que su extra en defensa tenía que ser mayor ante la nueva presencia de un compañero al que no pedían desgastarse en tal faceta. En el segundo choque en Málaga ante Mayoral Maristas, anotó 31 puntos pero volvieron a perder (87-84).

George tuvo que regresar a Estados Unidos para arreglar con la justicia tejana un problema, pues estaba en libertad condicional tras ser detenido por conducir ebrio. El “presi” Casas, antes de solventar tales problemas desde la embajada estadounidense en Barcelona, prefería que regresase a su país y de paso, venir acompañado con algunos componentes de su familia, todo con tal de encontrar comodidad ante una localidad, Manresa, que no era ninguna gran urbe en las que Gervin se había movido. La plantilla manresana parecía estar sumida en una depresión de juego, a pesar de su nuevo compañero, envueltos en una racha de 10 derrotas en 11 partidos. A los 38 años recién cumplidos en Manresa, George Gervin apareció de nuevo en la ciudad del Bages 72 horas después fue cogiendo la forma gracias a que disputaban un partido a la semana, sin calendario sobrecargado, sesiones de mañana y tarde en el frío  Congost (no el actual), como recuerda su compañero, el mítico Juan De La Cruz “se ponía hasta tres pares de calcetines”.

Optimizaba esfuerzos como un veteranazo, no corría transiciones ni apenas tiraba triples, pues lo que quería era asegurar porcentajes de tiro y forzar innumerables faltas, sobre todo con la cantidad de balones que se jugaba. Intentaba la finta, el bote, segundo bote y, eso sí, pillar por sorpresa al rival en la suspensión, por muy pegado a él que estuviese.  Aún levantando poquito sus pies del suelo, la rapidez de ejecución del tiro a media distancia seguía siendo asombrosamente la misma. Y los tiros entraban. Cuando se atrevía a entrar a canasta, digamos que se quedaba a mitad de camino de lo que se le había visto un puñado de años antes, pero soltaba su mítico “finger roll” con la misma destreza. Unos cuantos palmos más alejado, pero igual de efectivo.

Y en su octavo encuentro ante el Grupo IFA Granollers, a pesar de la derrota (86-107), Gervin se fue hasta los 42 puntos. Ya jadeaba menos en los entrenamientos y tenía oxígeno suficiente para estas exhibiciones. Esto no quitaba ningún síntoma de tragedia en el club, pues la racha de derrotas continuó hasta el final, incluso en el playoff de descenso donde claudicaron en la primera eliminatoria ante Valvi Girona. Sin embargo, en la segunda, ya a vida o muerte -quien perdiese, descendía de categoría- ante el Tenerife Nº 1, los tinerfeños fueron pacientes sufridores de sus mayores exhibiciones en España. Durante los 4 partidos de extensión de tal eliminatoria. Gervin logró en el tercer choque 43 puntos (tirándose hasta las zapatillas, dicho sea de paso) y en el cuarto, con el que concluyó la eliminatoria, 31 puntos y un excelso 11/16 en tiros de campo, para lograr sendos triunfos y salvar una temporada dificilísima para los manresanos. La meta estaba conseguida.

Y Gervin, tranquilo, poco comunicativo pero amable, había cumplido con lo que se le había requerido. Aquí en España vimos a una de las mayores estrellas de la historia del baloncesto. Andando, eso sí. Pero por tal razón, más asombroso. El baloncesto no conoce de velocidades y sí de sapiencia. Sus partidos apenas fueron televisados, al margen de los que TV3 abrió su ventana a nivel autonómico. Unos documentos de gran valor con el paso de los años. Hoy día, su aventura, nos sigue pareciendo fascinante.

