Fue como la firma de un contrato cuando ambas partes están satisfechas: equipos más afición. Como un viaje en la más loca montaña rusa. Como el abrazo de un matrimonio recién avenido, al fin, en la playa de sus sueños o un espectador al final de la película que se arranca a aplaudir porque le sale tan de dentro, que no lo puede evitar. El Martín Carpena y todos sus “tripulantes” (porque esta nave puede llegar a los confines del universo), rendido a las sensaciones de dos horas sublimes en la tarde del domingo.

¿Fue para tanto? Por supuesto que sí. Como un ejercicio para recordar y confirmar, aquí va este Decálogo de por qué podemos ser dichosos viendo un partido así.
1.- Récord de triples. Fue una auténtica locura entre los malagueños, pues no ya el récord de 23 triples en un partido (superando en uno la anterior marca de Valencia Basket), sino que 43 intentos para ello, ensalzan la epopeya (53,5%). Independientemente que Unicaja jugara contra una zona rival el mayor número de minutos de este año, el nivel de éxtasis les elevó, por momentos, al séptimo cielo.
2.- Dylan Osetkowski, todo piel. Miren, aquí no vamos a valorar la rumorología sobre una sanción que si llega y con premura o no. Simplemente vimos un jugador que quiso empaparse de sensaciones, de todo lo que le rodea en su día de partido. Perdía la mirada, un metro detrás de sus compañeros ya en el corrillo, mientras el templo verde cantaba, a todo lo que daban las gargantas, el himno del equipo. Saberse partícipe de un lugar privilegiado sin pensar en lo que deparará el futuro. Y él, fuego en la mirada, el primero en dar martillazos, una y otra vez, a los triples locales para cimentar el récord. Lograr 5 de sus primeros 6 intentos y situar el marcador en un 42-39 (llevaba a esas alturas 17 puntos, para 22 y 6 de 7 al final), como finalizador de un juego de circulación preciosista, como si el balón fuese teledirigido. Osetkowski era el encargado de dar el penúltimo acorde, el finalizador de la jugada con su muñeca y su convicción. El acorde final venía con la explosión del público.
3.- Tavares… lo que hace el trabajo. Con la decisión de no convocar entre los 12 finales a Facu Campazzo, la labor de Walter Tavares se multiplicaba. La barbaridad de ver al inicio del segundo cuarto, la estadística de 14 puntos en la zona por los jugadores del Real Madrid (frente a 2 de los malagueños) cuando el marcador indicaba un 21-25, llega de las manos de alguien determinante, que asume su etiqueta de la obligatoriedad de ser importante, determinante. 10 puntos al descanso, inicialmente insistiendo desde poste bajo, porque él tiene la potencia y la coordinación (años y muchas horas de trabajo hay tras ello) como para recibir y sacar su repertorio de ganchos con la derecha, retar a la sensibilidad de su mano izquierda de repetir el mismo gesto, de ser impetuoso por un segundo esfuerzo y capturar el balón tras su error, de poner toda la potencia en sus piernas para arrancar hacia el aro tras un bloqueo, asumiendo que en los siguientes segundos recibirá un pase rodeado de contrarios que tendrá que atrapar. Repetimos: obligatoriedad manda. En la primera mitad, Edy fue la palabra de fe en la zona blanca. Que sí, que encajaron una riada de triples, pero al descanso se fueron 48-46 tan solo porque, entre otras cosas, negaron cualquier circulación por la zona. Tavares rules.
4.- El salvaje mate de Tyson Pérez. Por ello damos tanto valor al mate de Tyson Pérez cuando tras dar un fallido pase que, de forma imprevista, cayó de nuevo a sus manos, giró y vio el camino expedito hacia el aro. Sabía que Tavares estaba por allí, pero no le importó. Todo el instinto más salvaje, la convicción absoluta entre él y el aro. El intento baldío del caboverdiano del Real Madrid por frenar la acción multiplicó la belleza del gesto de Pérez, que golpeó estampando el esférico contra las redes como golpea en las posibilidades por hacerse con minutos y protagonismo ante los dictámenes de Ibon Navarro entre el repertorio de su plantel. En el Carpena estuvieron avispados y ofrecieron en el videomarcador las repeticiones televisivas para que todos se deleitasen con tal obra. Martilleante. Sigue siendo el mejor reboteador ofensivo por minuto jugado de toda la liga. El hispano dominicano tiene hambre y sabe que está en el lugar y en el momento.
5.- La explosión de Tyson Carter. De un Tyson a otro. De un peso pesado que golpea una vez y noquea (hasta llegar a lo más alto de las mejores jugadas de la jornada) hasta un peso pluma que golpea una y otra vez sin descanso. Lo de Tyson Carter en ataque fue la exhibición de uno de los mayores talentos de nuestra Liga Endesa. Contaba con un solo triple y 3 puntos al descanso. En la 2ª mitad, la fantasía de un tipo imaginativo que se sabe el rey de la media distancia con un balón en las manos, de no tener límites a campo abierto, como para convertir 13 puntos en el tercer cuarto, 24 finales y… luego seguimos, que el epílogo es suyo.
6.- El encantador juego táctico de Chus Mateo. Entre tal plantel en el Real Madrid, es injusto no valorar el trabajo y decisiones de su entrenador, Chus Mateo. Hacía mucho que no veíamos tantos minutos a un equipo en zona (toda la primera mitad y gran parte de la segunda), probatura para lo que dicte el futuro y, por supuesto, para ganar este partido. Hay que estar convencido para ver cómo a un equipo le cosen a triples, encajando un porcentaje de locura y saberse seguro de lo dictado, sin dudar. Y si lo hizo, para nada se notó. Porque todo lo que no fuese ese juego, lo tenían controlado. Era cuestión de retoques y subir líneas arriesgando. Porque hay que arriesgar. El juego de Unicaja, con tal apertura en su juego, es decidir si hay que defender apostando por un objetivo u otro. Es la grandeza en el planteamiento de Ibon Navarro con la habilidad que tiene en sus exteriores: las ventajas que generan hacen crear siempre dos receptores del pase en óptimas condiciones. Y la defensa madridista apostó por algo que, con variantes, a la larga les salió bien.
