¿CAMBIAR DE RUMBO A MITAD DE CAMINO? (1ª parte)

Una pequeña revolución ha llegado a nuestra Liga Endesa en fechas posteriores a la Copa del Rey. Los fichajes para enderezar rumbos o reforzar planteles, cuando se escriben nombres de relumbrón, suenan terriblemente atractivos. Bien, entre ellos estamos ilusionados con tres nombres en concreto que, a buen seguro, darán un nuevo impulso a nuestra competición. Sea la vuelta de Chimezie Metu y Jabari Parker a nuestra liga, como la adquisición de bambalinas de Patty Mills tras su longeva y exitosa carrera NBA, son motivos de un inusitado impacto. Nombres de primer nivel de cartel para atraernos a todos. En Endesa Basket Lover vamos a hacer un repaso a algunos de ellos que, a lo largo de la historia, trajeron un halo especial previo a sus primeras evoluciones por nuestras pistas por el hecho de, simplemente, ser quienes eran.

LOUIS BULLOCK (UNICAJA)  Véanlo desde el punto de vista del jugador, cuyas circunstancias pueden ser de lo más variopinto. Elijamos un caso, el de un chaval estadounidense, escolta con cuerpo de base, estrella desde sus tiempos de instituto y posteriormente en la universidad que, al no tener hueco en la NBA, fichó directamente por un club de Euroliga, Müller Verona. Tras finalizar su temporada con Milán, que no tenía a principios de siglo la hegemonía de su pasado ni el caché actual, a principios de mayo de 2002 y forma prematura, regresó a Estados Unidos a casa de sus padres para descansar. Y el teléfono no paraba de sonar. “Hijo, ¿quién te reclama de manera tan insistente? Nada, papá. Mi agente que pretende que acepte una oferta para acabar la temporada. Prefiero descansar aquí”. Su progenitor, tipo serio y recto, fue contundente. “Hijo, no te voy a permitir que estés en esta casa en estas condiciones. Si hay trabajo, se trabaja”. Bullock así aterrizó en Málaga, aceptando la oferta de Unicaja, convirtiéndose en pieza clave en su glorioso Playoff de 2002, al que llevó a la finalísima liguera, por primera vez en su historia, perdiendo ante Tau Cerámica. Fue el caso más tardío que vamos a tratar, pero explica perfectamente lo que puede cambiar el rumbo -para bien en este caso- de un club que sí, era potente, pero quizás la final liguera les parecía aún demasiado “altos vuelos”.

Efectivamente, los clubs tienen el parón de Copa -aun disputándola, no deja de ser una especie de reseteo- como un tiempo para reflexionar, para evaluar lo que necesitan y si vienen mal dadas, buscar la adquisición milagrosa que les cambie el rumbo. Directores deportivos que justifican toda una temporada e, incluso, un ciclo en esos equipos, si tocan la tecla correcta tras obligar a rascarse el bolsillo al departamento de finanzas, como le sucedió a Juanma Rodríguez entonces con el fichaje de Bullock. Solo pensar la carrera que hizo posteriormente en España, da vértigo. Y el teléfono echa humo cuando lo que se ofrece es el nombre de un jugador mundialmente conocido que, apartado de la mejor liga del mundo donde llegó a ser importante, el riesgo se aumenta exponencialmente. ¿Estará en forma? ¿Y cómo responderá después de tal o cual lesión? Y se encomiendan a conocidos que sirvan como enlaces. O si no, en la buena fe de los que pueden dar testimonio de ello. Chimezie Metu, por ejemplo, la pasada semana estaba aún residiendo en Los Angeles y Dreamland Gran Canaria como es normal, no iba a forzar al jugador a viajar hasta las islas para hacerle unas pruebas y evaluarle. Los intermediarios aquí se tornan vitales. Y si toca rezar, se reza.

Vamos a realizar un vertiginoso viaje por el tiempo, de forma aleatoria, por este tipo de jugadores que ilustraron y explican algunos capítulos de la historia de nuestro baloncesto. Hombres y nombres de quitar el hipo que, sin embargo, cuando viajaron por las anchas aguas de nuestra liga, tuvieron una suerte dispar.

 

ALEKSANDAR DJORDJEVIC (F.C. Barcelona): Sasha es uno de los grandes iconos de la ACB en la década de los 90. Nos vamos a centrar en su llegada a España por primera vez, o sea, en el F.C. Barcelona, en fechas próximas a las navidades de 1996. En una liga de tres extranjeros, Aíto García Reneses, entrenador azulgrana, decide que con dos le es suficiente para arrancar, que no quiere tener el problema de cambiar de plantillas y dejar uno en la estacada cuando juegan Europa (donde solo se admitían dos). A Arturas Karnisovas le acompaña el ruso Andrei Fetissov, tras su periplo pucelano, para afrontar este curso 96/97 del que partían como campeones ligueros y subcampeones de Europa. Pero ni los tapones ni los mates estratosféricos del alero ruso colman al coach madrileño, sino más bien lo que le colmaba eran desesperos viendo su irritante irregularidad. De ahí que en noviembre deciden cortarle por la clase de un tipo que, sobre el papel, era problemático. A Jerrod Mustaf se la tenían jurada en Andorra tras dejarles en la estacada en las primeras jornadas con una sonora fuga un año antes. Mustaf era más interior y con clase infinita, por lo que se ganaba en consistencia. Pero para el club no parecía ser suficiente. A la derrota en casa ante el Asvel Villeurbanne le acompaña otra, también en el Palau, ante un discreto Split que lució a un crío de 2,10 de estatura y tan solo 17 años de edad, hasta el punto que fuese su verdugo. Nikola Vujcic se “presentó” así en el baloncesto español. Otra derrota más en casa ante el Olimpia e Ljubljana colmó el vaso de muchas paciencias.

