Tras la designación de Granada como sede para la próxima edición de la Copa del Rey, nuestra memoria viaja frenéticamente entre nuestros recuerdos. Copa del Rey y Granada encierran todo lo mejor de esta ineludible cita. Las vivencias, las anécdotas y sobre todo, las sorpresas, están guardadas en un cofre ornamentado con todo lo mejor que puede dar esta loca competición de cuatro días.
En Endesa Basket Lover recuperaremos las ediciones allí jugadas. Exactamente hace 30 años, en 1992, Estudiantes Caja Postal logró un título tan inesperado que sigue muy vivo en boca de sus aficionados, de cualquier aficionado. Tres años después, nuevamente los pronósticos saltaron cuando Taugrés Baskonia alzó su brazo más alto que nadie. Las estampas de John Pinone y Pablo Laso sosteniendo el trofeo nos trasladan a ese rinconcito de nuestros mejores recuerdos. Y si de recuerdos hablamos, ahí estamos nosotros. Faltaría más.
“Estudiantes, campeón, chim pom”
Todo era bonito entonces. Había popularidad, mucho dinero y grandes estrellas en nuestra liga. Estábamos de efemérides, pues tres meses atrás se habían cumplido 100 años del nacimiento del baloncesto. Nos encontrábamos en el año mágico, a pocas fechas de que el baloncesto fuese el foco del mundo. Los Juegos de Barcelona’92 estaban ya a cuatro telediarios. Y mientras, una liga excitante con 24 clubes en liza, con una más que exitosa trayectoria europea de los agraciados que participaban, nos ratificaban unos años dorados que estábamos viviendo. Montigalá Joventut, F.C. Barcelona y Estudiantes Caja Postal se habían encaramado en los cuartos de final de la primera Liga Europea. Y todos con factor cancha a favor, que más de uno ya veía a los tres representantes en la Final Four de Estambul. Y el Real Madrid, con sus irregularidades, había llegado a la final de la Copa de Europa (antigua Recopa) en Nantes. A nivel de clubes, al menos, se sacaba pecho. Éramos la primera potencia continental.

Eso sí, muchos de los ocho representantes de la Copa, gran parte de los favoritos, de hecho, llegaron fundidos. Esta edición de Copa granadina, que tuvo lugar desde el jueves 5 hasta el 8 de marzo, se presentaba cuando se habían disputado 30 jornadas de liga y los representantes de Liga Europea, 14 jornadas más. A eso añadan que algunos (caso del Real Madrid), habían disputado eliminatorias previas de Copa del Rey (hubo 3 eliminatorias para dilucidar quiénes eran los cuatro representantes que acompañarían al F.C. Barcelona, Joventut, Estudiantes y Taugrés, los semifinalistas el ejercicio liguero anterior). De hecho, presentamos previamente un breve repaso a los 8 finalistas de esta edición, porque cada uno llegó en una condición diferente:
– CAI Zaragoza: Con 23 victorias y 7 derrotas era el líder de la liga (con asterisco, puesto que estaba dividida en dos grupos, con algunos cruces entre ellos). La solidez defensiva mostrada por el equipo entrenador por Manel Comas, daba pie a pensar en que podían ganar. Tal fuerza atrás partía de la mentalidad desde el banquillo y de la robustez que daba su pívot americano, Cozell McQueen, parco en puntos, pero sólido en la zona.
La única nota discordante fue el estadounidense Mitchell Anderson, teórica estrella del equipo, que costó un buen montante de billetes (rondando el millón de dólares. Compárenlo con los sueldos al día de hoy). Anotador compulsivo en Italia, nunca supo asumir el concepto de colectividad y primar el grupo que inculcaba Comas. Cuando no lograba las medias que pretendía, forzaba tiros que dieron al traste con muchas aspiraciones caístas. A causa de una apendicitis, fue dado de baja, siendo sustituido por el escolta Gerald Paddio, mucho más resolutivo. Los hermanos Arcega, Fran Murcia, Quique Andreu y Santi Aldama eran los poderes nacionales zaragozanos.
