MARCELINHO Y SATORANSKY, LOS REYES DE LA PISTA

Esta vez no vamos a hablar de baloncesto. Bueno, sí. Siempre hay baloncesto porque nuestros dos protagonistas son fisiológicamente un tanto por ciento de agua y -casi también fisiológicamente, porque debe ser que corre por sus venas- un tanto por ciento y muy alto, de baloncesto. 

Marcelinho Huertas y Tomas Satoransky vivieron el fragor de la batalla en el pasado duelo entre La Laguna Tenerife y Barça en el sofocante, aquella tarde, recinto del Santiago Martín. Y desde que se incorporaron de forma simultánea a pista a falta de poco más de tres minutos para la finalización del primer cuarto, brotaba en ellos un sentimiento de dulce duelo adolescente entre dos amigos con la finalidad de pasarlo bien, a pesar de verse rodeados por un coliseo repleto de testigos.

Claro que hay que hablar de baloncesto. Satoransky deniega la primera opción a Huertas del pick&roll con Shermadini, porque da un paso adelante y sus brazos, extendidos, emergen como un muro infranqueable que delimita la zona, que hay que dejar claro que es propiedad azulgrana. Marce pide a Payton Willis que se aleje porque en tal tesitura, necesita más espacio para amenazar con fiabilidad. 

En la siguiente jugada en la que se invierten tornas, es ‘Sato’ quien tiene que atacar y su rival, con el recurso de un paso atrás, deniega como lo hicieron con él, el pase al corte a otro compañero. Marcelinho Huertas es sabio, pasa por detrás los bloqueos, teniendo la seguridad que el checo no aprovechará la circunstancia para lanzar el triple, dificultándole así la posterior resolución. Obliga a Satoransky a probar uno sin suerte, una aventura que no está en su guion pero que, galones mandan. Hay pañuelos que toca recoger. 

El abarrotado Santiago Martín envolvía un duelo entre dos de los equipos punteros de nuestra competición que, a su vez, envuelve un emparejamiento individual entre dos de los mejores bases. Las profundidades de esa esencia generada por dos tipos, quedan reducidas a una mirada cómplice, a una sonrisa de agrado, seguida por otra sonrisa más puñetera a modo de reto, simbología a la par que sinfonía (que, para ello, son los directores de orquesta de sus equipos), de nuestro mundo de la Liga Endesa

Toca aprobar la reválida en el siguiente exámen y Tomas Satoransky, consciente del recurso rival de pasar el bloqueo por detrás, prueba dando un bote y un exagerado paso hacia delante, le gana terreno y amenaza con suspensión corta, para soltar posteriormente una asistencia a la esquina para el triple de un compañero. Reto conseguido. Nobleza manda. 

Son dos personalidades que lideran, fuertes en la pista, que conocen de sus virtudes y las optimizan al extremo. Entre ambos se forjó una buena amistad en la única temporada que compartieron uniforme del F.C. Barcelona allá por 2014, cuando el checo era el recambio del brasileño para proyectar su emergente carrera posterior. El deporte y el mercado dan, hoy más que nunca, un trasiego de jugadores que, en los casos de estos dos bases, afincados y asentados en dos ciudades y dos clubes muy particulares, son un rara avis. Marcelinho Huertas cumple su sexta temporada en La Laguna, mientras que Tomas Satoransky acaba de iniciar su quinta campaña (tercera en este segundo periplo) con los azulgranas. Encontrar “un lugar en el mundo” y establecerse, como la identificación que ambos proyectan en su entorno, no es fácil estos días, máxime cuando llevan el trasiego de un buen puñado de equipos y franquicias NBA. 

Sus carreras se entrecruzaron y convivieron, sus relaciones se estrecharon para que 10 años después, mostraran un efusivo saludo cuando se incorporaron al estético parquet del Santiago Martín, preludio de una maraña de sistemas iniciada por ellos para dinamizar el baile de diez protagonistas. Y entre todo ello, su duelo, casi una disputa adolescente entre mensajes al oído, sonrisas y miradas del “ahora te toca a ti”. Ser testigo de ello era tan bonito como evocador. Sinónimos en su juego y antónimos en su pugna que denotaban disfrute de cada uno con su excompañero, del amigo, aunque solo fuese una muestra de segundos. Porque instantes después tocaba un rostro serio de concentración que, de reojo, se avistaba la amenaza de un bloqueo de un gigante al pie de la zona. Era su pista y su recreo, su profesión y en esos maravillosos segundos, su disfrute, los reyes de una pista marcadamente suya. 

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