VERANO DEL 79: LA IRRUPCIÓN DE UNA GRAN GENERACIÓN (y capítulo 03)

En las nubes del Olimpo, entre dioses. Vencer a la URSS con ese grupo de chavales era pensar que se estaba de nuevo en la élite del baloncesto, sobre todo tras 3 años previos de auténtico calvario para la Selección Española. El país entero vio la exhibición frente a los soviéticos, pues el partido se televisó (no crean que era algo tan habitual), disfrutando hasta los no aficionados al baloncesto con el paroxismo carrera arriba, carrera abajo de nuestro combinado. A nadie dejaba impasible esa exhibición de velocidad ante los poderosos.

Se abandona Siena lanzando flores desde la carroza. Preciosa y acogedora urbe con hermosísima arquitectura que, por tamaño y referentes culturales, son de esos tesoros que ensombrecen ciudades más grandes y que no debieran. Nuestros representantes dejaron una pica allí que, ya ven que casi cincuenta años después, sigue siendo aquella jornada referente de muchas cosas. Encaramos Turín que esperaba… tampoco sabemos muy bien el qué, porque exceptuando cuando jugaba Italia, lo de la expectación quedaba en entredicho.

Rebuscamos y encontramos: pugna entre De La Cruz y Tkachenko en la histórica victoria ante la URSS
Rebuscamos y encontramos: pugna entre De La Cruz y Tkachenko en la histórica victoria ante la URSS

Primera jornada jugando a mediodía y la atmósfera de un entrenamiento. Gritos de jugadores y desde los banquillos con un puñado tan solo de testigos en las gradas.  El rival era Israel, selección que sorprendentemente ganó a Yugoslavia en la fase previa, como primer rival de esta segunda fase donde, a modo de liguilla, jugaban los 6 mejores, clasificando los dos primeros para la final y, los dos siguientes, para el bronce. ¿Y cómo es posible que ganaran a los balcánicos? Para empezar, contaba una de las rutilantes estrellas europeas que bien conocíamos en España, pues los enfrentamientos Maccabi-Real Madrid daban como para ser impresionados por el talento del alero Mickey Berkowitz. Tipo elegante mezclado con trucos de streetballer, este jugador en el aire era capaz de cualquier rectificado sin perder efectividad. Y junto a él y el talento del base Barry Leibowitz, un tipo muy rápido que era todo piernas y brazos, contaban con un trío interior que, pasando justitos de los dos metros, hacían de la zona un lugar inhóspito para cualquier rival. Usaban todas las tretas físicas posibles, ya sea Eric Menkin como aquel roqueño Steven Kaplan y su peinado “anasagastiano”(que este sí era mechón al aire en cada uno de sus saltos). Y con ellos, el último añadido, el nacionalizado alero Lou Silver, con tamaño de pívot, cuya capacidad anotadora desde la media distancia les dio un importante salto de calidad. 

Selección Española del Eurobasket'79. De pie: Brabender, Margall, De La Cruz, Rullán, Santillana, Epi y López Iturriaga. Sentados: Costa, Corbalán, Flores, Llorente y Ansa.
Selección Española del Eurobasket’79. De pie: Brabender, Margall, De La Cruz, Rullán, Santillana, Epi y López Iturriaga. Sentados: Costa, Corbalán, Flores, Llorente y Ansa.

Los españoles también tenían sus armas, pero esa tarde… no tocaban. Día aciago para el combinado español. De las tardes negras de no salir nada y ver que Berkowitz anotaba 33 puntos con una facilidad pasmosa. La frescura que otorgaba la juventud y que ensalzábamos días antes, con su físico y su desparpajo, tuvo su cara amarga esta vez. La bendita polivalencia de López Iturriaga, capaz de jugar hasta de base, se tradujo en imprecisiones con 4 pérdidas en 4 ataques consecutivos (6 pérdidas en 7 posesiones), cuando de un 54-51 a favor pasamos a un 56-60 en un abrir y cerrar de ojos. Y a un 62-69 cuando Antonio Díaz Miguel solicitó tiempo muerto. Desventajas cortas que, ese día, parecían irremontables. 

