LA ILUSIÓN DEL TORNEO EN SUS PROTAGONISTAS
Vicente Ramos: Comíamos con la familia, a las seis estábamos en el Pabellón viendo el otro partido y luego, a las siete o a las ocho, nos tocaba a nosotros. Y a cambiarnos y a explotar a sudar, a correr y a divertirte compitiendo. Es lo bonito que tiene el deporte de asociación con el deporte individual. Eso mismo, hecho a lo mejor en un deporte en el que te tienes que poner con la bicicleta y sufrir el día de Navidad, debe ser más ingrato. Pero, claro, reunirte con tus amigos casi de toda la vida, ponerte a jugar contra los panameños, los americanos, los que vengan…
Alfonso del Corral: Era tan importante el Torneo de Navidad en nuestras vidas… Todo giraba en torno al Torneo de Navidad. Si no íbamos a jugar, íbamos a verlo. Porque el baloncesto no era una profesión, sino una devoción. Todo giraba en torno al baloncesto. Los fines de semana jugábamos un partido o dos y luego ibas a ver otros tantos. Era como una especie de mundo endogámico. Con todo esto, era una gozada que te invitaran o que jugaras el Torneo de Navidad. Es como que te toque el gordo.

Juan Manuel López Iturriaga: “El día de Nochebuena, tú jugabas y luego te esperaba la gran comilona de la cena. Lo único que te podía afectar un poquito era la comida de Navidad. Pero, claro, si ya ibas rebasado de la cena de Nochebuena, tampoco era un drama. No te alteraba horarios y de alguna forma, era un punto de reunión para las familias de los jugadores. Y sin necesidad de forzarlo y quedar un día, pues ahí nos veíamos en unas fechas tan señaladas y nos acercábamos a la grada y felicitabas a la gente. Era un ambiente muy bonito. Creo que fue un torneo que todos los que lo jugamos en la época buena, tenemos un recuerdo fantástico. Y durante algunos años, el último día había una cena con los equipos.
Vicente Ramos: De hecho, era muy bueno para los jugadores que no tenían las familias aquí. Los que eran de fuera, tenían que venirse a cenar a casa de alguno de nosotros, para poder tener un poco de ambiente familiar. El resto de los equipos que no eran el Madrid o los que sí lo eran y no tenían la familia cerca, iban al hotel Reina Victoria, el de la plaza Santa Ana. Salvo los que teníamos familia en Madrid, todos los demás, se formaba como una concentración de los equipos y en ese ambiente era muy agradable. Te digo que Clifford (Luyk), antes de estar casado, iba a cenar allí. Wayne (Brabender) iba a cenar allí. Era muy bueno en ese aspecto de acoger a los cuatro equipos, casi todos juntos, cenando el día de Nochebuena. Por aquel entonces, regalos no había para todos. Sí había unas medallas conmemorativas, con la inscripción del Torneo de Navidad y luego el sponsor, que al principio fue Philips y luego fue El Corte Inglés. Recuerdo que se daban unos regalos que se colocaban en el centro del campo, para que se vieran las bolsas. Pero no que hubiese regalo para todos. Las medallas aquellas, eso sí, las conservo todas.
Paco Torres: El de Navidad, te hablo ya cuando era periodista e íbamos a cubrir el torneo, uno llevaba pasteles, otro llevaba medias noches, otro llevaba una botella de champagne y en el puesto de comentarista, entre unos cuantos míticos allí, nos tomábamos un refrigerio y era muy agradable. Hay también algo en el torneo que, digamos que vivió del Muro de Berlín. Los rusos, siendo ortodoxos, todo el mundo se preguntaba cómo venía esa gente, porque para ellos lo concebían como nuestra fiesta, no la suya. Los yugoslavos…es que Saporta les daba cheques de regalo de El Corte Inglés, y unas 25000 pesetas de la época. Imagina lo que era para ellos. Hazte una idea en los soviéticos, lo contentos que se ponían.
Juan Manuel López Iturriaga: Y cuando El Corte Inglés empezó a patrocinar, nos daban cheques-regalo, que yo los llamaba ‘mortadelo”, porque no es como ahora, que das la tarjeta, la pasas y punto. Eso eran billetes, pero billetes tipo Monopoly. ‘Mira, aún me quedan 3000 mortadelos para gastar’ solía decir.