– Montigalá Joventut: También líderes, con 23 victorias y 7 derrotas. Pero estaban fundidos. Sus últimas jornadas, sobre todo en Liga Europea, habían sido muy decepcionantes. Para la Copa del Rey vistieron de corto -al fin- a Ferrán Martínez, toda la temporada lesionado. Pero con la baja reciente de Carlos Ruf, el exceso de minutaje del veterano americano Corny Thompson, llegó a ser un problema. Los hermanos Jofresa tenían menos chispa, Villacampa seguía cumpliendo, pero Jordi Pardo era cada vez más intermitente, al igual que Harold Pressley. Juanan Morales era el único pívot pívot con el que contaba Lolo Sainz.
Aun así, seguían siendo la Penya campeona de liga y los que en octubre pusieron en mil problemas a los Lakers. Menos frescos, pero contaban.

– Real Madrid: 22 victorias y 8 derrotas. En ese curso pasó de todo en el Real Madrid. Recuperaron a George Karl, tras el fracaso de no llegar a semifinales un año antes. Esta vez sin trágicas noticias y con una plantilla mucho más compensada, los blancos se reforzaron con el base estudiantil José Miguel Antúnez, más los americanos Mark Simpson y Rickey Brown, con lo que junto a los Cargol, Biriukov, Antonio Martín, Romay, Llorente y Villalobos, daba al club de nuevo un marchamo de poder ganarlo todo. Pero en la nueva aventura de Karl -su segunda- en el Real Madrid, aquello no funcionaba. 10 victorias y 6 derrotas en liga daban para poco. Curiosamente, cuando comenzaron a encontrar una identidad, venciendo en el Torneo de Navidad y encarrilaron varias victorias consecutivas, tanto en diciembre como en los primeros días de enero, el entrenador estadounidense se despidió de la Casa Blanca tras recibir una oferta como primer entrenador de Seattle Supersonics, nada menos.
El sustituto fue Clifford Luyk. Y con él, en las jornadas previas a esta Copa, caprichos del calendario, fueron capaces de vencer en tres semanas consecutivas a los tres ‘cocos’ de la liga: Montigalá Joventut, F.C. Barcelona y Estudiantes Caja Postal. ¡A domicilio! Realmente, eran los grandes favoritos en la ciudad de La Alhambra.
– Elosúa León: 22 victorias y 8 derrotas. Aunque ya notaban el cansancio de una plantilla no tan profunda como los teóricos grandes, sin embargo estaban siendo uno de los que daban salsa a la liga. De ahí su récord. Tres puntales nacionales que llegaron a ser élite en la ciudad castellana: el base Ferrán Heras, el escolta Xavi Fernández y el alero Xavi Crespo. De hecho, el escolta fue internacional en la cita de Barcelona’92, mientras que el alero lo fue un año después en el Eurobasket Alemania’93. Y como guardaespaldas, un joven y prometedor Alberto Angulo.
Y la joya, fueron su pareja de americanos. Dos ala-pívots que, por la singularidad al ser titulares en posiciones interiores, volvieron locos a muchos. La calidad de Reggie Johnson y Raymond Brown era más que contrastada. De hecho, quienes no supieron romper los esquemas del equipo entrenado por Gustavo Aranzana fue el Fórum Filatélico de Arvydas Sabonis. En la tercera y última eliminatoria de la Copa del Rey fueron superados por los leoneses. Había mucha inteligencia en la pista cuando ellos jugaban.

– F.C. Barcelona: Clasificados en 5ª posición con 21 victorias y 9 derrotas. No hubo precisamente calma en el Palau Sant Jordi este curso. El cisma entre Bozidar Maljkovic, el entrenador y Aíto García Reneses, director deportivo, resquebrajó del todo la sección de baloncesto antes de la finalización de 1991. El relevo en el banco lo tomó Manolo Flores, asistente muchos años de Aíto, quien entabló una amistad íntima con el serbio. La papeleta no fue fácil para él.
Y la otra gran lacra fueron las lesiones. Andrés Jiménez regresaba a esta Copa tras quince meses de baja tras su grave lesión de rodilla. Solozábal había tenido lesiones intermitentes, al igual que Juan Antonio San Epifanio (hasta una arritmia que sufrió días antes, en un entrenamiento), por lo que José Montero debió jugar muchos minutos como escolta y dar quizás más protagonismo del previsto a Lisard González, José Luis Galilea y Paco Zapata. Steve Trumbo aún no había debutado y Audie Norris, tras su grave lesión de hombro en la anterior Final Four de París, retornó al equipo un mes antes de este evento. Inicialmente, la pareja extranjera debía ser la misma de un año antes: Audie Norris & Piculín Ortiz. Pero con la ausencia de Norris, se fichó a Ben Coleman y ante ciertas lesiones del portorriqueño Ortiz, en diciembre tocó el turno del serbio Zoran Savic. Entre Coleman, Ortiz y Savic hubo todo tipo de combinaciones para sortear las permanentes lesiones que castigaron a los tres pívots. El caso es que para la Copa, serían Savic y Norris los disponibles.
