WILL CLYBURN, EL LÍDER EN MONO DE TRABAJO

Os vamos a contar una historia de un día de San Valentín, de las de amor imperecedero. No uno cualquiera, sino exactamente el del ya lejano 2010. Una historia de 54 puntos en un partido, de anotar 18 de 26 en tiros de campo (incluyendo 2 de 4 en triples) y 16 de 18 en tiros libres. Añadan, por si no fuera poco, 12 rebotes. Actuaciones así en el baloncesto de formación en Estados Unidos tienen sello de estrellas, pensando más en la NBA que en brillar en la NCAA la que se surca con un one&done y a otra cosa. Si el tipo en cuestión mide 2,01 de estatura, posee unos brazos inmensamente largos, la agilidad y movilidad de un claro jugador exterior, no es para menos que pongamos a nuestro protagonista sobre un marco estelar. Nada más lejos de la realidad. 

Will Clyburn medía 1,90 cuando empezó su penúltimo año de instituto, con 16 años. Había partidos en los que ni jugaba y era el cuarto alero en la rotación. Tiro exterior poco fiable y, lo que más lastraba todavía, no era consistente en el dominio de balón. Eso en Detroit, significaba una escasa aventura baloncestista. Cuántas veces hemos reiterado aquello de “lo que hace el trabajo”. Clyburn, en puertas de su aventura en el baloncesto universitario, no tuvo ni una sola beca en toda la Division I de la NCAA (y miren que hay 350 universidades), ni una sola, tan siquiera, en Division II. Recalar en Marshalltown Community College, un Junior College (pequeñas universidades donde se consiguen diplomaturas en 2 años) en su zona fue la alternativa y lo máximo a lo que pudo aspirar. 

Hasta que el baloncesto pensó que tenía un idilio con este jugador y eligió el día de San Valentín para una estadística de 54 puntos. Y el teléfono, comenzó a sonar. Finalizados los dos años, ahora sí tuvo capacidad de elección y la seleccionada fue la universidad de Utah, entre temores del ritmo de la élite del baloncesto universitario y escasos minutos de juego. 17,1 puntos y 7,8 rebotes como promedios de ese curso. “Más que los números, lo que me impresionaba era la consistencia de una noche y otra y otra realizando tan brillantes actuaciones” confesó su entrenador de Junior College, Brynnjar Brynnjarsson. Estamos hablando de una conferencia entonces, la Mountain West, que de la que 3 universidades disputaron el torneo final NCAA, en dos de ellas había altas aspiraciones, lideradas por Jimmer Fredette (Brigham Young) y Kawhi Leonard (San Diego State). 

Will Clyburn pidiendo el transfer a la universidad de Iowa State para finalizar su último año universitario, lo que conllevaba (que entonces era así) a permanecer un año en blanco, sin jugar, todo porque dio la palabra a un entrenador que le inspiró gran confianza, Jim Boylen. La curiosidad fue que Boylen fue sustituido cuando Clyburn comenzó a jugar, pero la llegada de Fred Hoiberg resultó igual de atractiva para sus intereses. “No tenía nada en contra de la universidad ni de mis compañeros, ¿por qué había de irme? Además, la pretensión de jugar cerca de casa, seguía en vigor”. Y en la potentísima conferencia Big 12, el actual alero del F.C. Barcelona promedió 14,9 puntos y 6,8 rebotes. Aun así, insuficientes para poder ingresar en la NBA, sin ser elegido en ninguna de las dos rondas en 2013. 

VIDA EN EUROPA

Su carrera en Europa es un cuento del que todos hemos leído… pero de páginas aún por escribir. Dos temporadas en Ratiopharm Ulm y eclosionar, con 20,5 de promedio en el Hapoel Holon israelita, como pasaporte a la élite europea. Un año en Darussafaka y… al CsKA Moscú “donde pensé que jugaría el resto de mi carrera deportiva”, como reconoció recientemente al diario La Vanguardia. Se sentía muy cómodo en el club de la capital rusa, perenne participante en la Final Four donde Will era una parte muy importante, logró no solo el título en 2019, sino además ser el MVP de aquella edición. Ni tan siquiera una grave lesión en la rodilla les hizo perder la fe en él. 

