En la Federación Española se asombran. Ni tan siquiera saben qué clase de Selección irá a disputar el próximo día 2 de febrero en su encuentro ante Ucrania en una nueva entrega de las “ventanas FIBA”, pero en Oviedo tienen todos los asientos vendidos. Da igual que Chus Mateo pueda contar con Ricky Rubio o no, que se pueda incorporar algún que otro jugador ausente esta semana o vaya con lo visto este último fin de semana. El caso es que el flamante y recientemente restaurado Palacio de los Deportes ovetense tiene, al día de hoy, todas las localidades vendidas.
Oviedo no solo cuida a su club, Alimerka Oviedo Baloncesto, sino que cuando ha tenido baloncesto FIBA de selecciones, siempre ha brillado, mimado y vibrado con el evento. No solo un partido para proclamar campeón como colofón a la liga 82/83. Quizás los partidos más excitantes del Mundobasket España’86 se disputaron en su sede semifinal, con la única derrota de los futuros campeones, Estados Unidos, ante unos correosos argentinos, debiendo dar una exhibición posterior ante la Yugoslavia de Drazen Petrovic para auparse en semifinales. Pero lo que aquí, en Endesa Basket Lover toca recordar, es la ocasión en la que en este mismo Palacio jugó anteriormente la Selección Española. Porque era el momento y el lugar.

VOLVER TRAS LA PLATA DE LOS ANGELES
Fueron madrugadores, pues en los primeros días de junio, se disputaba el Eurobasket en Alemania. El 5 de mayo de 1985, nuestro Equipo Nacional se ponía en marcha tras la finalización de la mejor liga disputada hasta entonces, la que acarreó la mayor expectación de la historia (puede que siga manteniendo esa 84/85 tal vitola), todo por una causa: fue la siguiente a la famosa medalla de plata de Los Angeles.
De repente, el baloncesto estaba en las calles. La Selección no solo era por y para el baloncesto, sino era la mejor representación deportiva que podíamos tener en nuestro país. Y miren que el fútbol llegó a la final de la Eurocopa con un combinado de muchísima calidad. Pero aquellos doce jugadores más el seleccionador, Antonio Díaz Miguel, significaban el modernismo, los raíles hacia la evolución que debíamos dar a nuestro deporte y contando que estábamos a más de un año de saber que Barcelona sería la candidatura elegida para los Juegos Olímpicos de 1992. Todo le iba de cara. Tras encumbrarnos en Los Angeles en aquel pódium posado en el mismo parquet en el que jugaban los Lakers, tocaba la siguiente cita. Imaginen la expectación.
Juan Antonio Corbalán ya anunció meses antes con la plata en su cuello, que dejaba el Equipo Nacional. El mejor base acaecido en nuestro baloncesto hasta esa fecha (y aún, uno de los mejores de la historia), dejaba un vacío en el grupo y en el aficionado, grande. Y con la no convocatoria de un Fernando Arcega que, entre diferentes lesiones y una irregular campaña con el CAI Zaragoza, se daba la bienvenida al inicio de la preparación con tres reentrés y una novedad de cara a afrontar el Eurobasket. El hecho que volviera Sibilio, tras declinar la invitación a jugar con la Selección en el verano del 84, era más que lógica. No se podía prescindir del talento y elegancia de Chicho. Que Jordi Villacampa, tras su enorme temporada y aún con 21 años (uno de los líderes en conducir al Ron Negrita Joventut a la finalísima de liga y ponérselas muy tiesas al Real Madrid), no podía volver a quedar fuera como en Los Angeles. De hecho, se pensaba en él como un titular y hombre fundamental. Que el base Quim Costa parecía el recambio natural de Corbalán tras su enorme campaña con el Licor 43, al que llevó con su ritmo frenético a la semifinal liguera y, a priori, parecía nuestro base titular alternándolo con José Luis Llorente. Y cuando todo el mundo pensaba que sería Nacho Solozábal el tercer director de juego elegido, en este caso fue -y de manera sorprendente- el base de Estudiantes, Vicente Gil, que había llenado de carreras y alegrías las gradas de Magariños. Fue el primer año de John Pinone y David Russell entre los colegiales y Gil supo conectar con ellos. Imaginen.

EL ESCENARIO
Oviedo fue el lugar idílico. Durante las 48 horas que estuvo allí la Selección, siempre hubo “guardia” de aficionados en los aledaños del Hotel Principado. Aprovechar que fue fin de semana (el partido se jugó una tarde de domingo), ayudaba en la tesitura que aquello pareciera el cobijo de auténticas estrellas del rock. Y lo más alucinante fue que, dos horas antes del comienzo del encuentro, el recinto estaba totalmente abarrotado en modo festivo, vibrando desde primeros protagonistas de la rueda de calentamiento.
Y es que, no solamente era la cita inicial de la Selección post-Los Angeles, sino que el rival era un combinado de jugadores que, en definitiva, eran nuestros ídolos. Con la NBA aún muy lejana, que nos parecía la luna, los verdaderos ídolos del aficionado medio en nuestro país eran los americanos que jugaban nuestra liga. Pues bien, el rival de España era un combinado de los extranjeros, bajo el patrocinio de una de las compañías que más apoyaba al baloncesto: la tabacalera Winston (sí, claramente hemos cambiado), que daba su nombre al partido con su “Trofeo Winston”. Y con este apellido, se juntaron estos “all stars”. En la foto veréis a todos y al final del artículo, tenéis los nombres detallados de los 22 protagonistas, españoles y extranjeros (reunieron a 10 americanos para el evento). Fue una toma de contacto donde lo que primaba, por encima de todo, era el espectáculo. Para darle más tintes de esto, a la organización se le ocurrió que jugasen el partido con un balón tricolor, a modo y forma del que se usó en la antigua ABA, del que algunos jugadores se quejaron que el tacto, por el tinte que no estaba homologado, era diferente. Pero no pasó el asunto de simple anécdota.
El partido fue muy entretenido, aunque cierto es que faltó algo de chispa que sí tuvo el All Star navideño de ACB. Una Selección Española que pretendía coger ritmo y conjunción, ante un combinado en su totalidad norteamericano (el único no estadounidense era el canadiense de Estudiantes, Tony Simms) que nunca jugaron juntos y debían apañárselas sin base, porque extranjeros en tal posición, aún no existían en nuestro baloncesto.