La directiva, por encima incluso del propio Aíto, se movió para la contratación del tercer extranjero. Aleksandar Djordjevic era el mejor base europeo del momento. Tras unos Juegos Olímpicos en Atlanta estelares, dio el salto a la NBA. Era demasiado bueno como para no hacerlo. Sin embargo, el ninguneo que sufrió en Portland Trail Blazers le hizo darse cuenta rápidamente que su lugar no estaba allí y comenzaron las negociaciones con los azulgranas. En vísperas de fechas navideñas, el base serbio aterrizó en Barcelona como la nueva estrella del equipo. Directamente. El Real Madrid, sin convencer en exceso, iba dando rodaje a su perla recién adquirida, Dejan Bodiroga y en Barcelona, no podían ser menos. “Quiero que el Barcelona cumpla con su sueño de ganar al fin la Liga Europea” afirmó Djordjevic al aterrizar en la Ciudad Condal y a punto estuvo en aquella primera tentativa. Enderezaron su negativo inicio y llegaron hasta la final en Roma, ante Olympiakos. Sin embargo, el oprobio que sufrieron aquel partido con un doloroso 73-58, escoció sobremanera. Aun con todo, quedaron campeones de liga aquel curso, rompiendo el miro de vencer a domicilio en un quinto partido de la final, en el Palacio de los Deportes madrileño (tres años después ayudó a lograr exactamente lo mismo, pero con los equipos y sede invertidos). Ya no hubo más finales de Copa de Europa. Cumplió lo firmado inicialmente (finalizar aquella 96/97 y dos temporadas más) antes que la ruptura con Aíto fuese total en un claro choque de caracteres. Aquel primer año promedió 15,3 puntos y estuvo por encima del sobresaliente 41% en triples (41,6%).

MARKO JARIC (Real Madrid): Demos un amplio salto en el tiempo, nada menos que 12 años, para continuar con un grande en problemas y cómo la adquisición también de un base serbio, se pensó que podía colmar las aspiraciones a los títulos de uno de los grandes, en este caso el Real Madrid. Aunque a decir verdad, aquella rosa blanca se fue marchitando según avanzaba la temporada. También se fraguó el fichaje y culminó antes de dar la bienvenida a las fechas navideñas. Nos situamos: era el Real Madrid del primer proyecto de Ettore Messina, fichado en el verano de 2009. Digamos que junto a Ricky Rubio por el Barça, aun siendo entrenador, el italiano fue la adquisición más renombrada de toda la ACB, tras una carrera legendaria entre la Virtus Bolonia y el CsKA Moscú, sumando 4 títulos europeos. Se incorporaron 8 jugadores nuevos, aunque el fichaje estelar, el alero lituano Ramunas Siskaukas, finalmente se frustró.

Y comenzando la temporada con gran solidez, con 11 victorias en las primeras 11 jornadas ligueras y con buen paso por Euroliga, todo comienza a resquebrajarse una semana en la que perdieron en Polonia ante el Prokom Trefl y en Santiago de Compostela ante el recién ascendido Obradoiro. Y llegaron las dudas y el hartazgo a causa de pérdidas de balón y una selección de tiro que tampoco le convencían. Otra derrota en liga en Vitoria… y llegó el fetiche navideño, jugando en la Plaza de toros de Vistalegre ante el F.C. Barcelona. Aquel 57-79 escoció y de qué manera. Se vieron impotentes y muy lejos de su máximo rival (que acabó ganando la Copa del Rey y la Euroliga). Marko Jaric, tras 7 temporadas en la NBA, llegando a ella en 2002, fue de desencanto en desencanto. Primero en unos Clippers (quienes lo eligieron) decepcionantes, con demasiada gente joven, posteriormente traspasado por Sam Cassell a los Timberwolves, donde su entrenador prefería a los jóvenes Sebastian Telfair y Randy Foye como directores de juego a él, acabando en Memphis con un altísimo contrato que los Grizzlies negociaron con él (14 millones por temporada) para su salida al club blanco. “Si dejaba la NBA era para dar con un club de prestigio. Si, además, es entrenado por Ettore Messina, doble motivo para ilusionarme”. Volvían los tiempos, o eso pretendían, ganadores como cuando coincidieron en la gran Virtus Bolonia de principio de siglo.

