Treinta años no son nada. En el Palau Olimpic, vacío, silencioso, se puede echar un vistazo desde el parquet, recreándose. Es un lugar especial. En la sala de trofeos existe uno en particular, pequeño, esbelto, cuya tonalidad dorada ilumina hasta el más recóndito esquinazo del recinto, por lo que representa. Porque si alguien se topara con Zeljko Obradovic paseando por las calles de Badalona, el vuelco al corazón sería abrupto. La mirada petrificada sería rota por una sonrisa de agradecimiento y una congoja que llegaría al nudo en la garganta. En los más jóvenes, aunque solo sea por lo que sus mayores les contaron. En los veteranos, por lo vivido y lo disfrutado. Y sintiendo que, efectivamente, treinta años no son nada.
En Endesa Basket Lover hemos querido recuperar la historia de aquella Liga Europea que conquistó el Joventut Badalona en 1994, de toda la temporada al completo, con sus luces y sombras. De la comunión entre un entrenador y una ciudad que coincidieron en la manera de entender que, un simple juego, puede marcar una vida para siempre. Para ello, hay que embadurnarse en él y disfrutarlo. Seis capítulos componen este viaje. Que lo disfruten.
CAPÍTULO 4: A LA FINAL FOUR CON HONORES
Seis días, seis. Eso era lo que tenía el Joventut Badalona para afrontar el examen en el que, por imagen, debían abordar. Los ecos -y la tristeza- de la Copa del Rey seguían resonando y el parcial de 22-4 que les sentenció, parecía ser la pared en la que se habían chocado a lo largo de todo el año.
Sobre este marco, ¿cómo es posible que ante el favorito para ser campeón de Europa -esta vez sí-, el Real Madrid, llegasen a ir ganando por hasta 30 puntos de diferencia? Solo seis días después de recoger las maletas en Córdoba, apeados a las primeras de cambio, se obró el milagro. Lo visto en el Olimpic de Badalona la tarde del miércoles 9 de marzo de 1994, fueron algunos de los 40 minutos más sorprendentes que haya vivido la historia de nuestro baloncesto. Inesperado por todos, hasta por sus aficionados que, resignados, tardaron en llegar al recinto en una cita tan importante como los cuartos de final.
Resultó ser la gran exhibición del 7Up Joventut aquella temporada y uno de los días grabados en oro de toda su existencia. Jugadores del Real Madrid aturdidos viendo cómo volaban los rivales por encima en la lucha por los rebotes, sin posibilidad ni -parecía- fuerzas como para capturarlos, fue una constante en gran parte del choque. El morral de rechaces ofensivos del Joventut a su desacierto, no encajaba en el guion de los madridistas, mirándose unos a otros, buscando justificaciones a balones fuera de su alcance. Arvydas Sabonis fusilaba con la mirada a unos compañeros incapaces de atrapar cualquier balón que se escapara de la zona. ¿Pudo ser la primera y única ocasión en la que el gigante lituano acabara con cero rebotes en un partido? Casi con toda probabilidad.
Rafa Jofresa salía con más ventaja de los bloqueos, Villacampa podía arrancarse sin oposición, sobre todo tras la temprana tercera falta de Isma Santos y, aunque estaba la estampa de Sabonis delante, doblar balones para suspensiones de Ferrán Martínez, era una solución más de algo que parecía escrito que acabase en la red. Era como una paleta con toda la gama de tonalidades y colores por la que Zeljko Obradovic había insistido a lo largo de todo el curso con su trabajo y sus críticas. Este sí era el resultado deseado, que se dejó entrever en Copa del Rey por minutos.
La defensa -más que estudiada- se afanaba en cercenar líneas de pase a Sabonis y Arlauckas. Sin tiradores consistentes (Kurtinaitis, como tercer extranjero, tan solo jugaba la ACB), todo era Sabonis pidiendo balones que no recibía, agobiado por dobles marcajes. Arlauckas, sin espacios para maniobrar, lo fiaba todo a suspensiones de media distancia sin acierto. Y esa frustración tiene lectura en 14 balones perdidos. Clifford Luyk decide poner tres grandes en pista para paliar el debe del rebote, con Sabonis-Antonio Martín-Arlauckas y aprecian cómo Mike Smith lanzaba totalmente solo desde la línea de 6.25. A cada cambio táctico, más confusión. A cada variante, peores resultados. En transiciones defensivas, Arlauckas gritaba quién se encargaba del alero, Mike Smith, para caer en la cuenta instantes después, que era el suyo. Su falta de costumbre de jugar en esa posición, provocaba quebraderos de cabeza.
Y es que, si algo frustró a los jugadores blancos y a Arlauckas en particular, era su defendido: Mike Smith. Todas, absolutamente todas las virtudes expuestos por el 7Up Joventut, pasaban por él. ¿El rebote ofensivo? Smith, volando por encima de todos. ¿Desajustes defensivos? Provocados por su movilidad ofensiva en la mayoría de casos. ¿Borrachera de triples? Anotó 3 de 4 -en una distancia en la que para nada es su especialidad-, que ayudaron a una escalofriante racha de 7 de 8 de los verdinegros en la primera mitad. Su actuación en números, dan una idea: 28 puntos, 7/8 en tiros de 2, más los mencionados 3/4 en triples, 5/6 en tiros libres, aderezados con 12 rebotes.