– Estudiantes Caja Postal: 21 victorias y 9 derrotas. Si piensan que su arranque fue de 13 victorias consecutivas y que tan solo perdieron un partido en las primeras 16 jornadas, para llegar a esta jornada 30, su récord posterior fue de 6 victorias y 8 derrotas. Se pueden hacer una idea de cómo estaban en el momento de la Copa (aunque de esto, hablarán sus protagonistas más adelante). Llegaron a cuartos de final de Liga Europea con factor cancha a favor, tras la machada de mantener el basket-average en la visita a Milán. Pero los Herreros, Pinone, Winslow, Orenga y Azofra, iban ya con el gancho. Este último, de hecho, con el brazo en cabestrillo tras una lesión en el codo.
– Taugrés: 21 victorias y 9 derrotas. Venían respondones y reforzados los baskonistas. Joe Arlauckas era una de las estrellas de la liga, motor que activaba Pablo Laso. Pero las lesiones de Carlos Dicenta, como sobre todo de Sibilio (que sí estarían en la Copa) les habían dado cierta irregularidad. Bueno, Pablo Laso activaba no solo a Arlauckas, sino también a Ramón Rivas, a Santi Abad y a la reciente incorporación (semanas antes), David Wood. El órdago por apostar con Marcelo Nicola -aún sin papeles ocupando plaza de extranjero, no resultó y se contrató a Wood para dar una solidez defensiva como pocos equipos en la ACB tenían. Su entrenador, Herb Brown, estaba más que satisfecho con la adquisición. Fueron como un tiro el resto de la liga.
– Valvi Girona: 14 victorias y 16 derrotas. Sin embargo, tras cruzar las tres eliminatorias previas, se presentó en esta Copa como el peor clasificado, pero con todo su mérito.
Muy cortos de banquillo, pero con un gran quinteto titular. Por encima de todos, una de las grandes sensaciones de la liga: Darryl Middleton. El ala-pívot, que debutaba aquel curso en nuestra competición, se posicionó rápidamente como uno de los candidatos a MVP del curso 91/92. Junto a él, Quim Costa, Juan Rosa, el pívot nacionalizado Matt White y el escolta Dusko Ivanovic, otra ametralladora que sostenía la anotación del Valvi, daban al cuadro de Alfred Julbe la capacidad de poder sorprender a cualquiera en esta edición copera.

Y llegó la Copa
Y llegaron los primeros días de marzo y la fiesta en una ciudad de baloncesto. Y fue una maravilla. Estos fueron los emparejamientos:
Jueves, 5 de marzo: Real Madrid-Estudiantes Caja Postal y F.C. Barcelona-Elosúa León.
Viernes, 6 de marzo: Montigalá Joventut-Valvi Girona y CAI Zaragoza-Taugrés Baskonia.
Por el agotamiento general, sí podemos adelantar que los encuentros contaron con quilates de emoción, superando con creces el valor baloncestístico de los partidos en los más casos. No hay más que ver los resultados finales. Para empezar, la primera en la frente: Estudiantes derrotó al Real Madrid con un triple de Juan Aísa en la última posesión colegial (82-80), que ya marcaba esta Copa y dejó helados a los blancos. El Barça las pasó canutas para deshacerse de los leoneses de Elosúa (67-62), bregando en la zona cual mineros en su faena, con 40 puntos de la pareja Johnson&Brown. Al día siguiente, Montigalá Joventut despachó a Valvi Girona con muchos problemas (77-71), con 28 puntos de Middleton y 23 de Ivanovic y el postre lo ofrecieron CAI Zaragoza y Taugrés. Hasta dos prórrogas, casi de parada cardíaca el último encuentro del viernes para aupar a los caístas a las semifinales (87-83). Por cierto, encantados con su nueva adquisición, Gerald Paddio, que debutó con 35 puntos, en lucha directa con Arlauckas (32). Uno de los espectáculos más bellos, que justificaban una Copa.
