Joventut campeón de Europa (II): LA DOLOROSA TRAVESÍA EUROPEA

Treinta años no son nada. En el Palau Olimpic, vacío, silencioso, se puede echar un vistazo desde el parquet, recreándose. Es un lugar especial. En la sala de trofeos existe uno en particular, pequeño, esbelto, cuya tonalidad dorada ilumina hasta el más recóndito esquinazo del recinto, por lo que representa. Porque si alguien se topara con Zeljko Obradovic paseando por las calles de Badalona, el vuelco al corazón sería abrupto. La mirada petrificada sería rota por una sonrisa de agradecimiento y una congoja que llegaría al nudo en la garganta. En los más jóvenes, aunque solo sea por lo que sus mayores les contaron. En los veteranos, por lo vivido y lo disfrutado. Y sintiendo que, efectivamente, treinta años no son nada. 

En Endesa Basket Lover hemos querido recuperar la historia de aquella Liga Europea que conquistó el Joventut Badalona en 1994, de toda la temporada al completo, con sus luces y sombras. De la comunión entre un entrenador y una ciudad que coincidieron en la manera de entender que, un simple juego, puede marcar una vida para siempre. Para ello, hay que embadurnarse en él y disfrutarlo. Seis capítulos componen este viaje. Que lo disfruten. 

CAPÍTULO 2: “LA DOLOROSA TRAVESÍA EUROPEA”

El 6 de octubre llega un patrocinio a las oficinas verdinegras. La bebida 7up, propiedad de una gran multinacional, aportó cierta solvencia económica para acometer los gastos de la inminente competición europea y llenar el vacío en su camiseta. En nada tenía que ver con los emolumentos de los sponsors anteriores. Pero, al menos, sus burbujas dulcificaban las arcas con este 7Up Joventut como nombre, con el que pasarían a la posteridad. 

Ferrán Martínez ante Paspalj, en la final de Liga Europea

Este recién estrenado 7Up Joventut llegó a convertirse en el único equipo invicto de la competición liguera. A las derrotas del Real Madrid en su Palacio de los Deportes en la primera jornada ante Unicaja (102-104), el F.C. Barcelona cayó de manera sorprendente en su Palau Sant Jordi, ante Valvi Girona (92-93), donde precisamente el ex verdinegro Jordi Pardo se iba convirtiendo en uno de los mayores cañoneros del baloncesto español (en la 5ª jornada se marcó 42 puntos al Natwest Zaragoza). Fue en esta misma jornada, donde el conjunto badalonés sufrió el primer traspié de manera inesperada, en el Olimpic ante el TDK Manresa (60-69) en el debut de Jordi Villacampa tras su lesión (27 minutos, pero 3/10 en tiros de campo). 

Tras la derrota, F.C. Barcelona y Real Madrid en sus respectivos recintos, esperaban. En el Sant Jordi, en esa perenne sensación de frialdad que ofrecía, el 7Up Joventut sucumbió (78-66) en un choque físico, de cuerpo a cuerpo, que ideó Aíto García Reneses. Su trío de americanos tuvo un protagonismo enorme, con 53 de los 78 puntos anotados (a Massenburgh y Roberts, se les unía el escolta Dennis Williams). El Real Madrid llegaba cansado de esa atractiva burbuja llamada Open McDonald’s, esta vez en Munich, tras enfrentarse a Phoenix Suns, pero con suficientes fuerzas para ganar (70-64) y sumar la tercera derrota verdinegra. 

Obradovic parece limitar los contragolpes de su equipo, insignia de la plantilla durante la etapa de Lolo Sainz, mientras que deja que se prodiguen más en el lanzamiento de tres. Corny Thompson jugó varios minutos como único pívot, usando a Mike Smith como improvisado “4” y el resto de jugadores, exteriores. Eran tácticas entonces, chocantes. Al igual que probó en pretemporada con Ferrán Martínez y Juanan Morales, dos pívots natos, simultaneando pista, la lectura final es que las probaturas para Obradovic, no eran ningún tabú. El 7Up Joventut consiguió en la octava jornada con la victoria ante Baloncesto León (90-68), convertirse en el primer club milenario de la historia del baloncesto español: 1000 partidos, con un bagaje de 709 victorias y 276 derrotas. (NOTA: Si suman, salen 985 encuentros. Los otros 15 fueron empates, que durante muchos años se admitía como resultado final).

