RETRATO Nº 119: Tom Tolbert, por España pasó una futura estrella televisiva

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 119: Tom Tolbert, por España pasó una futura estrella televisiva

Liga 88/89: Estudiantes Bose 69-71 Cajacanarias (14.04.89)

Llamar a un ala-pívot “Denny’s” (una cadena semejante a los ‘7Eleven’ que habitaron también en España, porque eran de los que permanecían abiertos 24 horas al día, 7 días a la semana), define la silueta de un jugador y un paso más en la evolución del baloncesto, si a los 80 nos referimos. Sobre todo, si ya lo encasillamos en la figura de ala-pívot. Tom Tolbert en su periplo universitario era un pívot bajito, tirando a tosco, pero aguerrido como pocos bajo los aros. Como anotador, no era muy destacado, salvando que poseía un decente tiro exterior, de ahí lo cd“Denny’s”. Ya saben, “permanentemente abierto”. En un baloncesto de aleros y pívots, ejemplos como él, definían la actual estampa del ala-pívot. Aunque jugando como center, tampoco es que él lo tuviera tan claro en aquel momento. 

Tocamos esta vez la historia de un tipo que tan solo jugó 17 partidos en España en la temporada 88/89, en un Cajacanarias (actual Lenovo Tenerife) desesperado por conseguir victorias, viendo que su fuerte inversión inicial marcaba un proyecto que iba sin frenos hasta el saco del descenso. ¿Y por qué rescatamos su figura? Porque su trayectoria profesional, toda ella relacionada con el baloncesto, tanto dentro como fuera de la pista, no deja de ser sorprendente. 

Que permaneciese en España dos meses y medio tan solo, no significa que fuera una efímera sombra en el recuerdo, que los aficionados al baloncesto aquellos años eran capaces de memorizar cualquier extranjero llegado a nuestras pistas, aunque el baile de suplencias fuese considerable. Y es que Tom Tolbert, tiempo después y ya retirado, lo teníamos comentando partidos de radio junto al archiconocido Kurt Rambis, el icónico pívot de los Lakers, en la californiana emisora KNBR, apoyado en un particular gracejo que desplegaba en los anuncios de sponsors “a lo Pepe Domingo Castaño”, lo que hacía bastante gracia allí. De hecho, él fue uno de los principales argumentos para que tal emisora fuese la más escuchada entre las regionales de todo el país, junto a la afamada neoyorquina WFAN.

UNA VALORADA PIEZA PARA UNA FINAL FOUR

Si se personaliza en su figura el motivo para acabar forjando la eterna enemistad entre dos mitos de los banquillos estadounidenses, Jerry Tarkanian y Lute Olson, da como bastante caché, ¿no? Tolbert, tras no rascar bola en sus dos primeros años universitarios en California Irvine (universidad muy vinculada con el baloncesto español, del que salieron Kevin Magee, Bob Thornton, Ben McDonald o Johhny Rogers entre otros), decidió dar un paso atrás y optar por la también californiana Cerritos Community College en sus dos años de licenciatura, en los que sí destacó. Y aquí es donde entran las tortas por él en la Costa Oeste. Nevada Las Vegas y Arizona se lo disputan en el verano del 86. Y cuando tenía un compromiso verbal con la primera, donde Jerry Tarkanian confesó que hubiesen sido campeoes con su reclutamiento (llegaron a Final Four en 1987), “en una noche, su decisión cambió 180 grados. Y estas cosas, habitualmente, no ocurren”. Dicen que se decidió por Arizona debido a las malas artes del asistente de Lute Olson, el pintoresco Kevin O’Neill (sí, el mismo entrenador que tuvo José Manuel Calderón en Toronto Raptors), dedicándose a hablar bastante mal del entorno de Tarkanian en Las Vegas.

A Tom Tolbert tuvimos ocasión de verlo en las pantallas españolas, cuando el mítico programa televisivo “Cerca de las estrellas” tuvo a bien emitir la Final Four de la NCAA en el verano de 1988, en la que Arizona participó (con Steve Kerr, Craig McMillan, Sean Elliott y nuestro protagonista de pívot titular). Y vimos un tipo ancho, fortachón, con algún kilo de más, que tampoco le sobraba para fajarse bajo los aros, con escasa aportación ofensiva entre tanta estrella, de no ser por algunas suspensiones desde media distancia. Lo que sí nos sorprendió es que fuese elegido por la franquicia de reciente creación, Charlotte Hornets, en la 2ª ronda del draft (nº 34), en una NBA de 12 jugadores por plantilla y 25 franquicias. Ni por movilidad ni por experiencia mostró que, de momento, tuviese un sitio en la NBA. Así que su agente le desplegó la posibilidad de un camino por Europa, como un paso más en su evolución. Y aquí apareció el C.B. Canarias.

