Ya en Abu Dhabi, para disputar hoy frente a Grecia la apertura del torneo junto a Alemania, la selección de Estados Unidos nos mostró el pasado fin de semana en Málaga, argumentos para ser medalla de oro.
Allá donde compitan, siempre serán los máximos favoritos. Pero, ¿cómo siempre? Ya llevamos un buen puñado de años presenciando combinados NBA en el Team USA como para tener la capacidad de analizar y, sobre todo, de comparar. Y entre oros, derrotas en semifinales, en cuartos de final incluso… la gama es amplia. Cuando se les ve jugar con rivales importantes, uno va viendo si realmente son capaces de llegar a lo más algo del pódium. Aquello de barruntar, que decían nuestras abuelas. Exceptuando -quizás- el Mundial de Japón 2006, de tan buen recuerdo para los españoles, donde parecían claros favoritos por su juego y se vieron impotentes en semifinales, para frenar el pick&roll central de los griegos -tan increíble que nos teníamos que frotar los ojos aquella matinal-, en las demás ocasiones, asomar “la patita” en las primeras jornadas, daba pie a pensar lo que podían lograr.
Con un excelente plantel en la última edición china de 2019, que tuvieran que echar mano de milagros para derrotar a una discreta Turquía en la segunda jornada, ya dio idea de lo que les vino después: sin opciones ante Francia en cuartos de final. Como fue igualmente en el 2002, donde grandes talentos y atletas que conformaron aquel equipo (Baron Davis, Paul Pierce, Michael Finley, Ben Wallace, Jermaine O’Neal…), mostraban un tufillo que, lo de conocer el baloncesto FIBA ni les iba ni les interesaba. Cuando fueron avasallados por Argentina, con un engañoso 87-80 final, más de uno se echó las manos a la cabeza viendo que ni pudieron competir. Y esto solo fue la antesala a los tres triples consecutivos de Milan Gurovic en cuartos, que levantaron las ilusiones a los serbios hasta derrotarles, dejándoles en la funesta cuneta de jugar del quinto al octavo puesto.
“Pues no sé por dónde les vamos a meter mano” declaraba un scout español a los servicios entonces de una franquicia NBA, charlando de la selección USA tras verles en la primera fase de Bilbao en 2014. Repleta de estrellas y compacta en su juego, previendo aquella final que deseábamos frente a España, los Stephen Curry, Klay Thompson, Derrick Rose, Kyrie Irving o James Harden no dieron opción a nadie y en Madrid se coronaron sin discusión como los mejores.
Sin embargo, si hubiésemos de buscar las mayores similitudes a la actual selección dirigida por Steve Kerr, quizás la encontrásemos en la ganadora del Mundial en Turquía’10. Un grupo muy joven (Durant, Curry, Rose, Granger, Westbrook, Love, Gordon) que junto a algún veterano (Lamar Odom, Billups o Tyson Chandler) paseaban el brillo que aún no tenían sus currículos y sí en su juego, como para mostrarse inaccesibles al resto de selecciones. Y esta mentalidad es la que busca Kerr para encontrar el éxito en Filipinas en los primeros días de septiembre.
Málaga fue el escenario para que en Endesa Basket Lover, en vivo, pudiésemos intuir que este grupo, es cosa seria.
LO QUE MÁLAGA NOS ENSEÑÓ
Muchas pistas dieron en el Martín Carpena durante los dos días de enfrentamientos, como para convencernos que este puede ser un gran equipo. Steve Kerr, fiel creyente de lo que significa la cohesión entre los componentes, del aprendizaje y del poso, ya añejo, que daban los combinados universitarios del pasado siglo, parece querer cohesionar el grupo lo más posible. Dentro de sus posibilidades y limitaciones de tiempo. Si tuviesen dos semanas más para trabajar, diríamos desde ya que son los futuros medallistas de oro. Dos semanitas para ajustar el bosquejo que muestran y un estilo de juego que, efectivamente, saca la esencia de sus tiempos de selecciones universitarias en el siglo XX, donde Kerr disfrutó concentrado en el verano del 86, de cara al Mundobasket español, en Colorado Springs, repitiendo de forma machacona con Lute Olson, todos los aspectos en los que podían dominar, asumiendo su tremenda inexperiencia ante selecciones como la URSS y Yugoslavia. Ahora hay más experiencia, años jugando en la NBA -aunque la media de edad siga dando un plantel muy joven-, pero la premura por llegar a lo que ellos aspiran, fuerza a una entrega por parte de todos. Esquematicemos un poco estos trazos y por qué decimos que, con lo visto en Málaga, sí les vemos candidatos claros al oro.
