BASKONIA ES ASÍ

Gritaban en el tiempo muerto, como repitiendo una consigna en un acto público, a todo lo que diesen las voces “ ¡hay que ir por el rebote!” el pasado domingo ante el Real Madrid. En inglés, por supuesto, aunque la intensidad era taaan nuestra… Y ese ansia por exteriorizar un punzante sentimiento, el del empuje por ir a por los rechaces como si exhalasen últimos alientos, encierra la situación concreta de Baskonia al día de hoy. Luchar contra los elementos, representados en este caso por los interminables brazos de Tavares que suponían el mayor reto. Nadie por sí solo podría saltar allá donde llega él. Pero un toque al balón en su máxima altura, otro desvío allá y el absoluto compromiso de todos los jugadores en pista -incluido el pequeño Markquis Nowell– para capturar finalmente el balón y salir a correr, hacían posible que contasen con una nueva posesión, aquello -el rebote ofensivo- que les ha ido martilleando en las fechas anteriores. Todos apoyando por la captura de un balón. Todos en las gradas apoyando a ese todos en la pista por un mismo fin. Como si Matteo Spagnolo ha de tirarse en plancha por la línea de banda por no perder el dominio del esférico. Baskonia es así. 

Pues esta escueta frase ha resumido el autoafirmado “carácter Baskonia” que algunos ponían en duda en el arranque de esta temporada 25/26 con 4 derrotas consecutivas antes de encararse con el vigente campeón de Liga Endesa. Y se iba personalizando en la figura del nuevo entrenador, Paolo Galbiati, junto a su cuerpo técnico. Buenos momentos en casa frente a Olympiacos y Panathinaikos en Euroliga, llevando al paroxismo al rival y a la locura el encuentro entero durante buenos tramos del mismo, donde sí sacaron partido. Pero costaba en el ataque estático y donde costaba, sobre todo, era en defensa. 

Galbiati tiene un baloncesto en su cabeza como su carácter. Y bien que lo demostró en Trento. Un tipo que se dedica a pasar los balones a los jugadores en la rueda de calentamiento, que pone música en los entrenamientos, que lleva el desenfado como un estilo de vida y, sobre todo, un estilo de entrenar. Y para ser desenfadado tienes que estar satisfecho, incluso con los riesgos. De estos, en defensa, los baskonistas tomaban muchos. Vean su plantilla. Pequeños, muy pequeños en ocasiones de sus piezas en el juego exterior y, por dentro, como si diese la sensación que falta un center. Es como el arranque de aquel Tau Cerámica vigente campeón de Liga y Copa en 2002, donde tras la marcha de Oberto y Tomasevic a Valencia, veíamos que sus interiores eran Hanno Mottola, Luis Scola, Thierry Gadou y Jim Bilba. Ahí faltaba algo grande en medio… y llegó Rashard Griffith, como era lógico (aunque de su interminable serie de lesiones, ya hablaremos otro día). Ahora tenemos aquella misma sensación, pues el “5” titular, Mamadi Diakite (con recientes poblemas físicos incluidos, que le han hecho perder un buen puñado de kilos de peso), es más probable un ala-pívot que desde sus tiempos en la universidad de Virginia, debía jugar como pívot de manera obligada. Ahora toca jugar así, porque el mercado da lo que da. Y arriesgar.

Desequilibrio físico posición por posición en muchos casos, donde toca ser “aventurao” en defensa, cambiar asignaciones, perpetuar ayudas y, por encima de cualquier otra cosa, hacerlo con el timing milimétrico de un reloj suizo. Y no estaba siendo el caso porque faltan sesiones de ajuste. Jugadores solos (como el mate de Milutinov para cerrar el choque de Olympiacos) o muchísima diferencia física tras cambios de asignación, que daban el resultado de canastas demasiado fáciles de tipos bajo el aro al lado de rivales un con par de palmos menos. Y con ello, el descorazonador desconcierto. 