DE SU PASO POR LA LAGUNA

Asfixiados con un récord en ACB de solo 4 victorias y 14 dolorosas derrotas, con las 5 últimas de forma consecutiva, la directiva canarista decide cambiar el rumbo. Tal ansiedad procedía de unas previsiones muy altas desde el inicio, avaladas por el dinero invertido en su pareja de americanos. Porque si por el rey de la 1ª B el anterior año, Dan Bingenheimer, pagaron 100.000 dólares, la verdadera apuesta llegó con el experimentado ex NBA, Kurt Nimphius, un pívot con 286 titularidades en sus más de 500 partidos, de aquella NBA a sus espaldas. 

300.000 dólares del ala se rubricaron en su contrato, convirtiéndo en el jugador extranjero mejor pagado de nuestra competición, junto al “malagueño” Rickey Brown, fichado desde el campeón de Europa, Tracer Milán. “Un dinero que no teníamos” se llega a confesar hoy día entre algunos allegados al club de entonces. Y aunque la pareja era más que cumplidora, la imperante búsqueda del ‘algo descollante’ como se esperaba, no llegaba. Bingenheimer entendió con el paso del tiempo que su lugar estaba en Sevilla un año más tarde, no en La Laguna aquel curso. Y como era el más barato de los dos y el más económico para desprenderse, fue el damnificado, en favor de un Tom Tolbert desencantado con la NBA, que se había impuesto como objetivo en su carrera. 

Debutó en el Juan Ríos Tejera como local enfrentándose al Barça, en mitad de un festival anotador (97-120). Y es que, en esos tiempos del “necesitamos de tus puntos” a cualquier americano, se mezcló que los laguneros contaban con la baja para ese encuentro de su máximo anotador nacional, Germán González. Jugó los 40 minutos y anotó la friolera de 39 puntos. Y vimos un jugador diferente: algo más delgado, más “alerizado”, jugando por fuera con una efectividad en el triple inusual (5 de 6 en triples) y, eso sí, con menos brega bajo tableros, que ahora ejercía de estrella. Sabía que por su muñeca pasarían sus sueños NBA y el porcentaje desde la línea -entonces- de 6,25 se tornaría en algo crucial para los scouts en su país (fue de un extraordinario 46,7%). 

En verdad que el plantel nacional de aquel Cajacanarias (el verdadero salto de calidad en una liga de tan solo 2 foráneos) era justito para competir con garantías en ACB. Y aunque Tolbert promedió 25,2 puntos de media, rematada con una exhibición ante el DYC Breogán de 46 puntos como máximo, el récord en sus 17 partidos fue de 5 victorias y 12 derrotas. No resultó ser ningún bálsamo tampoco. En puertas del Playoff por la permanencia, en una visita a San Sebastián ante el Askatuak (apellidado por patrocinios, GK Caja Gipuzkoa), el estadounidense perdió la paciencia ante cierto arbitraje de Juanjo Neyro, llegándole a insultar gravemente, mientras iba hacia él. Sujetado por sus compañeros, fue expulsado y posteriormente sancionado. 

El club le impuso una severa multa, en parte por mostrar su desacuerdo con actuaciones así, en parte para ahorrarse unas pesetas de su nómina, que los números a esas alturas de temporada, mal cuadraban. Además, semanas atrás se vieron con el problema de la baja temporal de Kurt Nimphius, aquejado por una fuerte afección durante varias jornadas, con lo que tiraron de la carta de un ala-pívot de indudable talento, Alex Stivrins. Lesionado de gravedad en la rodilla el año anterior mientras militaba en otro equipo de la isla, el Ten Sur de 1ª B (el equivalente a la LEB Oro de hoy), Stivrins decidió recuperarse allí entre la amabilidad y las excelencias que ofrecía la isla. Así que, por una corta cuantía económica y con el beneficio de ponerse en forma, Stivrins dio un más que notable resultado, hasta el punto de ser renovado para el siguiente curso. 

Kurt Nimphius regresa (se habla de donaciones externas y primas extra a los jugadores si consiguen salvar al equipo del descenso) y Tolbert, enfadado por la cuantía de su multa y oliéndose los problemas monetarios, pide la cuenta y abandona la isla junto a su novia, a finales de abril, camino a casa. Al poco, Cajacanarias logró salvarse en un Playoff agónico a 5 partidos, en duelo fratricida ante el Naútico, llamado aquel año Tenerife Nº 1, mientras que a nuestro protagonista, la NBA le guiñó el ojo al año siguiente.