Y chocante fue que llegase a ser el mejor en su debut ante Estudiantes (un partido que también perdieron en la prórroga), mostrándose en muy buena forma tras un último año en el que había jugado muy poco. Jaric era el alero titular, aunque realmente apoyaba a Pablo Prigioni en la dirección del cuadro blanco, pero no fue salvación de casi nada. Sus números y su importancia fueron cayendo poco a poco en el plantel. El Real Madrid cayó en cuartos de final en Euroliga ante los azulgranas y en ACB, forzaron el quinto encuentro en semifinales para ser derrotados por el futuro campeón, el Caja Laboral vitoriano. Su epílogo fue bastante triste con los blancos: en los 8 partidos de Playoff en liga (ante Cajasol y Baskonia), tuvo un 3 de 20 en tiros de campo.

LAMAR ODOM (Laboral Kutxa Baskonia): Vamos con el caso más reciente que hemos elegido. Lamar Odom es una de las historias más tristes. Suponemos que Sergio Scariolo, en su segunda etapa como entrenador baskonista, vería aquel fichaje, al menos, con mucho escepticismo y no creemos que lo apoyase. Pero como bien decía su presidente, Josean Querejeta, en una de las temporadas más complicadas de la historia de Baskonia en este siglo XXI, la 13/14, “estuvimos en las primeras páginas de los medios. Deportivamente fue un fiasco, pero hubo una expectación terrible”. Pero fue tan solo el foco, nunca el juego.

Lamar Odom vino a finales de febrero de 2014 intentando ser solo un jugador de baloncesto. Era un deseo imposible de conseguir con toda la vida de excesos que trajo con él, no tras él. Esa fue la pena. Realmente quiso ser jugador de baloncesto cuando era una persona superada. Tan solo jugó dos partidos, ante Unicaja en Euroliga y en Valencia en Liga Endesa. En este último encuentro (el último de su carrera en La Fonteta), Endesa Basket Lover fue testigo de su actuación a pie de pista (donde logró su única canasta de su estancia en Vitoria). Hay un momento determinado en el que le hacen un aclarado tras un cambio de asignación, encarando a un jugador interior. El problema de Odom es que no era consciente del estado físico en el que se encontraba e intentó irse por velocidad de él, porque lo primero que pretendía era tener sensaciones como jugador. Cuando arrancó en la penetración, instantáneamente se dio cuenta que nunca se iba ir de su par, que sus piernas no respondían a este nivel. Su cara de asombro, de ser duramente consciente que ya no era jugador, y de decepción tras ello, nos impactó muchísimo. Recomendamos fervientemente que busquen el artículo de Quique Peinado para GIGANTES. Las reflexiones y recuerdos de Ibon Navarro, son impagables.

KEVIN MAGEE (CAI Zaragoza): Y del más actual, pasamos al más antiguo. Kevin Magee es icónico para toda una generación de aficionados españoles. Solamente estuvo dos temporadas, separadas una de otra por 7 años. El impacto de este señor cuando llegó en noviembre de 1983 (a pesar de las fechas, estábamos a punto de llegar al ecuador de liga regular), fue tremendo. Venía algo excepcional que el presidente caísta, José Luis Rubio, definía como “ver en la zona a un jugador que parecía que jugaba contra niños”. Un pívot de dos metros pelados, un talento físico impagable. Debutar y lograr derrotar al Real Madrid aun con jet lag, tuvo su continuación en el siguiente encuentro a domicilio ante Cajamadrid, venciéndoles y logrando 35 puntos y 9 rebotes.

Hablamos de un tiempo, aquella primera temporada ACB 83/84, donde tanto Real Madrid como F.C. Barcelona, eran inaccesibles. La creación de la Asociación de Clubes de Baloncesto tenía la revolucionaria pretensión de intentar igualar la competición con diferentes normas y cambios en el sistema de competición, que pudiesen otros equipos llegar a ser campeones y atraer al público. Con la Copa del Rey de Zaragoza ganada por el CAI, toda la liga, sobre todo sus rectores, se subieron a las espaldas de Magee, aval del futuro brillante que les esperaba. Hasta tal punto fue su impacto que, conocedores de la oferta de Maccabi Tel Aviv para el siguiente curso, el propio Eduardo Portela, que sin ser aún presidente, pero sí alguien importante en la ACB, intentó mediar con los equipos, el que fuese, para intentar mantenerlo en la liga como un valor intrínseco de la competición. Pero como reconoce su agente, Miguel Ángel Paniagua, “era una misión imposible. El fichaje de Magee por Maccabi era cuestión de estado, no solo deportivo”. Con él, los macabeos llegaron a tres finales de Copa de Europa consecutivas. Aquel primer curso con CAI Zaragoza, promedió 24,7 puntos y 10,3 rebotes. Recomendamos leer el serial de Endesa Basket Lover “Un Mercedes por el precio de un Seiscientos” sobre su historia.

Related Posts