UN FUTURO DE ORO PASA POR ESTA PLATA

El cincel que surca el oro mientras graba el nombre del campeón en las medallas, está forjado con lágrimas. Siempre. Es la paradoja del deporte. Y una putada también, la verdad sea dicha, cuando el camino se torna así de doloroso, a veces extremadamente doloroso. Pero, de alguna forma u otra, es la senda a recorrer. 

Recibir un parcial de 0-14 para perder una final que, supuestamente, nadie te había invitado y que el adversario tenga que ganarla con la piel de los dientes, es para tenerlo grabado toda una vida. Y aquí entra de nuevo lo desconcertante del deporte: maravilloso es que tal crueldad no sea un hecho aislado, sino travesía y peaje para toda la gloria que vendrá después. La pena es que ante “el destino debe un oro a esta selección”, seguro que algunas componentes se caerán entre medias, como una cara B de un bello cuento con tintes de cierta injusticia. Pero el destino no debe nada a nadie. Simplemente que esta Selección Española es tan rematadamente buena que, por supuesto, auguramos un futuro de oro.

El Equipo Nacional femenino que se colgó la medalla de plata anoche, cuenta con el repertorio al completo de todas las bendiciones que tiene el baloncesto. Su calidad individual pone a prueba nuestra capacidad de sorpresa, siendo aún mejores de lo que un día supusimos y hasta soñábamos a años vista, eso que ya está aquí. Y su juego colectivo ha sido… ¿cómo es posible que un combinado tan joven, sin muchas ‘horas de vuelo’ juntas, tengan esta sincronización, esta perfección táctica y sapiencia para ser entre todas un solo elemento? Pues por la calidad intrínseca de sus componentes. Aquí sí, la medalla de oro para todas las personas que han sido parte de la formación de cada una de ellas. Es muy difícil jugar tan bien como lo han hecho. Es extremadamente complicado superar a equipos que, en algunas facetas, eran mejores. Y lo hicieron en cuartos, en semifinales y… en la final durante 39 minutos. 

Vamos a poner en contexto el epílogo del 0-14 que desgraciadamente cerró este campeonato. Paso a paso y poniendo en juicio de valor todo lo vivido. Hace unos días, afrontábamos los cuartos de final ante la República Checa.

SIN IYANA PERO… 19 DE 19

De las notables bajas que se sabía que echaríamos de menos, pero intentando retrasar lo más posible el echarla de menos, Iyana Martín debe ser ingresada por un problema intestinal. Fuera el susto inicial, se confirma su baja para el resto del campeonato. Al galope de la base Eliska Hamzova, corriendo y anotando todo lo que le llega a sus manos, el “día D” (porque, pase lo que pase en un campeonato, los cuartos de final siempre serán el “día D”) se empieza jugando incómodas y menos mal que los inicios de Alba Torrens han sido excepcionales, poniendo la calma a base de anotar y con ello, sostener al equipo en pista. Eso lleva a un segundo cuarto en el que apreciamos -casi admiramos- el juego coral de las checas: qué maravilla de técnica individual, cómo pasan el balón, cómo aparecen desde el otro lado para recibir y anotar… Y en este tipo de torneos, lo de ser espectador se queda para los aficionados, no para las rivales. 33-44 al descanso, intentando sacudirnos algo que nos iba empapando como una convicción: ellas son mejores. 

Así que, mucha más dureza en la segunda mitad y cuando la intensidad subió, el mundo ya no era tan de colores en las checas. Y fue cuando apareció una jugadora que apenas jugó minutos en la fase previa. Aina Ayuso dio todo lo que la Selección necesitaba: dirección en pista, mucha verticalidad entrando a canasta y suspensiones mortíferas (20 puntos), junto a una intensidad defensiva, sobre todo presionando a las exteriores checas, llave para su apagón ofensivo, exceptuando a su compañera de club, Petra Holesinska, de Hozono Global Jairis, que siguió anotando (23 puntos, con 4 de 7 en triples), y mantuvo las aspiraciones checas hasta el final. Que una jugadora como Aina Ayuso, que dispuso previamente de 32 minutos en los 3 partidos de la fase previa, sea capaz de erigirse el estandarte exterior, habla muy bien del combinado español al completo.