En la segunda mitad, Sabonis cargó al fin de faltas a sus pares (4 a Ferrán Martínez y 5 a Juanan Morales), para acercar al Real Madrid a un 43-36 y dar sensación de recuperación. Ficticia. Clifford Luyk decidió dar un descanso al gigante lituano, ofuscado en buscar protagonismo y el acierto que sus compañeros esa tarde no tenían. Era el minuto 29. Desde ese momento, un parcial de 16-0 para el 7Up Joventut desde que la estrella blanca se sentó, hace llegar al paroxismo de robos y contragolpes verdinegros y presenciar un electrónico con ¡30 puntos de diferencia! (74-44). Mike Smith llega por detrás palmeando un rebote a una mano, hundiendo el balón por encima de todos. El descanso momentáneo de Sabonis, acabó siendo ya definitivo para no sufrir tal afrenta.
“Es como para que nos echen a todos” tras el 88-69 final, fueron las sentidas y amargas declaraciones de Mariano Jaquotot, director de la sección de baloncesto del Real Madrid. “Vamos a esperar a ver qué pasa al final de esta eliminatoria, pero si no llegamos a Tel Aviv, habrá que tomar medidas”. Tal actuación escoció en el club blanco como para ser así de tajantes. En Badalona, cautela. “Sí, pero en la final que jugamos el año pasado, ellos nos ganaron los tres partidos en Madrid y nosotros los dos de casa”, declaraba Jordi Villacampa a los micrófonos de TVE. “Con lo que quiere decir, que el factor cancha es casi decisivo. Eso sí, tenemos dos oportunidades para ganar alli”.
Pues llegaron a Madrid, a un Palacio de los Deportes abarrotado y cargado de cierto miedo y mucha tensión en las gradas, pero también volcados con los suyos. Y allí… cristalizó la machada de la Penya. “Que Obradovic nos devuelva en Tel Aviv lo que nos quitó en Estambul” Rafa Jofresa alzaba la voz en mitad de la euforia. No era para menos. El 7Up Joventut, el de la montaña rusa y el “tocando fondo”, se presentaba nuevamente en Final Four tras derrotar por segunda vez consecutiva al Real Madrid, dándoles el pasaporte a Tel Aviv (67-71).
Y fue un indudable logro, puesto que debieron derrotar al llamado según prensa madrileña, “el mejor equipo del mundo fuera de la NBA” y que Luyk confesó que les hizo daño. En un Palacio de los Deportes madrileño abarrotado, los verdinegros supieron tener concentración durante los 40 minutos (todo un curso para alcanzar este logro), no desconectar cuando vinieron mal dadas y en el momento más duro y farragoso, sacar tajada. Nada menos que la de su clasificación por la vía rápida, pues fue la única eliminatoria de las cuatro en liza, en conseguirlo.
“En estos dos partidos hemos demostrado que somos un buen equipo. A la Final Four no llega ningún equipo mediocre”. Tras celebrar con sus jugadores el triunfo, Zeljko Obradovic seguía manteniéndose cauto, aunque autoafirmando la valía de su plantilla. En una batalla táctica de aguante, los que más resistieron, fueron ellos. Conste que el Real Madrid hizo una buena lectura de sus problemas en Badalona. Clifford Luyk cambió hasta tres elementos del quinteto titular del choque seis días atrás. Era Antonio Martín y no Arlauckas quien acompañó a Sabonis, para contrarrestar el problema de rebote que tuvieron, optó por la dirección del joven José Lasa y situó a Pep Cargol en la marca de Mike Smith, que tan excelente trabajo -y 28 puntos- certificó en la ida. Y acertaron. Cargol, más agresivo, maniató a Smith que nunca pudo generar en el uno contra uno. El ambiente en los locales (sobre todo la actitud del banquillo, más involucrado) parecía dar otra perspectiva. Jordi Villacampa se ve con tres faltas personales a los 7 minutos de juego en un arbitraje calamitoso en general para ambos, del esloveno Rens y el italiano Zancanella, entre tretas de ambos equipos que, eso sí, nunca perdieron el norte en una noche tan decisiva.
Arvydas Sabonis rompiendo con excelentes lecturas del bloqueo y continuación, de las que se aprovechaban tanto Lasa como Biriukov o desde el lado contrario, como en cortes muy efectivos de Pep Cargol, trazaban el bosquejo del camino correcto en los madridistas. Los verdinegros, desacertados en el lanzamiento exterior (1/6 en triples en la primera parte con 0/3 de Ferrán Martínez, tan importante el primer día), tenían la estrategia de forzar a un lado de la cancha, para buscar pases a cortes del lado débil. Al menos se sostuvieron en defensa y el marcador al descanso (34-27) daba una lectura clara de lo visto.