Con esta agonía llegamos a semifinales, donde un extraordinario encuentro de Estudiantes les metió en la final ante los verdinegros (78-77). Si el primer día fue Aísa el base estudiantil, esta vez el héroe fue Pablo Martínez Arroyo. En la siguiente semifinal, los zaragozanos dieron otra campanada, venciendo al Barça (81-77), arrastrando problemas de faltas de sus hombres altos toda la segunda parte, pero que el temple del joven base canterano Dani Álvarez, hizo que anotara los tiros libres decisivos al final. El último intento por empatar de Epi no fructificó y los de Manel Comas, locos de contentos, llegaron a la final.
Con una final inédita entre Estudiantes y CAI el domingo, se despedía esta primera edición granadina. Sí, ya saben que quien se alzó con el triunfo fueron los colegiales (61-56). El marcador dice mucho del estado en el que llegaron ambos. Pero, en vez de contarlo nosotros, creemos que sería muchísimo mejor que la crónica de esta bendita Copa, la contaran los propios protagonistas de Estudiantes. Aquí va. Disfruten:
Textos extraídos del serial de Endesa Basket Lover, “Que nos vamos a Estambul, chim-pum”
Los protagonistas, relatan su cuento
A finales de Febrero, la mecha se va apagando. Ocho jugadores en la rotación, no más. Winslow, Pinone, Herreros y Orenga superaban con facilidad la treintena de minutos por partido. Enero y sobre todo febrero, son meses malditos para los estudiantiles. Tras el viaje a Milán, se pierde en Sevilla. Pero se perdió en casa con el Granollers, con el Coren Orense, con el Real Madrid… En la jornada 30, la hecatombe: 87-55 en el Palau Sant Jordi ante el F.C. Barcelona. El equipo es sexto, con 21 victorias y 9 derrotas, empatado con el Barcelona y el Taugrés. Por delante, CAI Zaragoza y Montigalá Joventut, con 7 derrotas y Real Madrid y Elosúa León, con 8. Se produce el parón de la Copa del Rey. Granada espera.

Miguel Ángel Martín: “No recuperábamos físicamente. Era impresionante lo que hacían Alberto y Nacho, que eran jóvenes, vale. Pero lo que hacían Pinone y Orenga… Nunca hubo una queja, nunca nadie diciendo que estaban cansados. Nunca”.
Juan Antonio Orenga: “Aquí pagamos el cansancio acumulado, el que jugásemos en Barcelona, donde son muy sólidos. Porque tú llevabas el partido igualado y de repente, Epi te metía dos triples, Solozábal otro y te veías con 15 puntos por debajo y preguntándote ‘¿qué ha pasado?’. Vas a la Copa del Rey sin presión. No podemos hacer nada porque, coño, si nos han ganado estos por 30, no somos ni remotamente favoritos de nada. Además, nos toca el Madrid el primer día”
Y las desgracias de la visita al Barcelona en Montjuic, no acabaron ahí.
Nacho Azofra: “Al principio del partido en el Sant Jordi, a los tres minutos, me tiro por un balón suelto y se tira también Lisard González. Me pilla con el brazo mal colocado, se cae encima y me tuerce el codo. Lo noté enseguida. No podía ni levantar el brazo del dolor. Yo pensaba lo peor, creía que me había partido el brazo. Pero al final tuve una rotura fibrilar muy fuerte y una capsulita que se me rompió. Y en la Copa se descartó mi participación. Yo en la Copa del Rey no entrené ni nada. No llevaba ni ropa para jugar”.
Miguel Ángel Martín: “¿Sinceramente? El jueves para casa. Con sinceridad. Nos han metido de treinta y tantos el Barça, nuestro equipo era de 7-8 jugadores y ¿encima se nos ha jodido Nacho? En la Copa del Rey, el jueves para casa. Perder en cuartos, perderles un par de días de vista y para Tel Aviv. Eso no se lo dije a los jugadores, lógicamente. Eso lo pensaba yo. Yo les decía ‘venga, que estos tíos del Madrid están mal…’. Seguro que, si no es el Real Madrid, perdemos”.
