30 AÑOS DEL “NO TRIPLE” DE MICHAEL ANSLEY (y 2ª parte)

A la mañana siguiente del cuarto encuentro (que hay que contar aún), el aficionado malagueño se levantó enterándose del incidente acaecido la noche antes, a la retirada de los vestuarios a la finalización del partido. Antonio Jurado, fisioterapeuta de Unicaja, recibió un puñetazo por parte de Quique Andreu cuando el primero le quiso sujetar, al revolverse el jugador hacia unos aficionados que le habían agredido. Resultado, un pómulo dañado y la pólvora candente en declaraciones cruzadas por unos jugadores que fueron los únicos testigos en el pasillo. “El baloncesto es para gente noble” declaraba Alfonso Reyes “y hay un tipo llamado Andreu que no lo es y que va por la vida soltando codazos a diestro y siniestro”. Salvador Alemany, director de la sección de baloncesto del club azulgrana, se anticipó a aclarar que “el jugador dice que le han agredido por la espalda y sólo ha devuelto la agresión”. Antonio Jurado, el afectado, intentando calmar el ambiente, templaba con un “lo único que hice fue cogerle de la camiseta y decirle que no hiciera caso, que no se parara. Entendería otra cosa y me propinó un puñetazo. Pero no me gustaría acaparar la atención por esta historia”.

Ahora sí, vamos al día “D” a la hora “H”. 

EN MÁLAGA, PREPARADOS PARA EL ALIRÓN

Tarde de jueves, día de partido. De “el partido”. El de la vida de algunos, el del sueño de muchos. Con un ambiente que ya pueden imaginar en el Ciudad Jardín, donde a sus 4000 espectadores de aforo se les unieron 1000 más, jornada en el que el actual Martín Carpena se hubiese quedado pequeño, la panorámica del pabellón resultaba espectacular. El ahora o nunca de la ciudad. Todos los aficionados al deporte en este país eran conscientes del bombazo que podía suponer la victoria de Unicaja y su consiguiente título de liga. Entre esa sofocante atmósfera, el F.C. Barcelona se aprestaba a competir y, ganar o ser protagonista -negativo de una de las mayores sorpresas jamás dadas. Nacho Rodríguez, Sergei Babkov, Manel Bosch, Michael Ansley y Kenny Miller fueron los componentes del quinteto local. José Luis Galilea, recuperado en la titularidad del primer choque, se alineaba junto a Xavi Fernández, Corey Crowder, Darryl Middleton y Mike Peplowski. Y para empezar, brochazos diferentes: Xavi Fernández, inédito con 0 puntos en el tercer encuentro (jamás se había dado desde que vestía de azulgrana), era el primero en anotar a los 4 segundos de juego. Algo había cambiado.

El triple de Ansley que vuela ante Middleton
El triple de Ansley que vuela ante Middleton

Y los cambios siguieron, porque fueron los azulgranas quienes tomaron el dominio inicial en el marcador, mientras que el estandarte local resultaba ser Michael Ansley, con 11 de los primeros 15 puntos del equipo. Miller no aparecía en ataque, pero sí Sergei Babkov, más suelto y afinado ante la marca de Jiménez que en días precedentes, puso la primera delantera de los malagueños con 22-21. Corey Crowder parece funcionar en el tiro y Aíto sitúa en cancha a su quinto hombre alto en discordia, Ferrán Martínez, que había jugado menos minutos de todos en la final, para que sea un componente diferente y factor determinante. Y lo fue, lo fue. Dos triples suyos consecutivos sitúan el electrónico en un preocupante 26-34. Imbroda pide a Ansley que se haga con su marca, pues si iba a decidir desde fuera, prefería que fuese suya la asignación a la de Kenny Miller.

Los andaluces aprietan la defensa y emana el talento ofensivo de parte de los representantes de la tierra, en esta ocasión en la figura de Gaby Ruiz, como orgulloso sello del equipo. Unicaja tenía un plantel forjado en casa a muchos de sus componentes: Nacho Rodríguez junto a los jóvenes Gaby Ruiz, Dani Romero, Curro Ávalos, Ernesto Serrano o Ricardo Guillén. Todos, factoría malacitana. Y Ruiz era un talento destinado a grandes cotas. Entraba a canasta con gran facilidad, marcando los pasos y tiempos perfectos y crucificaba desde el 6,25. Con un triple suyo al filo del descanso hace estallar el Ciudad Jardín, celebrando un parcial de 9-0 en los últimos 03:36, que vuelve a situar a Unicaja por delante 37-36. Remataron Ferrán Martínez con un dos más uno y una canasta de Michael Ansley sobre la bocina, para retirar las huestes al vestuario con un empate a 39.

