JERRY WEST, LA PERFECCIÓN EN EL TIRO… HACE 60 AÑOS

El almuerzo se amargó aquel mediodía de miércoles, en Murcia, cuando entre los analistas del partido final de Liga Endesa, llegó la información del fallecimiento de Jerry West. En aquella mesa, la mezcla de asombro y tristeza se asentó por momentos. Es complicado gestionar la desaparición de los mitos, aunque tenga que ser esperada como hecho natural. 

Ahora, que hablaré en primera persona, recuerdo las caras de Lucio Angulo, Fran Fermoso, José Ajero y Sara Giménez, asumiendo que ya no seguiría en nuestras vidas la estampa de alguien que parecía tan eterno como el baloncesto. Claro, que imborrable será y siempre recordada su imagen, incluso por encima que tenerlo presente cada vez que soñemos con su silueta, viendo el logo de la NBA. Ha pasado exactamente una semana desde aquella jornada, pero en Endesa Basket Lover no queríamos pasar la oportunidad de hacerle un modesto y último homenaje. 

Para la gran mayoría de los aficionados al baloncesto del planeta, que no lo hemos visto jugar, que hay que superar los 60 años y haberse criado en cierta ubicación geográfica, West ha sido uno de los general managers más brillantes en la historia de la NBA. Sus aciertos, sobre todo liderando a los Lakers a nivel deportivo que, un puñado de títulos acarrearon con él (quizás los que le privó la tiranía de un destino maldito en su época como jugador), fueron expuestos en todos los rincones del planeta desde que la NBA ya era la liga más exportada a nivel mundial en la década de los 90. Desde entonces, su nombre iba de la mano del éxito. El mismo que acuñaba en su “si aciertas en el 51% de las ocasiones, podrás considerar tu trabajo como un éxito”, adelantaba en medio de la vorágine tiempos difíciles para su gremio, en medio de un mercado cada vez más complicado desde que los chicos estaban ávidos por ingresar directamente en la NBA directamente desde high school. 

Asumir que Shaquille O’Neal era ‘el hombre’ para la franquicia angelina, no era ningún logro, sino cuestión de saber sus desavenencias en Orlando y añadir ceros a su sueldo como para hacer temblar las canillas de cualquiera entonces. Más complicado era ver en Kobe Bryant el niño con ganas de comerse el mundo y posterior dueño y señor de la competición. Pero pensar que Pau Gasol era la pieza que necesitaba ese plantel, huérfano de algo muy grande, como para volver a lucir anillos, ya no era tan sencillo. Es como si Jerry West sí entendiera la pureza y la simpleza de este deporte que siempre lo acompañó tanto como lo enamoró, por encima de sus colegas. 

Sin embargo, lo primero que me llegó a la cabeza con la noticia de su fallecimiento, era la multitud de imágenes y fotografías que uno fue descubriendo sobre sus hazañas como jugador con posterioridad. Secuencias e instantáneas que uno miraba con idolatrados ojos. La expansión televisiva de la NBA dio paso a exponer vídeos de sus leyendas y ver lo que Jerry West llegó a ser. Por encima de todo, una mecánica de tiro consagrada, perfecta, de siglo XXI… hace más de 60 años. Tras bote, tras recibir, suspensiones tras correr contragolpes, hoy se puede identificar como la mecánica de los especialistas que reinan el baloncesto en la actualidad. Es curioso que el logo de la NBA sea él subiendo el balón, cuando quizás su gesto más marcado fue el de su certero tiro.

Miren, los primeros Juegos Olímpicos de los que de verdad fui consciente, de esa tan deseada espera por la magnificencia de lo que se presentaba, fueron la edición de Los Angeles’84. Aquella sucesión de futuras leyendas entrenadas por Bob Knight (Jordan, Mullin, Ewing, Robertson, Perkins…) abrían el debate entonces si aquel era el mejor equipo estadounidense de la historia. Y allí, por primera vez, es cuando oíamos hablar que en Roma, durante los Juegos de 1960, huno un equipo representando a los USA, de auténtica leyenda, según nos contaban Pedro Barthe o Lluis Cortés. Cuando pudimos informarnos de las carreras de sus componentes (Jerry Lucas, Oscar Robertson, Bob Boozer, Adrian Smith o Walt Bellamy, junto a nuestro protagonista), una ligera idea del impacto que supuso aquello en el baloncesto internacional, fui adquiriendo. Cuando tuve la enorme suerte de charlar una tarde, en el domicilio de Fernando Font, uno de los entrenadores de la delegación española que disputó aquellos Juegos en Roma, relatar a ojos de un testigo lo que eso supuso, me hizo poner en su justa medida el valor de aquel combinado. 

Europa aún estaba en pañales en el mundo del baloncesto y Estados Unidos, aunque con un buen trayecto ya recorrido, les faltaba lo que esta generación de finales de los 50 y principios de los 60, ofrecieron. Vale que en la gran liga ya militaba Bill Russell, pero ver a Oscar Robertson era como una puerta al futuro en el que se asumía que “el baloncesto, en próximas generaciones, tendrá la técnica individual de este chico unido a sus privilegiadas condiciones físicas”. Ver una especia de LeBron en 1960 debía ser algo único. Disfrutar de la inteligencia y la polivalencia de un pívot que dominaba bajo canasta, que salía y anotaba suspensiones exteriores, que pasaba como los ángeles en cualquier posición en la que se moviese, era para pensar que el baloncesto que proponía el pívot Jerry Lucas y el resto del mundo, estaban a 50 años de distancia de aquello. Y observar cómo se levantaba para anotar suspensiones Jerry West, de esa forma inmaculadamente perfecta, tan elegante, tan suave, daría por pensar que casi parecía otro juego diferente. 

Sinsabores deportivos al margen, martilleado por unos Celtics que les ganaban una y otra vez, no quita para asumir que junto a Elgin Baylor en los Lakers, Jerry West fue en la NBA alguien único, perfil de jugador actual llevado a una época en la que, a modo de enviado, nos explicase a todos que, con toda su simpleza y perfección, “señores, el baloncesto se jugará así”. 

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