El chico de George Mason, aquel equipo del milagro en 2006 llegando a Final Four NCAA. Tímido hasta el extremo y superado por el calor y el afecto de los aficionados. Así era al llegar a Málaga hace 10 años y así confesó sentirse tras el homenaje que Unicaja le brindó el pasado domingo. Claro, ver que el cariño de los aficionados hacia él era tan sincero, sus palmas aplaudiendo de pie en el Carpena, reconociendo la honestidad del protagonista, que puede derrumbar a cualquiera.

En el baloncesto español, sea con Valencia Basket como con el equipo que lo ha homenajeado, Unicaja, ha ganado todo en 7 años de permanencia aquí. Campeón de Liga Endesa en 2017 con los valencianos, campeón de Copa del Rey con los malagueños en Badalona’23, junto con una Eurocup en 2019 con los taronjas, sus reconocimientos están por encima de sus títulos. Fue el poste bajo muro de las lamentaciones para sus defensores, porque porfiaba en insistía hasta soltar su zurda. Cuando estos pretendían tomarse un respiro porque se alejaba de la pintura, sentenciaba con un triple (un nada desdeñable 37,6% a lo largo de su carrera en España). Intensidad, fuerza y mucha, mucha convicción.
Han sido 248 actuaciones con Unicaja para llenar la saca de ilusiones en Málaga. Por ello había que homenajearlo una vez decidió retirarse del mundo de la canasta. Con su rostro tímido, sobrepasado ante tanta emoción rendida a él. La misma que nos provocaba cuando lo veíamos jugar porque, en definitiva, Will es uno de los nuestros.

