Y Raquel Carrera. Olvidados sus problemas de tobillo, la agresividad y la superioridad que constató ante las pívots rivales, asumiendo que en la zona estaba gran parte del éxito, se tornó decisiva. Porque como la maestría dictaba en otros tiempos, los partidos también se ganan forzando faltas. Y yendo a la línea. 19 de 19 tiros libres el algo que no hemos visto en el baloncesto español femenino en ningún campeonato grande de selecciones. Solo el 21 de 21 de la croata Danira Bilic ante Ucrania en el Eurobasket checo de 1995 supera el número de tiros libres intentados en un partido, sin fallo alguno. Hay que ser muy buena y estar muy centrada para anotar 19 tiros libres consecutivos en un partido, sobre todo si con ello manifiesta su superioridad y se desnivela la contienda. Las continuaciones a los bloqueos que hizo, de antología. Una media vuelta en suspensión de Paula Ginzo, muy particular en ella, en el momento de la verdad, acabó sentenciando el partido (88-81)

A LA FINAL ANTE LAS FAVORITAS FRANCESAS

Francia, aun teniendo bajas, pero no tan marcadas como nos quisieron pintar (6 de las ganadoras de la plata olímpica el pasado verano representaron a su nación esta semana en Atenas), junto a Bélgica eran las grandes favoritas al oro. Francia es mejor que España en muchos aspectos, siendo sinceros. 

Nos superaban en el uno contra uno por condiciones atléticas y, por la movilidad de sus jugadoras altas, también en el dos contra dos. El problema era serio para detenerlas. Aparte de su estatura en general y su rapidez, a la Selección Española no le valía su juego de cortes y “puertas atrás”, porque se anticipaban a todos, ni tampoco la receta de Raquel Carrera recibiendo balón tras bloqueos, porque estaban alertadas y muy bien defendida. Ante tal panorama, desde el primer minuto sí que las nuestras se emplearon muy bien en defensa, Intercambiando individuales con defensas zonales, dando mordiente con la presión a toda cancha y replegándose muy bien para defender en estático (algo que se fue mejorando a lo largo del torneo). 

Daba igual que nos ganaran el rebote por 8 de diferencia o que producto de sus rechaces en ataque nos anotaran 17 puntos. El caso es que Francia basó sus armas en el tiro exterior y comenzó a enloquecer lanzando triples sin ningún acierto. Vale que eran buenas posiciones y que, si algo que había que sacrificar en defensa para poner el foco en otras cuestiones, era en sus triples. Un encuentro que tenían dominado entre 5 y 9 puntos de diferencia, con su locura de triples, comenzaron a perder tal superioridad. Oigan, que 5 triples de ¡30 intentos! no so poca cosa. Y es que seguían insistiendo como única receta. Las españolas lo intentaron en 12 ocasiones. 

Mientras, nuestra defensa daba réditos. Si no se dominaba el rebote, al menos sí se cortaban balones (21 puntos a causa de pérdidas francesas) y se anotaba. Que todas eran importantes visto que Carrera no podía ser esta vez la salvadora. Curiosamente, quien se erigió como la mejor esta vez, fue la figura de alguien de lo que las francesas no disponían, contundencia bajo los aros. Aquí se impuso Awa Fam. Absolutamente formidable (21 puntos, con 10 de 14 en tiros de campo), sabiendo sacar partido en el poste bajo con su gran juego de pies y complementando con 9 rebotes. Para cuando las francesas se sacudieron y salieron de su locura de triples (es que anotaron 8 pírricos puntos en el tercer cuarto), jugando con mucho más orden en el último período, las españolas tuvieron la templanza para saber martillear en los momentos decisivos (dos triples de Awa Fam y Elena Buenavida) y un final apretado donde los tiros libres acabaron dictando sentencia… fallando Iliana Rupert, con el reloj a 0, el segundo tiro libre que significó la victoria a España (65-64).

UNA FINAL PERFECTA… DURANTE 37 MINUTOS

Bélgica tuvo 07:32 minutos el liderazgo en el marcador. 29:31 las españolas, que explica muy bien cómo fue la final. En mitad del sueño, de la emoción por estar donde casi nadie ponía a nuestro Equipo Nacional, toda una finalísima, había que disputarla y, por qué no, ganarla. La tranquilidad, el oficio, la lectura que se fue haciendo en jugadoras tan jóvenes de lo que hacer a cada momento ante Bélgica, que hoy día son inabordables en el baloncesto europeo, era de chapeau. De quedar campeonas. 

