La historia da perspectiva de todo. Y en la 49ª edición de Copa del Rey que rescatamos en esta 3ª entrega de Cápsulas Coperas, la última disputada en Badalona -de ahí su particularidad-, se mostró con mayor claridad. En aquel emergente baloncesto, más en ebullición que nunca, créannos, el ensayo-error, como todo en la vida, era guion habitual a la hora de dar forma a aquel gigante -nuestro deporte- que en España no hacía más que crecer y crecer.
La cita, en los últimos días de noviembre de 1984, en el ecuador de la fase regular de aquella liga de 16 equipos, se volvía a disputar este formato copero con los cuatro mejores clasificados (los dos primeros de cada grupo, el Par y el Impar), en dos días consecutivos: martes 27 y miércoles 28. Sobre el recuerdo de la primera edición de un año antes, con el apabullante éxito en Zaragoza y el título del CAI de Kevin Magee, que supuso el aval y motor para que la nueva liga regida por la Asociación de Clubes contase con toda la credibilidad, en esta segunda se evidenció que había mucho por corregir. Sin la lucidez del curso previo, los errores a corregir se pasearon con más claridad.
El Real Madrid se proclamó campeón apabullando a sus dos rivales. Parecían canturreos de algunos años atrás, reeditando el casi insultante dominio blanco durante décadas. Y miren que en la Casa Blanca llevaban 7 años seguidos viendo desfilar el trofeo delante de sus narices, sin que acabase en sus vitrinas (6 ediciones para el Barça, con la última y ya comentada para el CAI Zaragoza). Pero esta vez, los hombres de Lolo Sáinz fueron dueños y señores del torneo. En el antiguo pabellón Ausías March no hubo ni compasión ni discusión.
Antoni Serra, entrenador azulgrana entonces, volvía a quejarse del hecho que uno de los equipos, el Ron Negrita Joventut, era el anfitrión que, curiosamente, se enfrentarían a él en semifinales como ya les sucedió un año antes en el pabellón de La Romareda (“el huevo” para la afición caísta) con los maños en la final y eso, pudiese decantar el título, como ya sufrieron en sus carnes. De hecho, tales quejas pudieran haber forzado a que, al año siguiente, los anfitriones fuesen ellos y desde que se cambió el sistema de competición a 8 equipos, en las siguientes ediciones se eligieron ciudades como sedes (Tenerife, Valladolid, A Coruña y Las Palmas) donde, si había algún equipo de la ciudad, que no contase para nada en las quinielas para hacerse con el título.
Los horarios no tenían lógica a vista de hoy. ¿La primera semifinal, la teóricamente fuerte entre F.C. Barcelona y Ron Negrita Joventut, con el equipo de casa en liza, a las 19:00 horas? Pues así se escribe la historia, sí.
Que el verdinegro Andrés Jiménez fuese decisivo, primero marcando -y secando- durante muchos minutos a Epi, con tan solo 3 de 11 en tiros de campo, sirvió como clave para decantar un choque tan trepidante como emocionante. Aíto García Reneses tuvo muy bien estudiado el choque, asumiendo que el otro gran pilar ofensivo, Sibilio, tampoco debía tener un gran día (5 de 14 en tiros de campo), con la sola respuesta del pívot Otis Howard (23 puntos y 7 rebotes) en los barcelonistas. Mike Schultz, americano que llegó a última hora en vísperas de iniciarse la liga, con 21 puntos y 13 rebotes, fue el otro más destacado en la Penya, junto a Josep María Margall (18 puntos), que anotó la suspensión decisiva para dar la victoria a los suyos (83-79), acicate para una enorme fiesta que se produjo en Badalona aquella noche.
El Real Madrid parecía tener la semifinal ya ganada con antelación. Su rival, el Fórum Filatélico de Valladolid, que había coronado una primera fase de liga extraordinaria con un buen bloque nacional (Alonso, Salvo, Puente), con la continuidad de aquella máquina de rebotear llamado Steve Trumbo y gracias a la aportación del americano que llegó aquel curso, el pívot George Singleton, dio el salto de calidad al equipo de Mario Pesquera, como para encaramar a una ciudad de baloncesto a la segunda posición del Grupo Par. “La satisfacción es la de estar aquí. Este es nuestro premio” en boca de su presidente, Gonzalo Gonzalo, ya era una declaración de intenciones de lo que sería la Copa del Rey para ellos.
