El pasado jueves falleció Uliana Semenova, quizás la jugadora más legendaria de la historia del baloncesto femenino, a los 73 años de edad. Un físico muy particular para una vida mucho más particular todavía, siempre afrontado con la mayor amabilidad. Sus 2,13 de estatura sirvieron para que los títulos siempre fuesen cosa entre ella y su equipo. ENDESA BASKET LOVER recupera, en los dos capítulos que fueron publicados exactamente hace 8 años, en enero de 2018, su aventura española en su temporada 87-88 en el que militó en el Tintoretto de Getafe, una de las historias más estrambóticas, peculiares y exitosas de la historia de nuestro deporte en nuestro país. Parte de su vida. “Historia” es una palabra que siempre se repite a su alrededor. Es normal. En torno a “Ula”, siempre hubo récords y allá donde permanecía, aparecía la magia y la expectación. Que lo disfruten en honor y memoria de una jugadora y una persona muy, muy especial.
EL VIAJE DE ULIANA SEMENOVA (1ª parte)
Su estampa era impactante, casi icónica. Su palmarés, más aún. Nadie en la historia del baloncesto, tanto masculino como femenino, ha logrado un palmarés así. Nadie en la historia, ha dominado tanto. Con su club, el TTT Riga letón (Daugawa como nombre original), 17 ligas, 14 Copas de Europa y un trofeo Lilliana Ronchetti (equivalente a la Copa Korac masculina) en sus 19 años de militancia en tal club. Con la selección soviética, 10 Eurobaskets, 3 Mundiales y 2 Juegos Olímpicos (y porque no pudo participar en Los Angeles’84). Por encima de todo eso, Uliana Semenova será recordada como la jugadora más determinante de la historia del baloncesto. Sus 2.12 de estatura y 135 kilos de peso le hacían destacar por encima de…cualquiera. Desde siempre.

“A los 13 años, ya medía 1.92. Curioso cuando tengo cinco hermanos y el más alto mide 1.78” reconocía entonces, hablando de su vida. Desde una pequeña aldea llamada Zarasay, hasta esos 13 años, recuerda con especial cariño el entorno. “Teníamos que atravesar un bosque para recorrer todos los días los 4 kilómetros hasta llegar al colegio, que hacíamos paseando. Nos lo pasábamos bien y muchas veces mis hermanos y yo nos parábamos para recoger setas” entre la felicidad por vivir en mitad de ninguna parte.
Tal estatura no pasó desapercibida para un profesor de educación física, que en 1965 llamó a las autoridades soviéticas en el férreo y entramado sistema interno, con el objetivo que pusiesen su vista en ella. No les pasaría desapercibida. “Aquel otoño cambió todo para mí. Me llevaron a una residencia de estudiantes en Riga, ingresando en el Daugawa. Yo no sabía nada de baloncesto, no entendía nada. La primera vez que vi un partido, me tuvieron que explicar todo, incluso qué hacían dos hombres corriendo por ahí, libremente. Eran los árbitros”. Dos años después, a la edad de 15, ganó su primera liga y en verano, su primer Europeo junior. Con 16, ya pertenecía a la selección soviética absoluta. “No creo que la altura sea lo único válido ni lo principal. Hay que tener fuerza de voluntad, amor al deporte y una mente despejada y rápida”.
Y a partir de ahí, el dominio más absoluto. Camino de los 37 años, pensó que sería buen momento para retirarse, hasta que recibe la noticia que un pequeño club de las afueras de Madrid. El Tintoretto getafense pregunta por ella. “Yo estaba retirada, llevaba cuatro meses inactiva. Pero me interesó el reto de jugar en España. Iba a ser la primera deportista de la URSS que saldría de sus fronteras”. Y se puso en funcionamiento una dificilísima y complicada tarea, negociando con las autoridades soviéticas. Por ambos lados. Lidiar con algo que llegó al nivel del desespero y querer dejarlo en más de una ocasión. Hasta que aterrizó en Barajas, toda una odisea. A propósito, con su marcha esta temporada, el TTT Riga ganó tan sólo un encuentro en liga.

TODA UNA ODISEA HASTA QUE ATERRIZÓ EN BARAJAS
Hay que ponerse en situación de un mundo de hace 30 años con el Telón de Acero vigente. Las primeras negociaciones con aquel país tan hermético, realizar algo inédito hasta el momento, fue como combatir frente a molinos, con el mismo raciocinio y flexibilidad que la dura madera de sus aspas. Estamos hablando de sacar de su ‘propiedad’ a un deportista de élite en la URSS. Si con la llegada de Mikhail Gorbachov al poder y su perestroika en marcha, se aceptó que aquellos jugadores que ya no interesasen en la selección se les pudiera dar tal libertad, digamos que al ‘polit bureau’ deportivo le costó aceptarlo. Clasismo enraizado. Se solicitó incluso la ayuda al Secretario de Estado para el Deporte, Javier Gómez Navarro, de cara a tal misión. Tenemos ya molinos, pero falta nuestro Quijote. El héroe de esta historia se llamaba Antonio Jareño, presidente del Tintoretto, que quería dar un volantazo a su equipo y al baloncesto femenino en general, pensando a lo grande. Y lo más grande, lógicamente, era Uliana Semenova.
Sus primeros desesperos datan del mes de septiembre de 1987, donde le dicen que la jugadora tiene problemas con su visado. A cada semana que transcurría sin noticia alguna, el desánimo y la irritación aumentaban. Al otro lado, una agencia de deportes gubernamental llamada Soviet Intersport, con su representante Zhukov, permanentemente prometían sin cumplir. Cuando se les reclama, ni se ponen al teléfono. Y así se ven abocados al mes de noviembre, metidos en competición y con un sinfín de partidos perdidos por las getafenses.