Zeljko Obradovic dando ánimos a un jovencísimo Iván Corrales
¿CÓMO ERA EL NUEVO JOVENTUT?

Dani Pérez representaba la esencia de la Penya, la esencia del baloncesto en Badalona. Junto a las estrellas Villacampa, Ferrán y los hermanos Jofresa, la veteranía del líder consagrado en la figura de Corny “papi” Thompson, Dani Pérez era como el sello de distinción respecto a otros clubs. Jugadores salidos de las pistas de Badalona, engordaban plantillas ganadoras como una privilegiada clase media. Pérez, alero de casi dos metros, con una técnica individual depuradísima, gran tiro exterior, excelentes piernas y un dominio de balón acorde al resto de virtudes, era como el chico del póster del básquet en Badalona. Ser uno más entre una familia multitudinaria. Un producto perfecto, como otros muchos allí.

Zeljko Obradovic apreciaba el talento que atesoraba esta ciudad. Vio jóvenes como Dani García o Iván Corrales con hambre, a los que con 18 años subió al primer equipo. Si había algo parecido a su tierra en ese aspecto, era Badalona. Dani Pérez tuvo sus partidos importantes. Anotó 6 de 6 en triples en la victoria ante el Natwest Zaragoza en la jornada 11 (91-62) y tuvo un papel fundamental dos semanas después en la victoria de Liga Europea ante la Cibona de Zagreb (75-60), con 16 puntos en momentos importantes. 

Como ya hemos contando, Obradovic utilizaba más jugadores en su rotación que su predecesor. Lo que el juego de Lolo Sainz era el máximo exponente de la belleza, dando rienda suelta al talento individual, al instinto, sobre todo corriendo contragolpes, con Zeljko era todo controlado. Y diferenciemos: no más controlado, no. Sino todo controlado. El baloncesto europeo estaba cambiando ante nuestros ojos. Lo que pudiera ser un ejercicio de mercadotecnia al más puro estilo NBA que pudo darse en los ochenta y principios de los noventa, ensalzando estampas de tipos como Petrovic, Sabonis, Epi, Martín, Kukoc o Antonello Riva, ahora se estaba trasladando a guerra de estrategias. Desde el banco hacia la pista. No era tan sólo la muestra de Maljkovic para proclamarse campeón de Europa con Limoges. En Grecia, poniendo el ejemplo de Olympiakos, nadie se salía del guion marcado por Ioannis Ioannidis desde el banquillo. Tipos de ilimitado talento, pero físicamente en horas bajas, como Roy Tarpley o el fumador empedernido Zarko Paspalj, tenían perfecta cabida en el conjunto del Pireo, porque sus transiciones eran exasperantemente lentas y sus tiros, a partir de los 25 segundos de posesión (estábamos a 7 años aún para cambiar a los 24 actuales).

Efes Pilsen, la gran revelación hasta ese momento de la Liga Europea, estaba liderado en pista por Petar Naumoski. Con el macedonio dirigiendo la orquesta, subía el balón -literalmente- andando. Bloqueos para tiradores, carretones, opciones de dos contra dos…todo estaba medido al milímetro. Su título de Recopa ante el Aris Salónica un año antes (50-49 como resultado final), define a la perfección lo que hablamos. Limoges seguía por el mismo cauce del río, cuyas aguas le dieron el máximo título europeo. La mayoría se sumaba a la nueva moda por la “optimización de cada posesión” hasta niveles exagerados. Y el Joventut no estuvo ajeno a eso.

