UNICAJA, ¿ES AHORA EL MOMENTO?

Cada vez entiendo más la pataleta de Juan Toscano Anderson. Porque eso era una pataleta, yéndose por peteneras ante unos tipos de los que, sí puede ser que algunos les conocía de sus tiempos universitarios, pero que aquello de “Unicaja” le sonaba a chino mandarín. Y estamos convencidos que fue, al margen de rival, un espectador más incapaz de abordar el ataque de los hombres de Ibon Navarro. Espectador, con el improperio que ustedes elijan en el “qué bien juegan estos…”.

Campeones de la FIBA Basketball Champions League nuevamente, con la misma frustración para el adversario que Toscano Anderson entonces. Porque cuando Unicaja gana títulos, lo hace con superioridad. Sin miramientos ni opciones de reválida. Así lo mostró al Real Madrid en la Supercopa y en Copa del Rey, así lo padecieron los anfitriones de AEK Atenas y los turcos del “Galata” en esta última Final Four europea. 

Es repetir durante tres años ya con un bloque haciendo más de lo mismo, pero en la travesía retocando, perfeccionando. A cada temporada, añaden un arma más. Este año sobresale el rebote ofensivo de Tyson Pérez. Todo coordinado, todo en su timing perfecto, con un guion perfecto sin dudar en sus diferentes variantes que el juego les plantea. Parecen programados. Es maravilloso. Y es cuando hay que preguntarse “y ahora ¿qué toca?” ¿Es este el momento, la hora de la verdad?

Decir la “hora de la verdad” puede quedar hasta menospreciativo para los malacitanos. Pueden confesar -y con razón- que llevan tres temporadas consecutivas con esa “hora de la verdad” ganadora, avasalladora en según qué casos como para evaluar, a partir de este momento, sus posibilidades. Pero tienen delante otro capítulo, puede que el más difícil de todos por ser el último.  Aquel que el año pasado y tras un curso ejemplar, se frenaron contemplativos delante de un muro demasiado alto, medio intuyendo lo que había al otro lado, sin disfrutarlo.

 UCAM Murcia fueron más gigantes que molinos el pasado junio, alzándose con la final. Y les decepcionó. Y tomaron nota de ello porque les pinchó el amargor de la rabia por no llegar donde parecía estar escrito. Como si el “fuel” de un videojuego se agotara de repente, sin previo aviso. Con profesionalidad, pero sin fuerzas, “el chasquío” en el corazón de los jugadores hace 11 meses fue grande, aunque la afición se rompiera las manos a aplaudir, mostrándoles gratitud por lo vivido y por “volvemos el año que viene”. Y compitiendo y disfrutando de los logros de esta 24/25 que lucen en las vitrinas, es como si tocara afrontar el camino que todos deseaban a mediados del junio pasado y de aquella promesa a la que su afición les emplazaba. Ahora, en este momento. 

Cábalas en el calendario del cuerpo técnico, rotaciones a cada partido y proyecciones a largo plazo para verse en mayo con lecciones aprendidas. Jugadores que tomaron nota de tal experiencia, cuando partían como campeones de liga regular, incluso teóricamente favoritos, recomponiendo y anotando correcciones de aquellas vivencias. Unicaja parece “un poco más” en todo: más físico, más sincronización (si cabe), más energía, más “resabiaos”, que todo cuenta. Independientemente que sean cuartos en liga regular en la actualidad, que haya tres por delante y otros cuatro por detrás amenazantes, el que no hayan tenido flaquezas ni irregularidades más que alguna derrota de manera puntual, lógico en toda competición, les haga mirarse unos a otros más confiados, mientras se ajustan corazas de cara al Playoff del que quedan poco más de dos semanas. 

Sí que muchos, frustrados en el vestuario por no haber sido capaces de dar una alegría a su afición en ninguno de los tres partidos de las semifinales ante los murcianos, les hubiese encantado emplazar a los suyos inmediatamente a estas fechas. La rabia por la decepción tiene estas cosas. Bueno, pues llegó el momento y quien más, quien menos, tiene la duda sobre la cabeza de hasta dónde puede llegar Unicaja en el próximo mes y medio. En jornadas en las que el límite fue el cielo, junto con otras en las que “hoy no toca” como en Manresa, todo -o casi todo- se olvidará cuando vean los emparejamientos y el balón del Playoff empiece a rodar, pondrán el cuenta kilómetros a cero y, como acicate motivacional, haber vivido el año pasado lo que no esperaban. Lo mismo ahora les toca disfrutar lo que muchos sí -y de verdad- esperan.

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