En 2016, Michael Carrera, reciente fichaje del Gran Canaria, dijo adiós a su periplo con la universidad de South Carolina. Su equipo estaba siendo apalizado ante Georgia Tech, en casa, cuando restaban pocos minutos de la finalización de la temporada. Frank Martin, su entrenador, pensó que ya era más que suficiente y lo sentó en el banquillo. En su pabellón, la ovación que recibió a modo de homenaje de sus aficionados, fue tan triste como extenso, pero sobre todo emocionante. Martin, aquel entrenador que se hizo viral a nivel mundial tras su rueda de prensa en la que criticaba la actitud de los padres en los partidos de sus niños, meses después escribió un tweet: “El caballo!!!! I miss you”.

Al día de hoy y desde hace no más de dos semanas, pertenece a la disciplina del Gran Canaria. Y es consciente que es su gran oportunidad. Ser el mejor jugador del curso 22/23 -o el disputado hasta este momento- en LEB Oro no garantiza absolutamente nada. Y no tiene claro si su sitio está en la Liga Endesa. Lo que sí tiene claro que este es su momento.
Tuvimos ocasión en Endesa Basket Lover el pasado fin de semana, de poder verlo en directo por primera vez, en el Santiago Martín tinerfeño, en el derbi Lenovo Tenerife-Gran Canaria. Y si asumimos que fue uno de los enfrentamientos más duros, más físicos e intensos de todos los que se hayan disputado entre ellos, es digno reconocer que Michael Carrera fue uno de los protagonistas para llegar a ese umbral. Sus 20,3 puntos y 9,3 rebotes de promedio en la segunda categoría del baloncesto español, en eI ICB Forza Lleida no secundan nada, pero su actuación este pasado fin de semana, nos justificó el cómo y por qué los ha conseguido.
Un ala-pívot de 1,98 que en ciertas webs de su país, recortan incluso centímetros. Pero cuenta con todo el carácter para hacerse valer, para luchar por los rebotes y todos los balones sueltos, sin remilgos ni miramientos. Estamos convencidos que, en la directiva del Gran Canaria, en la búsqueda de relevo por la lesión de Damien Inglis, si buscaban el motor motivacional que eleve la intensidad del juego en los suyos, tenían en su libreta apuntado este nombre. Que no hacía falta mirar más lejos de los Pirineos, que Michael Carrera era su tipo.
Daba igual que tuviese que defender por momentos a Shermadini, pujando con él por una posición interior, o tener que saltar a 7 metros del aro a Abromaitis. Carrera era la voluntad de “estar ahí” y las piernas que no paraban de moverse, para dificultar la tarea del adversario lo más posible. Sus ataques consistían en ganar batallas en transiciones, ser duro en el poste bajo, aprovechar tiro exterior y sobre todo, hacerse con una posición en la zona de cara al rebote. Una vez allí, crear un fortín imaginario donde cualquier balón que pasase por el círculo que él trazaba, fuese suyo o, al menos, negárselo al tipo que bloqueaba. Y lo lograba. Seguirlo exclusivamente a él durante unos minutos, poder permitirnos ese lujo cercano a pista, es una delicia de cómo se puede concienciar alguien a sus 30 años que este es el momento.
TODO UN LUJO PARA LOS FOTÓGRAFOS
No somos ajenos a las fotografías. Todos los aficionados buscamos en la red, la constatación de lo que estamos leyendo, en una instantánea. La fotografía -y más en baloncesto- siempre ha sido parte fundamental, ensalzando su natural belleza. Con la evolución del juego, también las fotografías cambian. “El baloncesto no son solo mates o tiros de tres” nos comenta el legendario fotógrafo malagueño Mariano Pozo. “Personalmente, hay otras situaciones del juego que siempre me han atraído desde que empecé en este trabajo. La lucha de dos jugadores por la posesión en el poste bajo es una de esas escenas que me encanta fotografiar”.
“Cuando me enteré del fichaje de Michael Carrera, quise ver vídeos suyos para ver estilo de juego, que al jugar en LEB Oro, no lo conocía” nos confirma otro no menos icónico fotógrafo de nuestras pistas, el madrileño Emilio Cobos. “Al verlo en vivo, me llamó la atención lo pequeño que es, siendo ala-pívot, en los tiempos que corren. Pero también vi lo ancho de hombros que es. Es perfecto para cargar el rebote”. Los tiempos en la que la lucha de Fernando Martín con Audie Norris, de Shaun Vandiver y Roberto Dueñas, son eso: otros tiempos. “Cada vez se ve menos por el cambio en el juego” reconoce Emilio Cobos. “Hay mayores espacios, más uso de los triples y los rebotes son más largos, no siendo tan fundamental la lucha por unos centímetros en la posición”. Hoy día es más de entradas a canasta, de filigranas en el dribling. “Y fíjate si son atractivas e icónicas las imágenes de lucha por el rebote, que una de las más legendarias en la mítica publicación Sports Illustrated, es aquella de Andrew D. Bernstein de una lucha sin balón, por la posición, entre Magic Johnson y Larry Bird. Es de los momentos más atractivos del baloncesto y más, hoy día, que hay menos contactos bajo el aro”.
“En los 80’s y los 90’s, disfruté mucho de ese aspecto con jugadores como John Pinone, Mike Phillips, Joe Kopicki y en Málaga, posteriormente, con Alfonso Reyes o Kenny Miller” añade Mariano Pozo. Hombres como Michael Carrera son un regalo para ellos… y por extensión, para todos nosotros.
Expectantes por la aventura de nuestro protagonista en Liga Endesa. Pero bien es cierto que disfrutaremos de sus evoluciones de “morder” sobre la pista para hacerse respetar, crear un nombre. Y si llega el momento y a modo de reconocimiento, una alargada ovación.