- Lo que más no llamó la atención: la DEFENSA. Miren, desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012, las selecciones USA iban con la mentalidad que ellos son los mejores anotadores del planeta (cierto) y que, en ataque, nadie les aguantaría. Tanto en los citados Juegos, como los de Río posteriormente o en el último Mundial 2019, el que les anotasen 80 y hasta 90 puntos era algo más habitual de lo que pensábamos. Claro, ellos se iban a los 120, no les importaba. Pues esta nueva representación USA defienden y mucho. Vale que lo de Eslovenia sin Doncic, apenas contaba como exámen, pero frente a España, anulaban todos los cortes a canasta -y miren que de eso tiran bastante los nuestros- porque estaban atentos y se pegaban a sus pares, impidiéndoles recibir. Denegaron por completo las continuaciones a canasta de los pívots tras continuar bloqueo (poco o nada se sacó de Willy o Aldama en esa jugada) y supieron sortear los bloqueos preparados para los tiradores. Porque lo de aventurarse entrando a canasta, con Jaren Jackson Jr. (excelente su colocación) o Ingram, era eso, demasiada aventura. La concentración y actitud fue máxima y los resultados, ahí quedan. ¿En cuántas opciones España debió buscar el lanzamiento triple como final agonizante? Más de las que esperábamos.
- Transiciones rápidas. Parece una de las máximas de Kerr. Ellos tienen más habilidad que nadie de poder crear en velocidad y fuerzan lo máximo en conseguir que la mayor parte de sus ataques, sean en pocos segundos de posesión. Y ven respuestas, desbordando en uno contra uno, en las bandas, definiendo perfectamente las tres calles de contragolpe o quien venga tras la primera línea -el llamado “tráiler”-. Y como son pura imaginación e intuición, esto les da grandes réditos.
- La media distancia. Sus ataques estáticos no son muy elaborados, sino que buscan un escenario de simpleza máxima. Básicamente lo que se logre desbordando en uno contra uno o las ventajas de un bloqueíto… y a solventar. Es curioso que -y esto se va haciendo cada vez más extensible al baloncesto NBA- usan muy poco los bloqueos y continuaciones y toda la gama que puede dar el 2 contra 2. Ellos son más de espacios, de circular el balón ampliando el campo, como para encontrar alguien abierto. Si lo consiguen y el defensor a duras penas llega, pues una finta, un par de botes y una suspensión a media distancia… ahí ya no llega el adversario. Ahora, piensen el puñado de jugadores exteriores con los que cuentan y dominan esta faceta: Anthony Edwards, con una rapidez explosiva, Brandon Ingram, que tan arriba nadie llega, Mikal Bridges, no hay más que ver sus partidos desde que llegó a Brooklyn, como para darse cuenta de la prioridad de esa jugada en su anotación. Y Jalen Brunson, que caracolea entre el bloqueo y a la mínima que ve el espacio, se levanta. Jalen Brunson se merece un espacio para él solo.
- Al menos en Málaga, se postuló como el “jefe”, el líder de todos, con lo necesario que son en estos grupos. Bailando todos a su son en ataque, porque siempre va a encontrar soluciones positivas. Marca el tempo, ordena y es hombre de confianza de los jugadores, entre otras cosas porque es o ha sido compañero de varios de ellos. Es increíble la lucidez que tiene jugando. Claro, luego si cuentan con tiradores de tres de fiar (en el que incluimos a Jaren Jackson Jr.), a todas las virtudes de las que ya hemos hablado, todo les da un aire muy interesante.
Defensa y transiciones, receta y esencia en la que se han basado a lo largo de su historia, porque ahí, son los mejores si tienen el conocimiento, el orden y la disciplina. Claro, que no se puede ser un talibán de tales creencias, como le pasó a John Thompson en Seúl’88 que, pensando que con solamente eso ganarían el oro, se llevó uno de los varapalos más recordados. Son una base y muy importante, pero este equipo USA tiene más que ofrecer. Y lo que no han salido a florecer, son los egos. Se ven como un grupo joven, deseoso de lograr metas en sus futuras carreras y eso les une aún más. Steve Kerr tiene muy claro lo que quiere. Veremos cómo transcurre su trabajo hasta el día de inicio de la Copa del Mundo, porque la propuesta que vimos en Málaga, nos gustó y mucho.



