Con Zeljko Obradovic, el bosquejo de la Penya había cambiado. A juego liberado, abierto y de contragolpe que siempre han tenido ocasión de ver en su parroquia desde los tiempos de Marcelino Maneja, Buscató o Slavnic (el “huracán verdinegro”, ya saben), el técnico serbio buscaba en los 30 segundos de cada posesión un buen puñado de opciones para el tiro, encerrados en sistemas de muchos pases. Los tiradores tenían la virtud de beneficiarse de gran cantidad de pantallas, los pívots recibían en poste bajo tras un bloqueo y continuación y unos cuantos pases previos. Todo para mover la defensa y crear desventajas paso a paso. Rafa Jofresa se convirtió en el mariscal en pista perfecto para Zeljko. Disciplinado e inteligente, era una extensión del serbio sin cortapisas. 

En defensa, se cargaba mucho sobre el lado balón, contando con la ventaja de buenos atletas desde el perímetro y con un Corny Thompson con mucha más movilidad de lo que ofrecía su aspecto y lastre físico. Estaba atento a todo el tránsito de la zona. Un amplio entramado de movimientos que los jugadores reconocieron que les costó asumir inicialmente. En las 13 primeras jornadas, hubo hasta 6 partidos en los que no se llegó a los 70 puntos en anotación. Eso sí: el 7Up Joventut representaba la mejor defensa de la ACB. En su primera vuelta, tras 15 jornadas, encajaron un promedio de 69.9 puntos. Ese rigor defensivo, les daba triunfos, sobre todo, en Europa.

Tony Dawson, el americano para la liga del Joventut
LA LIGA EUROPEA, A ESCENA

“No estoy de acuerdo con quienes opinan así. Parece mentira que después de tantos años ganando la Copa de Europa equipos que no partían como favoritos, ahora todavía se hable de grupos fáciles y difíciles. Sólo hay que recordar quienes fueron los campeones el año pasado y el anterior. ¿Quien apostaba por el Limoges o el Partizán?”. Que lo dijera el propio Obradovic, pues daba crédito.

7Up Joventut comenzó su travesía europea con victoria en Cantú (87-95). El equipo, entonces entrenado por Antonio Díaz Miguel, no pasaba por su mejor época. Escaso talento y rotación corta. De hecho, aquella derrota aceleró su despido en el club que acabó perdiendo la categoría en liga ese año. No todos los problemas procedían del banquillo. Estuvieron los badaloneses brillantes en el partido ante la Buckler Bolonia (80-66), aunque con algo de amargor final, puesto que no se les remató cuando pudieron salir apalizados del Olimpic. Dos semanas de inactividad por el parón para el All Star ACB coincidiendo con las ventanas FIBA de cara al Eurobasket’95 -lo que aprovechó Obradovic para concentrarse con su selección en calidad de asistente- y en el siguiente compromiso, 75-60 a la Cibona de Zagreb, con tangana final incluida. 

Los verdinegros sacaban pecho. Real Madrid y F.C. Barcelona iban a base de trompicones. En las primeras cuatro jornadas, los blancos perdieron tres encuentros (destacando el traspiés en cancha del Racing Malinas y Limoges) y el F.C. Barcelona dos, incluido el mayor sonrojo conocido hasta la fecha, ante el Bayer Leverkusen (64-90) en medio de un Sant Jordi medio vacío. Tampoco es que los aficionados acudiesen en masa en Badalona. “No entiendo cómo les interesa menos la Liga Europea que la ACB” se preguntaba Obradovic. “Frente a la Buckler, vinieron a vernos siete mil personas y frente a casi cualquier rival de Liga ACB, suelen ir unos diez mil”.

A la vuelta tras las dos semanas de parón, la Penya no hilaba tan fino, entre otras razones, porque las lesiones les seguían martilleando. Ahora el turno les tocaba a Juan Antonio Morales y Tomás Jofresa. Y lo del menor de los Jofresa llegó a ser preocupante, porque unas descalcificaciones en el tobillo, producto de sobrecargas y no dejar descansar el pie, le hicieron tener una inactividad prolongada. Ante la ausencia del base de rotación, la directiva se decantó por fichar el tercer extranjero -que no tenían por no cambiar la dinámica de Europa- para la liga. Una antigua estrella de la universidad de Seton Hall, John Morton, finalista de la NCAA en 1989, aterrizaba en España por primera vez para dejar huella. 

