Pongamos que nos han devuelto la sonrisa. Que ver correr a la Selección Española siempre es motivo de cierto cosquilleo en el cuerpo. Y esto no va de asumir las debilidades del rival, de nuestros dos últimos rivales para ser exactos, sino de volver a reconocer a los nuestros como los jugadores que son habitualmente. Tras el descalabro inicial, tocaba la pregunta terapéutica de “¿quiénes somos?” ante los bosnios y de reafirmación y autoconfianza ante Chipre.

Sí, el rebote defensivo que por momentos no fue fácil (y no hablamos de los chipriotas, que contra ellos todo fue extremadamente sencillo) es una asignatura en la que se ha tomado verdadera conciencia. Nos pueden matar con otro tipo de argumentos, pero no con este no, por favor. Debemos tomarlo como una asignatura casi superada, aun compitiendo con brazos larguísimos de los italianos y, ni que decir tiene, de Antetokounmpo.
Y, por otra parte, aunque en los primeros minutos de la segunda jornada dejamos todavía algunos pasillos hasta la canasta muy sencillos, es de rigor confesar que en la segunda mitad ese panorama cambió. Se ajustó mucho mejor y nos resultó muy interesante la inclusión de Yankuba Sima que, en defensa sí vimos cerrar espacios y recuperar con mucha rapidez posiciones en la zona tras bloqueo y continuación. Aunque ha sido el jugador que menos minutos ha disputado (22 minutos en total), sí le vimos que puede aportar aspectos, como hombre alto, de una manera más marcada que cualquier otro. Sobre todo viendo que lo de los dos ala-pívots en pista (como se empezó ante Georgia, con Pradilla y Aldama, no funcionó). También tenemos la sensación que, el segundo jugador con menos minutos, Josep Puerto, puede que suba prestaciones en estos partidos decisivos que restan, precisamente por su agresividad defensiva, incluido el rebote y porque puede ser de gran ayuda su tiro exterior.
Las dos victorias, lo de la autoconfianza y demás se ve terriblemente beneficiado en, precisamente acabamos de comentarlo, tiro exterior. Tras el naufragio del primer día, esto sí que es una cuestión de sensaciones, sí que hizo sonreír tanto a los jugadores como a los aficionados, más que nunca, porque más que nunca estábamos necesitados de ellos. Ni el 7 de 32 del primero día, ni el 29 de 73 de los dos días posteriores (39,7%), donde tiramos con una comodidad imposible pensar ante italianos y griegos. Entre Joel Parra, Darío Brizuela, Santi Aldama y Juancho Hernangómez, nuestro cuarteto más destacado, llevan un 24 de 56 (42,8%), que es más que meritorio. En ellos están el mayor número de intentos. Veremos cómo lo continúan.
Ahora nos toca Italia. Esta tarde, a la palestra con uno de los rivales más potentes y que más quebraderos de cabeza nos han dado en los últimos años con su baloncesto abierto. Que con la plantilla actual de la que dispone Sergio Scariolo, por prototipo de jugadores, puede que tengamos más similitudes que en otras ocasiones. Verdad es que obligatorio una circulación de balón de muchísimo nivel para superarles, que ya no se permiten dudas como ante Georgia, que no podemos estar espesos y que las líneas de pase que tracen los hombres interiores cuando ganen la posición, deberán ser más contundentes. Cuando haya posición, tirar, ya no vale fintar estando abiertos. No ha lugar al error en este caso.
El aficionado está expectante. Nos alegra ver lo visto estas últimas 72 horas, pero toca ahora subir unos cuantos peldaños más sobre para afrontar Italia y Grecia. Israel montó el lío en el grupo del cruce y no podemos jugar a qué rival nos tocaría, sino averiguar a qué nivel pueden los nuestros afrontar. ¿Se puede permitir decir que la reafirmación de nuestro juego está por encima del resultado? Pues quizás hasta sí, veremos, que no sería la muerte acumular dos derrotas ante italianos y griegos. Sí lo sería una mala imagen, que es por lo que estamos todos esperando a las 20:30 y ver cómo van a responder nuestros representantes.

