CURTIS BORCHARDT (C.B. Granada): Fue un jugador impactante allá donde fue… mientras le dejaron sus rodillas. Estamos hablando posiblemente del mejor jugador que ha pisado tierra granadina… y lo demostró con creces. En el baloncesto universitario estadounidense, mantuvo la línea de élite que su equipo, Stanford, atravesó en los últimos años con tipos como Mark Madsen o los hermanos Collins, Jarron y Jason. Nuestro protagonista compartió vestuario con el ex baskonista Casey Jacobsen y con Josh Childress. Utah Jazz le dio la oportunidad de ser un sólido pívot de rotación, titular en un buen puñado de ocasiones, pero ese trajín para sus rodillas era excesivo. Como confesó al periodista José Manuel Puertas en el “Ideal” de Granada, “en la NBA hubo momentos en los que lo pasé realmente mal”. Tras no jugar con Boston Celtics, última franquicia a la que perteneció, la siguiente asignatura para pretender vivir del baloncesto, era Europa. “Tuve una primera oferta del Barcelona, pero Josh Fisher -por aquel entonces, jugador del Real Madrid- me dijo que su entrenador, Dusko Ivanovic, era muy exigente y que quizás no era el mejor sitio mara mí, por lo físico. Y apareció Granada”.

 

Nunca antes había escuchado sobre Granada, pero la ciudad le encandiló solamente usando Google y en ella, había un director deportivo muy ambicioso, Oriol Humet, empecinado en contratarle. Borchardt, tras su periplo en Utah Jazz y siendo compañero de Raül López, que bien le había hablado de la ACB, era un tipo muy familiar entre el aficionado del baloncesto español. Que alguien así recalase en el “Cebé”, impactaba. El equipo de Sergio Valdeolmillos se encontraba entonces con un récord de 7-7 en la temporada a la que nos referimos, la 05/06, envalentonados tras 3 victorias consecutivas, la última ante el Real Madrid (83-71).

Nunca había tenido la oportunidad de vivir con su esposa, excepto las pocas fechas que estuvo en Boston. Granada sería la primera y les parecía una aventura excitante que ambos deseaban compartir. “Me encantaba la vida allí, el equipo, sus entrenadores, sentirme parte de un grupo humano y dejar de lado el negocio que es la NBA”. El impacto era inmediato. 15,9 puntos y 9,4 rebotes el primer año, con un 60,7% en tiros de campo durante los 17 partidos que le dio tiempo a disfrutar. Eso fue el inicio de cuatro temporadas imborrables para él, el club y por supuesto, los aficionados. Cinco veces jugador del mes. “En ataque metí muchas canastas fáciles gracias a que Oriol Junyent y Jesús Fernández eran, como pívots, grandes pasadores”. La permanente recuperación de su cuerpo tras cada partido era algo en el que todos trabajaban, sea David Urbano (actual fisioterapeuta del Real Madrid y Selección Española, tras pasar por Baskonia y F.C. Barcelona), Felipe Segura y Sergio “Pinzas”. Como nos recuerda José Manuel Puertas, “su compañero Jesús Fernández decía que solo entrenaba un día: el jueves. Eso sí, ese día era intensísimo”.  El resto, era recuperación individual.

Idilio de cuatro cursos, viéndose lastrado físicamente cada vez más según pasaban los años y asumiendo que el club cada vez entraba en más problemas, económicos y deportivos. Pero aquí quedó la estampa, imponente estampa de un 2,10 de estatura que jugaba de pívot y sabía ser pívot. De los dominantes, intimidadores e irremplazables. ¡Ah! Y 14 victorias finales, para alejar a los granadinos, muy lejos, de los puestos de descenso. Objetivo más que cumplido.

NIKOLOV TSKITISHVILI (Caja San Fernando): Y vamos a uno de los casos más alucinantes que hayamos podido vivir en la historia del baloncesto del siglo XXI, resultado de la deriva que tomó en sus albores. Alguien cuyas actuaciones en la pista eran inversamente proporcionales a la fama que, entre todos, se encargaron de envolverle. Mientras Curtis Borchardt, ya en su segundo año, iba coleccionando trofeos de “Jugador de la semana” en la ACB, Nikoloz Tskitishvili fue fichado por los sevillanos en enero de 2007, debutando con 3 minutos -y 0 puntos.- el día en que Caja San Fernando conseguía el pasaporte a la Copa del Rey de Málaga tras tres años de ausencia, venciendo al Alta Gestión Fuenlabrada (77-68). El club sevillano, yendo en la parte noble de la clasificación tras encadenar seis victorias consecutivas, se planta en diciembre y todo fueron desesperos para su entrenador, Manel Comas. Entre lesiones de hombres interiores y la irregularidad de su estadounidense Demetrius Alexander (tranquilos, que aquello del “naf” vino tiempo más tarde, en Valladolid), pasan derrota tras derrota hasta cuatro seguidas, venciendo en el último round ante los fuenlabreños para llevarse una victoria a la boca. Vamos con nuestro personaje. Nikoloz Tskitishvili era en 2002 el nuevo Nowitzki, la perla por la que suspiraba toda la NBA hasta llegar a ser número 5 del draft, nada menos, elegido por Denver Nuggets.

