LEER 👉 25 AÑOS DE UNA LIGA DE CUENTO (1ª parte)
CON EL VETERANO LÍDER A LA CABEZA, AL ABORDAJE DEL PLAYOFF
Lo que parecía una avalancha tras la finalización de la Copa (91-76 ante Caja Cantabria y 80-86 en Las Palmas ante Gran Canaria), comenzó a desinflarse a partir de febrero, con 3 derrotas en 4 encuentros. De los momentos brillantes, rescatamos la victoria en casa del líder, Tau Cerámica, que apenas soltó ese primer puesto en toda la liga regular. El 76-87 en el Araba Arena, coincidiendo con el partido 500 de Joan Creus de manera consecutiva sin causar baja alguna, daba al equipo velocidad de crucero. Creus era la estrella de aquel conjunto porque, cuando él flaqueaba, todo se hundía. En la derrota en el Nou Congost ante Estudiantes (74-89), el pequeño base se quedó en 0 puntos. Los estudiantiles también tenían ánimo de revancha y todo comenzaba por anular al genio de 176 centímetros. “Chichi era el líder silencioso. Daba ejemplo. Era el primer en llegar y recuerdo que cuando hacíamos las pruebas que nos mandaba el preparador físico, todas las hacía bien. Lo que decía ‘el prepa’, lo hacía” bajo los ojos del testigo Paco Vázquez. “No era de gritar ni mandar. Era de hacer las cosas bien. Hablaba y todo el mundo callaba”.

Con la victoria al Pamesa Valencia (75-71), los manresanos evitan en los cuartos de final al Real Madrid y a Tau Cerámica, los ogros de la liga, quedando finalmente en 6ª posición y enfrentándose al tercer clasificado. Adivinen. Exacto: Adecco Estudiantes.
“Vamos a vivir los playoffs más apasionantes de los últimos años” reconocía Luis Casimiro, sabiendo de sus posibilidades, desde la calma y confianza que transmitía. “Recuerdo el discurso que dio en el vestuario de Cáceres, en la última jornada de liga regular”, aún retiene en su memoria Paco Vázquez. “No sé cuántos más partidos vamos a jugar. Así que, vamos a disfrutar este y vamos a disfrutar lo que somos como equipo”. Un grupo donde todos se llevaban bien, donde el trío americano hizo piña como pocas veces. Apoyo entre todos, jugueteando con la amistad que allí se fraguaba.
Si echamos un vistazo a su alrededor, veíamos que Tau Cerámica era el equipo al que nadie podía toser, líder indiscutible durante cinco meses. El Real Madrid, como segundo clasificado en cambio, con dudas y demasiados recambios. Tirso Lorente como entrenador tras suplir a Miguel Ángel Martín, Bobby Martin, recambio del lesionado Mikhailov en el último tercio del curso y Lucas Victoriano, subido al primer equipo ocupando la plaza de extranjero vacante que dejó Joe Arlauckas (cortado por cuestiones disciplinarias) confeccionaban un dibujo muy diferente al de principio de competición. Pero era el Real Madrid. En contraste, Adecco Estudiantes como tercer clasificado, parecía ser un grupo muy dinámico de excelente relación entre ellos, con la misma trayectoria que los protagonistas de esta historia, solo que un paso por encima. Festina Joventut bajo la batuta de Andre Turner, en cuarta posición final y el F.C. Barcelona, quintos, dirigidos por Joan Montes, que necesitaba llegar a la final liguera (o la improbable carambola que Real Madrid o Tau cayesen en cuartos de final) para poder evitar la debacle, no clasificarse para la Liga Europea en la siguiente temporada, intentando salvar un desastre de curso.
No le faltaba razón al bueno de Casimiro que, impasible, vio como tras perder el primer encuentro en Madrid (99-87) ante unos colegiales que estaban de festejos -el 50º aniversario del club-, vencieron en el segundo choque (85-87), con la ironía todavía rodando en aquel escenario. A falta de seis décimas, en un saque de banda y una jugada de estrategia, Pere Capdevila recibió cortando a canasta y anotando una bandeja… usando más de segundo extra, que la mesa de anotadores aceptó como válida “porque no sabían si estaba o no dentro de tiempo” recordaba el pasado fin de semana Jordi Singla. “Hoy día, con el Instant Replay, se hubiese invalidado la canasta, nos hubiésemos ido a casa con un 2-0 y probablemente, significaría la eliminación”.

