LA ESPAÑA DE LOS ‘BABY-BASES’

Hubo un tiempo en el que tuvimos que defender el mayor logro de nuestra historia. La medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles’84 fue un hito inigualable hasta que los Gasol, Navarro, Calderón y compañía arrasaron con sus resultados, igualando esa plata hasta en dos ocasiones. Pero en 1988, en los siguientes Juegos Olímpicos en Seúl, había que hacer un esfuerzo titánico por, primero clasificarse para tales Juegos y, a continuación, batallar como vigentes medallistas de plata. Y la cosa pintaba azul-oscuro-casi-negro, puesto que en el Preolímpico de rigor exclusivamente europeo (y miren que nuestro seleccionador, Antonio Díaz Miguel, se quejaba de “había que hacer un Preolímpico a nivel mundial como había antes”, exactamente, como hay ahora), solamente había 3 plazas para los europeos. Y nadie estaba clasificado con antelación. Dos candidatos claros, la URSS (por supuesto, unificada, aunque aún sin Arvydas Sabonis, entrenándose a la carrera para llegar a Seúl), Yugoslavia (unificada también), que fíjense si eran claros, que acabaron disputando la final olímpica. Y para la tercera plaza, tortas había entre los vigentes campeones de Europa, Grecia de Gallis y Giannakis, Italia, que siempre se nos daba fatal (de hecho, volvimos a perder ante ellos en este torneo neerlandés) y nuestro Equipo Nacional. 

La Selección definitiva
La Selección definitiva

¿Temor? Pues que aquella Selección Española fue catalogada como ‘la España de los baby-pívots’. Con Fernando Martín, que tras haber jugado en la NBA, no podía ser seleccionado (10 meses después se cambió esa normativa en FIBA), con Juanito De La Cruz que dos años antes se había retirado como internacional y, la tragedia, nuestro gran valedor, Fernando Romay, que en semifinales ligueras vio cómo Biriukov cayó sobre su pierna en un lance del juego, destrozándole la rodilla a menos de un mes vista de la cita. Así que nos presentamos con Antonio Martín con 21 añitos, Ferrán Martínez con 20 y Juan Antonio Morales, en sus tiernos 19, como únicos interiores junto a Andrés Jiménez. Y con ello, a apechugar. 

En la actualidad, tras dar a conocer anoche Sergio Scariolo la lista de los 12 definitivos que viajarán a Chipre, ver que solo contamos con dos bases, Sergio De Larrea y Mario Saint-Supery, que cuentan con 19 primaveras cada uno, es para retomar la expresión del “y con ello, a apechugar”. No hay un Sergio Llull que pueda oficiar en dos puestos, ni un Alberto Abalde (al que echaremos mucho en falta), que también tuvo su importante periplo como director de juego en el Real Madrid una temporada en la que las lesiones acuciaban. Quizás Darío Brizuela, pero no se ha visto apenas en tal tesitura durante su carrera deportiva. 

Sin hablar aún de los rivales (lo haremos cuando estemos en vísperas de la competición), el caso es que la Selección Española volvió a mostrar su enorme competitividad anoche en el Movistar Arena ante Alemania, contando aún con carencias en ataque y en defensa, como es lógico. Que toca ajustar todavía en defensas zonales, importantísimas en el devenir del campeonato (por la confección del plantel) y en ataque, aunque se cuente con jugadores que acumulan muchos kilómetros de rodaje entre la élite, está por trabajar la resolución de jugadas en momentos comprometidos, dependientes también, del tan importante tiro exterior. Sabemos  que hay tipos que saben pasar muy bien en balón en posiciones decisivas, Santi Aldama mediante, pero se ha de mejorar toma de decisiones. 

Juan Antonio Morales, bregando con 19 añitos en el Preolímpico de 1988.
Juan Antonio Morales, bregando con 19 añitos en el Preolímpico de 1988.

