Nunca en la historia de las finales de un gran torneo, la jugada última y decisiva resuelva el partido con un mate, casi sobre la bocina. Sumen un tiro adicional que separaba el empate de la victoria y posterior gloria. Y sumen, por si no fuera suficiente, que el campeón rinda cuentas ante su público de tal apoteosis, porque jugaron en casa. ¿No es asombroso?
Alemania se proclamó campeón de “su” Eurobasket en 1993 de manera casi milagrosa (71-70), cuando nadie contaba con ellos. La conjunción de tantos factores, dieron pie a aquel balón doblado que Christian Welp agarró y se fue a comer el aro, consciente que ninguna fuerza terrenal podría detenerle en puertas de su primer campeonato. Quien lo intentó, Mikhaikov, se llevó una falta personal de añadidura, que les sentenciaba a la derrota. Por el camino, Croacia seguía llorando el reciente fallecimiento de Drazen Petrovic, Serbia y Montenegro permanecían sancionados por la FIBA y no participaron, Lituania ni se clasificó y España cayó en cuartos de final en el camino de tal hito alemán con una suspensión, también de Welp y, esta vez sí, sobre la bocina y sin capacidad de reacción para nuestros representantes. Un fenómeno de los banquillos, Svetislav Pesic, dio forma y solidificó aquel milagro de la selección alemana en la finalísima ante los rusos. Tras el triunfo de Alemania en Riga el pasado domingo, los germanos son actuales campeones de Europa y del mundo. ¿Cómo es posible? ¿Tanto y de forma tan frenética hemos viajado hasta llegar a esto?

Sin embargo, la fuerza del champagne recién descorchado por Pesic y sus chicos, duró un puñado de meses, hasta la decepcionante participación en el siguiente Mundobasket de 1994 disputado en Toronto, con un duodécimo puesto. “Sí, pero gracias a aquello, se fueron creando estructuras sólidas en los equipos” replica Francisco Sañudo, aficionado español nacido y residente en Heidelberg y que, de alguna forma u otra, ha colaborado con la Federación alemana y territoriales desde hace más de 30 años. “En las interioridades de los clubes, comenzó a trabajarse con profesionalidad”. Un puñado de años después, aparece Dirk Nowitzki.
DIRK NOWITZKI, LA PIEZA ANGULAR DE TANTAS COSAS
Nowitzki era el chico de la casa. “Para nosotros, Detlef Schrempf era como un americano. Emigró a Estados Unidos en sus dos últimos años de instituto y ya permaneció allí el resto de su carrera. Nos gustaba, claro, pero había menos identificación. Nowitzki era un jugador más nuestro”. Un portento, moldeado con enseñanzas alemanas, de la mano de su entrenador de formación, Holger Gerschwindner en Wurzburg, que desde segunda división liguera da el salto directamente a la NBA en 1998. En los Playoffs del 2000, el ala-pívot alemán ya es identificado desde cualquier rincón, tras hacérselas pasar muy duras a Utah Jazz en 1ª ronda alzando a Dallas Mavericks cada curso un poco más.
“Dirk Nowitzki dio un impulso fundamental a nuestro baloncesto. Era un jugador fiel a la selección nacional siempre. Y gracias a él y la imagen que transmite, lo que atrajo fueron sponsors. De hecho, desde aquellos tiempos, aún se mantiene el de cierta entidad bancaria”. Al margen de convertirse en una especie de bestia negra para los españoles (a veces, todo sea dicho, al contrario), dejándonos colgados en cuartos de final del Mundobasket de 2002 en Indianapolis y en las semifinales del Eurobasket serbio en 2005, Alemania empieza a lograr hitos. Las semifinales empiezan a frecuentarse en ellos como miembro de una élite ya constante y consiguen la medalla de plata en 2005, siempre con buenos gregarios alrededor del gran Nowitzki como fórmula del éxito. La selección es un escaparate, tal notoriedad de cara al resto del mundo es el resultado final de lo que se está cociendo dentro del país, independientemente de las hazañas que el ídolo vaya logrando en Dallas, hasta convertirles en campeones de la NBA bajo “su mandato”. El baloncesto debe ser tenido como otro de los soportes más importantes del deporte alemán y se afanan en ello.
“La sensación desde el principio es que su éxito era una cuestión de tiempo” afirma abiertamente Carlos Frade, entrenador riojano y uno de los responsables en ALBA Berlín de la cantera y formación de jugadores, asentado allí desde el desembarco de Aíto García Reneses. “Porque cuando estás organizado y en el trabajo eres constante, una de las cualidades que tienen ellos entre sus clubes y organizaciones, al final se acaba notando”.