Esta vez, el follón fue menos notorio, aunque los argumentos eran semejantes. Tras una excelsa defensa en el tercer round en Manresa (80-66), llega el ‘todo o nada’, sin querer pensar en un quinto y decisivo en Madrid. Era el día. Catorce puntos de desventaja en los primeros instantes de la segunda mitad, sonaban a calvario. Sin embargo, el deporte de equipo es grande cuando, apartando cualquier guion previsto, aparecen “reinas por un día”, esta vez sin el apadrinamiento de Joaquín Prat ni Laura Valenzuela. Jesús Lázaro vio la inspiración cuando más se necesitaba, anotó 3 triples de 3 intentos, dos de ellos decisivos, forzó la prórroga y en ella, el desmelenamiento manresano, en comunión con sus aficionados, les hizo anotar 14 puntos para un definitivo 94-84 y la clasificación a semifinales. Tres victorias consecutivas, volver a estar entre los cuatro primeros como dos años atrás y afrontar un nuevo rival: el Real Madrid.
Nadie salió de su asombro tras los dos primeros choques en el Palacio de los Deportes. El 67-87 del primer envite resultó casi humillante. Como si los blancos hubiesen llegado tarde a la cita o, directamente, ni llegaron. Un 13 de 23 en triples de los manresanos y un quinteto titular que lo bordaba, aplastaban sin miramientos a un adversario perdido. El pívot blanco Bobby Martin (17 puntos y 13 rebotes) jamás se había sentido tan solo, al menos en sus años de experiencia en nuestra liga. Aun así, la sensación entre los blancos de provisional resbalón, se le intentó restar importancia… hasta el segundo partido. En él, la frustración blanca se acrecentó, porque TDK Manresa seguía jugando igual de bien. Ahora, quien se desesperaba era Dejan Bodiroga, cuya última temporada como blanco fue un trago bastante amargo. Sus 26 puntos y los 18 de Alberto Herreros se vieron huérfanos, porque nadie más aportó con cierta solidez. Y a todo esto, seguían viendo a Derrick Alston dominando a su antojo. 24 puntos en este segundo capítulo para un total de 42, en sus dos exhibiciones en Madrid y volver a vencer (77-80), con Creus al mando de todo. Tan sencillo y cruento para el Real Madrid era pensar que, no llegaba al nivel del rival. No era cuestión de malas tardes o mala dinámica. O anulaban a los manresanos en defensa o, a calidad, no les ganaban. Increíble decir esto.
Imaginen el ambiente en Manresa y en el Nou Congost, en puertas de acceder a una final liguera por primera vez (y billete a la próxima Liga Europea). Esa fue la ocasión en la que el Real Madrid impuso su valor y mejor defensa, para vencer 79-84. Un triunfo más y tenían la oportunidad de solventar en casa. Eso mismo pensaron en el Bages: sus rivales no se podían escapar vivos en el cuarto partido. Dicen que hubo aficionados que estuvieron 18 horas haciendo cola para convertir aquel domingo, 24 de mayo, en una cita para la historia. “El tremendo calor que hacía. Eso es lo que recuerdo”, en boca de un protagonista en pista, Paco Vázquez. “El pabellón estaba lleno, aficionados sentados en las escaleras, por todas partes, abanicándose, muertos de calor. Pero también me acuerdo de uno de ellos nos dijo algo así como que, si perdíamos los tres partidos, daba igual. Para ellos, lo que ya habíamos conseguido, era lo máximo”.

Resultó ser el día de otro jugador que no estaba en el plan inicial. Herb Jones se fue hasta los 28 puntos, anotando desde todas las facturas, logrando que Dejan Bodiroga nunca lo superase (era asombrosa la envergadura y las cualidades físicas de Jones) y disfrutando de su compañero Joan Creus, que desarbolaba a los tres bases blancos (Isma Santos, José Miguel Antúnez y Lucas Victoriano), apuntillando con 2 triples seguidos, cuando vieron peligrar el choque y reafirmar la superioridad manresana hasta el final (95-82). El Nou Congost se convirtió en una fiesta nunca vista, de fantasía colectiva entre todos. “Nosotros hemos llegado al límite. La gente en Manresa debe estar contenta con el trabajo de todos. Estamos muy agradecidos a la afición por el apoyo desde el primer día aquí”. Ser conscientes de quiénes eran y dónde habían llegado, era el mensaje de Derrick Alston. Hasta una finalísima de liga. Pero, ¿quién se conformaba ahora con eso, cuando en el horizonte se veía el título.