Un hacelotodo, un componente de lujo entre todo con el que contaban en aquella plantel. El mundo cambió en 2020, sin embargo, lo que más cambió para él fue la guerra con Ucrania, lo que le convenció para fichar por Anadolu Efes tras cinco temporadas a la sombra de la Plaza Roja. La prohibición de disputar Euroliga forzaba a dos años en Estambul, sin encontrarse tan feliz como en su anterior destino, hasta que recaló en Bolonia, en la histórica Virtus. Un buen amigo de los tiempos del CsKA, Tornike Shengelia, le estaba esperando. Y de la mano han fichado este verano por los azulgranas como para ser el espíritu del equipo en este irregular arranque de temporada culé. Las dos piezas más regulares del nuevo proyecto de la mano de Xavi Pascual. “Creía que a mi familia y a mí nos iba a costar más dejar Italia, porque ellos no querían irse, pero la verdad es que desde que hemos llegado a Barcelona estamos muy felices”.

Tres victorias consecutivas de la mano de Oscar Orellana, culminados por Clyburn con 24 puntos y un escalofriante 10 de 12 en tiros de campo ante Baskonia. Tan decisivo como en Belgrado, con una canasta desde 10 metros que sentenció en los últimos segundos, como las primeras actuaciones cuando el motor “tosía”, sobre todo en Liga Endesa. Pero, ¿qué le hace a Will Clyburn ser un jugador tan especial como para no bajarse de la élite en sus últimos 10 años de carrera en Europa? 

UN JUGADOR ESPECIAL

Recordando al Clyburn del CsKA Moscú, el actual de 35 años y todavía notables condiciones físicas, se ve una evolución. Lo más curioso es que hay detalles que los ha ido adquiriendo a partir de los 30, cuando supuestamente poco margen hay a la progresión. “Sí, creo que ahora soy un jugador muy distinto. Leo mucho mejor los partidos, lanzo mejor y con la experiencia que voy acumulando siento como que las cosas son cada vez más fáciles”. Son pequeños detalles que se aprecian sobre todo en defensa. Su colocación en pista respecto al hombre y su balón siempre es clara, correcta, lo que economiza movilidad. Sabe cuándo ha de porfiar por el rebote defensivo y cuándo anticiparse por un balón que puede interceptar. Hay mucha sapiencia en su cabeza. “Lo veo todo distinto y, seguramente, muchas de las cosas que hacía entonces siento que ya no necesito hacerlas. Intentar destacar, que se hable de mí… cosas así. Siento que eso ya lo he hecho, que la gente ya sabe quién soy, y ahora lo que intento es ayudar a mi equipo a ganar títulos” reconocía a La Vanguardia. 

Lo que más nos gusta es verlo evolucionar en ataque. Por favor, fíjense cómo mueve los pies. Cómo los tiene ya colocados antes de recibir para tirar a canasta, la perfección en su movilidad, en su primer paso a una finta y poder entrar. Aquí no son necesarios apoyos de “paso cero”, sino pureza técnica de la vieja escuela. Cómo cambia de dirección cuando se encamina hacia el aro y todo ello, para optimizar en gran parte, un lanzamiento en suspensión que cada vez le da más de comer y ha suavizado y mejorado, siendo hoy día de las más elegantes que hay en Europa. Es lo que tiene la edad, que no pasa en balde. Más y mejor tirador ahora, aquel juego entre el poste, la habilidad para los tiros en la zona (que aún conserva) y la media distancia para moverse en ataque, ha pasado a ser más perimetral. Del Clyburn que fue MVP en la Final Four hace más de 6 años, vemos que su 34% en triples en aquella temporada, ha pasado a un 43,8% en la actual (estadísticas de Euroliga). Más significativo aún es que ha pasado de 2,8 intentos por aquel entonces, a un 4,4 en la actualidad. 

Un que, como ya hemos leído, no necesita de la exposición. Esa (que ya la eligió decidiendo permanecer en Europa a una oferta de Oklahoma City Thunder en 2019) ya la vivió para saber saborear la silueta que tenemos ahora delante, una de las estrellas de nuestra Liga Endesa. Uniformado con mono de trabajo, pero estrella al fin y al cabo. 

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