Hiopos Lleida ha logrado 3 victorias en las primeras 4 jornadas. Como el notable arranque de UCAM Murcia y Joventut. Como el Real Madrid. Un grupo igualado por la tercera posición liguera que da dimensión a lo que se está haciendo en este rincón de nuestro baloncesto. Hace muchos años había un club en Lleida llamado Antorcha como primeros pasos de una longeva travesía entre un balón y un cesto que, hoy día, vuelve a revivir su mayor popularidad. Y todo, con un sello de casa, con un joven entrenador de sus calles liderando un proyecto que provoca exaltación y alegría. El rugido de un recinto, el Barris Nord, la algarabía de la ciudad.
Y es que Lleida es una ciudad tranquila. Apoyado en uno de sus puentes, ves pasar las corrientes del río Segre que cruza la urbe, a toda la provincia que en la que, recorrida en coche, percibes la calma que necesitan sus infinitos campos de frutales. Habitantes que saben disfrutar de esa quietud, de disfrutar una excelente gastronomía en la tierra, salpicada con cierta algarabía típica de una ciudad universitaria. Hasta que llega el día de partido. Ahí comienza el rito, la procesión hasta el Barris Nord y en su interior, los colores tornan a un agresivo púrpura entre toda su congregación, a cambiar la pausa por el éxtasis, a soltar todo el apasionamiento que dos horas antes era tranquilidad y saludo al vecino. Ahora, con el vecino (de grada) hay comunión por un clamor y un éxtasis: por su Força Lleida.
GERARD ENCUENTRA O LA FOCALIZACIÓN DE TODO
Es difícil encontrar en el baloncesto la silueta de alguien que pueda condicionar todo lo que sucede alrededor. Personalidades arrolladoras que, a todo lo que les alcanza la vista, le han dado un enfoque y forma. Y esa armonía transcurre bajo su influjo: una plantilla, una mentalidad, la deriva de un rival y su “yo no quería jugar a esto” y la riada de almas en una grada que creen en él y en lo que ven, atracción por una forma de jugar y rendir al que siguen a pie juntillas. Gerard Encuentra es de ese tipo de caracteres. Relevante hasta ser arrollador. Que sí, que es dolor de cabeza de árbitros, de los que la protesta la convierte en una forma más de operar durante un encuentro, donde fuerza incluso la expulsión en la machada del Palau Blaugrana y ha sido sancionado hasta con 4 técnicas en lo que va de temporada. Pero por encima de todo eso, que casi lo dejaríamos en la categoría de anécdota, entra una forma de maniobrar y hacer jugar, la de este Hiopos Lleida. Y eso, amigos, es una verdadera delicia.
Comenzamos por la defensa. Venga, que van números: junto a Valencia Basket, son el equipo que menos puntos permite por posesión. Según InStats, tan solo 80 puntos por cada 100 posesiones, igualando al otro gran “coco” defensivo de la liga, Valencia Basket. Y ahora, plasmémoslo en la pista. Pues esta es la consecuencia de una defensa en la que se presiona mucho al balón, donde James Batemon como Caleb Agada y Corey Walden consiguen asfixiar al primer portador del balón en su pista con dos contra unos, casi siempre el base rival. Que en una segunda línea cuentan con el especialista en defensa Oriol Paulí, veterano que sabe mucho de espacios y posibles pases, como otro tipo bregado en mil batallas, Melvin Ejim, que si está siendo más importante de lo que los números dicen, es por su conocimiento de los huecos y dónde hay que posicionarse para una posible ayuda en su figura de ala-pívot, recuperando así su oficio de los tiempos en la universidad de Iowa State. Está haciendo de “escoba” de todos sus compañeros en la pista (absoluto lujo, créannos). Y esta maraña, ¿qué supone? Pues que Hiopos Lleida duplica la media liguera de “deflections”, esos pases que, sin ser recuperaciones, son desviados y no llegan a su destino. Los números dicen que consiguen 2 por partido (el promedio en toda la Liga Endesa es de 0,94), pero siempre hay más que no son computados, que retrasan el ataque rival y que, sobre todo, abortan la idea inicial rival de poner el balón en ciertos lados y declinan dar el pase. Esos no tienen estadística y sí suman.