Tales tomas de decisiones competen a todos, pero siempre hemos tenido bases con el poso y tranquilidad de saber detectar lo que conviene a cada momento. Y aquí entran la incertidumbre con dos directores de juego con 19 años, a los que se les apoyará -siempre- para que saquen lo mejor que tienen, sin importar aquello a lo que no se arriesguen, que ya estarán los demás. Las bajas de Lorenzo Brown y Alberto Díaz entre la convocatoria de los 15, más la consabida de Juan Núñez, nos pone frente al espejo en una tesitura que es la que hay que afrontar. Curioso que en un país donde uno -y casi principal- de los factores para crear un importante armazón en nuestros combinados, sea la posición de base, donde siempre hemos brillado. Vaya por delante que los que tenemos, son extraordinarios. Muy jóvenes todavía para responsabilizarles en todo un Eurobasket, pero hay mucha calidad. Ni que decir tiene lo que vimos en los medallistas de oro en el Eurobasket sub18, donde ya hablamos de su determinación y nuestra expectación por asumir que son los que viene detrás. Pero si recapitulamos, hay pocos bases. Echando un vistazo a las plantillas de Liga Endesa, en esta posición, hay poco ‘producto nacional’. 

Cierto que hubo un tiempo en el que lamentábamos la falta de hombres altos, que siempre hemos contado con bases de muy alta categoría porque, oigan, crear buenos jugadores de baloncesto de uno ochenta de estatura, es mucho más fácil por cuantiosidad, que con tipos de más de dos diez. ¿Y por qué cuesta tanto que lleguen a la élite? Sabemos -porque lo vemos- que, en categorías inferiores los clubes de élite trabajan maravillosamente: los Madrid, Barça, Penya, Unicaja, Valencia… trabajan de una forma excelsa a sus directores de juego, sobre todo en las complicadas edades comprendidas entre los 14 y 17 años. Facilitan sus tomas de decisiones, cargándoles la responsabilidad que les corresponde y sobre unas normas básicas, permitirles que haya lugar al error, la madre del cordero. Lo del combinado oro en Serbia de la mano de Marco Justo fue una exhibición en ello.. 

Mario Sant-Supery, baza donde habrá de apoyarse nuestro equipo.
Mario Sant-Supery, baza donde habrá de apoyarse nuestro equipo.

El siguiente paso (a partir de 17-18 años) ya es más táctico, mucho más en sintonía con el entrenador y sus directrices. Sin embargo, no siempre es así y seguimos viendo como un error el adelanto en edad a tal proceso, en el que los sistemas llegan con años de antelación a los chavales, más pendientes de mirar a la banda que de su libertad para ejecutar. Y no tiene por qué “tocar” jugar el pick&roll inicial siempre. Reiteramos el ejemplo de la sub18 que tanto nos gustó: en poquísimas ocasiones vimos iniciar sistemas con un dos contra dos. Los arrebatos de los chavales de desarbolar en uno contra uno, de saber pasar al hombre en poste alto y que decida con sus pases (claro, con un virtuoso Ian Platteeuw) y jugar con la línea de fondo, han dado un colorido y una diversidad en la creación del juego, que ha traído en jaque a todos sus contrincantes. Y ¡ojo!, ni es un tirón de orejas ni queremos enterrar el pick&roll, jugada que bien ejecutada es primordial para sacar primeras ventajas y ver cómo “respiran” las defensas rivales. Pero sí nos gusta ver que los chavales futuros directores de juego en posición de base, tengan el tiempo suficiente en su proceso de aprendizaje para leer y ver el amplio espectro ofensivo que ofrece este tan maravilloso juego. La élite puede reclutar y becar a extranjeros, pero no todos. Y nos gustará ver en ese segundo escalafón de élite -o menos élite- chicos que hayan tenido la oportunidad de ser enseñados como para ellos aprendan y vayan construyendo desde conceptos básicos, sin saltarse pasos a la complejidad en altos niveles.

Y como epílogo, toca demandar que hay que apoyar a esta selección más que nunca. Que el homenaje postrero a Sergio Scariolo anoche, nos dio una perspectiva en el que pueda que sea su último campeonato con nuestra Selección Nacional y eso, aunque el combinado sea un equipo de circunstancias, hay que valorar. Que siempre han ido mejorando según transcurría el torneo, que estas faltas y defectos que vemos ahora se irán limando y tenemos el convencimiento que darán su máximo en el momento de la verdad. ¿Que ese máximo no sirve? Ya lo vimos el año pasado en un partidazo ante los canadienses en los Juegos. Pues mala suerte, pero responder con un notable alto-casi sobresaliente, es la calificación a la que se debe aspirar. Y gran parte de ello, a causa de Sergio Scariolo y su cuerpo técnico. 

¡Mucha suerte a todos!

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