Y LAS HADAS SE CONGREGARON PARA LA GRAN FINAL
“No, no. Aquí vamos a ganar la liga, a quedar campeones” en boca de uno de sus americanos, bastante ignorante de la historia de nuestro baloncesto. Pero no tenía por qué conocerla. “A mí me molestaba ese conformismo del ‘pues ya hemos llegado hasta aquí. Es un éxito’ de algunos comentarios” reconocía este fin de semana Creus. Un ganador como él. Lo que allá por octubre parecía fanfarronear Pere Capdevila en las páginas de GIGANTES, estaba a una eliminatoria de conseguirse. Ni límites ni fronteras. Estábamos ante la liga más extraña y excitante de la historia. Por primera vez, ni Real Madrid ni F.C. Barcelona se encontraban en ella. Tau Cerámica, que seguía con su rodillo particular en el primer año de Sergio Scariolo en España, barrió a Unicaja (3-0) en cuartos y a los azulgranas en semifinales (3-0). Ya había un campeón nuevo antes de jugarse. Hasta entonces, solamente el Joventut en cuatro ocasiones, rompió el monopolio Madrid-Barça en títulos.
“Una de las grandes virtudes que tuvo Luis Casimiro es que reconoció aquel equipo rápidamente” explica Paco Vázquez. “Éramos un grupo de amigos, que ya venía de largo, con mucho talento. Y manteníamos aquello de ‘la tradició’: los jueves nos íbamos a cenar todos a Barcelona, nos gustaba dar paseos por las mañanas en la ciudad de partido… la química era excelente. Recuerdo que Luis me decía en las primeras semanas ‘tú eres de aquí y me tienes que ayudar’. Era muy inteligente y a lo que doy mucho valor es que, sabiendo que aquellos jugadores eran veteranos y con ganas de jugar, les dio la libertad que necesitaban para que ejecutaran a su antojo”.

Y nuevamente, dan el mazazo el primer día de la final, esta vez en Vitoria (83-95). Necesitando de una prórroga para apuntillar, TDK Manresa parecía no tener límites. “Para mí, Bryan Sallier fue decisivo en aquella final” reconoce Paco Vázquez. “Tenía mucho talento, equilibrio y hambre. Y mira que jugó con la fascia del pie muy dañada”. Exactamente, desde el segundo partido de cuartos ante Estudiantes. La exhibición del ala-pívot estadounidense (31 puntos, 12 de 19 en tiros de campo) ante Pat Burke y Brent Scott, fue de antología y marcó diferencias. Y, por supuesto, Chichi Creus (17 puntos). “Yo tenía una consigna aquella final: no podía dejar que Elmer Bennett arrancase. Si le permitía hacer eso, ya era imposible detenerlo en velocidad. Así que iba a presionarlo desde el saque de fondo, cuando subía el balón”. Joan Creus, además, estuvo infalible en los últimos tiros libres de la prórroga. De hecho, todo el equipo lo estuvo: 20 de 21 en total, muy prolíficos en el tiempo extra (se acabó con empate a 80).
Tras tal exhibición ofensiva y de ritmo en este primer enfrentamiento, dos días después, la presa fue cazada por Tau Cerámica (75-67). Mucha más defensa, todo más estudiado y menos dinamismo, donde los 20 puntos de Miroslav Beric fueron claves. ”Beric era muy difícil de defender. Técnicamente, era exquisito”. Paco Vázquez lo tuvo que sufrir. “Cuando Elmer corría, tanto Espil como Beric ya estaban preparados en las esquinas para recibir y lanzar el triple. Y Beric, lo que más recuerdo es que daba igual lo cerca que estuvieras de él en defensa. Soltaba el balón desde arriba y no le hacía falta ni mirar la canasta. Ahí era como Margall, pero más rápido”.
La final abierta, con el empate a uno, se traslada a Manresa. Una ciudad vestida de gala para un evento que jamás esperaba. “El ambiente que se crea, era muy festivo. En los aledaños del pabellón, los aficionados locales, con los baskonistas que llegaron desde Vitoria, se juntaron en mitad de una butifarrada. Había una barbacoa enorme y el ambiente festivo era muy chulo”. Aunque quien pareció empaparse de aquel jolgorio fueron los jugadores de Tau Cerámica. Bennett, Millera, Espil, Beric, Lucio Angulo, Santi Abad, Scott, Burke y un joven Garbajosa, núcleo baskonista, se convirtieron en un monstruo de grandes dimensiones, con un arranque que dejó helada a la afición (4-21). Sin embargo, un parcial de 30-12 como respuesta, culminado con un triple de Joan Creus, puso por primera vez en delantera a los locales (34-33).
