Cuando se entra a canasta con esa velocidad ejecución y se hace bandeja con la elegancia que luego muestran las fotografías, cuando se sale escopetado de un bloqueo y se recibe para pivotar y anotar un triple delante de las narices de un tipo, tres cuartas más alto y, con un primer paso en velocidad se descuartizan las posibilidades defensivas de un afanoso rival, eso es sentirse ganador. El escolta de BAXI Manresa, Jerrick Harding, bailaba en la cima de la estatua de un deporte que, fue creciendo en la noche del sábado, según caían las canastas en el Nou Congost.
Jerrick Harding es un anotador. Todos lo sabemos. El instinto de supervivencia que da la perseverancia, la cabezonería por ser alguien destacado con su uno ochenta (que uno ochenta y tantos, ya en USA les parece excesivo), sin ser base, sin dar un virtuosismo de privilegiado al pick&roll, es para que lo que se hace bien, se haga muy bien. Y él sabe anotar.
En el momento más importante de la temporada, ante un rival directo, Real Betis Baloncesto, sumando 41 puntos, “Dame time!!!” y ayudando la segunda victoria local consecutiva para salir de los puestos de descenso.

Y miren que el paso al profesionalismo de Harding no comenzó con la suerte necesaria, pues su ciclo colegial acabó donde empezaron los primeros síntomas de la pandemia y el posterior confinamiento mundial por el COVID en 2020. “Durante aquel verano estuve esperando. No había entrenamientos organizados, no había ligas de verano, no había nada”. Uno de los asistentes del entrenador en la universidad, que trabajaba en el desarrollo individual de los jugadores, David Marek, de origen checo, convenció a Harding para que fichase por un equipo afincado en su país del que tuvo oferta, cuando el orden mundial estaba aún patas arriba y las competiciones deportivas se jugarían a puerta cerrada, a saber por cuánto tiempo. “Nymburk está realmente a 30 minutos de Praga. Exceptuando los jóvenes, casi nadie hablaba inglés, pero la ciudad era preciosa. La arquitectura es toda antigua, pero hermoso. El clima, no tanto”. Aquellos primeros meses, la impresión por todo, era un permanente “como a un conejo dándole las largas” que usaríamos en España, o como se usa la expresión en Estados Unidos, “Like a deer in headlights”. Dos años allí y la oportunidad en Manresa.
Harding no engaña a nadie cuando se le ve evolucionar en la pista. Su primer paso es el del millón de dólares. Su perfección técnica ya hace intuir la resolución de la jugada. Su tiro exterior, mecánica sencilla, con la elegancia que dan los zurdos, acompasado de un amplio salto vertical, es otra de las garantías. Su liderazgo anotador necesitaba de retoques y conversiones, para dinamizar el juego de todos sus compañeros en cancha. Otorgándole libertad con el balón en las manos, BAXI Manresa parecía perder uno de los privilegios con los que nos ha deleitado en las últimas temporadas: su circulación de balón. Es lógico pensar que el plantel de este año, con todos sus problemas, no es la sinfonía de perfección e intensidad que fue el pasado curso. Pero el juego sutil, coral y preciosista al que nos tiene acostumbrados las plantillas dirigidas por Pedro Martínez, estudioso del juego, se ejecutaba con trabas, a trompicones, unido a la presión y la ansiedad por los malos resultados ligueros. La evolución pasaba por un Harding más finalizador, que sea él quien se aproveche del trabajo del equipo previo, en su ayuda por optimizarle la tarea de decidir, que sus virtudes en creación sirvieran para facilitar el trabajo del resto. Y el pasado sábado tuvo su explosión.
5 puntos en el primer cuarto.
13 en el segundo.
10 en el tercero
13 para culminar en el último los 41 puntos finales.
Dame time!!! (término acuñado en este tipo de actuaciones, precisamente en honor a Damian Lillard).
Habría que remontarse al siglo XX para ver superada esta anotación en el club, donde los mayores maestros de la elegancia que han pasado por el Bages, el panameño Rolando Frazer, el mito George Gervin y el inigualable Bryan Sallier, superaran esta cifra, para dejar los 41 de Harding en la quinta mejor marca del club.
Ser conscientes de que vivimos algo histórico en el Nou Congost, es la consigna. Antes, los genios los lograban jugando casi los 40 minutos. El escolta estadounidense necesitó poco más de 28 minutos. Y tal machada pasa por tener rachas de inspiración, azuzadas esta vez con pique incluido frente a otro futuro maestro del ataque (gracias, Jean Montero. No te imaginas todo el bien que has traído a la Liga Endesa con su frescura, mientras las faltas personales le permitieron). Forzar faltas y no fallar ninguno de los 11 tiros libres que ejecutó.
Jerrick Harding es el virtuosismo, el manual del baloncesto de ataque en un minúsculo cuerpo que otros no dieron oportunidad para lucirse. Él ya conoce Manresa y lo que espera de él: ganar. De forma virtuosa, preciosista, sentenciadora. Pero ganar. Y en ello están.


















