Puede resultar engañoso que Caleb Green firmase los números más bajos de su carrera en la temporada 2014-15, cuando disputó con el Unicaja su única campaña en la Liga Endesa. 8,1 puntos y 3,4 rebotes son casi la mitad de lo que acreditó en otros sitios, pero hay un matiz importante que conviene destacar: los firmó en apenas 16 minutos en pista, mucho menos de lo que había sido habitual en él.
Había sido objeto de deseo en España desde hacía tiempo, pero no fue hasta el verano de 2014 cuando Joan Plaza impulsó su contratación en Málaga. Su carrera en Europa, adonde llegó tras completar cuatro años en Oral Roberts, había ido claramente in crescendo: tras un año en Alemania, se había asentado en Bélgica (tres temporadas entre Oostende y Spirou) y después había brillado extraordinariamente en Orleans y Sassari. En Italia sobre todo: en un equipo caracterizado por su alegría ofensiva había sacado partido de su cualidad de ‘4’ móvil, capaz de correr, tirar y acumular números con facilidad.

Se cumplió casi al pie de la letra. La temporada del equipo fue bastante buena y él tuvo un porcentaje pasable en tiros de dos (46,5%), pero notable en triples (40,8%) y libres (79,2%). Su mensaje siempre fue humilde. “Lo más destacado es que tenemos un gran vestuario y que hay un grupo de jugadores que siempre tienen la ambición por ganar. Siempre hago lo que el equipo necesita de mi y lo que es mejor para el grupo. Sobre si juego más o menos minutos, eso es algo que está fuera de mi control. Me limito a hacer mi trabajo e intentar hacerlo correctamente”, dijo en una entrevista en el Diario Sur ya bastante avanzada la temporada. Compartía posición con Will Thomas, un jugador más físico y defensivo. Precisamente se le reprochó que no se dedicaba demasiado ni a este último aspecto ni al rebote.
Pese a todo, tuvo algún momento realmente extraordinario, en el que demostró que, con otro papel, podía ser un jugador diferencial. Ante el Iberostar Tenerife se fue hasta los 30 puntos y 7 rebotes en solo 22 minutos. Lo más tremendo es que 16 de ellos fueron en el primer cuarto y 27 en total en el primer tiempo. Iba casi para récord de la historia de la era ACB, pero en la segunda mitad apenas se le necesitó porque la victoria malagueña fue muy holgada.
Acabó la temporada y la buena sensación como equipo (terceros en la liga regular y eliminados por el Barcelona en el quinto partido de la semifinal por un apurado 77-74) no se tradujeron en la continuidad de Green, que se marchó a Turquía. Allí pasó tres temporadas (una en Galatasaray y dos en Trabzonspor). Su despedida de Europa se produjo en el Avellino 18-19. Apuró el baloncesto en Corea del Sur, pero ya no siguió jugando tras su año en el Wonju DB Promy. Como dato ‘random’, siempre podrá presumir de haber anotado el punto 500.000 de la Euroliga durante su etapa en Málaga.


