¿Variantes? Y con todos los riesgos, oigan. Porque el jugador más determinante del partido, Tavares, no jugó más que en los segundos finales en todo el último cuarto. Chus Mateo asumía que lo que necesitaba en ese período, era movilidad, restar eficiencia en el exterior con cambios y que los grandes en pista del Real Madrid saliesen sin miedo hasta el mismísimo infierno con tal de obstaculizar triples rivales. Y apostó por Mario Hezonja y Usman Garuba, que se pudo marcar este último en productividad (que no es lo mismo que estadísticas) su mejor partido como blanco en esta campaña. Y en ataque, su afán por el rebote ofensivo (hasta 13 capturas ofensivas de los visitantes, para un total de 42 rebotes. Una barbaridad comparado con los 28 de Unicaja), les valió tener el partido abierto al final, aunque la riada de triples no disminuyese.
7.- El tormento y el éxtasis del Carpena. La locura del último cuarto, de la remontada del Real Madrid con un parcial de 3-15 para situarles por delante en el marcador (91-93) y seguir apoyando. A un triple de Dzanan Musa le sigue otro de Alberto Díaz que es continuado por otro de Mario Hezonja. Es la paranoia del Martín Carpena, recinto y afición que son uno de los mejores ejemplos en Europa que representa, que lo que sucede durante tres horas entre sus paredes, es una fiesta. Y que toca disfrutarlo. Y cuando el juego se convierte en una chiflada sucesión hipnótica de belleza, todos se rinden a ella. Y es éxtasis y tormento cuando afecta a sus intereses. Pero bendito tormento. La Liga Endesa en su conjunto os lo debe agradecer.
8.- Actor secundario Bob. O Xavier, o Melvin o Andrés. Porque en plantillas tan profundas y de tanta calidad, ellos debían en situaciones puntuales que sostener y mantener. Como lo hizo Melvin Ejim, jugador sin discusión con más protagonismo en otro club y que aquí, asume su rol y se marca ser figura importante cuando le toca. Como lo fue Xavier Rathan Mayes. Aparece en el minuto 27 por primera vez en el partido, después de no jugar en liga desde el pasado 2 de febrero. Fundamental, con seguridad, anotó una entrada con tiro libre adicional en el último cuarto, en minutos trascendentales de la remontada blanca.
Como Andrés Feliz, ausente Campazzo, no podía eludir responsabilidades. Y miren que se le critican sus despistes y falta de concentración y tablas en defensa. Sin embargo, en la jugada decisiva, supo aguantar el uno contra uno a la entrada de Tyson Carter y colocarle un tapón y, tras larga revisión arbitral, dar el balón al Real Madrid, cuando tan solo restaban 44 segundos y 99-104 en el marcador. En los momentos en los que Carter parecía indefendible.
9.- La resolución de Dzanan Musa. Animal herido, incluso por encima de la satisfacción de la victoria del Real Madrid en el Gran Canaria Arena, el 0 de 4 en triples y su escaso acierto, mostraban un Dzanan Musa disgustado en un carácter de los que no concibe fallar. Volvieron los fantasmas del 10 de 29 con el que cerró 2024 a lo largo de este curso. Desde aquel día, 9 de 11 en triples en 3 partidos, culminado por un 3 de 4 en el Carpena. Y creándose alguno de ellos en desafío individual. Y robando un balón y marcándose un mate para dar el 94-98 y romper el orden pendular en el electrónico del “ahora tú, ahora yo” por el liderazgo. 24 puntos, 19 de ellos en la segunda mitad, 9 de 9 en tiros libres cuando tocaba temblar -o no temblar- en su caso. Arrebatos de estrella, madera de líder.
10.- Los irreverentes caprichos del destino. Porque, en el fondo, el destino es la fuerza más poderosa y tiene sus guiños y caprichos, jugando siempre con la tragicomedia. Porque Tyson Carter, emperrado en decidir el partido tras mantenerse sin tanto brillo por momentos en el último cuarto, decide que esto ha de ganarlo él. Benditos arrebatos de tipos autosuficientes que saben y pueden hacerlo. Su entrada a canasta con falta personal de Feliz, el 2+1 cuando parecía estar todo perdido (17 segundos y 100-106) les devuelve la esperanza y una última posesión de 7 segundos. Y un triple desde 9 metros para decidir… ese triple. El que encogió a todos. De dar el balón en el aro y viajar menos de un palmo hasta golpear en otra de sus “aristas”. ¡Que medio balón estaba dentro! La física, ecuaciones de masa, fuerza, velocidad, qué sabemos…El destino. Que repele ese balón que sube hacia arriba y que vuelve a caer en un “parece que sí”. Porque parecía que sí. Y otra vez vuelve a tocar el aro para salirse finalmente. Manos apretadas en la boca de los aficionados, sonrisa de Ibon Navarro que define todo mientras se encamina a dar la mano a Chus Mateo, manos en la cabeza de unos jugadores, resoplidos en otros.
Y en el Carpena, los miles de la marea verde, se vieron derrotados. ¿O no? De verdad, quedaba la satisfacción de lo que habían visto, sufrido y disfrutado. Convencidos. Sí, creemos que es la palabra: convencidos. Que fue un paseo por las nubes de dos horas. Una rúbrica que explica lo que tenemos. La Liga Endesa puede ser maravillosa.




