RETRATO Nº 125: La rabia del Sabonis escondido

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de ellas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 125: La rabia del Sabonis escondido

por Antonio Rodríguez

Recopa de Europa. Fase de 1/4 de final: CAI Zaragoza 65-89 Zalgiris Kaunas (29.01.85)

La imagen no deja lugar a dudas. El mate de Arvydas Sabonis en el vano intento de tapón de Claude Riley (un 2,05 de estatura que parece un alfeñique a su lado), va cargado de toda la rabia de una enorme fiera de 2,21 de estatura, enjaulada en unas normas que a él le escocían más que a nadie. Tener escondido bajo la lona de las leyes soviéticas un espécimen como él, era casi un sacrilegio. Aunque todo aquello poco iba con él, dando la espalda a una absurda burocracia de hierro, en las orillas del lejano mar Báltico. 

En año olímpico, los clubes de la antigua URSS no disputaban ninguna competición europea, más que su hermética y opaca liga. Todo en pos de preparar unos Juegos que, en 1984 y para colmo, se negaron a competir por disputarse en la californiana Los Angeles, respondiendo con otro boicot al originario de ciertos países al perpetrado de cara a Moscú’80. Los españoles, gracias al Torneo de Navidad del Real Madrid, pudimos verle aquella temporada, así como en el Preolímpico de París (que sí disputaron, aunque ya sabían que tendrían la negativa al viaje olímpico) para sacar músculo y altivez en toda Europa, barriendo a todos sus rivales. Era alucinante que el mejor jugador de la historia del baloncesto europeo por aquel entonces (y solo contaba con 20 años), no viese más que sombras.

Al siguiente curso 84/85, ya sí pudimos disfrutarle algo más. Hacer añicos el tablero de la Ciudad Deportiva del Real Madrid jugando con su selección, en el Torneo de Navidad más memorable, era casi una anécdota ante el dominio de un tipo físicamente hecho casi con arte robótico, que corría, subía el balón, un maestro del poste bajo que machacaba como en aquellos highlights que a veces se escapaban por nuestras pantallas, de la NBA. Y Zalgiris Kaunas, para colmo, proclamándose campeones de su liga, rompiendo así la hegemonía del TsKA Moscú casi perenne. En la Recopa de Europa (el torneo continental reservado para los campeones de Copa), en la fase de cuartos de final se encuadró con el CAI Zaragoza. Y para dictaminar los cruces de semifinales, este partido en el Municipal de Deportes de “La Romareda”, el antiguo “Huevo” de Zaragoza, donde los lituanos de Rimas Kurtinaitis, Valdemaras Homicius, Gintaras Krapikas, Raimundas Tchivilis y el absoluto rey, Arvydas Sabonis, se pasearon por 65-89 ante unos caístas que en ningún momento tuvieron opciones. Sí, perdieron luego la final ante un sobresaliente F.C. Barcelona. Pero con un arbitraje más consciente del juego físico que acompañaba ya a ese baloncesto, quizás el cuento hubiese sido otro. 

Sabonis era una explosión de ambición por ser campeón, una fiera herida que rebatía los argumentos de las autoridades derrotando todos los obstáculos, entre  aquellos osados jugadores de la retirada Lituania. Era tal el impacto de aquel joven que alguna concesión entre selecciones de Lituania y Rusia se permitían (eso sí, totalmente impermeables. Alguna foto pudimos ver, eso sí). El excéntrico y brillante entrenador Dale Brown (quien, años después, entrenó a Shaquille O’Neal en Louisiana State) viajó al Mundial de España en 1986 y en Ferrol, intentó infiltrar a una chica que sabía ruso por las habitaciones del hotel donde la URSS se concentraba, a ver si podía pactar una entrevista con él. En Estados Unidos, el multimillonario Ted Turner y la gerencia de sus Atlanta Hawks, estaban fascinados con su imagen. Sabían que desde el Día 1 sería élite en la NBA.  

Y en la vieja Europa, con actuaciones así (que tampoco nos permitíamos muchas de ellas televisadas), intentábamos normalizar en él cosas alucinantes. Porque este mate ante Riley, ¿saben en lo que se convertiría después?, pues en un uno contra uno contra él para mostrarle que también le podía superar por dribling, velocidad y tiro en suspensión. Era tal su superioridad que jugaba con los argumentos y cartas del rival. Pues aquí os dejamos esta instantánea que nos parece “martilleante”. Para que, quienes vivimos al joven de 21 años (sin ninguna lesión que lo lastrase todavía), nos recreemos volviendo a ponernos en aquella piel y fantasear con la perspectiva del tiempo. ¡Ahora te toca a ti!

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