“Aparte de todas las cualidades técnicas, Ula posee una cualidad física que destaca por encima de las demás jugadoras, incluidas selecciones nacionales: es, fundamentalmente, su fuerza muscular y una estupenda adaptabilidad al esfuerzo y al dolor” eran declaraciones de Felipe Gutiérrez, preparador físico del club.
Adaptabilidad para el dolor era la inquietud en Getafe. Uliana Semenova sufre de problemas en el tobillo derecho y empieza a cojear ostensiblemente. El 24 de enero, ante Caixa Valencia, la idea era que no jugase, pero su equipo en el minuto 11 pierde por 16 puntos de diferencia. La necesitan. Salta a cancha, juega 28 minutos, anota 34 puntos, captura 13 rebotes y coloca dos tapones. Tintoretto saca el partido adelante (89-71) y ella es la reina y dominadora absoluta. Pero las dolencias se agravan. Y empiezan a descubrirse oscuros pasajes de su pasado reciente. En su última temporada con el TTT Riga, apenas jugó encuentros de liga por sus problemas físicos y preferían reservarla para la competición continental. Confiesa que, efectivamente, uno de los problemas de su retraso en su llegada a Madrid fueron esas dolencias en el tobillo derecho. Se le infectó una herida y tuvo que ser hospitalizada durante tres semanas, hoy algo impensable en un deportista de élite. La recuperación —decían en la URSS— era total. Nada más lejos de la realidad.
En la siguiente jornada, ante el Valvi, no podía jugar. Ante la desesperación por perder el choque, Alfonso García, entrenador del equipo, le obliga a saltar a cancha en contra de la voluntad de la jugadora durante 8 minutos. No sirve de nada. Uliana apenas puede desplazarse, pierden 55-62 y se ven ostensibles muestras de enfado de la gigante letona hacia su técnico. La lesión toma un cariz de mayor gravedad de lo inicialmente pensado y el club, aprovechando que jugaban frente al Celta en Vigo, va a visitar al “bruxo”, José Luis Torrado, una eminencia en Galicia para este tipo de lesiones. Su ayudante, Senén Cortegoso, hace un tan frío como cruel diagnóstico de ese tobillo: “dolor mecánico por inflamación, tobillos artrósicos con la bóveda plantar hundida (el puente del pie), con los consiguientes pies planos y un problema de artrosis que se agudiza con la edad, peso y altura”. Todo ello ha sido favorecido por jugar en pistas demasiado duras, zapatillas no aptas y falta de tratamiento adecuado en sus 22 años jugando en la Unión Soviética. La lesión es crónica, simple y llanamente. Tratada de forma intensiva y con unas plantillas especiales, se irá evaluando domingo a domingo. No hay soluciones milagrosas.

EL MITO QUE OBRÓ EL MILAGRO
“He asistido a una corrida de toros. Me impresionó muchísimo y me salí antes que acabase. Jamás repetiría una experiencia parecida. Fue muy fuerte para mí”. Vivencias de la persona que aterrizó en Madrid por primera vez. “He estado en el Museo del Prado, en el Teatro de la Zarzuela, en El Escorial, Navacerrada y pude ver un Real Madrid-Betis”. Uliana era una mujer inquieta que intentó, dentro de lo posible, degustar la cultura española. Era su forma de vida. “En mi país, gran parte del tiempo libre lo dedicaba a la cultura. Aquí, apenas he tenido tiempo para disfrutar de ello”.
Vida diferente, costumbres diferentes. Le hubiese gustado hacerlo en Madrid, con más oferta a todos los niveles, pero agradeció todo de su estancia en Getafe. Mito tallado a base de entrenamientos diarios de mañana y tarde, de trabajar técnica individual, de optimizar el físico. En este rincón de Madrid encontró menos horas de tarea, pero más desenfado y diversión haciéndolo. “Logré integrarme rápidamente. Me he sentido como si llevara varios años en este equipo. Ha sido un placer cómo las chicas tomaron más interés en los entrenamientos con mi llegada. Un estímulo mutuo. Es el primer año en la élite para muchas de ellas y me encontraba feliz viendo sus caras”.
El dúo Rocío Jiménez y ella. Ella y Rocío, jugadora que, a sus 29 años, llevaba más de 120 internacionalidades a lo largo de 14 años. Ofensivamente, el equipo contaba con poco más. El récord 1-7 a su llegada era explicativo de quién había alzado al Tintoretto a un 10-10 para liderar la A-2 y tener la opción, gracias a ello, de disputar los cuartos de final por el título. Todo se focalizaba en torno a Ula y Ula se encargaba de hacer jugar al resto. Estos eran los mimbres para encarar un playoff.