Sin embargo, había algo que nos gustaba: rostros de rabia entre los protagonistas, pero nunca malas caras entre ellos. Discusiones a voces incluso entre ellos, pero nunca echarse nada en cara. Ser conscientes de unos errores que duelen, con la asignatura pendiente que hay que trabajarlos. Porque Baskonia es así. “Si es que no hay tiempo para entrenar” nos relataba un satisfecho Pablo Pin, asistente de Galbiati esta campaña, tras la victoria ante el Real Madrid. “Fíjate que vamos a entrenar mañana, porque no nos queda otra”. Tras el enorme esfuerzo ante los blancos y en vísperas de una nueva doble jornada de Euroliga.  Ya lo ven. 

Pues en la segunda mitad, no tanto por acoplamiento, sino por mordiente (o completamos con un “mayor acoplamiento por mayor mordiente”), pero los vitorianos defendieron mucho, mucho mejor, más intensos sobre todo. Forzaron malos tiros exteriores a los jugadores entrenados por Sergio Scariolo, porque las canastas interiores fueron más escasas. Aquí lo tienen numerizado: Real Madrid anotó un 20 de 32 en tiros de campo en la primera mitad (62,5%). En la segunda parte, 12 de 35 (34,3%). ¿Y por qué esta reducción porcentual en los tiros de campo? Porque si en los tres primeros cuartos los blancos lanzaron 19 triples, es porque no les hizo falta más, viendo su 14 de 18 en tiros de 2 en la primera mitad (un escandaloso 77,7%). Al verse canjeados por un 4 de 12 en este tipo de tiros en el tercer cuarto, debieron incrementar el rango y probar hasta en 10 ocasiones el triple en los diez últimos minutos. Y con mejor defensa enfrente, tan solo anotaron en 1 de esas 10 intentonas. Defendieron mucho mejor con Bruno Fernando y Garuba en pista como hombres altos, que no el potro de torturas que significa Tavares, claro está, que tras unos minutos en el banquillo, apareció en los últimos minutos cuando los baskonistas iban a velocidad de crucero ya. 

¿Cuál era esa velocidad de crucero? La anotación. La enorme verticalidad de sus hombres altos y el talento individual, aunados. Porque contemplamos un récord histórico igualado, pues los 26 puntos de Trent Forrest vinieron en modo y forma de 19 tiros libres intentados… sin fallo. Había que remontarse a los primeros días de octubre de 1993, cuando Jordi Pardo comenzó la temporada como un tiro en su segunda etapa en el club gironí. Y eso es a base de entrar a canasta y forzar el caos. Caos tan familiar y solicitado entre las huestes baskonistas que envuelve poco a poco al rival. Y luego, Luwawu-Cabarrot

El jugador francés tiene un talento asombroso en ataque. El domingo se despachó superando en uno contra uno a sus contrarios abierto entrando a canasta, o jugando en poste bajo tras botes, porfía y gran juego de pies. O castigándoles tras salida de bloqueos en sus intentos triples, con el recado de “debes estar más cerca”. Los 5 puntos y un 1 de 3 en tiros de campo en la primera parte, no le llevaban a ninguna parte como uno de los líderes ofensivos. Sin embargo, algo sucedió en los vestuarios al descanso que, a partir de la reanudación, con 17 puntos y 6 de 9 en tiros de campo, todo aquello que presuponíamos para este curso al alero francés, lo desplegó en la segunda mitad. 

Y con algún sobresalto final, Baskonia venció en su primer partido oficial (sea Liga Endesa y Euroliga) por 105-100. Los malos augurios, sacudidos. Y esos reproches defensivos, con el deseo de seguir trabajando, porque con la victoria, puede llegar el desenfado. Justo lo que pretende Paolo Galbiati. Ahora sí están todos en su hábitat. Ahora, el día a día, empezando esta tarde por un choque en París… que esto no para. 

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