Con la irrupción de Kobe Bryant y Kevin Garnett directamente desde el instituto, fue un ejército de chavales quienes decidieron dar el salto con apenas 18 años. Y ya no hablamos de tipos como Jonathan Bender, que al menos sí disfrutaron de la liga hasta que les lesiones cercenaron tempranamente sus posibilidades, sino de aquellos que nunca llegaron. ¿Cuántos Koleone Young, promesa incipiente de high school entonces, absolutamente anónimo hoy día, habrá habido o como el caso de Robert Swift, sus vidas profesionales y personales, se vieron arruinadas por esta premura de cara a saltar a la NBA? Y en Europa no éramos ajenos. El bombazo que supuso Dirk Nowitzki desde la segunda división alemana, creó un aura de querer aventurarse por el talento joven también desde el Viejo Continente. Nikoloz Tskitishvili fue un caso que pretendían que fuese similar. Cinco equipos en cuatro años en la NBA y en España aparece alguien que, con 23 años, por experiencias, ya es viejo.

A las pocas semanas de estancia en Sevilla, GIGANTES tiene a bien hacerle una entrevista. Quique Peinado fue el autor de la misma. Sus recuerdos de aquel día los ha contado en más de una ocasión, tras presentarse a la cita, como todas, preparada y con especial interés por la curiosidad del personaje. “Y con la primera pregunta, este tío se puso a rajar de la NBA… yo lo más que hice fue poner la grabadora a funcionar y a cruzarme de brazos”. Lo que el aparato registró era oro puro. “Yo pensaba que iba a dar una versión más de deportista del típico ‘no pudo ser…’. Lo que no me esperaba era esa sensación de absoluta sinceridad, que era un poco lo que pensábamos la gente desde fuera, pero que visto desde dentro… es hasta gracioso, porque te das cuenta que, a veces, las cosas son más sencillas de lo que parecen”.

Quique Peinado nos descubrió que el chaval iba para bailarín (pues tanto su padre como su madre, lo fueron). Y confesaba tener talento y gusto por ello. Sin embargo, una guerra en Georgia en 1992, rodeado de ruido de balas, coartó su estancia fuera de casa y del colegio, por exigencia de su madre. Una pista de baloncesto cercana, el estirón durante su pubertad, camino a sus 2,10 de estatura y la agilidad y su coordinación, sobre todo en las piernas que el baile le facilitó, encandiló a sus primeros entrenadores, que le pronosticaban NBA a cinco años vista.

De Georgia al Geoplin Slovan y de ahí a la Benetton Treviso, donde como crío que era, apenas jugaba. Y sin apenas asimilar nada, sin apenas dejar la técnica individual como un joven, casi sin tocar entrenamientos colectivos y el entendimiento del cinco contra cinco, a la NBA. “Cuando llegué a la NBA, me trataban como una estrella. ¿Qué esperaban? ¿Cómo iba a serlo si en Europa metía seis puntos? Un chaval de 18 años que no había jugado mucho, por supuesto que no estaba preparado y ellos lo sabían. Me faltó la confianza de un entrenador que me dejara trabajar a largo plazo”. 

 

Quizás lo correcto hubiese sido no abandonar Treviso, formarse allí con calma como jugador, “pero has de entender y ponerte en el lugar de un chico que fue pobre y que tienes la presión de un buen dinero que te pagan”. Siete millones de dólares por tres años era la cantidad que le correspondía a su puesto en el draft. Tras Denver, Minnesota, New York, Golden State y Phoenix fue un itinerario donde promedió 11 minutos, 2,9 puntos y 1,7 rebotes en sus cuatro años de estancia allí.