En los cuartos de final, el finalista de Copa, el Arjeriz Xuncas, es el duro rival, con el factor cancha en contra. Un 7 de marzo, vencen en tierras gallegas (60-71) para sentenciar en casa una semana más tarde (76-74). Las semifinales son un hecho. Chari Nuez, Begoña Santana, Puri M’bulito, Patricia Hernández (la madre de Lucas Langarita), una jovencísima Blanca Ares y la estadounidense Terry Doerner esperan por el Kerrygold el primer enfrentamiento en las islas un 27 de marzo. Y las locales, dirigidas por Mingo Díaz, marcaron su territorio.

Un último y desesperado lanzamiento errado de Semenova (25 puntos) sobre la bocina provocó el triunfo de las grancanarias, que viajaron a Getafe para el segundo round, cuatro días después. Tintoretto hizo lo propio, salvaguardando su campo (88-83), con otros 25 puntos de una Semenova a la que, a estas alturas de temporada, se le veía una disminución física ostensible. Por tal circunstancia, todo se decidiría en la vuelta a Gran Canaria con cierto favoritismo del Kerrygold.
El 3 de abril fue la fecha para el tercer y definitivo encuentro de tal semifinal. La estrategia de Alfonso García era proteger a Semenova en una defensa zonal del equipo e imprimir más velocidad de lo habitual. Y la jugada les salió perfecta. Con Rocío Jiménez (21 puntos) y la sorprendente Cristina Ruiz Paz (15 puntos), supieron dar el ritmo veloz que necesitaron en los momentos decisivos, como para marcharse en el electrónico ya en el minuto 36 con 74-80. Manteniendo tal renta, tomaron Las Palmas y vencieron (80-88) en un éxito sin precedentes. Uliana anotó 32 puntos y, una vez más, fue el gran baluarte para enmudecer el pabellón y llevar al Tintoretto getafense hasta la gran final liguera. Un equipo predestinado al furgón de cola lucharía por el título. A eso se llama cambiar la historia.
El 11 de abril comienza la final ante el Raventós Tortosa —con nuevo sponsor, Caixa Tarragona—. A Semenova se la ve muy disminuida físicamente, pero es capaz de anotar 14 de los primeros 20 puntos de su equipo para mantener cierta igualdad, que se resquebrajó antes de llegar al descanso. Las catalanas eran el mejor equipo de la competición con diferencia, con las afamadas internacionales Roser Llop, Ana Junyer, Rosa Castillo, Gina Elías, Conchi Zapata y la estadounidense Kim Hampton (máxima anotadora de las de Tortosa ese día, con 31 puntos). Imprimiendo un ritmo trepidante, entre carrera y carrera, se plantaron con 60-39 en el minuto 24. Choque sentenciado. Ula muestra cansancio, cojea ostensiblemente y pide en repetidas ocasiones el cambio que no le conceden, acabando los 40 minutos en pista con 32 puntos y 11 rebotes. El resultado final (90-72) mostró una estrategia acertada basada en la velocidad.
Dos días después, el pabellón Juan de la Cierva fue testigo de un nuevo milagro. Porque era milagroso que las madrileñas pudieran plantar oposición, se mire por donde se mire. La zona mixta del Tintoretto, los ajustes a las tiradoras rivales y, sobre todo, a la pívot Kim Hampton —que las demolió el primer día— hacen que la estadounidense solamente lance en 8 ocasiones a canasta para quedarse en 13 pírricos puntos. La despedida a la temporada del recinto getafense había que hacerla a lo grande. Y a lo grande salieron cuando vencieron (72-67), empataron la final a uno gracias a los 36 puntos y 12 rebotes de la soviética, nuevamente sin un segundo de descanso, y viajaron a Tortosa a dirimir en un último y decisivo round el título liguero. “Estoy muy agradecida al pueblo de Getafe por el calor con el que me han recibido y el apoyo constante que me han dado. Todo el mundo se ha preocupado por mí y por eso es difícil que sienta en algún momento soledad. Entre los españoles, es casi imposible que eso te ocurra”.

Como siempre sucede en estos casos, nos hubiese gustado que la heroína de nuestra historia hubiese culminado el cuento de hadas. Pero los cuentos no existen. O, mejor dicho, en Tortosa querían escribir otro. El 16 de abril acababa este ejercicio liguero 87/88 y Ana Junyer arrancó el camino de gloria del Caixa Tarragona con los primeros 9 puntos de su equipo. Uliana Semenova, la jugadora que más había ganado en la historia del baloncesto, sabía lo que era jugar finales. Su repertorio en la primera mitad fue asombroso: 11 canastas de 12 intentos, 27 puntos ya al descanso. Pero ella sola no podía (50-42).