Y tampoco es que los veteranos respondieran con acierto. Wayne Brabender comenzó fino para acabar disipándose. Al desacierto de Santillana se le unió el 1 de 11 de Rafa Rullán, totalmente irreconocible. Y añadan la sangría reboteadora en nuestro tablero (11 rebotes ofensivos del rival). No se podía criticar la calamitosa actuación arbitral visto los errores continuados de los españoles, que acabaron perdiendo 84-88, dando alas a los macabeos que se postulaban como una fuerza para codearse entre los mejores para llegar a la final.

Mickey Berkowitz entrando ante Santillana el día del España-Israel
Mickey Berkowitz entrando ante Santillana el día del España-Israel

EL DÍA EN QUE NOS QUEDAMOS CON CARA DE TONTOS

Porque si unes una jornada en la que todo parecía ir bien, todo funcionaba, había acierto y dominio respecto al rival y… se acaba perdiendo, pues claro que se le queda a uno cara de tonto. Sucedió al día siguiente, ante Italia, donde esta vez sí las gradas del palazzeto Parco Ruffini sí se abarrotaron de aficionados para animar y, en los momentos más candentes, presionar hasta el extremo.

Hubo una serie de factores que entraron en juego en este partido, entre ellos los resultados que abrían el número de invitados a la final a muchos más de los esperados. Conscientes de la victoria de España ante la URSS, resulta que estos apabullaron a Yugoslavia (99-76) que también hemos dicho que perdieron con Israel. Y cuando los italianos vencieron a los judíos (90-78), las posibilidades de los azzurri de llegar a la final se ampliaban. Parecía claro que los soviéticos, exceptuando el traspiés frente a los españoles, eran el rodillo habitual, favoritos para todo. Y el otro candidato… total incertidumbre. Hete aquí que el ambiente en Italia se “inflama” y hay que apoyarles como sea, que para eso era “su Eurobasket” y se veían con todas las opciones. Y una final en ese recinto, estaba por ver. Para empezar, tenían que ganar a España. 

Al fin volvía a jugar Juan Antonio Corbalán que, aunque renqueante aún de su tobillo, era titular, junto a Brabender, Epi, De La Cruz y Rullán. Por los italianos, el físico al poder con Caglieris, Carraro, Villalta, Bertolotti y Meneghin y su defensa de zonas en su variante ‘por la pintura no pasa nadie’. Primeros parciales y el ataque español exhibe circulación fluida de balón y Rafa Rullán, muy diferente al día anterior, anota las primeras cuatro suspensiones, insinuando al gran Dino Meneghin que podía seguir esperándole en la zona. El seleccionador Giancarlo Primo -ayudado en sus funciones por otro mito, Sandro Gamba-, solicita a los 5 minutos un inesperado tiempo muerto, pues el 4-10 en el marcador, escocía. Cambia a su quinteto y planta en pista la carrocería más pesada y más musculada, con los Ferracini, Vechiatto, Brunamonti, Gilardi y Marco Bonamico. Parece que esto trataba de más posesiones y para ello, había que capturar más rebotes. 

La estrella soviética Sergei Belov lanzando en la final ante Kaplan y Leibowitz
La estrella soviética Sergei Belov lanzando en la final ante Kaplan y Leibowitz

Fue otro día en el que Juanito De La Cruz estuvo sublime, luchando contra todos, a pesar que cualquier tapón suyo fuese sancionado con falta personal por obra y gracia de una pareja arbitral que ya empezaba a desesperar a todos, (el griego Tsolakidis y el estadounidense Spitler), sin catalogarles aún de caseros, porque Meneghin también explotaba por los mismos motivos del propio De La Cruz y Rullán. El problema es que en el minuto 11 ya había pitado al italiano dos faltas personales hilarantes, pero los dos pívots españoles sumaban tres faltas cada uno, tan injustas como las del italiano. El problema vino cuando a continuación, un “¿mía?” de Rullán se oyó en todo el recinto, pues suponía su cuarta falta personal, llevando el jugador del Real Madrid 11 puntos y 5 de 6 en tiros de campo en ese momento, debiendo ser relegado inmediantamente en el banquillo. Para que entiendan el nivel arbitral del que hablamos, fue un lanzamiento del base Roberto Brunamonti donde se topó con el pívot español y, tras la señalización arbitral y el tiro desviado, Marco Bonamico palmeó el balón en el típico acto reflejo que hacen los jugadores. Pues dieron la canasta y añadieron tiro adicional. Hasta Wayne Brabender, caballeroso y comedido, se echó las manos a la cabeza e intentó por todos los medios, intentar explicar que era imposible que la canasta valiese por la infracción que habían pitado anteriormente. Pues ese era el nivel. 