BREVE PERO SIEMPRE ILUMINADA CARRERA NBA

Sus mejores promedios llegaron en esa campaña 89/90, con Golden State Warriors: 8,8 puntos y 5,2 rebote promedió desde el banquillo, cabalgando sobre los lomos del RUN TMC (Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin), maestros que hacían diabluras. Y sobre todo, un entrenador, Don Nelson, que supo ver en Tolbert un elemento decisivo que el resto nunca vio. 

Tom Tolbert se expuso para el mundo en la 1ª ronda de Playoffs de 1991, entre San Antonio Spurs y los Warriors. Ante uno de los pívots más devastadores del momento, David Robinson, Don Nelson llegó a la conclusión que su presumible éxito pasaba porque el center titular en los suyos fuese el propio Tolbert, con 2,04 de estatura y que, además, se encargase de subir el balón e iniciar las jugadas cual base, permaneciendo siempre desde el exterior, a ver hasta qué punto se atrevía a salir el bueno de Robinson. Y ahí estuvo el Marine, despistado el hombre, intentando defender a alguien que amenazaba con el triple, a 7 metros del aro, mientras que para el RUN TMC y el añadido de Sarunas Marciulionis, la zona era un permanente pasillo para entrar hasta besar el mismísimo aro. Y así ganaron el segundo, el tercer y el cuarto, sin capacidad de reacción en los Spurs, gallitos entonces de cara al título, viendo impotentes su eliminación mientras intentaban sacudirse el estado de shock. 

Tres años en los Warriors, uno en Orlando Magic, coincidiendo con el rookie Shaquille O’Neal, foco central aquel curso 92/93 de toda la NBA y otro año en Los Angeles Clippers, mientras estos se inmolaban, resquebrajando una vez más, el buen trabajo que realizaron la temporada anterior. Y hete aquí, en los Clippers, donde nuestro protagonista, hastiado, comenzase a flirtear con los medios.

UNA METEÓRICA CARRERA EN LOS MEDIOS

Fue Jim Rome y su show radiofónico quien fue testigo de la peculiaridad comunicativa de Tom Tolbert, criticando abiertamente a su franquicia, añadiendo confidencias sobre la ineptitud de sus rectores. Hasta el punto, que debió ser reprendido públicamente por el general manager, el histórico Elgin Baylor. Esa filosofía del “para lo que me queda en el convento…” de Tolbert, le sirvió para que en 1996 y ya retirado, entrase en nómina de la KNBR a petición Rome, que incluso jubilado, su poder de decisión aún era grande. Para empezar, había que amenizar el lingotazo de 6 horas de retransmisión, que suponía la ceremonia del draft. “Yo no sé si de Samaki Walker es peor la elección (nº 9 por Dallas Mavericks) o su traje”. Tolbert mantenía a la emisora en vilo con sus comentarios, era un observador nato de la condición humana y sacaba punta de cualquier asunto, algo raro y muy valorado entre atletas profesionales. “Entré en el mundo de la radio para no sudar mientras estaba trabajando”, confesaba. 

Y posteriormente, la tele. Comentarista de NBA en la cadena nacional NBC, donde incluso fue nominado a un Emmy, fichado por la ABC cuando pusieron la morterada para hacerse con los derechos de la NBA, compartidos con su “hijo”, la ESPN, como máximos tenedores. Tom Tolbert, junto a Bill Walton amenizaron en 2003, con todo un despliegue nunca visto en la tele estadounidense, una de las peores finales de la historia, por desgracia para ellos –San Antonio Spurs frente a New Jersey Nets-, ubicándolo entre la élite de analistas deportivos en Estados Unidos. Permaneció en la casa hasta 2007 y desde diciembre de 2012 hasta la finalización de la temporada 15/16, comentaba los partidos para Golden State Warriors Radio Network. 

Ya lo ven, aquel pelirrojo que intentaba domar un alborotado pelo, peinándolo cual rocker en sus tiempos universitarios, para dejar sus rizos libres en sus años profesionales, hasta que la alopecia cumplió su feroz cometido, mostrando una luciente cabeza afeitada en las retransmisiones televisivas, pasó a la fama en los medios por su mordaz locuacidad. Que, por cierto, ¿creen que la isla de Tenerife se libró de ella? ¡Qué va! Como cierre a este reportaje, aquí les dejamos esta perla: 

“Los alrededores del aeropuerto de Los Rodeos estaban en mitad de un páramo. Pensaba que, de un momento a otro, aparecería Charlton Heston en El planeta de los simios”.

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