En la reanudación, con el cansancio, volvió a aflorar la cojera, sus problemas físicos se acentuaron, entre carreras permanentes de las locales, que sabían cómo afrontar situaciones así. Esta vez sí tuvo 6 minutos de descanso en los últimos instantes del choque, cuando su entrenador optó por una presión a toda cancha. Insuficientes: 34 puntos y 6 rebotes fueron sus números en su última actuación en España. La segunda mitad fue todo de color rojo Tortosa, sentenciando ya el choque en el minuto 28 (75-60), dejándolo en el 91-74 final y el pabellón estallando de júbilo nuevamente. Revalidaban título.
Caixa Tarragona volvió a proclamarse campeonas de liga, algo bastante predecible al arranque de la competición. Lo que no estaba escrito era que estas semidesconocidas jugadoras del Tintoretto fuesen quienes les impusieran tan enconada rivalidad. Uliana Semenova parecía no tener límite. Donde sus brazos llegaban, ahí aupó a las suyas. Tan arriba como una final liguera, entrar en el palmarés de finales y, por extensión, en la historia.
EL DRAMA OCULTO QUE SEMENOVA VIVIÓ, SALE A LA LUZ PÚBLICA
Uliana Semenova dice adiós a España afirmando que nuestro baloncesto es prometedor. Que han de trabajarse más los fundamentos a nivel general, pero hay muchas jugadoras jóvenes con proyección. Da un tirón de orejas a los árbitros. “Hay que mejorarlo mucho. Salvo dos o tres casos, el nivel es bastante decepcionante. No sabían interpretar lances del juego. Y así, es difícil”. Y elogia a la prensa española. “Agradecerles el buen trato que me han dispensado. Desde luego, mucho mejor que los medios franceses e italianos, que no paraban de hacerme preguntas ridículas y morbosas”. Le entristecía que la hubiesen visto en ese estado físico, porque años atrás “hubiesen visto a la verdadera Uliana Semenova”. Y así parecía despedirse. Pero aún quedaba un último y amargo capítulo que nos dejó boquiabiertos a todos.
El 27 de abril, el diario “El País” se hace eco de una entrevista que concedió a la publicación soviética Izvestia en la que una frase retumba como los motores de un tanque en todos los estamentos del baloncesto: “En Madrid, he pasado hambre”. En el seno del club, la información cae como un jarro de agua fría. “Quizás no quiso decir hambre o está mal traducido” se coló entre el silencio de sus directivos. Y se indaga un poco más en ello.

Semenova culpa directamente al Comité de Deportes Soviético (Goskomsport) de hacerla pasar hambre en España, tras adjudicarle un sueldo que le impedía incluso comprar carne o salir a tomar un café. Declaraba recibir un sueldo de 52.000 pesetas (menos de 500 dólares al mes) del total de los 10.000 dólares mensuales (1.110.000 pesetas) que el club de Getafe pagaba por ella a las autoridades soviéticas, que se quedaban nada menos que con el 95% de su sueldo.
“Necesito entrenarme y jugar. No puedo vivir largo tiempo sólo de naranjas. El aire fresco no reemplaza a la carne. Más de una vez he salido a jugar hambrienta. Y entonces me decía a mí misma: ¿por qué tengo que pasar por esto? Me vuelvo a Riga. ¿Qué diablos hago aquí? Pero luego reflexionaba y veía que Goskomsport debería pagar una multa a mi club por la ruptura del contrato y me hacía volver a los entrenamientos. Pero, por encima de todo, tampoco quería traicionar a este club”.
Ante tales declaraciones, que dejaron atónitos a sus aficionados, se sigue investigando para sacar más sombras en la estancia de Ula en España. Ella vino acompañada en un principio por Valdis Ozols, como representante gubernamental y deportivo, entrenador y persona de toda confianza de Semenova. A Ozols se le adjudicó por las autoridades de su país una dieta de 5 dólares al día y ni tan siquiera le dieron dinero para el viaje. A su llegada, ambos vivían de las provisiones que trajeron de la URSS. Cuando se acabaron, comenzaron los problemas. “Con esa dieta, podía comer una ración de pollo y un vaso de agua del grifo”, confesó Ozols.