Polémicas al margen, estamos en un escenario en el que España lo bordaba, con 10-24 y 17-33 como parciales en el marcador. Nuestra zona se les atragantaba, se cortaban balones, se corría y ahí, Juanito Corbalán -¡al fin!- se desquitaba de tantos días sin jugar. Y cuando tocaba el temple en el ataque estático, afinaba con sus suspensiones. A los 14 minutos fue sustituido por Joaquim Costa, totalmente fundido. Y el base del Cotonificio siguió dando un ritmo espléndido al juego, aunque los italianos al fin pudieron “rugir” algo, con dos canastas de Gianni Bertolotti y el daño del gran Dino Meneghin, para llegar al descanso con 33-40 al descanso. 

Con la vuelta de Corbalán en la reanudación y el acierto de Luis Miguel Santillana, se consiguen nuevamente diferencias importantes. Una suspensión de Juan Antonio San Epifanio sitúa un más que esperanzador 42-57. Cuando De La Cruz salta por un rebote, uno ve sus brazos dos palmos por encima de los italianos. Todo a pedir de boca. Un 46-61 hacía soñar cuando restaban poco más de 12 minutos para acabar. Pero como poco dura la alegría en cada del pobre, la cuarta y quinta falta personal de De La Cruz casi consecutivas, nos diezma de su agresividad, debiendo salir Rullán a pista. Instantáneamente, los italianos hacen salir a Meneghin para que, como en tantas y tantas batallas previas en los Madrid-Varese de Copa de Europa, provocase la quinta falta al pívot mallorquín. Y aunque intentase evitarlo, de ello ya se encargaba un nulo criterio arbitral. Meneghin, tras un segundo tiro libre fallado, consigue hacerse nuevamente con el balón y, Rullán, atento y astuto a las circunstancias, quieto con los brazos en alto instantes antes, no dando pie a que ningún movimiento crease sospecha para castigarle con falta, ve como Meneghin que le busca, se choca contra él. Pues sí, supuso la quinta falta de Rafa Rullán. El segundo pívot titular dejaba de jugar con algo más de 9 minutos para la conclusión. Y en nuestro equipo era de pívots de lo que no contábamos, debiendo jugar Josep María Margall para tales lides. 

La sensación del torneo, Sergei Tarakanov, lanzando ante Jerkov en el URSS-Yugoslavia
La sensación del torneo, Sergei Tarakanov, lanzando ante Jerkov en el URSS-Yugoslavia

Visto el percal, la agresividad física en los locales aumenta, Santillana recibe un codazo intencionado de Renzo Vecchiato en el estómago, que tuvo a “Santi” varios minutos doliéndose en pista. Claro que pitaron la falta, pero “el mensaje” estaba enviada. Y aun así, el acierto ofensivo de los españoles, con canastas muy oportunas en momentos clave, aunque las diferencias se iban recortando, hacía que siguiésemos soñando. Una de Epi, otra de Santillana, otra de Brabender… que daban marcadores de 59-69 a falta de 07:43 y un 61-70 para afrontar los últimos 5 minutos. 

A Dino Meneghin le señalan una quinta falta personal de chiste, lo que hizo que el fornido pívot fuese en persecución del árbitro griego Tsokalidis en una escena casi cómica, que tras su osadía, casi huía del pívot. Todo ello entre los empujones y la rudeza bajo los aros de los anfitriones, que entre tanto lío, siempre acaban sacando ventaja. Y en ese escenario, les llegó el acierto italiano. Dos suspensiones de Villalta y Bertolotti hacen estallar la locura en el recinto. El público estaba desbordado y, lo que era peor, los españoles también. Fueron dos minutos y medio infaustos (del 36 al 38 y medio), donde una suspensión de Villalta les situó con un favorable 73-70 a falta de 02:36. 