La segunda parte fue lo que cambió los designios para los verdinegros. El Real Madrid celebra un gran pase picado de Lasa para una canasta en contragolpe de Ismael Santos, pero ahí se frenaron, mientras encajan dos triples de Jofresa y Smith. Y la sensación que los hombres de Obradovic, con una voluntad tan férrea como sus sistemas, comienzan a carburar. El siguiente turno era para Corny Thompson, que esta vez fue algo más que “papi”. Recibía en poste bajo, fintaba el tiro, se apoyaba en un bote para dar un paso atrás y suspensión. Repetía: finta, bote, paso atrás y suspensión. Movimientos rápidos, con toda la -escasa- velocidad que daban ya sus veteranas piernas, pero suficiente con su ejecución para eludir el tapón. Once puntitos de oro, trufados con visitas a la línea de tiros libres para argumentar su importancia y peso en el plantel.
Puede que la puntilla fuese una zona optada por Luyk, para que hombres como Thompson circularan con menos espacios, que el Joventut lee perfectamente y con un triple Rafa Jofresa, desisten en el vano intento. Mientras, Sabonis intuye un trayecto semejante al del primer día y empieza a desesperarse, porque pretende que el primer pase sea para él, sobremarcado entre Juanan Morales, Ferrán Martínezy cualquier otra ayuda. Si no recibe inmediatamente, se enfada. Y si lo hace, el enjambre a su alrededor le hace entrar en problemas. La parálisis mental blanca vuelve a aparecer y de nuevo, toca encajar un parcial. Esta vez fue de 2-16, dramático entre guarismos tan bajos, hasta un 36-43. El público anima para sacudirse el susto, porque el abismo se abre ante ellos. Antonio Martín rompe el parcial, Arlauckas le echa todas las ganas del mundo, anotando ahora cuando apenas había tirado en todo el partido. La quinta falta de Villacampa ahonda un problema en los visitantes, pues Dani Pérez había sido ya eliminado por faltas minutos antes. Zeljko Obradovic, sin mucho más fondo de armario, decide situar a Tomás Jofresa en el quinteto, para acompañar a su hermano.
Los últimos 8 minutos estuvieron llenos de juego duro, faltas, tiros libres, sobre todo ‘uno más uno’ -que aún existía- y que iban poco a poco dictando sentencia. Y entre esa espesura, 7Up Joventut se mantiene concentrado, aunque les cueste sangre, tras un golpe involuntario de Isma Santos a Mike Smith, obligado a retirarse por minutos de la pista con la nariz sangrando. Un triple de Tomás Jofresa (anotaron 5 de 8 en la 2ª mitad) y se oye un estridente chillido desde las gradas al verlo entrar, reflejo del miedo en el Palacio. Son 8 puntos de diferencia a falta de 02:40 para el final.
Aún así, gracias a un tiro de José Biriukov contra tabla con tiro adicional, les renace (65-67) rstando 39 segundos. Ni se imaginan la cantidad de imprecisiones que se pueden coleccionar en tan solo 39 segundos, hasta que dos tiros libres anotados por Mike Smith dejan el definitivo 67-71.
El júbilo estalló entre todos sus componentes. El Joventut Badalona, a Final Four. Habían sido muchos meses para llegar hasta este nivel de disciplina y dureza mostrado en el recinto blanco. Su temporada -lo que son las cosas- con una eliminatoria de dos partidos de por medio, ya se podía catalogar de éxito. A partir de ahí, el cielo esperaba.
El Real Madrid, el claro favorito, tenía un papelón por delante. Los tiempos en la Casa Blanca eran convulsos. Disecado por fuertes problemas económicos -sobre todo por la remodelación del Santiago Bernabéu– la sección de fútbol no ayudaba, en medio del finiquito del recién destituido, el entrenador Benito Floro. De cara a la presidencia y en circunstancias así, el baloncesto siempre fue una china en el zapato. Altos contratos en los jugadores, siempre criticados por componentes de la directiva, tipos como Chencho Arias que no perdían la ocasión de mirar a la sección baloncestista como algo nocivo. Mariano Jaquotot aseguraba que “el baloncesto del Real Madrid no va a peligrar. Siempre hemos salido adelante. ¿Recortes? Mira, cuando hubo que fichar a Sabonis, hubo dinero para ello. Y este verano, si hubo que fichar a Arlauckas para intentar ser los mejores, también se sacó el dinero”. Como siempre, cada crisis parecía la más grave. Hablar de la subsistencia de la sección de baloncesto, sonaba peligroso, desde luego.
Vuelta a Badalona. Zeljko Obradovic decía que había que pensar ya en el siguiente enfrentamiento liguero ante el Natwest Zaragoza. El futuro era excitante entre los suyos, pero se vivía día a día. Eso sí, con el convencimiento de saber afrontar lo que el calendario deparaba, que en abril casi es más importante sentirse fuerte que serlo.
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