APUNTES DE UN PARTIDO
El aire festivo del evento hizo que, como es normal, el resultado no fuese especialmente trascendente. Sin embargo, al combinado Winston no le hacía ninguna gracia perder, con lo que su renta de 12-14 puntos de desventaja en los últimos minutos, la redujeron a base de una presión a toda cancha (sin haberla entrenado, sin conocerse unos a otros, pero muy bien ejecutada) en susto final y la victoria de España por tan solo dos puntos (88-86). Fue el día en el que Juan Antonio San Epifanio, forzado a remontar línea de fondo ante su marca, anotó una canasta desde detrás del tablero, algo nunca visto entonces (que la de Larry Bird llegó meses después).
Y Antonio Díaz Miguel, en la búsqueda de algo diferencial que le permitiese poder vivir en la élite con el material humano con el que contábamos los españoles, había decidido cambiar de estilo de juego. Su visita aquel invierno a las diferentes universidades americanas de las que ya estaba habituado, fue algo diferente, porque incluso era presentado como el entrenador medallista olímpico que jugó la final ante Estados Unidos. Y se quedó encandilado de algo que, en aquel tiempo, nos parecía una ‘marcianada’ absoluta: las rotaciones. Él veía cómo en colleges de éxito en Estados Unidos, para mantener una fortísima presión defensiva, había que rotar permanentemente a los jugadores. “Tenemos el material humano que tenemos” confesaba en las innumerables entrevistas que concedió durante esta preparación.” Nosotros no contamos con hombres altos, exceptuando a Fernandito Romay, como pueda tener la URSS, Yugoslavia o Italia. Si queremos competir con ellos, debemos dar algo más”. Y eso pasaba por mucha más presión defensiva y las consiguientes rotaciones para mantenerlo.
En una mentalidad entonces, de estrellas que eran sustituidas cuando estaban agotadas o con las amenazas de faltas, con un buen carro de minutos en pista, el que hubiera que cambiarles cada 7 ó 10 minutos, exigidos por la alta intensidad en el juego, descuadraba mucho las cábalas de un país aún en la pubertad baloncestística, sean aficionados o medios de comunicación. Y no tardaron en criticarlo, claro. “Que no les da tiempo a coger el ritmo” era la justificación.

El caso es que, para este primer encuentro en Oviedo, los cambios parecían más razonables en el “que jueguen todos” porque, básicamente, todo aquello fue un festín. ¡Ah! Y para festín, la rueda de calentamiento. No éramos una tierra acostumbrada aún a ver mates. Y los americanos comenzaron a “animarse”, al compás de los vítores de los graderíos. Y claro, Essie Hollis, Nate Davis, Tony Simms, Jimmy Wright o Wayne Robinson no se mantuvieron impasibles ante una atmósfera tan propicia. De verdad que llegó a parecer un concurso de mates todo aquello.
Sí, Oviedo significa para la Selección Española fiesta, algarabía y disfrutar, con el baloncesto y con nuestros representantes. Hemos debido viajar 40 años atrás para dar testimonio que, en este mismo recinto, muchos chavales al borde de ser hoy abuelos, disfrutaron como lo que eran: críos fascinados con un deporte y dos equipos que brindaron lo que esperaban. Vestido de etiqueta, este Palacio de los Deportes espera al 2 de marzo, haciendo partícipe a toda la ciudad. España-Ucrania bien lo merece.
FOTOGRAFÍA SELECCIÓN ESPAÑOLA. De pie, de izquierda a derecha: Josep María Margall (Ron Negrita Joventut), Fernando Martín (Real Madrid), Fernando Romay (Real Madrid), Antonio Díaz Miguel (seleccionador), Juan Domingo De La Cruz (F.C. Barcelona), Andrés Jiménez (Ron Negrita Joventut) y Chicho Sibilio (F.C. Bacelona). Agachados: Quim Costa (Licor 43), Jordi Villacampa (Ron Negrita Joventut), Juan Antonio San Epifanio (F.C. Barcelona), Vicente Gil (Estudiantes Caja Postal), José Luis Llorente (Cajamadrid) y Juan Manuel López Iturriaga (Real Madrid).
FOTOGRAFÍA COMBINADO WINSTON ALL STAR. De pie, de izquierda a derecha: Lolo Sáinz (entrenador), Jimmy Wright (Breogán Caixa Galicia), Kenny Austin (Espanyol), Mike Phillips (Licor 43), Steve Trumbo (Fórum Filatélico), Wayne Robinson (Real Madrid), Toni Bové (fisio).
Agachados: Tony Simms (Estudiantes Caja Postal), Essie Hollis (Caja de Álava), Craig Dykema (Licor 43), Brian Jackson (Real Madrid) y Nate Davis (Clesa Ferrol).


