Y se volvió a recuperar la entereza cuando peor estaba todo. Dos canastas de Iturriaga y Santillana en una suspensión magnífica, empujado y cayéndose, vuelven a poner a España por delante (75-76), a falta de 01:20. El base Caglieris anota dos tiros libres (77-76), haciendo Llorente lo propio (77-78) a falta de 55 segundos. Se pide tiempo muerto y se respira, se aclaran ideas. En el siguiente y elaborado ataque italiano, un palmeo casi milagroso de Ferracini entre dos rivales (ahí donde se notó la falta de estatura), acaba entrando (79-78 a falta de 37 segundos).

 Y aquí se presentó para el mundo un chaval de tan solo 20 añitos, que ya era importante en la selección y en nuestro baloncesto que, con lo que vimos a continuación, hizo acuñar en este país el término “Episistema”. Juan Antonio San Epifanio, creándose su propio tiro y anotando lo que parecía la canasta salvadora (79-80) a falta de 22 segundos. Último ataque italiano y penúltima escena del acto.

Vladimir Tkachenko, el dominador de Europa a finales de los 70
Vladimir Tkachenko, el dominador de Europa a finales de los 70

Caglieris aguanta y aguanta el balón sin ver resquicio en nuestra defensa, finta el tiro y acaba pasando a Renato Villalta, que lanza una suspensión esquinada a falta de dos segundos, que sale repelido por el aro. El rechace largo queda suelto, lo vuelve a recoger Villalta a la altura de la bombilla y con el tiempo ya a cero, empujó a Llorente –falta en ataque, aunque esa sería de nota pitarla. Y no estaban los árbitros para sacar nota-, se levanta en suspensión como un segundo y algo más tras el bocinazo final y anota la canasta que provoca el estallido unísono en el pabellón con todos los jugadores italianos abrazándose. Hablábamos de “bocinazo final” usando un término erróneo. La bocina final, como era de suponer, no sonó en ningún momento (partido colgado en youtube).

  Los españoles corrieron a la mesa de anotadores protestando al comisario, el rumano Dimitriu, con montones de periodistas y algunos aficionados (que ya valía todo) alrededor, mientras que los jugadores italianos se habían retirado convenientemente a los vestuarios. El marcador estuvo con un 79-80 para España, inamovible, un par de minutos hasta que el lío se aclarase, mientras se debatía, entre otros, con el comisario de la FIBA. Vladimir Stankovic que como era habitual, impuso la justicia que su capricho decidiera, que, por supuesto fue el 81-80 para Italia. La realización de la Televisión italiana, la RAI, con mucha elegancia, repitió hasta en tres ocasiones la jugada con reloj insertado, que demostraba con demasiada claridad que la canasta estaba fuera de tiempo. Ernesto Segura de Luna, presidente de la Federación Española de Baloncesto, presentó un recurso, previo depósito de 200 marcos, que Mr. Stankovic desestimó -¿qué esperábamos?- y esa misma noche se elevó una reclamación al Comité de Apelación, tras otro pago, que tampoco sirvió de nada. 

Durante el resto de la jornada en los siguientes encuentros, comenzaron a airearse comentarios de todo tipo, pues seguíamos a vueltas por tamaño escándalo. Y entre conversaciones de hall de hotel, el colegiado español Hernández Cabrera, convocado para este Eurobasket, resaltó que en el encuentro de esa misma mañana en la lucha por el 9º puesto entre Grecia y Holanda, la actuación del árbitro italiano Durazi a favor de los griegos, resultó a ser sonrojante para dar la victoria a los helenos (79-75). Parecía que había un pañuelo pendiente de recoger por parte del mencionado árbitro Tsokalidis.

