Vamos, en esta ocasión, en Endesa Basket Lover, a hablar de forma muy personal. Porque el mensaje que queremos transmitir, nos sale desde muy adentro. Porque el baloncesto nos es apasionante y así lo queremos difundir en cada uno de nuestros artículos que, en definitiva, no es más que un juego. Un sencillo juego, al que se le descubren miles y miles de combinaciones, que trasciende de un reglamento, unos fundamentos y cinco protagonistas en la pista ante otros tantos. Y todos sus gestos y todas sus variantes, parten de la sencillez de la lógica. Porque el juego del baloncesto, testarudo él, se empecina en mostrar que la lógica lo convierte en algo sencillo cuando se aplica.
Y los grandes maestros lo son, porque sobre una base de pureza y perfección en lo básico, van ramificando. Y por el camino, van descubriendo que esto es ‘así o asao’. Al baloncesto, con su evolución, se le va descubriendo. Aquí no se inventa nada y ay de aquellos que decidan inventar desde sus matemáticas, porque ellos encontrarán pronto su techo. Y enseñarlo a los jugadores profesionales con las mismas pócimas que el catón de la formación dicta y nunca se debe olvidar, es algo grande.
Pedro Martínez, en su enfrentamiento ante Baskonia este fin de semana, logrará ser el segundo entrenador de la historia de la Liga Endesa, capaz de haber dirigido 1000 partidos. Son muchos partidos y muchos años. Y aquí es donde entra nuestro prólogo. Para llegar a lograr eso, hay que ser un gran maestro, con sus principios, su pureza y la búsqueda de la perfección en lo básico. Solo así se puede seguir enseñando y triunfando que, no lo olvidemos, esto es baloncesto de élite. Miren que siempre hemos sido devotos del legado de los grandes maestros del baloncesto universitario y cómo han glorificado nuestra historia. Durante muchos años ellos han sido la referencia creando un estilo, cada cual el suyo, de formar. Y uno sabía perfectamente del sello de los jugadores que pasaban por sus manos. Ellos eran el reclamo y los cimientos del baloncesto estadounidense.
Pedro Martínez empezó a dirigir partidos en ACB casi por accidente. Un 9 de marzo de 1990, se vio en la tesitura de suplir al primer entrenador, el estadounidense Herb Brown, en su enésima confrontación con la directiva del Joventut tras un viaje a Sarajevo, en puertas de sentenciar una semifinal de Copa Korac y posteriormente ganarla. Con 27 años, oigan. Siempre fue humilde con aquel su primer título, anteponiendo que él tan solo acabó un trabajo realizado por su primer entrenador durante meses. Desde 1990, entrenando en la ahora conocida como Liga Endesa, con algún intervalo en LEB Oro, que a nuestro protagonista nunca se le cayeron los anillos por ello. Y hay que ser un maestro para estar tanto tiempo en equipos de tan diferente rango, salvando a Bàsquet Manresa en la última jornada de liga en el WiZink Center ante el Real Madrid en 2015, como siendo tan solo dos años después, campeón de liga con Valencia Basket. Fíjense si hay trecho ahí.
En el entrañable vídeo que redes de Liga Endesa le ha dedicado, traslucen muchas virtudes en él. Pero sobre todo, quienes lo han sufrido/disfrutado, siempre le estarán agradecidos de su maestría. Y no usamos tal palabra como un recurso para definir a uno de los grandes, tan longevo, sino que maestría lo añadimos, porque siempre ha sido alguien que enseñaba. Su base, sus conceptos básicos, su baloncesto. Los pequeños detalles a los que nos referíamos cuando tocó hablar de BAXI Manresa hace unas semanas. Y ello significa que, cuando rectifica en algo que un jugador acomete de forma errónea y tocan explicaciones, el jugador lo acata con un “coño, pues es verdad”. Porque lo que explica tiene una lógica estruendosamente aplastante. Y sus jugadores va descubriendo el baloncesto de la mano de su entrenador a lo largo de una conjunta travesía. Y eso es un sello. Y cuando se lleva tanto tiempo en los banquillos, es un legado.
Todo ese aprendizaje debe ir de la mano de la intensidad. Su baloncesto siempre ha sido intenso, porque si no, no funciona. Hay que ponerle todo el apasionamiento para llegar o estar en tal sitio, para ensamblar toda la pureza del juego en algo que realmente funcione. Y, por supuesto, que llegue al aficionado. Y a los rivales, los mal parados que se deben romper la cabeza cada vez que acometen la misión de un partido ante los equipos de Pedro Martínez. Porque en eso se han convertido los grupos humanos en Badalona, Manresa, Salamanca, Granada, Gran Canaria, Vitoria, Madrid, Girona, Sevilla y Valencia (más Ourense, Tenerife y Menorca): en ser los equipos de Pedro Martínez.
Y por ello, estamos de celebración. Porque mil partidos son una gran historia, pero sobre todo, son una porción de tiempo para explicar un juego. Ver en ello la simpleza que, en baloncesto, solo hay dos formas de jugarlo: bien y mal. Y ejecutarlo bien, posee tanta belleza… Nuestra enhorabuena, Coach, y que sean muchos más. Que lo sigamos disfrutando, porque simple y llanamente, lo seguiremos aprendiendo.


















