LA ESPAÑA ADOLESCENTE A LA QUE ILUSTRÓ GIGANTES

Eché un vistazo recientemente al calendario de 1985 y comprobé los días de aquel noviembre. Y me imagino un lunes 4, donde, a las tantas de la madrugada un señor era testigo de la cadencia de unas rotativas viendo rodar de manera infinita, impresa aquella fotografía de un rebote capturado a la par entre Rolando Frazer y Clyde Mayes con el flashazo de la cámara, porque aquello parecía jugado en un garaje. Era el director de aquella criatura y tan cansado andaba, que ya ni nervios tenía ante la tirada y salida de un nuevo producto semanal llamado GIGANTES del Basket. Al poco se retiró a casa. El martes 5, esa publicación estaba en los kioscos. 

Reconozco que me encanta llamar por teléfono a Paco Torres y poder charlar y saber de él o, como en este caso, cuando llega una efeméride señalada. Ya obviamos aquella noche en máquinas, la portada de aquel primer número… cantinela mil veces repetida de su boca en mil entrevistas. Por algo será, también le reitero. Médula espinal de su vida laboral, una manera de ganarse la vida, un negocio… y por qué no, un sueño. Pero sobre todo me hace ilusión pensar que quien sostiene el móvil es el quinceañero que tomó aquella primera revista en sus manos de la pugna entre Fernando Martín y Greg Wiltjer en portada y que al otro lado, está ese joven director que se puso a exámen con un “abre las páginas, míralas y juzga si estamos en el camino de dar con esa publicación que esperabas” en la editorial de su número 1. 

Paco es un tipo activo poco amigo de mirar al pasado y disfrutar de su día a día, de sus entrenamientos con chavales y sus quehaceres. Pero también es quien es y lo asume. Y le confieso que quizás no sea muy consciente de todo lo que ha supuesto, él y su tan variopinto equipo para mucha gente, lo que supuso GIGANTES en aquel inicio hace 40 años para los aficionados y posteriores lectores. Porque antes de llegar a ser un producto establecido y que a todas las celebrities de nuestro mundillo, a la pregunta del qué supuso en sus vidas, contestan que “la compañía”, porque la revista fue como una prenda más durante muchas tardes durante tantos años, sí me gustaría incidir en el impacto de aquella venida para que llegase a formar parte de nuestra rutina. La venida sobre un aficionado adolescente

“El olor en sus páginas” recuerda César, un chavalín que jugaba en el Náutico de Tenerife, hoy médico en Barcelona. “Yo seguro que reservé el número en el kiosco habitual” comentaba Antoni Daimiel hace poco, puesto que la promoción previa a su salida fue grande. Sí, la adolescencia acompañada de la mano de aquella publicación semanal que bien se necesitaba. Devorábamos el formato mensual de una revista, la que derribó todas las puertas, de la que también hemos hablado alguna vez, la mítica Nuevo Basket, la releíamos una y otra vez, pero el incipiente aficionado demandaba mayor frecuencia en su periodicidad, algo semanal. Y es que, si lo pensamos, todos los aficionados éramos adolescentes, independientemente que tuviésemos quince, veinticinco o cuarenta y cinco años. 

Tras el nacimiento de la ACB y la plata de Los Angeles, el llamado entonces “boom del baloncesto” lo impregnó todo. Y las redacciones deportivas, sean te televisión, radios o prensa, fueron divididas y “vosotros, al baloncesto”. Y el aficionado, ávido por crecer, por aprender y disfrutar de un deporte -y un producto de entretenimiento- que le cautivaba, bebía los vientos por todo aquello que sonase al bote de un balón, aunque fuese en mitad de aquellos “garajes” donde Frazer y Mayes capturan el rebote para la foto del primer “Gigantes de la semana”. Y tuvieron en la revista que celebra su 40ª Aniversario este 11 de noviembre (su fecha oficial), su herramienta para desarrollar todas sus inquietudes y disfrutarlo aún más. Porque como relataba Paco Torres en su primera editorial, junto a todos los encantos que se vivían en España, nuestros Epis y Fernandos, nuestros Hollis y Nate Davis, “es imposible plantearse cualquier tipo de información de baloncesto sin tomar en gran consideración a Pat Ewing, Julius Erving o Michael Jordan”, sobre todo en una sociedad española que había tenido oportunidad de haber visto hasta ese momento… esperen que los contamos: uno, dos, tres … cinco partidos completos de NBA en toda nuestra historia en televisión. Imaginen lo que era aquel “planeta USA” que entraba por nuestros ojos hojeando sus páginas. Pues claro que todos éramos adolescentes. Legión de adolescentes.

GIGANTES, entre las publicaciones de baloncesto (que en las estanterías de las papelerías tenían su espacio como las revistas del corazón), divulgó y expresó opiniones, nos hizo testigos y partícipes de un proceso acelerado por el éxito que nos llevó del Magariños y esas fotos tan oscuras, al Olimpic de Badalona donde jugó el Dream Team. Y crecieron los estamentos y las estructuras, a veces con solidez, a veces por supervivencia. En realidad, la adolescencia también estaba ahí, en las entrañas organizativas y como jóvenes inquietos, se planteaban “¿esto es así por alguna razón?”. 

GIGANTES imprimió muchos de nuestros sueños. Acompañar al Real Madrid y al Barça en sus travesías de Copa de Europa como la avanzadilla de los Estudiantes, Joventut, Unicaja o Baskonia que vinieron después, que Dino Meneghin o Arvydas Sabonis contaran sus inquietudes de una forma tan personalizada en entrevistas, hizo crecer la belleza y la exigencia en todos, admirar e idolatrar aquello cada vez más familiar y seguir demandándolo. El tiempo pasó y “hasta yo, que era un periodista que nunca había sido jugador de élite, mirado con cierto recelo por profesionales del mundillo, vi un cambio cuando salí en su ‘Vicios Pequeños’ y recuerdo que Boza Maljkovic me vio y me preguntó” repasa Antoni Daimiel como la curiosidad de que formar parte de aquella última página, otorgaba ciertos galones de total inclusión en el “circo de élite”. 

Cuarenta años. Un tiempo donde las redes sociales de hoy tenían su equivalente en repasar y releer la revista una y otra vez. De imitar aquella estampa y de admirar, cual Capilla Sixtina, el póster que casi como obligación, debíamos colgar en nuestra habitación.  Gracias, GIGANTES y FELICIDADES a su actual equipo liderados por David Sardinero, tras cuarenta años.  Fuisteis luz de nuestra adolescencia y compañía de nuestras vivencias en una España que vibraba a ritmo de sus borbotones. 

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