 La segunda mitad arranca como si fuera un espejismo de lo que posteriormente fue. Como augurando que eran los últimos 20 minutos ligueros, ambos conjuntos rivalizaron en una ida y venida de aciertos en ambos lados de la pista, donde los locales sacaron mejor tajada (47-41 y 49-43), con los aficionados de Unicaja viendo que aquello tomaba mejor cariz. Lo dicho, un espejismo.

A partir del minuto 27, el cansancio producto de un cuarto partido en siete días, irremediablemente comienza a hacer mella, más acentuado en los locales. No era lo mismo utilizar 8 hombres habituales, que hacerlo con 10 que usaba Aíto. Y a estas alturas, se nota. Xavi Fernández con un triple, vuelve a aupar al F.C. Barcelona al liderazgo (49-50) en los peores momentos ofensivos malagueños y los mejores defensivos barcelonistas. Tres robos de balón en cuatro posesiones, hacen que los visitantes tomen el mando (49-54), también psicológico al encuentro. Restaban 10 largos minutos.

Uno de los escasos recursos en el equipo entrenado por Javier Imbroda ante tan farragosos ataques, era Michael Ansley y sus tiros libres. Ansley, que a esas alturas había acumulado 25 puntos, es quien más muestras da de cansancio. Pero el americano era muy consciente que debía aupar a los suyos cuando venían mal dadas. Dos contra unos permanentes y entre fintas, pivotes y más fintas, forzaba faltas. Porque Ansley forzaba faltas. Muchas. Su meta era la línea de tiros libres. Buenos maestros debió tener para atesorar ese talento en un hombre interior tan bajito, tachado con sobrepeso, con unos recursos ofensivos fantásticos, al que le inculcaron que el tiro que más veces ejecutaría a lo largo de su carrera, sería el tiro libre. Y allí que se encaminaba una y otra vez. ¿Fallarlos? ¿Estamos locos? Repetimos su filosofía: el tiro que más veces ejecutaría a lo largo de su carrera. Errarlos era un lujo que no se podía permitir. 35 veces viajó a la línea del 4,60 en los dos encuentros de Málaga. 30 aciertos. Se antojaban como la única salvación en los momentos más apurados para los suyos. Se acercaron a un 54-56.

Ferrán Martínez, el jugador sobrepasado por la dureza física en los tres encuentros previos, se erige paradójicamente como el salvador azulgrana. 20 puntos con 8 de 9 en tiros de campo y, a falta de 05:23 para el final, vuelve a dar una diferencia casi decisiva, anotando el 56-66. Dos triples consecutivos de Manel Bosch y Sergei Babkov, dan un pequeño hilo de esperanza local: 66-71, a falta de 03:25. 

Ferrán Martínez, decisivo en el cuarto partido.
Ferrán Martínez, decisivo en el cuarto partido.

Fue en ese preciso momento cuando el partido se paró, porque José María Aguilera, el médico del club azulgrana que ocupaba el banquillo, quejándose de un golpe, quedó inconsciente y debió ser retirado conmocionado a vestuarios. En mitad del frenesí, mientras unos pensaban que era un truco para parar el juego, pues el médico de Unicaja que le atendió, juraba que no tenía ni herida ni contusión en la cabeza, Aguilera confesaba que algo plano le había golpeado en la nuca, semejante a un mechero. El delegado de campo, también tomaba su interpretación particular, que se hubiese dado con el respaldo del banquillo, plano y de madera en un gesto, eso sí, ciertamente extraño. Una locura que se zanjó con la curiosa imagen del agredido, de ser retirado en brazos por el fisioterapeuta del club, cual niño llevado a la cama.

Michael Ansley anota un triple (73-76) a falta de 01:43 y una rápida canasta de Nacho Rodríguez tras tiros libres de Ferrán Martínez, aprieta aún más el electrónico (77-79) cuando restaban tan sólo 37 segundos. El pabellón Ciudad Jardín y los 6,6 millones –recuerden- de aficionados delante del televisor, con el corazón en un puño. Y más aún, cuando a falta de 20 segundos, el propio Rodríguez hace falta sobre Salva Díez y éste falla los dos tiros libres, para que Kenny Miller en la captura del rebote, dé el balón directamente a Michael Ansley.

