Visto de todos los colores. Última jornada de liga regular y los números proliferan: por no descender, por llegar al Playoff, por posicionarse en él. En 1997, previa a la última jornada, entre la 3ª y 12ª posición liguera, había 4 victorias de diferencia, donde 10 equipos se disputaban 6 plazas. Cábalas de todo tipo por ser cabeza de serie, por asumir quién se quedaba fuera de los ocho mejores o, más urgente a la par que importante, por evitar puestos de descenso.
Esta Liga Endesa 24/25 puede parecer algo descafeinada. Sabemos quién es el primero de la liga regular, con una segunda y tercera plaza que, tras la victoria de Valencia Basket en La Laguna, siguen en el aire (mirando a largo plazo, que hay que estar en todo, supone en un porcentaje alto el factor cancha en semifinales). Todo ello, sabiendo ya quiénes serán los 8 “elegidos para la gloria” del Playoff y con 2 emparejamientos seguros: Real Madrid-Baskonia, Unicaja-F.C. Barcelona. Las plazas de descenso ya están adjudicadas (Leyma Coruña y, tras este fin de semana, Coviran Granada), por completar el cuadro.

1.- LA SEMEJANZA CON EL FÚTBOL, SOLO LIGA REGULAR
Algunos lo demandan. El Playoff es algo muy institucionalizado en nuestro deporte como para descartar la emoción que dan las eliminatorias por el título. Pero incluso, hagamos el ejercicio de apartarnos de eso. ¿Qué tiene de bueno? Que todas las jornadas, cada partido, son una final. Aquí no se puede disponer de “piloto automático” ni etapas de crisis, con el “donde tenemos que estar bien es en febrero y en mayo”. Dos o tres victorias de diferencia en diciembre, se pueden tornar decisivas. La emoción crecería. ¿Cuál es el problema? Pues, exactamente eso: que puedan ser decisivas. Imaginen que un equipo cante el alirón a falta de 4 jornadas por disputarse. Sí, habrá otros escenarios con algo en juego. Pero sabiendo ya quién es el campeón… desmerece todo. Lo mismo con el resto de disputas.
2.- REUNIR A LOS MEJORES
Cuando arrancó la ACB, con todas sus ilusiones y expectativas (hablamos de la liga liderada y custodiada por la “Asociación de Clubes de Baloncesto” a partir de la temporada 83/84), se creó un peculiar sistema de competición con muchos, muchos atractivos, cuyo formato aguantó 5 temporadas. Dos grupos (en una liga de 16 equipos), Par e Impar, seleccionándolos según la clasificación liguera del año anterior. 14 jornadas iniciales completaban la primera mitad de temporada regular, donde en una posterior A-1 se englobaban a los 8 primeros clasificados (los 4 primeros de cada grupo) y el resto, en el drama de la A-2. Y otras 14 jornadas. Ver a los 8 mejores en una liguilla a ida y vuelta, era espectacular. ¿Qué sucedía? Que los equipos sorpresa, los que no se esperaban estar en la A-1, garantes por méritos propios de una excelente primera fase y entre permanentes celebraciones a modo de taquillajes, les daba más bien por una “deceleración” a veces en exceso, tras el “por esta temporada hemos cumplido y con creces.
Mucho más atractiva era la A-2 donde se jugaban la vida, tanto los ya previstos del “furgón de cola” como aquel aspirante a cotas mucho más altas en un principio, y que malas decisiones y el infortunio se traducían en malos resultados, intentando circular entre un lodazal que para nada era su ecosistema. De los 8, los 4 últimos jugarían el Playoff por la Permanencia. La sola idea de verse envuelto en esas eliminatorias por el descenso, daba pavor. Porque eso eran las eliminatorias por el descenso: emoción llevado al extremo de la tragedia, histerismo colectivo entre aficionados y equipos y, entre medias, más bien poco baloncesto. Eso sí que era sufrir. Si bajaban 2, eran las víctimas de semifinales. Si bajaban 3, luego había otro Playoff final para encontrar al único superviviente. En suma, todo resultaba atractivo, pero aquellos trámites en la A-1, daban una mueca de desagrado esperando que llegaran los emparejamientos por el título.
3.- QUE LEVANTE LA MANO QUIEN RECUERDE AQUELLO DEL “FACTOR CORRECTOR”
Hubo un tiempo en que la 2ª categoría de nuestro baloncesto, la llamada entonces 1ª B, se convirtió en terriblemente atractiva. La ACB, no ajeno a ello, decidió ampliar su competición de 16 a 24 equipos, absorbiendo sus 8 mejores equipos. Hablamos de un verano de 1988 de locura. “¿Y cómo gestionamos eso?” Pues 2 grupos de 12, que luego pasaban a 3 grupos de 8 en una 2ª fase, que luego se elegían equipos entrelazando grupos para el Playoff… un follón. Para que se hagan una idea, en aquel primer experimento, o sea, la temporada 88/89, el F.C. Barcelona se proclamó campeón después de ¡53 partidos! Y eso, que tanto cuartos de final como semis fueron por la vía rápida.
La tendencia era a una liga regular de todos contra todos. Pero tampoco se podía crear algo con 44 jornadas más Playoff, algo impensable que rozaría la esquizofrenia. La búsqueda porque no hubiese dos grupos claros, que los más modestos tuviesen oportunidad de jugar frente a los más grandes, dio una suerte de salpicado de todos contra todos, pero solo un poco. Los clubes, englobados en diversos grupos, jugarían más partidos con los de su “entorno” y menos con los de más arriba o los de más abajo. La primera finalidad, más que demandada, era la de una clasificación única, no estar mirando grupos. Aquello se solventó -y miren que ya es raro- en 31 jornadas.
¿Qué sucedía cuando finalizaba la liga regular? Que podía darse que un segundo clasificado, de estos equipos sorpresa, se había enfrentado en menos ocasiones a los grandes que un propio grande. Por lo que se aplicaba la ecuación matemática del “factor de corrección” (que ningún aficionado llegó a entender de verdad) y esa segunda plaza se convertía en quinta o sexta. Imaginen el papelón y unos fans cuyo cabreo subía en decibelios cuanto menos entendían el asunto.
4.- MEJOR DEJAR LA COSA COMO ESTÁ
Y nos saltamos más sistemas de competición, no crean. En la sencillez está la solución, mientras se pueda. ¿Que se dan situaciones como la de este año? Pues ya es mala suerte, como en otros casos nos hemos frotado las manos. Miren las machadas de Coviran Granada en los dos años anteriores a este curso, el drama del Real Betis de forma paralela, o los que llegan a la orilla del Playoff casi asfixiados por el esfuerzo. Forma parte del encanto y entra en vigor la no tanta fortuna de otros cursos de tener muchos frentes en juego en vísperas de la última jornada. Aun así, las aficiones de La Laguna Tenerife, Valencia Basket, Joventut y Dreamland Gran Canaria están a la espera del pistoletazo del viernes. Que el destino reparta suerte.

