“Se han creado buenas estructuras de cantera” reconoce Francisco Sañudo. “Y muy seguidas por las federaciones. Antes, el joven de élite se marchaba a Estados Unidos. No ya los conocidos Schrempf y Uwe Blab, sino que Hansi Gnad, Chris Welp en los 80, más tarde Henrik Rodl, Okulaja… hasta que se decidieron quedarse aquí porque se trabajaba bien. En Alemania siempre hemos tenido cultura de entrenadores estadounidenses, que ha habido en buen número, como parte del aprendizaje. Añade que, debido a la guerra de los Balcanes, muchos de lo que antes era la Yugoslavia unificada, encontraron aquí un refugio, engordando los puestos de formadores de cantera, no solo los Pesic, Mutapcic o Sasha Obradovic como entrenadores estelares”.
“Sí, han ido añadiendo cosas con el tiempo. Aceptar la llegada de entrenadores desde fuera, siempre lo han tenido” reitera Carlos Frade, como uno de estos casos. “Pero no solo eso, sino que además han ido llegando preparadores físicos y técnicos, que han ayudado a subir el nivel. Fíjate en el caso de los españoles. En ALBA se trabaja en una gran estructura. Y tienes clubs como Bamberg hace 15 años, cuando ya estaban en Euroliga y hoy día como Ulm o Rachta Vechta, que cada año van trabajando mejor y formando jugadores y sacando jóvenes cada vez mejores. Y las generaciones de abajo, van creciendo a nivel de baloncesto cada vez más. También, la creación del Bayern Munich, les ha dado un empujón. Todos an ido bajo el influjo de Nowitzki y el efecto se refleja veinte años después, como en España pasó con el efecto de la plata de Los Angeles, pues quince o veinte años después de trabajar bien, acaba explotando. Y esta es la ola en la que se encuentra el baloncesto alemán”.
ALBA Berlín es un club que han ido puliendo y perfeccionando jugadores y Carlos Frade, como componente del grupo de técnicos españoles, ha sido testigo en los últimos años de ello. Uno de los primeros “encargos” de moldear y convertir en futura estrella desde sus años de adolescente, fue el del actual jugador de Orlando Magic, Franz Wagner. Por decisión personal del jugador y su familia, decidió emigrar a la universidad de Michigan cuando a Aíto García Reneses, estamos convencidos que le hubiese gustado finalizar él la formación en sus últimos “retoques”. Pero, como también vivió con Pau Gasol a principios de siglo, talentos así cuando “vuelan” a USA, son productos totalmente terminados.
TOCA HACER QUE EL BALONCESTO CALE ENTRE EL PÚBLICO
Francisco Sañudo ha sido testigo de la evolución del baloncesto alemán y un ejemplo claro es el club de su ciudad, el MLP Academics Heidelberg, club que ascendió hace escaso tiempo a la máxima categoría y tras evitar el descenso hace 2 años, la pasada temporada consiguió dar la sorpresa y llegar a semifinales. “Heidelberg tiene tradición de baloncesto. En la década de los 70, eran uno de los dominadores de nuestro deporte aquí, liderados por el Dietrich Keller, que fue olímpico en los Juegos de Munich del 72 (junto al mentor de Nowitzki, Holger Gerschwindner y el posteriormente madridista Norbert Thimm). El baloncesto alemán ha surgido, históricamente, desde las universidades y esa esencia aún se mantiene. Heidelber, Ulm, Wurzburg, Hagen, Ludwigsburg… son ciudades universitarias. Y ahí han cuidado mucho el baloncesto desde siempre. Curioso que ni en Berlín ni en Hamburgo es así, aunque han empujado mucho. Pero a quien hay que dar una verdadera importancia es al Bayern Munich y aquella iniciativa del histórico futbolista Uli Hoeness, gran amante del baloncesto y que fue el valedor para crear en el club, su sección de la canasta. A nivel de producto, Bayern Munich es como una marca. Puedes llegar con ella mucho más allá que cualquier otro equipo. ALBA es un club con tradición y mejores instalaciones, pero mediáticamente, Bayern es otra cosa. Y en Munich se ha creado una base de fans fieles y ha arrastrado a otras ciudades”.
