
Contaba Juan Antonio San Epifanio de sus últimos años como jugador en activo que, viendo sus limitaciones físicas, lastre de muchos años de esfuerzo sin descanso, la explosividad era sustituida por el factor sorpresa, que la arrancada cuando no lo esperaban era el arma con el que no contaban atletas más jóvenes y mucho más preparados que él. Y como la espuma de una botella gaseosa, eso se acaba en segundos, los que tenía para decidir. Aprovechar un bloqueo para recibir y decidir. Él fue tan, tan maestro también en esto que, así pudo vivir arañando cada vez más minutos en sus últimos años de carrera como jugador azulgrana hasta un homenaje en el que el Palau al completo se rindió con él.
Al F.C. Barcelona el pasado domingo les vimos algo parecido… pero en este baloncesto de hoy día, poco lugar hay ya a las sorpresas. Entre jugadores muy veteranos o tipos claves para Xavi Pascual, lesionados, a estas alturas de temporada con muchísimos kilómetros a cuestas, o se tira de un repertorio estudiado donde has de optimizar tus recursos como Epi en cuestión de segundos, o el asunto se les complica. Y es lo que les sucedió en el segundo cuarto del encuentro ante el Real Madrid el pasado domingo en el Palau (76-95), cuyo parcial fue de 15-36 más que determinante.
No es que mostraran pocas armas los azulgranas, pues su arsenal es amplio, pero estuvieron gran parte del partido totalmente desactivadas. Su juego a las salidas de bloqueos indirectos para contar con ventajas, fue totalmente desmantelado por el trabajo defensivo del Real Madrid. Más rápidos, más fuertes, muy bien sincronizados, ni los arranques de Clyburn o Brizuela o de la estrella, Kevin Punter, surtieron efecto, donde tuvo que ser Jan Vesely quien sostuvo la anotación en los suyos (15 puntos), huérfanos sobre todo desde que Satoransky se sentó en el banquillo (que ahí sí que duelen las bajas, en la dirección del juego).
Intentaron por otra parte el trabajo positivo que puede hacer Toko Shengelia en poste bajo, dando buenos pases a Fall o a tiradores. Pero el 9 de 27 en triples se quedó muy corto, más si lo comparamos con el estratosférico 12 de 19 desde la línea de los blancos. Sergio Scariolo usó jugadores hombres muy atléticos para minimizar los hombres clave en el perímetro azulgrana (sobre todo Hezonja, Albade y Procida, que jugó un notable encuentro) y se consiguió (3 de 16 en triples si sumamos las estadísticas de Punter, Brizuela, Satoransky y Clyburn). La efectividad de Joel Parra (3 de 4) no fue, para nada, suficiente.

Y donde los blancos les mataron fue en las transiciones rápidas, donde si no les controlas el inicio del contragolpe, con su calidad y físicos, rompen cualquier partido como sucedió en el tan argumentado 2º cuarto. Eso lo bordan, demostrando que a campo abierto, son muy difíciles de detener. Fue el mayor argumento para romper el Palau el domingo por la tarde.
La verticalidad y los puntos en la zona de los hombres pequeños fue una constante en los blancos. Y no solo en contragolpes porque, en su uno contra uno, jugando en estático, rompían por velocidad a los rivales, cuya edad casi siempre era superior en los locales, sino porque también no encontraron la oposición intimidatoria esperada una vez pisaban la pintura (en lo que en el Real Madrid cuentan con Tavares y Alex Len, que también funcionó defensivamente). Las rotaciones no llegaban a tiempo y eso desesperó en diferentes situaciones a Xavi Pascual.
El liderazgo y puntos de Campazzo, el daño del que ya sabemos que son capaces de hacer en penetraciones a canasta en ataques estáticos unido a los de Theo Maledon, fueron acompañados con la confirmación absoluta como jugador madridista de unas de las piernas más potentes de toda nuestra Liga Endesa, Andrés Feliz, sino que Gabrielle Procida también sacó a relucir su talento físico para desajustar. Todo esto, apoyados en que el porcentaje brutal de 9 de 12 en triples de la primera mitad, que forzosamente, abre todos los espacios posibles.
Real Madrid dio una imagen notabilísima, sobre todo a pocas horas de caer derrotados en Kaunas, en la Euroliga. De cara a su futuro, el esquema y el rol de todos está más que clarificado. Por una defensa posicional, de fuerte presión en el uno contra uno y saber conectar en sus cambios de asignación, parece que pasan los argumentos para que los de Sergio Scariolo tengan más claro el camino al éxito en la parte más importante de la temporada. Porque saben que por el ritmo que ellos pretenden, pasan gran parte de las posibilidades futuras. Si añadimos un acierto perimetral (miren que apenas hemos hablado de Tavares, que sigue negando cualquier posibilidad rival en la zona, como asegurar el rebote defensivo), destacando el notable movimiento de balón que les hemos visto en cada vez más momentos, todo esto significaría afrontar títulos con todas las esperanzas.
Por su parte, el F.C. Barcelona se encuentra en una situación complicada, tras llevar exigiendo minutos a jugadores veteranos, debido en parte a las lesiones (porque, también, la planificación de la plantilla es así, como jugadores con kilates de baloncesto, pero muchas horas de parquet en sus piernas), donde no sabemos si encontrarán algún secreto para la recuperación, pues lo visto tanto en Badalona como en el Palau el domingo, es de ir muy al límite. Que, llevando un partido a pocos puntos con su gran calidad, sepan jugar minutos decisivos con acierto (por supuesto que saben) y ganar en Valencia en la última jornada de Euroliga, sí es parar darles victoriosos en ciertas circunstancias. Pero, quizás, esto no sea suficiente. Estaremos pendientes.

