Y ahora entra la “cirugía”. Suponemos que, en la confección de la plantilla, se pensó que todo esto para que tuviera una guinda final: la del intimidador. Si un adversario consigue pasar todas esas pantallas, llegamos el hombre grande bajo canasta. Y ahí entra el que sean el 5º equipo que más tapones promedia (3,5), gracias a los 4 de Atoumane Diagne, los 2 de Gyorgy Goloman… y hasta John Shurma se ha sumado a la fiesta, pues en los dos encuentros que ha disputado tan solo, lleva un total de 4.
La actitud, la entrega y el sacrificio por el grupo es encomiable, de todos y cada uno de sus componentes. Jugadores veteranos que sienten una tremenda identificación por el club, por lo que les inspira la ciudad, la afición y su entrenador. Y de verdad que ‘muerden’. Lo hicieron en el Palau, en la gran machada para derrotar al F.C. Barcelona en su feudo (86-91) y lo han repetido en cada uno de los enfrentamientos. Su único “pero” es que bajaron los brazos -extraño en ellos- y les faltó fe para seguir compitiendo en la segunda mitad ante Valencia Basket (78-99), única derrota hasta este momento. Ese esfuerzo, independientemente del premio que conlleve, ensalza a la ola púrpura que inunda las gradas.
EL ATAQUE, ESA FORMA TAN ATRACTIVA DE JUGAR
Decisión individual y mucho movimiento. A Gerard Encuentra le gusta mucho la movilidad sin balón en forma de de cortes a canasta, del uso de la línea de fondo, de tipos que reciben pases certeros cuando ya se han arrancado hacia el aro. Repetimos, pases certeros. Claro, por eso pensaron que era muy propio volver a contratar al estadounidense Cameron Krutwig. Sus dotes para el pase son una bendición, sea desde poste bajo o, sobre todo, poste alto. Este juego se dignifica si tienes hombres capaces de poner el balón donde se demanda. Y para ello están John Shurna, Paulí o Goloman. Por eso son los sextos que más asistencias reparten de la competición (18,5), en una receta de abuela, de old school, que hace a su baloncesto especialmente atractivo. Son una delicia verles circular al otro lado del balón.
La inteligencia al poder. Eso no solo da canastas bajo el aro, sino certeros pases exteriores para que los triplistas estén liberados. Miren que uno de sus teóricos mejores triplistas, Corey Walden, está en un aciago 3 de 13 hasta este momento. Aun así, se encuentran clasificados en 3ª posición en el porcentaje de triples, con un 37,1%. Y es que Millán Jiménez, Caleb Agada y John Shurna igualan o superan el 50%. Sumen que Batemon y Ejim superan el 40% (41,2% y 44,4%, respectivamente. Pues toda circulación, de juego sin balón y de buena circulación, tienen la mayor justificación -también- desde la línea de 3.
Y si no, la decisión, el uno contra uno y la verticalidad en hombres como James Batemon (que, por cierto, échenle un vistazo cómo es capaz de rebotear en ataque con la facilidad de un “dos metros”. Es de los mejores reboteadores en ataque entre los pequeños en la liga, de largo), Walden y el base letón Kristers Zoriks. En definitiva, tocan todos los palos.
Pues ya lo ven. Esta es la “obra” de Gerard Encuentra, un tipo explosivo en sus ideas de baloncesto (como los buenos restaurantes, mezclando la vanguardia con las recetas de toda la vida) y en su forma de entenderlo, que desplega un entusiasmo en toda la ciudad. 3 a 1, en la zona privilegiada de clasificación y pensando en… lo que tenga que venir. Plantillas tan bien estructuradas no suelen desarmarse y sí son sólidas, con lo que disfruten de ellos, porque esto no es flor de un mes.


GERARD ENCUENTRA O LA FOCALIZACIÓN DE TODO














