Chris Goulding: El tirador de Tasmania

Fue interesante tener un año en Zaragoza a Chris Goulding. Ya se sabe cómo son los australianos jugando al baloncesto: aguerridos, apasionados, competitivos. Este añadía además buena mano, que acreditó solo parcialmente. Su papel de rojillo fue distinto al de casi todos los demás clubs de su carrera, no siendo ni la primera ni la segunda opción en ataque, sino más bien un dinamitador de partidos.

Goulding es todo un ídolo en Tasmania, de donde es originario, y un histórico en la liga del país, la NBL, en la que debutó con apenas 18 años. También ha sido un fijo en la selección ‘aussie’. Se ha sentido especialmente cómodo allí y sus experiencias internacionales, sin querer apurar el tema de los calendarios complementarios, han sido escasas. De hecho, la de Zaragoza, la 2014-15, ha sido la única temporada completa que ha jugado fuera, a la que hay que añadir también 10 partidos en el Torino la siguiente.

Promedió 8,6 puntos con un porcentaje muy mejorable en tiros de dos (34,9%), correcto en triples (34,3%) y espectacular en libres (89,7%). Llegaba como máximo anotador de la competición australiana (22,8, incluyendo un partido en el que le hizo 50 a los Sydney Kings) y se supone que le tuvo que costar la readaptación a un baloncesto que desconocía. Hasta intentó la aventura americana jugando la Summer League con los Mavericks en dos ocasiones.

Pensé que para mejorar como jugador, el siguiente paso era jugar en alguna de las mejores ligas del mundo, como la ACB. Quería intentar esta aventura antes de que fuera demasiado viejo para hacerlo. Es un desafío para mí probarme en Europa”, contaba en una entrevista en el Heraldo de Aragón cuando llevaba ya unos meses a orillas del Ebro, en diciembre. “Sabía qué era el CAI porque aquí jugó mi compatriota David Barlow. Pero no sabía nada sobre la ciudad. Así que tuve que consultar en Google. También hablé con Barlow y con mi agente, que me transmitieron cosas muy positivas sobre el club y la ciudad. Las referencias fueron excelentes y no dudé”, añadía. De Zaragoza le llamaba la atención, en contraposición a Melbourne, que los comercios cerraban los domingos, aunque también agradecía que las distancias fuesen mucho más cortas.

Sobre su capacidad como tirador, comentaba que “es cuestión de trabajo y de madurar. Yo tenía una canasta delante de mi casa y me tiraba horas y horas haciendo lanzamientos. Imitaba los tiros definitivos de Larry Bird o de Kobe Bryant. Y todavía sigo así, entrenando muchísimo mis tiros”. Pese a su cierta irregularidad –hacía mejores partidos en Eurocup que en la Liga Endesa casi siempre-, fue de menos a más, mostrando cada vez mejores cualidades. El club maño vio en él muchas posibilidades y de hecho se reservó el derecho de tanteo con la intención de retenerle o sacar algún provecho con él, pero su carrera miraba a casa.

Volvió al equipo al que procedía, Melbourne United, del que solo se movió para el escaso tiempo que pasó en Turín. Al filo de los 34 años mantiene buena mano (15,2 puntos la pasada temporada) y espíritu ganador (al título de la NBL de 2007 añadió los de 2018 –MVP incluido- y 2021). Además, por fin pudo completar el sueño de subir al podio de un gran torneo con el bronce en Tokio-2020.

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