Alfonso del Corral: Raimundo Saporta conseguía que el sponsor nos diera un regalo y unos cheques, nos regalaban unos roscones…él lo vivía mucho. Saporta era muy protector con todos sus chavales y alrededor de todo esto, siempre había una cena a la finalización del torneo, había unos regalos, camisetas de la NBA, los cheques…y por supuesto, él estaba siempre presidiendo. Los soviéticos, primero, adoraban Madrid. Y adoraban España y les gustaba mucho el Real Madrid. Entre otras cosas, por el ambiente, por lo que somos aquí, el carácter mediterráneo y demás. Y encima, porque teníamos un embajador en Chechu Biriukov, que había jugado en la selección soviética con todos y bajo su cobijo, ellos venían como a quien le había tocado la lotería. Lo pasaban fenomenal y con los cheques, se compraban zapatos, vaqueros… Y luego regresaban a sus casas y eran capitanes generales con sus ropas. Por eso venían encantados. Además, Chechu les organizaba siempre algún tipo de reunión, con su cervecita, o vodka… o lo que fuese.

Y COMO TODA HISTORIA, TUVO SU FIN
El día 3 de diciembre de 1989, falleció Fernando Martín. A los pocos días, el Torneo de Navidad pasó a llamarse Memorial Fernando Martín. Pero en cierto modo, el torneo también murió un poco con él. Todavía con la carga de la enorme pena que afligía a todos, con la entrega de un enorme ramo de rosas a su madre Carmen en el palco, intentando celebrar esta cita como una fiesta del baloncesto y haciendo de tripas corazón, la gran Jugoplastika Split liderada por Toni Kukoc se llevó el torneo ante Maccabi Tel Aviv, Aris Salónica y el propio Real Madrid, que completaron un cartel de lujo.
El Torneo descorchaba la década de los 90 transformándose en una cita de clubes punteros del Viejo Continente. La Benetton Treviso con Toni Kukoc nuevamente, los perennes macabeos de Tel Aviv, el pujante Estudiantes, que vivía los mejores días de su historia, eran quienes llenaban las convocatorias con alguna que otra selección, como la australiana, que vino en un par de ocasiones. Era curioso que en aquellos años huérfanos de títulos del Real Madrid (años 90, 91 y 92), para lo que servía el torneo era para darse un baño de autoestima, ganándolo y afrontar mejor el resto de la temporada. Y más curiosa aún fue la llegada de Sabonis al Real Madrid, una leyenda del torneo, ahora en el club organizador, que sirvió para todo lo contrario: se ganaban ligas, se ganó el máximo cetro europeo, pero se perdía el Torneo de Navidad.
En 1993, alguien tuvo la genial idea mostrar como cabecera de cartel nombres de jugadores, más que equipos. Y había un joven de 20 años en Trieste, que estaba deslumbrando en toda Europa. Todo con tal de ver a aquella perla, llamada Dejan Bodiroga, vino la Stefanel. Era como recuperar la esencia de los primeros torneos, el mito de Pigmalión llevado al baloncesto en la figura de este jugador, esculpida con un finísimo cincel, primero por Kresimir Cosic y sobre todo, en Italia, por Bogdan Tanjevic. Bodiroga venía rodeado por ese misticismo, algo digno de verse y que aún las tecnologías no nos habían dado ese privilegio, que las parabólicas aún no eran tan habituales. Y el joven no decepcionó lo más mínimo. La finura y sobre todo la facilidad para ejecutar cualquier movimiento, desde cualquier posición, encandiló a la afición blanca, hasta el punto que ese nombre quedó escrito en la agenda del Real Madrid, sin tardar mucho en llegar. A propósito, la victoria de la Stefanel Trieste sobre el Real Madrid en la última jornada con un deslumbrante Bodiroga, provocó un triple empate en la primera plaza, donde un combinado carioca llamado Brasil All Stars, que venían de rondón, se proclamaron campeones.
Y en 1994, la cita más dulce de los últimos años, cuando volvimos a apreciar aquello que suponía que un rival nos volviera a enamorar a todos. Retrotraernos a la magia de otros equipos de antaño, claudicar ante ellos sin ningún motivo de dolor, casi satisfechos por haber asistido a la exhibición, recorrió nuestro cuerpo y memoria. Tras la sanción de más de dos años por parte de la FIBA a Yugoslavia por el conflicto bélico, la selección de Serbia y Montenegro -aún con el nombre de Yugoslavia- volvía a reunificarse y se presentaban en el Palacio de Los Deportes para llevarse esta edición. Sin mostrar todas sus armas en las dos primeras jornadas, con las ausencias de Danilovic, Divac o Paspalj, aquella nueva generación de los Rebraca, Beric, Bodiroga o Tomasevic, liderados por Aleksander Djordjevic y Zoran Savic, marcaron el camino de dominio absoluto que se avecinaba en los siguientes cuatro años, donde el único oro que perdieron en grandes competiciones, fue en la final de los Juegos de Atlanta’96 ante Estados Unidos. Al Real Madrid lo apuntalaron por 88-72.
