2024: AÑO DE PRE-OLÍMPICO

Al día siguiente del Baskonia-Real Madrid de Liga Endesa del 7 de enero, un camión transportaba en las frías calles vitorianas, las figuras que componían uno de los belenes callejeros más conocidos allí. Esa estampa era como aprobar, oficialmente, que las fechas navideñas han concluido. Figuras apiladas en la bañera del vehículo, como apilados fueron los partidos salpicando todo el calendario de estas festividades. Por suerte. Volvemos a la rutina y a los partidos de fin de semana.

Y sí, es cuando nos plantamos delante del bosque de 2024 y lo observamos con más detalle, todo lo que nos puede ofrecer. Para empezar, el próximo día 15 un sorteo de Copa del Rey, a disputar a mediados de febrero en Málaga donde Unicaja, vigente campeón, ve una oportunidad más que dorada para alzarse con el título ante los suyos. En las tres primeras ediciones en las que fueron locales, tuvieron que masticar el grano duro de la eliminación en cuartos de final (2001, 2007 y 2014) para degustar, al fin, una finalísima ante el Real Madrid en 2020, escasas fechas previas de que el mundo se paralizara por completo. Entonces, no tuvieron ninguna opción ante los blancos. Hoy, el panorama lo perciben con más optimismo. Una victoria en las semifinales de Copa del Rey en Badalona y otra en el WiZink Center en liga regular (el único traspiés aún en Liga Endesa de los hombres de Chus Mateo), les hacen convencerse de dar el paso más, que lo siguiente es el título. Todo ello, claro está, si el resto de participantes no ponen objeciones. Que las pondrán, que mire usted, esto es la Copa. 

Será el año en el que Sergio Llull siga agrandando su legado, tras superar el número de partidos como jugador del Real Madrid, tras dejar atrás a Felipe Reyes. Y será el año en el que vuelvan a mirar a la Euroliga como el máximo objetivo, este año que, al menos hasta ahora, nadie les tose. Volver a combinar a Campazzo con Tavares era el regalo. Pero, además, Mario Hezonja está en una selectísima élite europea ahora mismo y Dzanan Musa… 40 puntos el otro día. 

Como también es el año en el que disfrutaremos de las cuarenta maravillas de Marcelinho Huertas, sean años o asistencias, canastas sobre la bocina decidiendo o listado de las veces en las que entra en el ranking de las mejores jugadas. Hace unos días, alguien reputado del mundillo, abría el debate si en estos dichosos cuarenta, ‘Marce’ es mejor que lo fue Joan Creus. Nuestro ‘Chichi’, al que le tenemos en los más imponentes altares, creemos honestamente que ha sido superado por este brasileño capaz de hacer tantas cosas sobre una pista y lo más importante y lo más atractivo, capaz de facilitar tantas cosas a quienes tiene a su alrededor. 

Esperanzas en la tormenta, también será la búsqueda con ahínco de la cristalización de un proyecto que ahora nada en un mar de dudas, el del Barça, apoyados en protagonistas recientemente adquiridos con un afán por reivindicar una arriesgada apuesta que tomaron. Sea Willy Hernangómez, Darío Brizuela, Jabari Parker o Joel Parra, de su hambre no se duda. Que la Ciudad Condal y en el amparo de las franjas azulgranas fue la elección para establecerse como estrellas, sobre un proyecto con un nuevo entrenador que se unió al mismo trampolín de saltar a la gloria o al vacío. 

Si de reivindicaciones hablamos, Dusko Ivanovic llegó una cuarta ocasión a Vitoria en 2023 y en su mudanza traía enmarcados de forma discreta unos diplomas en forma de títulos de liga, tres en concreto con Baskonia, de las tres estancias en la capital alavesa.  No sabemos si el destino le tiene guardado algo grande en 2024 o más adelante, pero sí toca reconducir el reciente desencanto de no clasificarse para la Copa, de seguir compitiendo al más alto nivel. Que el Buesa Arena exige e intimida, tanto como apoya y congratula. Que Manresa siga volando a lomos de Devin Robinson y que Gran Canaria sigan estableciéndose en su Dreamland particular, con una regularidad envidiable. Que UCAM no puede llamar tantas veces al éxito en la última década y que suene a casualidad. Y en 2024 cuentan con la baja de Birgander. Pero sabrán batallar, como Casademont Zaragoza ante sus innumerables bajas, sigue dando la cara.

Pero, por encima de todo, cuando encaramos un año bisiesto, lo que afrontamos es año olímpico. 2000, 2004, 2008, 2012, 2016… 2020. De verdad, hay que peinar ya canas para recordar aquella vez en la que nos quedamos huérfanos de la anillada cita. Desde 1996 muchas cosas han cambiado en el baloncesto español. Sobre todo -y no debiéramos olvidar- las machadas realizadas, traducidas en éxitos en Eurobaskets, para lograr tales billetes olímpicos y poder lucirnos como se ha hecho. Que parecían billetes de oro escondidas en tabletas de chocolate. Pero no sonaba a sorteo con los jugadores que representaban a España. 

Pues ahora, enfilamos eso de  “disfrutar el año olímpico” con la asignatura de clasificarse primero, en este caso en Valencia, del 2 al 7 de julio, done será la gran cita del Preolímpico. Y volveremos a reeditar algo que no conocíamos desde 1988 en Groningen, desde que Díaz Miguel vendía esperanzas con los tres pívots principales de nuestro combinado, contando con 21, 20 y 19 años, respectivamente. Casi nada. 

Por ello y de momento, habrá que catalogar este 2024 como el año pre-olímpico. Y si logramos disputar la cita de París’24 con toda la alegría, habrá que tomarlo como un capítulo aparte, aunque estamos convencidos de la predisposición de Sergio Scariolo y su cuerpo técnico. Porque la cita valenciana, como el resto de sedes, dejarán jirones por el camino. Recuerden, por favor, el discretísimo papel de las clasificadas desde Preolímpicos, en la última cita en Tokio hace tres veranos. Con toda la épica, Eslovenia logró clasificarse en Lituania, Italia en el sacrosanto Hala Pionir de Belgrado y la República Checa dejó en la cuneta nada menos que a la anfitriona Canadá. Ninguna de ellas consiguió elevarse al pódium, por muy potentes que fuesen, con Eslovenia -la más cercana, llegando a semifinales-, absolutamente exhaustos. Y eso que el formato japonés fue más corto que el habitual. 

Pues este Preolímpico es la enorme gran reválida para este 2024, lo que ilumina el camino del aficionado y centraliza gran parte de nuestras ilusiones fijadas en unos Juegos Olímpicos. Demos la bienvenida a 2024, donde la Liga Endesa siga dando el espectáculo ofrecido hasta este momento en el curso, que alguno de nuestros representantes vuelva a alzar el título de Euroliga y que, con los primeros calores veraniegos, nuestro Equipo Nacional se dé el festín en Valencia y podamos disfrutar de los Juegos parisinos. Porque para festín, el de Rudy Fernández, disputando su sexta edición de tal maravilla deportiva. Ahí queda eso. 

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