Alberto Herreros: “Porque fue el Madrid. Llega a ser otro equipo y casi seguro perdemos. Porque llegamos hechos una mierda a la Copa del Rey, ¿eh? En el Sant Jordi nos metieron un viaje… Lo que pasa es que era el Real Madrid y sabes que un Estudiantes-Real Madrid, la motivación y demás… Y ganamos”.
Miguel Ángel Martín: “Aísa. Con ese triple. Si no lo mete, lo matamos. Pero como lo metió…”
Con el difícil cometido de situar a Juan Aísa como base la mayor parte de los minutos, consiguieron con su triple, único del Estudiantes en todo el partido, estallar la defensa zonal instaurada por Clifford Luyk para esa jugada y clasificarse para semifinales (82-80).
Nacho Azofra: “Y en el segundo, lo jugó muy bien Pablo. Mira, se metió 17 puntales”.
En semifinales, el vigente campeón de liga, Montigalá Joventut, ganador de sus tres últimos enfrentamientos directos, es la reválida. En esta ocasión, fue Pablo Martínez Arroyo quien dirigió la suerte estudiantil, en un partido que no dejó indiferente a nadie. La primera mitad se guarda en los anales de esta competición. Dos equipos inspirados, con una perfección en sus jugadas ofensivas, unos espacios, unos bloqueos y continuaciones, jugar en las esquinas… fue el mejor espectáculo que se vivió en aquella Copa del Rey. Con la calidad de aquellas plantillas, verlos en estado de gracia fue la mayor exaltación a este deporte. En la segunda mitad, nervios, tensión…y nuevamente el dulzor de la victoria se decantó en la última jugada.
Miguel Ángel Martín: “Y contra la Penya, el último tiro de Villacampa, que no se me olvida, tiro que no falla él en la vida, desde 5 metros, que por una ayuda se quedó solo, la tiró y la falló. Cosas que pasan. Y en la final ya estábamos seguros que íbamos a ganar. No sé por qué, pero estábamos seguros”.
Paco Torres escribió en su columna semanal en aquel número de ‘Gigantes del Basket’: “La imagen de Pablo Martínez, exhausto en los últimos compases de la semifinal, es de las que dignifican este deporte”. Estudiantes ganó 78-77. El CAI Zaragoza era el último rival. El Barcelona claudicó ante ellos en la otra (81-77).
Pablo Martínez Arroyo: “Y cuando llegamos Aísa y yo a la habitación, tras clasificarnos para la final de la Copa del Rey, recordaré siempre que Juan me dice ‘¡es que mañana jugamos la final de la Copa del Rey!’. Días después me decía ‘¿y si quedamos campeones de Europa, qué? Ya nos retiramos, ¿no?’ Era todo como una nube”.
Nacho Azofra: “Yo había estado toda la Copa del Rey de juerga con mis amigos. Salí por la noche, me fui a ver La Alhambra, me tomé unas copillas… ¡Si no iba a jugar! Estaba descartado. Y el último día, en la sesión de tiro de por la mañana, estaba por allí corriendo con el preparador físico y Andrés Soriano, el médico, me dice ‘ven, Nacho. Vamos a intentar limitar el dolor con algo’. Porque le había dicho que yo en la final, quería hacer la rueda de calentamiento por lo menos. En los otros, estaba de paisano en el banquillo, pero en la final no. Me vendaron, probé por la mañana, no podía tirar, pero empecé a botar un poco y les dije que me dolía. Pero para botar…”
Pedro Rodríguez: “Recuerdo que me pregunta Epi por Azofra en el ascensor, antes de empezar la Copa del Rey. Y le digo con toda la chulería que no, que lo reservamos para la final. Y él se fue totalmente sorprendido por lo que le había dicho. Y mira, luego tuve razón”.
Alberto Herreros: “Empezamos el partido de lujo y hubo un momento de bajón y… hostias, que no, que no llegamos, que no llegamos. Íbamos ahogados. Es que eran tres partidos en cuatro días, siete tíos… Asfixiados”
A pesar del inicial 11-1 en el minuto 6 para los estudiantiles, el CAI de Manel Comas remontó hasta empatar a 31 el encuentro al descanso. En la segunda parte, se apagó la luz para los colegiales.
Pablo Martínez Arroyo: “Yo recuerdo que hubo un momento en que iba a dos por hora, no defendía un pimiento. Porque estaba muerto”.