Y ya. Algunas ediciones más, hasta 1999 en el sistema de liguilla de 4 equipos, respetando los tres días de competición, con Panathinaikos, Efes Pilsen, Olympiakos o Partizán entre los participantes más destacados, fue agonizando, para llegar al año 2000, donde la falta de fechas, la ampliación de los calendarios en las competiciones que conllevaba unas grandes dificultades para traer equipos, hizo que se pasara a un solo partido hasta 2004. Al año siguiente no hubo competición y murió en 2006, disputándose el encuentro ante Lietuvos Rytas, esta vez en septiembre, en plena pretemporada, semanas después de la consecución del Mundial de Japón por la Selección Española. Definitivamente, el mundo del baloncesto había cambiado. Y con él, el Torneo de Navidad tuvo que despedirse con un “hasta siempre”.

Alfonso del Corral: Lo peor de todo es que lo vas viendo morir. Es que ya al final, era un torneo que iba siendo sin gracia, insulso… Fue perdiendo toda su esencia. Se fue reduciendo a un partido y era una muerte anunciada.
Vicente Ramos: Era un torneo precioso. Pero claro, las evidentes mejoras sociales que se fueron dando en España y además, el crecimiento de todas las competiciones, fueron dando paso a que se estrechara más y más el círculo, y ya, murió consumido. No suponía ningún atractivo para los equipos, sino un sacrificio.
Juan Manuel López Iturriaga: “Como otras muchas cosas, se ha impuesto otro tipo de temporada y más en baloncesto, que no para. En fútbol en navidades, se para. El baloncesto, no. Sí, da pena que haya muerto, pero es que no tiene solución. Daría más pena ver que se pudiera hacer y no se hiciera. Pero ya no le acompañaría ese halo de misterio. Ahora les conocemos a todos, les vemos un montón de veces. Entonces, ese puntito que tenía el Torneo de Navidad de descubrimiento, de ver a gente que no conocías, pues ahora ya no existe. Aunque se hiciese un torneo, no sería fácil igualar la magia que tenía aquello.
José Díaz Tenorio: El Torneo de Navidad llegó a ser el equivalente al día de Acción de Gracias en Estados Unidos. Sabes que hay partido y cena familiar. Y eso, amigo, era sagrado.
Paco Torres: Entonces no había una final de liga. La liga era una liga. No había nada, un playoff, nada. Era una fecha muy importante. Quitando la final de la Copa de Europa, donde solamente llegaba el Real Madrid de vez en cuando, poco más había como el Torneo de Navidad. Y es que esto era algo que se jugaba en un corto espacio de tiempo, varios partidos y un baloncesto de un nivel muy importante.
Vicente Ramos: Estábamos verdaderamente entusiasmados en poder ir a jugar. Era nuestra ilusión y un placer jugarlo. Es que no concebíamos las fechas navideñas sin el Torneo de Navidad.
Alfonso del Corral: Desde el punto de vista de público, fue muy bonito. Y nosotros, como jugadores, lo vivimos con mucha simpatía. Esa es la palabra.
Aún nos da el corazón un chasquido y el vacío en las horas previas a la cena de Nochebuena. Y han pasado ya años. El humo que decía Iturriaga, el sonido de las vuvuzelas tan característico en el Palacio de los Deportes, las fotografías de la GIGANTES unos días después, magnificando lo visto en fantásticas instantáneas. North Carolina, la URSS, Yugoslavia… y el mate de Sabonis.
Raimundo Saporta (declaraciones extraídas durante la presentación del Torneo de Navidad de 1996, un par de meses antes de su fallecimiento): Sobre si esto va a ser una pieza importante en la unificación del baloncesto, lo verán otras generaciones. Yo me habré marchado. Pero tampoco se aspira a esto. Se aspira a hacer un papel digno, como el Joventut contra los Lakers y el propio Real Madrid contra los Celtics de Larry Bird. Ahora son mejores.
Algo ayudaría.
Agradecimientos a todos y cada de uno de los que compartieron vivencias con nosotros, Juan Manuel López Iturriaga, Alfonso del Corral, Vicente Ramos, Paco Torres, José Díaz Tenorio y Fernando Laura, que amablemente nos cedió el permiso para publicar sus fotografías.