Hace unos 15 años, en unos foros de opinión organizados por la propia ACB en Madrid, el histórico agente de jugadores y columnista Miguel Ángel Paniagua, predijo esta irrupción del baloncesto alemán. “Las campañas de ticketing son impresionantes. Cual vendedor de enciclopedias que va picando puertas, casa por casa, se ofrecen de manos de comerciales paquetes familiares de entradas a precios muy asequibles, para conseguir llamar a la gente en el baloncesto e ir a los pabellones lo tengan como un hábito frecuente”. Y sí, años después, los recintos de la Bundesliga, más pequeños que los españoles por regla general, exceptuando la grandiosidad del O2 de Berlín o el nuevo escenario del Bayern Munich, están abarrotados de público. “En Heidelberg está cotizado al día de hoy lograr una entrada. Hay algunas que tan solo cuestan 5 euros, en uno de los lugares del recinto donde tienes que verlo de pie, lo que crea un gran ambiente”, nos confirma Francisco Sañudo. “Y a lo que han dado importancia de verdad, es a la social media”.
En su ciudad, a una hora de Frankfurt en carretera (una de las más bellas de toda Europa, créannos), la inversión en redes sociales por parte del club, ha sido enorme. Era necesidad llegar a la gente joven. “Y tanto en Instagram como en Facebook… la importancia de ello es inmensa. Lo cuidan mucho y siempre tienes contenido. Además, gracias a ellas han conseguido la conexión con el pasado, que haya una familiaridad en los chavales que Heidelberg siempre fue una ciudad de baloncesto”.
EL SECRETO DE LA SELECCIÓN ALEMANA
Toda esta organización y previsión sin prisas ni urgencias por lograr metas, ha dado sus frutos. Carlos Frade, desde las interioridades del club modelo en el país, ALBA Berlín, nos expone algunos puntos. “Son estructuras sólidas financieramente y tienen una serie de formas de actuar que, en España, aún pueden ser lejanas. La liga cuenta con un sistema de auditoría interna y se van pasando por todos y cada uno de los clubs, mirando los balances y ejercicios económicos de arriba a abajo. Y como no cuadren o no tengan lógica, a la calle. Hace años echaron a un equipo con la competición iniciada -Phoenix Hagen, en noviembre de 2016- y eso te dice mucho. Revisan cómo funciona la gestión del club y te dan premios, con dinero contante y sonante si eres el mejor en según qué ámbito, con lo que supone financieramente hablando para algunos, que aspiran a ser los mejores. Se reúnen con los cuerpos técnicos, como con el entrenador del cadete, para cotejar versiones y detectar cómo se funciona. Y todo eso, son años de aprendizaje y de optimizar. En ALBA, te aseguro que como club tienen muchísimas cosas a nivel social, que son impresionantes”.
Campeones del Mundo en 2023. Campeones de Europa en 2025. Cierto que puedes encontrarte excelencias como Dennis Schroeder, MVP de ambos torneos, cuyo físico es de un tiempo futuro, pero hay que trabajar con ello y sacarle técnicamente el mejor partido, como así se ha hecho. Aparecen jugadores como los hermanos Wagner o los Da Silva, que dan un salto muy cualitativo a la selección por su enorme calidad, con un trabajo sobresaliente del anterior seleccionador, Gordon Herbert, con quien creyeron que podían ganar. Por encima de todo, el concepto que más les vertebra, es la potencia del grupo. “La selección alemana es un equipo, en mayúsculas” confiesa Francisco Sañudo. “Isaac Bonga se sale siendo un tipo que trabaja, Andy Obst aparece en momentos importantes… Todos aportan algo, incluso Schroeder, sin una final muy brillante, sabe sentenciar al final. El compromiso con la selección de todas sus estrellas, no solo es enorme, sino que por parte de la Federación, es exigido. Hay que acudir siempre. Y mira, Schroeder se comprometió y está en todas las convocatorias a grandes torneos. Sin embargo, Maxi Kleber dudaba si podía comprometerse a tanto y, si no era así, preferían descartarlo, aunque les pueda servir de mucho en momentos puntuales, no acudiendo ni al Mundial del 2023, ni a los Juegos el año pasado ni para este Eurobasket. Ese compromiso que ya viene de los tiempos de Nowitzki, les es fundamental para trabajar”.
Fíjense si son un equipo compacto, que hasta Alan Ibrahimagic tuvo que hacerse con el cargo de seleccionador durante el propio torneo, tras el importante problema de salud que sufrió Alex Mumbrú, que aun así -y con muchos dolores- aguantó hasta ver en los suyos, la consecución del oro. Que sus clubs aún sean discretos participantes en la Euroliga, es cuestión de darles tiempo para auparles. La locura financiera de los favoritos no es algo que vaya con ellos, que para ello son estrictamente alemanes. Pero ahí les tienen, copando la cima del baloncesto FIBA de forma muy merecida, con un trabajo metódico -no podía ser menos en ellos-, prolongado y que no podía tener otro puerto como fin.




