Seguro que tuvo menos impacto, pero Carlton Myers puede ser incluido en una ‘santísima trinidad’ de leyendas del baloncesto FIBA que pasaron por el Club Baloncesto Valladolid o, como le llamamos durante años, simplemente el Forum. Los otros dos ese ‘tridente’ mítico serían, claro, Arvydas Sabonis y Oscar Schmidt. Sucedió en la temporada 2004-05 y solamente durante siete encuentros. Myers ya no estaba en su momento cumbre, pero promedió 21,5 puntos teniendo ya 34 años. Era precisamente anotar su gran especialidad, ofreciendo enormes recitales a lo largo de toda su carrera.
Myers es un hombre de orígenes diversos. Sus padres eran jamaicanos (su progenitor era saxofonista, por cierto) y él nació en Londres, donde vivió hasta los diez años, cuando la familia se trasladó a Rímini. Pudo adquirir la nacionalidad italiana y eso acabaría revitalizando por una época el basket ‘azzurro’, porque era un lujo tener a un tipo así, tanto a nivel de clubs (Rímini, Pésaro, sobre todo la Fortitudo de Bolonia, Roma y Siena) como de selección (plata en el Eurobasket del 97 y oro en el del 99). En los Juegos de Sydney-2000 fue el abanderado del equipo olímpico de Italia.
Sus hazañas quedaron bien glosadas en este artículo de acb.com
: entre ellas destaca haber conseguido 87 puntos (sí, 87, no es una errata) en 1995 con el Rímini, en la A-2. “Un momento sensacional, realmente increíble. Creo que es algo imposible de ser repetido sin premeditación, no es algo que sencillamente suceda. Dedicamos los últimos 10 minutos a intentar conseguir el récord; el entrenador se dio cuenta que podíamos hacer algo excepcional y trató de organizarnos. En el tramo final fuimos a por el récord y mis compañeros me buscaban constantemente; sin eso no hubiera logrado una cifra tan alta. Antes del tiempo muerto estaba siendo un partido normal; es decir, yo estaba anotando de una forma excepcional, pero el partido en sí era normal”, recuerda. Su récord en la A-1 fue de 51, por cierto.
A Valladolid, necesitado de victorias en la recta final de la campaña, no vino a pasearse. Ni tampoco a ‘chupar’, como demostró en su primer encuentro, ante el Granada, cuando dio nada menos que nueve asistencias. En el tercero, contra el Caja San Fernando, alcanzó los 39 puntos en una increíble victoria por 107-106 sin prórroga. En suma, cumplió con la misión encomendada: espantar el ‘fantasma’ del descenso, aunque para ello tuvo que hacer alguna declaración pública dando ‘un toque’ a sus compañeros: “El baloncesto no es sólo un despliegue de cualidades técnicas, sino que depende de la actitud. La falta de actitud del equipo en algunos partidos ha influido en que el Fórum se encuentre en la situación actual porque, aunque han intervenido otros factores y también algo de mala suerte, sin actitud, la técnica no sirve de nada en la cancha”.
“Anotar más de 40 puntos en un partido y perder es algo que me mata”, ha repetido muchas veces. El lujo de haberle tenido en Pucela aumenta por el dato que supone que aquella fue su única experiencia profesional fuera de Italia, adonde regresó después y siguió jugando, retornando a Pésaro y finalmente a su club ‘de corazón’ en Rímini. Parecía que se había retirado all, al filo de los 40 años, en el 2010, pero volvió en el 2012 testimonialmente en el San Patrignano, de la Serie C. Lo hizo por un motivo: jugar al lado de su hijo Joel.
Dotado de una arrolladora personalidad, es toda una celebridad en Italia. Ha dado incluso el salto al mundo de la televisión presentado la séptima temporada de un programa llamado ‘Wild – Oltrenatura’, que mezcla los géneros del documental y la acción.