Uliana Semenova también confesó utilizar pretextos para no salir con nuevas amistades porque no tenía ni para tomarse un café. Antonio Jareño —que sí se extrañó muchísimo cuando Semenova le pidió un adelanto de su sueldo a los pocos días de estancia en España— y el Tintoretto deciden ofrecer las mayores luces posibles. Convocan una conferencia de prensa en el madrileño hotel Sanvy con la jugadora el 3 de mayo. He aquí algunas de las estremecedoras declaraciones de la jugadora:
“Llegué a Madrid desprovista de dinero. No traía absolutamente nada. Goskomsport no me había proporcionado ni un solo dólar. Esperaba que a mi llegada a España se me facilitara algún dinero, pero no fue así. Mi primera sorpresa fue enterarme de que éste no lo recibiría hasta final de mes. Esto motivó que las primeras semanas pasara bastantes privaciones, en especial alimenticias. Por esta razón, por sentir en ocasiones hambre, tuve que pedir ayuda al club”.
“Soy la primera deportista que sale de la URSS como jugadora. En consecuencia, es la primera experiencia para el Goskomsport, que no pensó en todos los posibles problemas que yo pudiera tener. Menos mal que tuve fortuna y recalé en un club señor, que en bastantes ocasiones me invitó a comer y a cenar. Es justo reconocer la extraordinaria atención que he tenido. Hubo días en los que, después de jugar los partidos y sentir dolor en mi tobillo, no podía salir de casa. Entonces, mi presidente en persona me traía la compra a casa, negándose a admitir dinero alguno. Cuando nos reuníamos para comer o cenar, nunca pagué”.

“Mi sueldo era de 480 dólares mensuales. Antes de salir de mi país, ya sabía que mi paga iba a ser ésa, aunque entonces no le di importancia porque allí, con ese dinero, se vive bastante bien. Luego, aquí me di cuenta de que esta cantidad es insuficiente. Ahora os toca a los periodistas evaluar si es posible que una persona de mis características pueda vivir aceptablemente en vuestro país con ese sueldo”.
Su presidente, Antonio Jareño, dijo que Uliana Semenova no había recibido en sus cinco meses de estancia en Madrid ni un solo dólar en metálico. “Lo único que hemos hecho ha sido ayudarla pagando las cuentas del supermercado”. Valdis Ozols, cuando regresó a Moscú e intentó defender a su amiga, recibió como respuesta que Ula tenía “cuarta categoría”. “Que no me correspondía nada más. No entiendo qué significa eso de cuarta categoría. Creo que he hecho bastante por el baloncesto soviético como jugadora, habiéndole dedicado toda mi vida. Y no entiendo por qué me castigaron de ese modo, ganando dinero a costa de mi contrato. Puedo poner el siguiente ejemplo: antes que yo, jugaba aquí una americana —Marilyn Stephens— y el club le pagaba la misma cantidad por mí, alrededor de diez mil dólares al mes. Pero ella recibía todo ese dinero”.
Uliana Semenova regresó a la URSS el 9 de mayo de 1988 de forma, desgraciadamente, tan multitudinaria como su llegada. Por el camino sembró magia entre los sueños del baloncesto del Tintoretto, entre el baloncesto y no solamente femenino. Una profesional, una devota del baloncesto a pesar, como hemos visto, de los pesares. Un perfil como el suyo removió todas las instituciones y nos sensibilizó para que su experiencia fuera de las canchas no se volviera a repetir. No deja de ser anecdótico que, cuando tres años después desembarcó Vladimir Tkachenko en Guadalajara, también muy lastrado ya físicamente, de las pocas frases que aprendió en castellano era “no pago nada, no me dejan pagar nada” allá donde iba.
Uliana Semenova lo ganó todo. Repetidas veces. De hecho, su dictatorial dominio le hizo no perder ni un solo partido en sus 18 años como internacional con la URSS. Sí, perdió uno. “El último. En los Goodwill Games de Moscú en 1986, la final ante Estados Unidos. Me dolió mucho, puesto que era mi despedida con la selección”. Posteriormente a su etapa española, probó en el Valenciennes francés, pero a sus problemas físicos se les sumó una diabetes, por lo que ni siquiera acabó la temporada.
Tras fallecer el pasado jueves, su recuerdo produce una profunda y triste melancolía. El de una jugadora sin parangón, llevando a un grupo de jóvenes hasta la final liguera como última tierra conquistada. Su viaje español, su aventura, es el claro testimonio de que los tiempos han cambiado y de que en nuestro país se quería y se intentaba cambiar, gracias a maravillosos quijotes como Antonio Jareño. Y aunque Ula fue nombrada componente del Hall of Fame en Springfield en 1993, se la ha seguido sin tratar como a la estrella que su nivel correspondía. Viviendo aún en la mayor discreción, como mostraron los redactores televisivos en Informe Plus en 2019, olvidada en nuestro deporte, al que ella siempre amó como un conducto vital hacia una sonrisa. Siempre amable, siempre impresionante, Uliana Semenova, descanse en paz.
















