Fe. Ambición en lo que se hace. Creencia en el camino correcto. Anhelo de sobrada confianza por la meta final, que es la victoria. Fe.
Unicaja tiene todas estas acepciones en su manual para ganar. Algo que contemplan todos, porque todos lo llevan como un pin en la solapa. De verdad, a veces cuesta pensar que sean tan buenos individualmente como lo muestran cuando se han conjuntado para crear este equipo. Badalona y su Copa del Rey fue testigo, junto a miles de televidentes, de lo que podían escalar gritando todos a una. Y visto lo visto, se dieron prisa en las renovaciones contractuales, cuando su mayor valedor como directivo deportivo, Juanma Rodríguez, asumió que este grupo sí valía la pena. Y comenzaron la liga avasallando a Lenovo Tenerife (98-74). Parecía que la vida seguía igual. Sin embargo, tres derrotas consecutivas en Zaragoza, ante Valencia Basket y en Gran Canaria, pudo erosionar la dinámica del grupo. En absoluto.
Las bajas de David Kravish y Yankuba Sima por lesión, forzaron a un sobreesfuerzo en para suplir el juego interior en todos los quintetos en pista, que a veces era una extremada exigencia y caían exhaustos en la orilla, fiándolo todo a parejas interiores como Osetkowski-Thomas, que siempre daban la cara -como en la Supercopa-, pero en ocasiones, no era suficiente. Cuando Kravish fue entrando en dinámica poco a poco, volvieron a sonreír. Porque el día de la visita al Carpena del Joventut, sí se apreciaban algunas dudas en los primeros aficionados que poblaron las gradas. Sin embargo y como la plantilla que idolatran, cuando son un colectivo, gritan todos a una. Y se evaden de miedos. Y volvieron a apabullar, en este caso a los verdinegros (113-91) y son ya cinco victorias del tirón desde entonces, coronado con una muy meritoria en Girona (79-82) ante un gran equipo -el dirigido por Salva Camps– que está siendo de lo mejor de la competición.
Y es aquí, no solamente por ser el quinto “hurra” en los malagueños, sino por la forma en la que vencieron en tierras catalanas, por la que nos decidimos en Endesa Basket Lover a asomarnos a Unicaja, cuando fuimos testigos in situ de su fascinante “Manual para ganar”. Ante un rival así, intentar ganar con un 15% en triples (14 de 26) en tierras ACB donde los milagros no suelen existir, es como para pensar que tal Manual tiene más capítulos de los que pensábamos. Que Bàsquet Girona obligó a no descentrarse ni un segundo, que el tempo que ellos llevan de partido es una locura, atrayente para el aficionado a más no poder, efectivo porque no dan respiro. Es abrumador, no paran de correr y contrarrestar eso, es harto complicado y de mucha dureza mental.
Su primer código de su inquebrantable fe en su Manual, debe estar a pie de página en todas y cada una de ellas. Melvin Ejim continúa un bloqueo y anota canasta, para romper la máxima diferencia del partido en el inicio del tercer cuarto (47-30). Inmediatamente, se pone a presionar el saque. Es el convencimiento que la situación se puede revertir, aunque esos 17 puntos de desventaja suenen a partido roto si se encajan dos canastas consecutivas más. Y para ellos, sus códigos son otros.
Al final del tercer cuarto, ya estaban 62-59 y totalmente metidos en partido. La intensidad defensiva en la que se apoyaron para recortar desventajas en esos 10 minutos, fue más que notable. Seguimos hablando de la presión al balón y seguimos reafirmándonos en que ahí han mejorado con la incorporación de Kameron Taylor (homenajeado tras su excelente imagen dada en Fontajau el pasado curso), porque puede resultar muy agobiante. Y cuando toca ganar en defensa, pues en su catón se contempla.
Ante el desacierto en el triple, tocaba la invasión en la zona, con entradas a canasta, la versión más vertical del equipo dirigido por Ibon Navarro que hayamos visto en Liga Endesa este curso y el aprovechamiento del poste bajo por parte de Dylan Osetkowski y las continuaciones de bloqueo de David Kravish donde su “muñequita linda” de media distancia desengrasa lo suyo y, sobre todo, no son tan exigentes como ir hasta adentro, al choque, con lo que desgasta.
Añadan, además, el último jugador en ir cogiendo tono para entrar en esta dinámica de soldados en la rotación, Yankuba Sima, quería lucirse en casa. Con gran parte de sus familiares en la grada, en el rincón de nuestra geografía donde se crio, el pívot se marcó una actuación espléndida (9 puntos en 21 minutos, con 4 de 5 en tiros de campo y la mejor valoración en el ratio +/- tras Kalinoski, con un +15). Con él en plena forma, ya tienen un argumento más para no morir en la orilla, sino cristalizar con triunfos los partidos.
Que son 5 consecutivos -repetimos, que no nos cuesta- y sobre todo, esa sensación cuando vemos a Unicaja, que no se creen que puedan perder con nadie… o mejor dicho, que se creen capaces de ganar a cualquiera. Y eso se nota y se palpa. Y en las gradas de su Martín Carpena, entre cánticos de su himno, el público lo sabe y lo asume, sacudiéndose las inseguridades de otros años. Al fin. Es admiración por lo que puede conseguir este grupo perfectamente ensamblado, acrecentado mentalmente sin poner límites. Engordar este Manual de Unicaja para ganar, es algo que se produce a cada actuación.



