Miguel Ángel Martín: “Estábamos igualados y yo veía que no arrancábamos. Según iban pasando los minutos, el cansancio se iba acumulando y no teníamos un banquillo para oxigenar. Y le dije a Nacho ‘¿cómo estás? ¿Puedes?’ No podía estirar el brazo. Pero si puede hacer el cincuenta por ciento de lo que hace…”
Nacho Azofra: “Al final íbamos para abajo. Se veía, se veía. Y Miguel Ángel Martín me pregunta ‘¿puedes?’ Y le digo ‘¡Ya mismo!’. No podía ni botar con ese brazo derecho, ni mucho menos tirar. Tenía que botar si acaso, con el brazo encogido y me dolía. No podía estirar el brazo y no podía pasar con él tampoco. La fortuna, que la primera acción sales, le quitas un balón al base de las manos prácticamente, ves a Rickie Winslow al contragolpe, se la das y mete un mate para abajo. Y te cambia la cara completamente”.
Miguel Ángel Martín: “Yo, cuando vi eso, dije ‘aquí hemos ganado’. Es preciosa esa canasta”.
Pedro Rodríguez: “A Azofra lo sacamos como al Cid. Fue como algo místico. Era como ‘vamos a sacar la esencia del Estudiantes a jugar’. Pero es que no podía ni jugar. Era como sacar un símbolo. Salió para intimidar. Era como que vamos a sacar algo sobrenatural. No tenía ninguna razón de ser”.
La furia de un mate de Rickie Winslow remontando línea de fondo, con los jugadores caístas apartándose, simboliza perfectamente el momento, para que el empate a 56 a falta de un minuto, se convirtiera en el 61-56 final. 29 años después, Estudiantes, campeón de la Copa del Rey.

Pedro Rodríguez: “Recuerdo que en Granada, cuando estamos en el autocar, vemos a los de La Demencia por la calle, paramos el autocar y nos bajamos para abrazarnos allí con ellos. Y algunos se abrazaban y te decían ‘no te vayas nunca’ y sentías el cariño de la gente de verdad. Eso sí que es inexplicable. Un tío que se te agarra, que te besa, que no sabe ni qué hacer… Les haces felices a unos tíos que no está previsto que les hagas felices deportivamente hablando. Es como si eres del Rayo y no esperas ganar la liga ni la Copa del Rey. Simplemente eres del Rayo y punto. Ahora, si ganas un día algo, es la hostia, claro”.
Hubo celebración. A modo y forma de un equipo de colegio, por supuesto.
Pedro Rodríguez: “A mí me recordó Gonzalito Martínez que en la celebración de la Copa en Granada, en un bar, yo le cogía en vilo con los dos brazos y le subía arriba”.
Alberto Herreros: “¡Que le pegaba al techo! Gonzalo ahí arriba… Me acuerdo de esa imagen. Me acuerdo de aquel garito. Se llamaba El Refugio. Éramos una puta banda. Veníamos en autobús de Granada a Madrid y paramos no sé cuántas veces para que la gente vomitara. ¡Pero no sé cuántas veces! Es que éramos chavales”.
Miguel Ángel Martín: “Cuando llegamos a Serrano y no vemos a nadie, dijimos todos qué raro era eso, que no haya ya nadie dando el coñazo por ahí alrededor, que no estén encima de la fuente de los delfines… yo qué sé. Entramos en la callecita que te lleva a La Nevera, como para entrar a vestuarios y de repente, nos asomamos y vemos Magariños hasta arriba. Impresionante. Nos pasearon a hombros. Habían cortado las clases y habían metido todo el instituto ahí, más la gente que había venido de aficionados. Aquel día hubo un brindis en la comida y algunos brindaron por Antúnez. Cabrones…”.
Granada y Estudiantes nos dejaron una edición para la historia. Exactamente hará 30 años de aquella gesta, revestidos esos cuatro días de pura magia. Por tal carga, nos congratulamos nuevamente por dar la bienvenida a la ciudad andaluza, que alce sus lanzas con todo el orgullo, que la Liga Endesa, tan cercana a su actual club, Fundación C.B. Granada, le vuelva a estrechar la mano. Y quizás con un guiño de “nos vemos en un futuro próximo”.

