No es un thriller, pero pudiésemos viajar en el mundo que Alejandro Amenábar nos marcó a finales del siglo XX con su segunda película. Sí tiene tintes de drama que 7 jugadoras que participaron el año pasado en los Juegos Olímpicos de París, hayan tenido que ser suplidas. Los tiene.
- Laura Gil: retirada de la Selección
- Queralt Casas: lesión, operada de cúbito y radio de su brazo izquierdo
- Leticia Romero: no convocada
- Leonor Rodríguez: embarazada
- Maite Cazorla: lesión en la rodilla, no llegaba en condiciones
- Megan Gustafson: lesión en pierna izquierda
- María Conde: rotura tendón Aquiles el pasado mes de enero

Tres victorias en la primera fase en otros tantos partidos, pasando del debut ante unas británicas (85-70) barridas en la primera mitad como para ir por 34 puntos de diferencia, el “día D” ante las anfitrionas, Alemania, donde se jugaban gran parte de las aspiraciones futuras (79-60) y, oigan, que salió el día. Fue maravilloso. Y cerrarlo con Suecia en la prórroga (78-75), en el día en el que… sucedió todo lo contrario. Excepto el resultado y un tiempo extra jugado con muchísima cabeza -al fin-, fue la jornada en el que todo lo que podía salir mal, tal cual: pérdidas inexplicables, resbalones en defensa en el momento puntual en el que se escapaba la rival, rebotes que parecían teledirigidos a manos suecas… un cúmulo de despropósitos y quizás, falta de concentración como para jugar tan aceleradas. Miguel Méndez, seleccionador nacional, increpó en tiempo muerto que, incluso en defensa, iban aceleradas. La presión a toda pista y el posterior repliegue requiere de mucha disciplina, no de precipitarse. Eso sí, que la imagen del domingo no emborrone la exhibición del viernes ante las germanas, aval de nuestras esperanzas, como para abrirnos las puertas de par en par a percibir que las semifinales sí son accesibles, lo que significaría un éxito para este combinado. Pero, paso a paso, que el partido clave en todo campeonato son los cuartos de final.
¡QUÉ BIEN JUEGAN!
Alba Torrens y sus 35 años es el símbolo de otro tiempo en lo más alto, de oros y una plata olímpica, el tarro en el que se concentraba todo lo bueno del trabajo del baloncesto español en las últimas décadas. Y que sobre su estela y su generación fueron llegando más éxitos en categorías inferiores, bandera de largos años en silencio trabajando con toda la sapiencia por un futuro más halagüeño. Y de ahí, la Copa del Mundo sub 19 en el caluroso julio madrileño en 2023, donde Elena Buenavida, Awa Fam e Iyana Martín daban la sonriente bienvenida, con sus medallas de plata, a unos años venideros que se antojan amables, cargados de un talento muy bien encauzado y, nosotros, en calidad de aficionados, prometemos pétalos de rosas allá donde pisen, porque ellas lo valen. Bien, pues la presión por el éxito les llega AHORA. Y de momento, han respondido.
Es sorprendente que, con la renovación del equipo y el escaso tiempo de preparación, haya esta cohesión y conjunción para llegar a jugar como lo hacen. Juegan taaaan bien. La coordinada defensa de cambios permanentes (porque tampoco es que vaya el combinado muy sobrado de físico) es de ser trabajado con mucho afán, la cohesión en la presión a toda pista y, sobre todo, los conceptos ofensivos tan variados, sean continuaciones de bloqueos, poste bajo o trazos de escuadra y cartabón en los cortes (y los ángulos en los cortes para recibir, lo verdaderamente importante), hicieron que pegásemos un respingo del sofá en muchos momentos. Dejar a su gran estrella, la más que conocida Leonie Fiebich, en 13 puntos y maquillados, con un exasperante 1 de 8 en triples para ella, es terriblemente meritorio.
Mañana indagaremos y analizaremos individualmente la actuación de cada una, pero destacar que Iyana Martín, que es una delicia verla jugar, lleva un 6 de 9 acumulado en triples, mostrando la veteranía en su carácter inquebrantable que sus 19 años recién cumplidos quizás no debieran mostrar. Que la veteranía de Andrea Vilaró, con 3 triples casi consecutivos, resquebrajó a nuestro favor el partido ante Alemania, dejó la firma entre las veteranas del conjunto. Que Mariona Ortiz ahora tiene galones y obligación de mandar, de decidir. La facilidad para poner el balón en el sitio exacto, como el día ante Gran Bretaña, nos embauca. Que toque decidir en la prórroga y echar el cerrojazo ante las suecas, con una entrada a canasta con tonalidades de colores, emociona. Y Raquel Carrera, quizás la interior más destacada, sabe de continuar bloqueos, de recibir, de anticiparse en defensa, de ser omnipresente, independientemente de sus tiempos de descanso por no castigar su maltrecho tobillo.
IDEAS MUY CLARAS PARA EL DÍA SEÑALADO
Todas conocen su rol. Saben del sacrificio y cómo hacer sólido el grupo. María Araújo sonríe y felicita a sus compañeras al final de los partidos, cuando su particular trabajo es el más silencioso e ingrato, tocando fajarse con rivales -por regla general- más altas que ella. En la dirección desde la rotación, sobre todo Elena Buenavista tiene la misma seguridad que en categorías inferiores. Aquí no se duda ni se teme a nada.
En este apoyo a ultranza que se ha de tener con este grupo tan renovado, tan talentoso, porque el riesgo en la apuesta es latente, Miguel Méndez sigue claro en sus instrucciones, en que nadie dude. Porque hay un notabilísimo trabajo detrás que se ve, incluso en los malos momentos, los problemas de ataque estático frente Suecia, sepan solventarse.
Lo dicho, mañana analizaremos una por una y nos aventuraremos -incluso- a ponerles nota. Que seamos -un poquito más- conscientes de quiénes nos representan, que son una delicia, que entre los 35 años de Alba Torrens y los 19 recién cumplidos de Iyana Martín hay un crisol precioso que debemos apoyar y valorar. “Abre los ojos” toca ser también un imperativo para el aficionado, ahora que vuelan hacia Atenas. Chequia nos espera.


