Sí, inabordables… pero con un núcleo que consta tan solo de cinco jugadoras. Cinco que jugaron más de 30 minutos en la final y exceptuando Mununga, nadie más jugó más de 10 minutos. Poseen las pívots más dominantes. Junto a la contundencia de Kyara Linskens se une la mejor jugadora europea en la actualidad, la veterana Emma Meesseman (MVP del torneo), cuyo entendimiento entre ambas, puede aniquilar cualquier equipo, de forma individual o conjunta. Sobre todo si tienen a alguien que les puedan surtir de buenos balones. Julie Allemand no estuvo en los pasados Juegos Olímpicos por lesión y fue clave para que no lograran medalla las belgas. En esta ocasión, con 19 puntos, supo distribuir y sacar ventajas y anotar los tiros en los momentos más decisivos. Nuestro seleccionador, Miguel Méndez, sabía de los poderes interiores y por primera vez usó un trío interior en el cinco inicial, con Fam, Carrera y Torrens. Y fue muy bien, porque las nuestras igualaron la faceta reboteadora, entre otras razones por la impagable labor de las exteriores en este aspecto.

Si España ganaba, era por pura profundidad, que muchas jugadoras sepan hacer y muy bien de todo. Y con ello sí se contaba. Y a pesar de la escasa anotación, Aina Ayuso volvió a brillar sin quejarse de su tobillo, Paula Ginzo jugó con su maestría habitual en un terreno en el que las pívots belgas no llegaban, la media distancia y destacar otra jugadora que lo ha hecho francamente bien: Helena Pueyo mostró muñeca, templanza y saber anotar en momentos importantes. Precisamente la tranquilidad en los minutos claves contrastaban con la desesperación belga que no veían la forma de romper la defensa española, que volvió a tener como aliado el desacierto en el triple rival (6 de 22). 

Y en esa medio crispación, medio impotencia belga, Helena Pueyo roba el balón y anota una bandeja que deja el marcador en 65-53 a falta de 02:56. Lo que vino después, el 0-14 de parcial, es terriblemente doloroso. Pero no todo fue mal. Hubo buena selección de tiro, pero se falló. Más adelante sí que un tiro de Awa Fam con la posesión acabada llegó por un mal ataque colectivo y pasar a la pívot el balón fuera de posición y con la posesión agonizando. Y unas pérdidas de balón que mejor no acordarse. O sí, porque esto hay que sanarlo. 65-66 y medalla de plata. 

Mariona Ortiz lloraba desconsoladamente, ella como veterana, siendo junto con Alba Torrens, las protagonistas de la última pérdida (indecisión de Torrens al recibir por el temor a infringir un campo atrás, pues venía de campo propio), como prácticamente todas. Es una sensación casi insoportable, pero subieron al pódium porque había que mostrar la hazaña de una plata. Iyana Martín, cual niña, miraba la medalla con curiosidad. Y sonrió. Y ese momento de felicidad infantil lo hemos tenido los aficionados durante una semana y pico con todas ellas, gracias a todas ellas. De ver que el baloncesto es algo bonito y bien jugado, es embaucador. Y como había aficionados y familiares enfrente, rendidos ante ese mismo sentimiento, sí pudieron lograr sentirse orgullosas de estar sobre ese pódium, de enjugarse las lágrimas en las triunfadoras. De una plata que traerá alegría en su recuerdo, que solo es cuestión de tiempo.

Alba Torrens fue de las más enteras. La gran veterana sabe porque ha vivido de todo. Y recuerda una derrota ante Croacia en 2011, que dejó a España fuera de cuartos de final y, por lo tanto, fuera de la cita olímpica de Londres 2012. Esa lección llevó a la plata en el próximo Mundial turco de 2014 y en los Juegos Olímpicos de Río 2016, el mayor éxito de nuestra historia. El joven grupo humano junto con el cuerpo técnico que rodea a la alero mallorquina en la actualidad, puede ser mejor que cualquier otra generación. Sin miedo, nos aventuramos a decir que es un futuro de oro… que quizás debía pasar por esta plata. Eso sí, plata de ley.

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