Fue un mazazo. Venciendo a Italia, el camino para llegar a la final pasaba por vencer a unos alicaídos yugoslavos (aun así, muy difícil) y a los checos que, ¿qué quieren que les digamos?, eran accesibles. No soñábamos con eso, pero este partido hizo mella en nuestros representantes. Mucha. Tanto el comisario de mesa Dimitriu como el dúo arbitral reconocieron con posterioridad que efectivamente, se habían equivocado. Renato Villalta, años después, en una entrevista en el mítico programa dirigido por Pedro Barthe “Chócala!!!”  tampoco podía negar lo evidente y confesó que su canasta estaba fuera de tiempo. Pero ya daba igual. 

EL EPÍLOGO

Frente a Yugoslavia de los Delibasic, Cosic o Dalipagic, se luchó lo que se pudo, pero la diferencia entre los hombres altos acabó marcando la contienda (se perdió por 100-108) y para afrontar el encuentro ante los checoslovacos, cuando los ánimos ya no eran los más positivos, dictó sentencia el último canto del cisne de una gran generación checa liderados por el talentoso Pospisil y el pívot Kos, que junto al también Brabenec más Skala y los jóvenes Havlik y Kropilak que empujaban fuerte, aún nos tenían reservados algún disgusto más en un futuro. Pero eso es otra historia. Esta vez se perdió 100-107 y para casa, a la conclusión del torneo, con una sexta posición que, a estas alturas, sabía a poco. 

Antonio Díaz Miguel en el banquillo, mientras Lluis Cortés da instrucciones a Santillana. Llorente observa.
Antonio Díaz Miguel en el banquillo, mientras Lluis Cortés da instrucciones a Santillana. Llorente observa.

Por cierto, ¿saben quiénes llegaron a la final? Pues como era previsto, la URSS que acabó aplastando a… la sorprendente Israel (98-76). Ni Yugoslavia ni Italia. Los israelitas supieron ganar los choques decisivos para ello. Una hazaña que ni remotamente se han vuelto a acercar a ello. Se encargaron de vencer a Checoslovaquia en la prórroga (94-93) lo que les valió tal pasaporte, ante el estupor de los aficionados en las gradas, que esperaban la victoria checa y el festín azzurro. En la final, muy atractiva, por cierto, no solamente Vladimir Tkachenko dominó la zona por los soviéticos (29 puntos), sino quien se erigió como la mayor atracción con 22 puntos (10 de 11 en tiros de campo), era la nueva sensación del baloncesto soviético, un alero de 21 años que superaba los 2 metros de estatura, llamado Sergei Tarakanov. 

Ocho años después, la Unión Soviética volvió a proclamarse rey de Europa, demasiados años de sequía para ellos. Y España, según iban pasando las fechas, se dio cuenta que la aventura italiana no cayó en saco roto. La historia de nuestra Selección Española encierra muchos capítulos. Y uno de ellos es la convencida y obstinada apuesta de Don Antonio Díaz Miguel por unos jóvenes que tenía claro iban a ser el futuro de nuestro baloncesto. Y tener fe ciega en ellos. El Eurobasket de 1979 pasa a hurtadillas por nuestros libros, porque ver la sexta posición obtenida no dice mucho. Pero había que rascar en ello, porque esa fue la importante mano que se jugaba de cara a un futuro. Comenzamos hablando de lo que llegaba detrás, en categorías inferiores: Fernando Martín, Andrés Jiménez… contábamos con tan buenos bases que ni el fenómeno de Fede Ramiro nunca tuvo sitio en el Equipo Nacional, ni tampoco Jordi Freixanet. Eso sí, engordaron una liga que, alzados por los éxitos de la Selección Española, se encumbró a sus más altas cotas. Y créannos que, en 1979, ni soñando a lo grande podíamos suponer tanto. 

España está a punto de afrontar el Eurobasket con final en Riga a finales de este agosto de 2025. Inquietos por el evento, pero sin demasiadas expectativas, es el momento del cambio generacional. Disfrutémoslo, porque nunca se sabe, puede ser el inicio de algo grande. De hecho, lo intuimos.

Verano del 79: La irrupción de una gran generación (Cap. 01)

Verano del 79: La irrupción de una gran generación (Cap. 02)

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