A partir de ahí, mucha defensa y alternativas. “A nivel defensivo, Luis Casimiro fue siempre muy inteligente” reconoce hoy Paco Vázquez. “En defensa, éramos capaces de saltar con traps hasta medio campo con nuestros hombres altos, porque eran muy rápidos. Un dos contra uno delante de Alston o Sallier o Singla… Se hacían muy grandes. Y conseguíamos robar muchos balones”. Alston y Sallier fueron decisivos, con 16 puntos cada uno. Según iba transcurriendo el encuentro, la gasolina se fue acabando en los vitorianos, que se vieron nuevamente sepultados desde la línea de tiros libres (32 intentos en los locales, para 22 anotados) y dos triples fundamentales de Paco Vázquez que cambiaron la dinámica para la victoria final del TDK (64-62). “Sí. Y me felicitó por ello luego Scariolo en rueda de prensa”.

El primer match-ball se dispuso en Manresa, en la tarde de un jueves 4 de junio. El tercer presupuesto más bajo de la liga, a un paso de quedar campeón. Y otra vez fue Miroslav Beric quien salió con la fortuna de cara, con 13 puntos en los primeros 12 minutos (26 puntos en total, con 4 de 4 en triples) y los manresanos, de nuevo, a remontar (24-34). Otra vez, la defensa sería clave.
“Herb Jones era un jugador atípico. Tan extraño como efectivo, que trabajaba mucho. Había una frase muy buena de Creus, que con los años, creo que se puede decir. Él decía que estaba en el sitio donde no se le necesitaba”. Lo que recuerda con timidez Vázquez, lo asevera el bueno de Creus. “Y cuando nos daba por cambiar a defensa de zonas, él no se enteraba y salía a presionar en individual. Y recuerdo que alguno de los nuestros lo quería recriminar y yo le decía ‘Déjalo. Ahora mismo, ellos no saben qué están atacando’. Despistaba al rival, pero a veces también a nosotros. Era muy querido, tanto por sus virtudes como por sus defectos”. Herb Jones nos abandonó, a los 51 años de edad, el pasado diciembre de 2021, a causa de un cáncer.
Tres triples consecutivos desde la esquina, dos de Pere Capdevila (con una máscara toda al final, tras un golpe en la nariz ante el Real Madrid) y otro de Creus, llevaron el marcador a un 50-44. Aun con pocas ventajas, TDK Manresa ya no perdería el control. Todo ello, contando con el enorme calor, que creó una pesadez enorme en las piernas de todos. “Aguantas porque sabes que tienes que estar ahí, pero a los cinco minutos tenía la camiseta y los pantalones empapados”. Joan Creus simbolizaba con su aspecto el sentir del resto. “Acabé muy cansado. El cuarto partido fue el más duro”.

De un 74-67 con el que se entró en el último minuto, tras dos triples seguidos de Espil y Bennett, a un 74-73. Todos los nervios, menos para los manresanos -y Creus en particular- desde la línea de tiros libres, donde se sentenció finalmente. Con un 77-74, Juan Alberto Espil se dirige a la línea a falta de 3 segundos y obligado a fallar el segundo intento. El rebote fue a manos de Bryan Sallier hasta que la bocina sonó con el definitivo 77-75. La explosión en la pista fue increíble. Joan Creus comenzó a dar vueltas por la pista, “no podía dejar de correr”. El ambiente tan íntimo del Nou Congost, hacía que todos los jugadores y cuerpo técnico buscasen a sus familiares en las gradas para abrazarse a ellos, extasiados. Nunca la historia había escrito renglones tan locos.
Para Luis Casimiro, “eso va a ser irrepetible”. Cuando este pasado martes, en Girona, pudo posar con la camiseta conmemorativa del 25º aniversario manresano, el tiempo ha certificado sus palabras. Paco Vázquez reconoce que “siempre he pensado que es inigualable. Hoy día sigo pensando que se produjeron, como los grandes accidentes, una combinación de circunstancias para dar lugar a eso”. TDK Manresa, con la fundamental presencia de su gerente y presidente, Valentí Junyent, abrió una brecha en la que se colaron Baskonia, Unicaja y Valencia Basket con posterioridad, para proclamarse campeones. Pero nunca, nunca, un equipo como este TDK Manresa, con su historia. Con su humildad. En sus calles, cuando una bufanda con los colores del equipo hace su peregrinaje al Nou Congost, aún se oyen los ecos de aquella gesta. Una liga de cuento.
