La penúltima promesa del tal Zhukov era que la jugadora en la primera semana de noviembre, se presentaría en Madrid. Nada. Antonio Jareño, llegó un momento en que tiró la toalla. Y como seguía pensando a lo grande, decide mover hilos para fichar a una estrella estadounidense, que en ese momento jugaba entre hombres, concretamente en los Harlem Globetrotters. Su nombre, Lynette Woodward. “Nosotros estábamos en relaciones con su representante. Y de repente, un día me entero que ha debutado con el equipo de Sicilia. Me quedé helado”. Así que decide hacerlo a la tremenda y viaja a la URSS un 21 de noviembre, “porque en ningún momento hemos sabido nada de ella. Nos dijeron hace más de un mes que la jugadora estaba en proceso de recuperación de una lesión. Pues la recuperación puede hacerla en Madrid”. Una vez allí, no descartaba traer otra jugadora internacional soviética si la misión de Uliana era imposible. Una con muchas internacionalidades, decía. Claro, que ninguna otra era Semenova.
No se sabe ni el modo ni la forma, pero tras ocho días entre despachos moscovitas, un 29 de noviembre, a las once de la noche y sin anunciar, Antonio Jareño y Uliana Semenova aterrizaron en el aeropuerto de Barajas. Tan de incógnito, que Jareño tan sólo avisó de su llegada a su entrenador, Alfonso García, un par de horas antes. Nadie les esperaba. Eso sí, su recibimiento una vez llegada a Getafe fue multitudinario y calurosísimo. Una rueda de prensa junto a componentes del club y a la vera de la estrella del equipo, la internacional Rocío Jiménez, fue como el aterrizaje de un futbolista de élite. Todos los informativos a nivel nacional giraron la vista al baloncesto femenino y lo cubrieron como un acontecimiento. Jareño, a pesar de los pesares, había conseguido su propósito inicial: ‘Ula’ estaba con él y se hablaba de su equipo.
Uliana Semenova debutó un 5 de diciembre de 1987, en el pabellón Juan De La Cierva ante el Canoe, totalmente abarrotado. Cuatro mil espectadores con todo tipo de pancartas de bienvenida a la letona. Por aquel entonces, el Tintoretto estaba desahuciado en liga, con tan sólo una victoria en las ocho jornadas disputadas, condenadas a jugar la fase A-2 del “furgón de cola”. Vencieron por 92-47, con 35 minutos en pista, anotando 22 puntos, capturando 18 rebotes, repartiendo 6 asistencias y taponando hasta en 3 ocasiones. Los telediarios tuvieron cobertura de su puesta escena (los de información general, ¿eh?). En España, había otro poderoso atractivo cestista.

UN FENÓMENO SOCIAL
El siguiente enfrentamiento fue ante las grandes favoritas de nuestro baloncesto, el Raventós de Tortosa, con las que perdieron 91-79. Un club que había logrado solamente 2 victorias en las 10 jornadas disputadas, plantó cara a las legendarias Rosa Castillo, Roser Llop, Ana Junyer o Conchi Zapata, favoritas al título liguero. Y todo, gracias a la letona, autora de 33 puntos. Dos mil aficionados apiñados en el pequeño recinto, con deseos de ver la nueva y gran protagonista del basket en nuestro país, fueron conscientes hasta dónde podían llegar las getafenses con su nueva incorporación.
Así finalizaba el Tintoretto la primera fase liguera, enviadas al grupo de seis clubs con peor récord, tratando de evitar el descenso. Nada más lejos de la realidad. Las madrileñas tenían en sus filas a jugadoras jovencísimas, con proyección pero inexpertas, como Emma Bezos o la integrante más pequeña de los hermanos Ruiz Paz, Cristina, más el añadido de la veterana internacional Rocío Jiménez, encantada con su nueva compañera letona: “Semenova es formidable como persona. En cuestión deportiva, es muy fácil jugar con ella, no sólo yo, sino todo el equipo, porque es muy inteligente. No tiene obsesión por meter puntos, te ve sola y te pasa, le da igual que seas el cuatro, el ocho o el cuarenta. Ve las jugadas antes que nadie. A nivel personal, me es más fácil jugar con ella que con cualquier pívot americana. Te busca, gira una mirada y asistencia perfecta”. Fue habitual que entre Semenova y Jiménez, anotasen más del 60% de los puntos del equipo.
Todo cambió en Getafe. Un récord de 9 victorias y 2 derrotas con ella, líderes de esta A-2 (lo que otorgaba la opción de jugar en el playoff por el título) y el pabellón Juan De La Cierva abarrotado siempre, los 4.000 asientos. Si la recaudación habitual antes de su llegada era de 20.000 pesetas y unos 500 espectadores en los días de mayor afluencia, con Semenova se recaudaban en torno a las 160.000 pesetas. Y más expectación acarreó allá donde iba. En las posteriores semifinales ante las canarias de Kerrygold, el club insular tuvo que poner gradas supletorias para ampliar su aforo de 1.500 aficionados en un número mucho mayor. En el primer encuentro semifinal, recaudaron 300.000 pesetas. El Canoe, ante la visita del Tintoretto en su pista de Pez Volador, puso las entradas a mil pesetas. Y cuando no jugaba, como en la última jornada de esta segunda fase ante Caixa Valencia -por estar ya clasificadas-, se creó una gran polémica, pues los aficionados habían agotado las entradas una semana antes, pagando precios mucho más caros de lo habitual. Fue una verdadera fiebre. Tras un par de meses de estancia, firmó con la marca de zapatillas J’Hayber.
En este cuadro, os dejamos las increíbles estadísticas de Semenova desde su debut hasta la finalización de la liga regular. Excepto ante el Valvi, por lesión, sus números son escalofriantes.
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