“Y se quedó todo en silencio. Es como si alguien desconectara el audio del pabellón”. Lalo Alzueta, narrador para TVE en 2016, tiene muy fresco en su memoria lo que sucedió tal día como hoy hace 7 años, en La Fonteta. Ese final de partido que le tocó comentar.
El triple de Sergio Llull entró en la historia. Y eso lo sabemos con los años, porque a pesar de los 84 meses de distancia, decir “el triple de Llull” es identificarlo con un momento y una situación concretas, como lo pudo ser en otra década “el gol de Cruyff”. Todos los testigos, sabemos de aquella tarde, de lo que hicimos y sobre todo, dónde lo vimos.
Tuve la suerte de ser un privilegiado testigo de aquella canasta. En el pabellón, a pie de pista, en la mesa junto a los comentaristas en uno de los fondos, viendo desde un plano diagonal la trayectoria de aquel lanzamiento desde 21 metros. Instantes antes, sentir una explosión de júbilo de todo el recinto al ver cómo Antoine Diot entraba a canasta para anotar el 94-92 de un grandísimo y disputadísimo encuentro. Cuando Felipe Reyes sacó de fondo, a falta de 1,3 segundos y Llull lanzó en ese breve espacio tras un bote… no es que se congelase el tiempo como a un literato le gustría recrearse, sino que el tiro fue tan, tan largo, que dio tiempo para pensar. Desde tan privilegiado plano, haciendo ejercicios mentales con escuadra y cartabón, dio tiempo para afirmarnos de la -loca inicialmente- idea que “este tiro va, este tiro va”. Pudiera ser que diera en el aro o se desviara diez centímetros. Pero que aquello iba muy bien dirigido, era un hecho desde que vimos el cénit de altura de aquel balón bombeado, en una posterior trayectoria descendente, que parecía teledirigida.
Era 2016 y era Sergio Llull. En aquel momento, todo se pudiera esperar del base menorquín. Porque Pablo Laso se empecinó en que fuese el base del equipo y desde esa posición y tras varias temporadas, ya pocos se atrevían a descartarlo como uno de los mejores directores de juego entre el particular olimpo en la historia del club blanco. Con sus características diferentes. Pero, en su estado de gracia, podía hacer de todo. Hasta ganar un partido con un lanzamiento desde 21 metros. Y había una extraña sensación particular, que no nos extrañaba de ello si finalmente entraba y hacía ganar al Real Madrid aquel encuentro.
Cuando lo anotó, entre el silencio que comenta Lalo Alzueta, lo que vimos fue a Antoine Diot, delante de nosotros, con los brazos en jarra, incrédulo. El banquillo de Valencia Basket incapaz de reaccionar, con la mirada perdida, hasta que segundos después, de manera tímida y casi por obligación, desde el banquillo se pidió revisar si la canasta era válida, algo que todos estaban convencidos de ello. “Yo me quedé unos instantes callado, por la expectación-impresión del momento, que nos barrió a todos” declara siete años después Lalo. Unos instantes habituales entre los comentaristas estadounidenses en partidos NBA y NCAA, en el que debe ser el escenario quien hable, quien aporte el sonido. En este caso, los gritos de los jugadores del Real Madrid, abrazando a Llull tras lograr lo impensable.
Un brillante realizador televisivo, primero se recreó en la celebración y posteriormente, dar las repeticiones de lo “no tan inesperado”. Que era Llull. “Entonces, nos íbamos a publicidad para volver a la entrevista final. Recuerdo que todos se fueron al banquillo y lo que costó –lógico por la celebración- traer al protagonista para que nos contase su acción”.
Puede que aquel momento congelado, un balón en el aire y ocho mil personas expectantes en La Fonteta, sí, es de las experiencias imposibles de olvidar. Mirar los comentaristas a un lado, a los aficionados en primeras filas a otro y los jugadores enfrente, cada uno con su reacción. “El triple de Llull” forma parte de la gloria de la Liga Endesa. Y también un poco de nuestras vidas.


