Y eso que dieron guerra, pues en los inicios de la segunda mitad llegaron a colocarse por delante (53-54). Sin embargo, el Real Madrid aseguró el rebote y pudo correr. Aquel concepto de “palomero” de Juanma López Iturriaga, bien ganado lo tenía con exhibiciones como la que dio en aquel choque iniciado a las 21:00 horas. 34 puntos y 10/14 en tiros de campo, con todo tipo de entradas a canasta culminando contragolpes, lo destacaron como el máximo anotador del enfrentamiento. El 94-77 final fue un fiel reflejo de lo que fue la segunda mitad.
El mayor argumento de la sinrazón en este formato copero, llegó con el calendario del día siguiente (no había día de descanso. Se disputó el miércoles 28). La final era el primer partido a disputarse, para más “inri”, a las 19:00 horas, mientras que la final de consolación, llegaría a continuación, nuevamente a las nueve de la noche. Ya nos contarán la trascendencia de aquel F.C. Barcelona-Fórum Filatélico para cerrar esta edición copera. Mal horario para ser un día de diario y las gradas, que no volvieron a llenarse (tampoco es que los precios fuesen asequibles. Aunque el ridículo, aquí, sucedió al año siguiente. Pero es otra historia).
Todos esperaban el espectáculo vivido un año antes. Ni remotamente. Que la Penya apartara del camino a uno de los dos grandes, abrió la esperanza en Badalona. Para nada. El Real Madrid apabulló desde el salto inicial, sin dejar una mínima bocanada a los locales. Juan Antonio Corbalán se erigió en el Master&Commander como en tantas ocasiones, implantó el ritmo que quiso y volvió a lograr que López Iturriaga (esta vez 20 puntos) volviese a ser el más destacado entre los anotadores blancos, además de hacer ver muy a las claras la extremada juventud de los dos bases verdinegros, los prometedores José Antonio Montero (20 años) y Rafa Jofresa (18), que encaraban su primera final en la élite.
Brian Jackson con su media distancia, volvió a ser el tirador más seguro (20 puntos, con un casi infalible 8/11 en tiros de campo), Fernando Martín anuló a Andrés Jiménez (2 puntos de este, con tan solo 4 tiros intentados) y Fernando Romay… ¿Qué le pasaba al Joventut con Romay en aquellos años? Fernandito era un muro infranqueable para los verdinegros, sobre todo en Badalona. Y es que, en aquellos años y en el Ausías March, la sombra más alargada, siempre era la suya. En esta ocasión, sus 3 tapones provocaron el pánico en la zona, sumando 5 de 21 entre los tres pívots verdinegros en tiros de campo.
De hecho, para certificar que nunca hubo partido, aquí van los parciales cada 5 minutos: 6-14; 14-28; 21-38 y al descanso, 29-47. Y dieron igual las cuatro faltas de Corbalán en los últimos minutos antes del descanso, porque con Paco Velasco en los 11 minutos que disfrutó en pista, las diferencias seguían siendo semejantes: 39-51, 49-68, 55-78 y con un poco de maquillaje en forma de triples, al final 76-90.
Juan Manuel López Iturriaga (de ahí que sea el protagonista de la fotografía en la bonita panorámica del pabellón) fue elegido como el Mejor Jugador de esta edición de Copa, de ahí que sea el motivo de la fotografía en la magnífica panorámica. Numerizamos sus poderes.

Con tal dominio, el Real Madrid regresó con la Copa, tras llevarse como recuerdo una instantánea de familia, posando con el trofeo, junto a los componentes del cuadro verdinegro, a petición de Corbalán. Y no solo eso, sino que el “capi” tuvo la sensibilidad para regalar la camiseta de juego al mopero, un crío que al igual que dio saltos de alegría cuando el equipo de sus amores derrotó a los azulgranas en semifinales, era de una llantina inconsolable tras la final.

