Ya en Sevilla, confesaba abiertamente a Peinado que “ahora me resulta difícil jugar aquí. La última vez que jugué en Europa fue hace cinco años y tampoco jugaba mucho, pero tengo confianza en volver a sentir lo de entonces”. En el Caja San Fernando tuvo alguna buena actuación, pero tan solo en 6 ocasiones superó los 10 puntos, siendo 15 su tope en Murcia. Promedió 6,8 puntos en 15 minutos. Como veis, bastante desapercibido. Algo mejor resultó su aventura en Fuenlabrada dos temporadas después, donde permaneció casi dos cursos, para finalizar su carrera ACB en Gipuzkoa Basket. Eso sí, os recomendamos que echéis un vistazo en Wikipedia para que veáis la cantidad de travesías y equipos en los que ha estado a lo largo de su carrera.

 

RODNEY WHITE (Ricoh Manresa)

Podemos recordar algunos nombres más. En esta temporada fuimos testigos de las evoluciones de Josh Richardson en Zaragoza que, como Will Barton en Granada el pasado curso, pasaron desapercibidos con discretísima aportación. Pero sí quisiéramos detenernos en un último nombre, este Rodney White, que lo íbamos a añadir en “comentarios finales”, pero creemos que también merece su espacio. Un nº 9 de la 1ª ronda del draft NBA de 2001 que apareció en nuestro baloncesto cuatro años después. Su azarosa y desordenada vida le hizo que, en plenas condiciones físicas (el problema, es que nunca las tuvo mentales), llegase a nuestro baloncesto con todo su repertorio, lo cual disfrutamos y de una forma frecuente.

Sí, era el tipo que jugaba con un palillo en la boca. “Entrenaba y jugaba con él. Eso es una realidad absoluta” recuerda quien fue su entrenador, Oscar Quintana. “No es que se matase entrenando, pero era decente. Se portaba bien, salía con gente de Manresa, a veces por Barcelona y para ser un ídolo de high school en Estados Unidos, se mezclaba bien con la gente”. Jugador que promedió la nada desdeñable cifra de 20,9 puntos, un 44,8% en tiros de campo y que “tenía mucho talento, no solamente anotando. Era un alero grande, de 2,05 de estatura, que leía muy bien el juego y pasaba muy bien. Jugaba de alero o ala-pívot, según las distinciones del rival. Su primer paso era demoledor. Si le dejabas espacio en uno contra uno te la metía para abajo con enorme facilidad. Si no eras duro defendiéndole, jugaba muy fácil. Como muchos buenos estadounidenses, pensaba siempre para él, pero no es que fuese díscolo ni excesivamente egoísta con los demás”.

Llegó cuando el equipo llevaba 4 victorias y 10 derrotas, últimos en la clasificación junto a Alicante y Caja San Fernando. “El problema fue que, en un partido decisivo en el que nos lo jugábamos todo ante Fuenlabrada, se presentó cuarenta y cinco minutos tarde, producto de una gastrointeritis que derivó en diarrea. Y ese día, tras estar toda la semana diciendo que se iba a dejar la piel, jugó con cero intensidad, sobre todo en defensa”. Jugó los 40 minutos y anotó 23 puntos, tal era su facilidad. Pero los fuenlabreños aprovecharon ese agujero defensivo, venciendo 88-90. “Ese fue el partido que tuvimos que ganar para salvarnos, porque en la última jornada en Menorca, era un cara o cruz. Tras su enfermedad, esa semana perdió como 4 kilos y estuvo tan solo en cuerpo”. 15 puntos y 6 de 17 en tiros de campo, para sucumbir en tierras baleares (75-73) y acabar el equipo descendiendo. “Su vida desordenada le venció” asevera Oscar Quintana, que aún recuerda con mucho amargor ese descenso. La siguiente temporada probó con Bilbao Basket, pero no aguantó más de tres partidos.

Y acabamos este repaso. Vosotros podéis poner más nombres. Sí, nos hemos dejado uno en concreto y a propósito: un número uno del draft y MVP de un All Star Game de la NBA que, imponente, se presentó en 1992 en la soleada Málaga, cuando uno de sus equipos, Unicaja de Ronda, pasaba todos los apuros posibles. Su nombre: Ralph Sampson. Sus 2,24 de estatura resultó ser un reclamo para muchas televisiones europeas. Pero este señor se merece un serial, que comenzaremos a tratar la semana que viene. No os lo perdáis.

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