El viaje de Maite Cazorla, presente y futuro del baloncesto español

El pabellón municipal de Würzburg luce tranquilo, pero hay un halo de tensión latente en el ambiente que recuerda a esos instantes de calma antes de que llegue la tormenta. Esos momentos en los que el viento deja de soplar, los pájaros vuelven a sus nidos, y todo queda en silencio antes del caos. Hoy es uno de esos días por los que Maite Cazorla juega al baloncesto.

La base canaria se enfrentará, junto con el resto del Perfumerías Avenida, al equipo que consiguió ganarles hace unos días, el USK Praha. En ese equipo, María Conde, la otra joya de la corona del baloncesto español. Pero Maite rezuma esa competitividad feroz que la ha llevado a ser cada día una mejor versión de sí misma, hasta convertirse en el presente y futuro del baloncesto nacional.

María Teresa Cazorla Medina nació el 18 de junio de 1997 en las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia en la que el baloncesto era una forma de vida, una pasión compartida. «La verdad es que los hermanos mayores no vimos sus inicios porque estábamos en la península jugando a baloncesto, pero seguro que empezaría porque, entre ver nuestros partido e ir a los de nuestro hermano Samuel, le picaría el “gusanillo”», confiesa Carlos Cazorla. Comenzó en el colegio Teresianas y el CB Islas Canarias, pasó por el Canterbury Sport y se marchó de su isla natal por primera vez para jugar en el Segle XXI. Fue en el club catalán dónde coincidió con Aina Ayuso.

La base española, otro miembro de la interminable lista de talentos del baloncesto español, tiene claro que Maite conseguirá todo aquello que se proponga: «Será importante en el equipo que juegue, es una jugadora muy especial y vaya dónde vaya marcará la diferencia. Destacaría su inteligencia y su saber estar, tiene infinitas cosas buenas pero esto hace que sea de las mejores». Tanto Carlos como Aina coinciden en una cosa: Maite es humildad, bondad y trabajo.

Siempre incansable, Maite combinaba esas primeras experiencias en clubes con sus veranos en la Selección Española, con la que consiguió cinco oros y un bronce europeos, además de una plata mundial con la U17. En estos veranos de ilusión y nuevas experiencias se forjó su amistad con Ainhoa López, jugadora del Barça CBS. «Maite significa todo para mí. Siempre ha estado en mis mejores momentos, pero más aún en los peores. Cuando me dijeron que tenía cáncer se plantó en Barcelona ese mismo fin de semana de sorpresa. Es una más de mi familia y una de las mejores personas que he conocido». Y es que, definir a Maite es definir los valores del baloncesto.

Su comprensión del juego, su férrea defensa y su capacidad especial para el pase ya se vislumbraban en aquella final del Mundial U17 contra Estados Unidos. Mark Campbell, que era entrenador asistente de la Universidad de Oregon en ese tiempo, vio aquel día en Maite a la pieza angular de su proyecto ganador en la NCAA, e inició el proceso de reclutamiento de la base canaria. Con toda seguridad, podemos decir que no se equivocó. Maite se convirtió en una leyenda de Oregon, y rompió una barrera que nadie había derribado antes: fue la primera española en disputar una Final Four de la NCAA. Solo un mes después estaba debutando en la WNBA con las Atlanta Dream. A las pocas semanas, destrozó otro muro: fue la primera jugadora española en aparecer en un videojuego, el NBA2K20. Pionera.

Tras su etapa en Estados Unidos, en la que compaginó jugar a baloncesto con estudiar la carrera de psicología, llegó el salto al baloncesto profesional. Maite llegó a Perfumerías Avenida en 2019, un salto de nivel muy difícil de asumir…menos para ella. Y es que, en la familia Cazorla-Medina, la exigencia es un mantra: «Lo más importante es que siga mejorando. Nadie sabe dónde puede estar dentro de cinco años, pero lo importante es que sea mejor de lo que es ahora. Su familia estamos muy orgullosos, pero no por los éxitos que está consiguiendo, que también, sino por todo el trabajo, esfuerzo e ilusión que ha puesto para conseguir su sueño», afirma su hermano Carlos.

Con su vuelta al viejo continente también llegó el debut con la Selección Absoluta, y desde entonces se ha ido consolidando como una de las piezas fundamentales sobre las que construir, de nuevo, a un equipo campeón. No hay duda de que lo conseguirá, y será junto a María Conde, otro de los diamantes del baloncesto español que salió de esa talentosa generación del 97. «Recuerdo que una de las primeras cosas que pensé de Maite cuando empezamos a jugar juntas fue lo inteligente que era. Desde que éramos pequeñas parecía que siempre iba mentalmente una marcha por delante de todas. En todos los años que llevamos jugando juntas, y ya son unos cuantos, siempre ha puesto al equipo por delante de sí misma. Da igual el entrenamiento, partido o competición, o si las cosas están yendo de cara o no, siempre puedes contar con que va a dar todo lo que tiene por el grupo, y eso a mi personalmente siempre me ha motivado a intentar estar como mínimo a su altura».

La alero madrileña la define como «una persona muy especial. Aunque puede ser tímida al principio, cuando coge confianza con la gente es muy alegre y divertida, se preocupa mucho por los demás, tiene mucha sensibilidad, sabe escuchar y hacerte sentir que todo lo que dices importa, y siempre sabe qué decir aunque no sea un momento fácil. Para mí es muy bonito ver cómo hemos ido cambiando con el paso de todos estos años y siempre me hace mucha ilusión verla. Realmente hemos crecido juntas, y espero que podamos seguir compartiendo experiencias muchos años más». Hoy compartirán una de esas experiencias, ya que se juegan una plaza en la ansiada Final Four de la EuroLeague Women. Por caprichos del destino, hoy serán más rivales que nunca, pero fuera de la pista siempre serán esas dos niñas que han ido creciendo juntas hasta alcanzar sus sueños.

Nadie sabe qué pasará en el futuro, si ganará más o menos trofeos y medallas, pero lo que sí sabemos es que tendremos mucha suerte de poder decir: “Yo vi jugar a Maite Cazorla”.