Jean Jacques Conceiçao volvió a aplastar a todos en el Olimpic

En clave liga, los badaloneses sufrieron una inesperada derrota en casa ante Estudiantes (68-69), continuando otra en Sevilla (92-87) ante Caja San Fernando y la exhibición de Brian Jackson (32 puntos y para los amantes de la valoración, 44). Lo más doloroso vino en Europa. Los hombres de Obradovic se sumieron en el desastre colectivo en la pequeña cancha del Panathinaikos (el OAKA aún estaba en obras y en perspectiva), con no más de 3000, eso sí, efervorizados aficionados. En aquel recinto, en una primera mitad sin lucha, sin convicción de nada, ni en defensa ni en ataque, fueron vapuleados al descanso (49-27), para finalizar con un 85-61, en lo que Villacampa calificó como “el ridículo más espantoso”. Nikos Gallis en uno de sus últimos “cantos de cisne” (30 puntos), les acribilló. Lograron sumar una importante victoria en pista de un Pau Orthez con muchas bajas (82-92) y donde pudieron reencontrarse con su ex compañero Harold Pressley, que jugaba allí. 

Y el año europeo se cerró en el Palau Olimpic ante el Benfica. Unos portugueses que llevaban ocho meses sin cobrar, que por recibir la última mensualidad seguían jugando pero que, ante tales adversidades, ya habían sido capaces de ganar a la Cibona Zagreb y a la Buckler Bolonia de Pedrag Danilovic. En sus filas, Jean Jacques Conceiçao, sí, el máximo artífice del “angolazo” año y medio antes en ese mismo parquet, volvió a llorar de la emoción tras anotar 21 puntos y capturar 17 rebotes ante los verdinegros. Y lo más importante, dar el triunfo a los portugueses en la prórroga (76-79), dejando atónito a la semivacía presencia de aficionados. Conceiçao no estuvo solo. “Sabíamos que Santos era un buen triplista -anotó 29 puntos-. No me preocupa que anote 7 triples. Lo que los jugadores me deben explicar es por qué se le dejó lanzar 22 lanzamientos de 3”. Obradovic, enfadado como una mona. 

La curiosidad de aquel enfrentamiento vino en la no alineación de Mike Smith. El nacionalizado español -que aún no tenía licencia como tal para jugar en Europa, por lo que fue el segundo extranjero junto a Corny Thompson-, no jugó ni un segundo, tras una fuerte discusión previa al encuentro, donde en teoría Obradovic, le criticó falta de aplicación para asimilar los sistemas de juego. Y es que batalla venía de atrás. Mike Smith era de los jugadores más sorprendidos -apenas le conocía- de los métodos de Zeljko. Era capaz de aportar en muchas áreas, hasta el punto de hacerlo jugar como “4” en varios momentos. Privilegiado físico, era el más rápido en la serie de sprints. Ese plus hizo que Obradovic lo llevaba a la mayor exigencia, siguiéndole con lupa en todas las sesiones de entrenamiento. Una lupa que molestaba enormemente al estadounidense. La cosa explotó ante el mencionado Benfica, aunque se solventó ese mismo fin de semana, previo a la disputa del exigente partido liguero ante el F.C. Barcelona. 1993 finalizó para la Penya con una meritoria victoria ante los azulgranas (104-80), exhibición de Mike Smith incluida, capaz de anotar 18 puntos y capturar 14 rebotes, junto al primer gran encuentro de Tony Dawson (20 puntos) y sobre todo, sobre todo, los 27 puntos de Ferrán Martínez. Era el pico de una montaña rusa que volvió a descender tras una derrota en Valencia (89-76). 

A propósito, una curiosidad: la solicitud de Obradovic a su junta directiva tras el horrible partido ante el Benfica, de multar fuertemente a la plantilla, incluyéndose él, en caso de no clasificarse para los cuartos de final. Ya ven. 1994 abría sus puertas sin que nadie se imaginara lo que depararía en esta santa casa.

PRÓXIMO CAPÍTULO Nº 3: Tocando fondo

VER CAPÍTULO Nº 1: “A new kid in town”

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