EL TRIPLE DE ANSLEY

El balón no fue a ningún base, el balón no cayó en manos de alguien que pudiese dirigir aquella última jugada en los 20 segundos que restaban, sino que lo hizo al único hombre capacitado para decidir la contienda y jugársela en ese momento, al general en campo. El tipo que había anotado 36 puntos dos días antes y llevaba 38 ya aquella tarde. Michael Ansley se iba acercando andando, botando el balón entre sus piernas, marcado por Darryl Middleton que veía en su rival no importarle que los segundos se fueran diluyendo.

Michael Ansley no sabía de tradiciones en este país. No entendía que el Barça era el acaparador de títulos, ni de novatadas de su club ni de historia que pesase. Él sabía que tenía el balón en las manos para ganar un título, para dar la gloria a Málaga. Y también entendió que en las condiciones en las que estaba él y sus compañeros, no aguantarían una prórroga. El 77-79 en el electrónico hacía tomar una sola decisión: jugarse un triple. Viniendo de él, de un hombre alto, aprovechando el factor sorpresa, ejecutaría en persona tal gesto. Y efectivamente, a falta de seis segundos, se levantó e hizo volar el balón desde 7 metros. Si la Liga Endesa tuviera que elegir una silueta de un tiro, el más famoso, el más recordado, sería la estampa de Michael Ansley. Su mecánica, el marcaje de Middleton, la trayectoria del balón por el aire y el silencio que delata que las emociones tiemblan y el tiempo se detiene. Porque se detuvo.

El triple de Ansley… que no entró. No entró. Gritos y chillidos una vez golpeó el balón en el aro y salió rebotado. Todos fueron por él y quien lo capturó fue Corey Crowder, objeto de falta personal cuando restaban algo más de dos segundos. Anotó solamente el segundo y a falta de un segundo, Ansley nuevamente fue objeto de falta, que tampoco sirvió de mucho pues falló el primer –y único- tiro libre en la tanda de dos, imposibilitando cualquier intento de empate. Anotó el segundo tiro libre y el partido finalizó con el definitivo 78-80.

Darryl Middleton lanzando en suspensión
Darryl Middleton lanzando en suspensión

A Barcelona se viajó con una mentalidad muy distinta entre ambos contendientes. Bien es cierto que Unicaja volvió a irse al descanso por delante en el marcador y que aguantó 30 minutos el choque. Pero los azulgranas sabían lo que estaba en juego y se llevaron el triunfo (73-64) y el sufrido título liguero en un claro homenaje al ídolo, Juan Antonio San Epifanio, que con el último minuto jugado de aquel partido –el único momento jugado en toda la serie-, se despedía de la práctica del baloncesto en activo. El Palau se rindió al que, posiblemente entonces, había sido el más grande. Se retiraba entre toda esta ola, una leyenda.

El F.C. Barcelona se proclamó campeón, pero Unicaja abrió la puerta de lo que iba venir después. Caja San Fernando, Tau Cerámica, TDK Manresa, Pamesa Valencia, Adecco Estudiantes, Bilbao Basket, el propio Unicaja, UCAM Murcia. Todos estos se asomaron posteriormente a la final de liga y algunos ganaron el título. Ya no era cosa de Real Madrid, F.C. Barcelona o Joventut. Este fue el legado de los malagueños, de aquel triple de Ansley tan mitificado, a su pesar. “Pero… ¡si lo fallé!” exclamaba el protagonista cuando visitó Málaga 25 años después y fue homenajeado. Pensábamos que en sus manos tenía la opción de cambiar la historia. Lo que no imaginamos por lo que vino después, que efectivamente, cuán estruendoso fue aquel cambio.

Carlos Toro, en una magnífica columna en la revista GIGANTES DEL BASKET, titulada “Una ventana a la osadía”, relató la sensación de aquella final de una manera tan certera, que servirá como epílogo para este artículo:

“Algunas veces, muy pocas, las crónicas deportivas giran alrededor del vencido. Quizá no sea lógico, pero sí justo. El vencedor, paradójicamente, se convierte en un actor secundario al que, podíamos decir irónicamente, no le queda más que la victoria. En doscientos minutos llenos de acontecimientos decisivos, el triple de Ansley simboliza a la vez, la muerte de los sueños y la obligación de fomentarlos. En otras palabras: el perdedor ha vencido”.

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