Todo el planeta ha girado la cabeza este fin de semana hacia la ciudad de Dallas. Nadie se ha quedado sin comentar EL TRASPASO. Así, en mayúsculas. Hasta el humorista Chris Gaffigan, durante la 67ª Edición de los premios Grammy, se permitió en ironizar al presentarse sin aviso entre el patio de butacas, con el micro cual maestro de ceremonias, papel que estaba desempeñando hasta ese momento Trevor Noah y espetó un “Durante el descanso… No sé cómo decir esto, pero Trevor Noah ha sido intercambiado… a los Dallas Mavericks” con el ulterior carcajeo de los invitados. Ya lo ven, todos quieren formar parte.

FICHAJES, FICHAJES
Ahora pongamos en foco en la Liga Endesa. Y no por lo que haya sucedido también este fin de semana, que a pesar de victorias curiosas y muy meritorias (que ya tocaremos, como la del BAXI Manresa en el Palau Blaugrana por segunda temporada consecutiva como algo a destacar), nada puede rivalizar con el traspaso de ese chaval que en un rincón de Vitoria nos maravilló a todos los presentes durante la Minicopa Endesa de 2013, especialmente en la final, cuando aún no había cumplido los 14 años. Pero sí nos ha dado por pensar en rivalidades que, más allá de las clásicas, se pueden ir formando a lo largo de la historia de nuestro baloncesto patrio hasta el punto de poner una marca roja en ellos a nada que leamos el calendario. Aquí no existen los traspasos como en la NBA, pero sí que alguien que vistiera una camiseta, luciese la de su más odiado enemigo (deportivamente hablando) a continuación, ha dado para calentar teclados, hoy de portátiles, antaño de máquinas de escribir.
Todos tenemos en la cabeza uno de los más recientes. Las sensaciones que provocó el fichaje de Nikola Mirotic por los azulgranas tras ser canterano del Real Madrid, demasiado marcadas quedaron. Dos Ligas y dos Copas acrecentaron su figura y convirtió en un hervidero de pasiones cada envite entre ellos, sobre todo en el Palacio de los Deportes madrileño. En los orígenes -o casi- de la Liga Nacional, que Lluis Cortés emigrara del Badalona que lo vio crecer (jugando en el Círcol Catòlic concretamente) para fichar por el Real Madrid a finales de la década de los 50, no sentó nada bien en la sacrosanta tierra de baloncesto badalonés. Al menos regresó más adelante para hacer un poco más grande al Joventut, con el que consiguió una Copa y una Liga para refrendar el clásico que dominaba nuestro baloncesto entonces, Real Madrid en Castilla y la Penya en todo Cataluña, títulos que por aquel entonces y debido al aplastante dominio blanco, se vendían carísimos.
Y reiteramos con la no existencia del traspaso a modo y forma USA, pero sí que lo más parecido que hemos tenido entre dos archienemigos fue el acaecido en el verano del 90 por el fichaje del “hombre de los 100 millones”, José Antonio Montero, adquirido por el F.C. Barcelona, mientras que en el Joventut, ávido de invertir los millones que le caían del patrocinio de Montigalá, fichó de los azulgranas precisamente, a Ferrán Martínez, que les dio un rendimiento más que notable, sobre todo en la noche de Tel Aviv, la jornada más grande de la historia verdinegra. El que la Penya conquistara ligas (única vez en la que logró dos consecutivas, en 1991 y 1992) y contara con la calidad de los hermanos Jofresa, Rafa y Tomás en la dirección, aplacó la inquina entre los aficionados verdinegros por la marcha de un talento como el de José Montero. Incluso en los banquillos tenemos en un brete a estos dos rivales. ¿O no recuerdan las ampollas que levantó el fichaje de Aíto García Reneses por los azulgranas tras dos años en el Joventut?
DE RIVALIDADES FORMADAS ENTRE EQUIPOS
Bien que asociamos a “El clásico” Barça-Madrid o Madrid-Barça de nuestra competición en fechas navideñas, al igual que un Baskonia-Real Madrid, toda una rivalidad de élite desde la década de los 90, se prodiga en la ciudad vitoriana en días pegados a Reyes. La propia historia de ambos nos ha llevado a enfrentamientos estelares desde aquellos cuartos de final de 1991.
Si los Barça-Unicaja tienen un color especial es porque desde un “no triple” de Michael Ansley que todo lo cambió, hemos venido disfrutando de actuaciones antológicas de Pau Gasol, triples de Pepe Sánchez… de todo. Hoy significan marcar en rojo nuestro calendario. El “somos el primer equipo de Madrid” tan crecido como chulesco en los mejores años de historia de Estudiantes cuando rivalizaba con Real Madrid, explican páginas de gloria a partir de los primeros 90, de Azofra, Herreros, Rickie Winslow y John Pinone, intentando encumbrarse delante de “la torre más alta de Madrid” como definía nuestro querido Andrés Montes a Arvydas Sabonis. Del romanticismo del “David frente a Goliat” a los enfrentamientos entre ambos nariz contra nariz, que en la década de los 90 comenzó a escribirse otro tipo de historia. Y ni que decir tiene tras el famoso decreto 1006 que todos nos aprendimos a raíz del fichaje de Alberto Herreros por los blancos. Situaciones que marcan un nuevo horizonte.
¿Nos ceñimos más al presente? El que emerjan poderes tan consistentes en la élite de nuestro baloncesto como Unicaja, Valencia Basket o últimamente, La Laguna Tenerife, hace que, como nos gusta en Endesa Basket Lover, nazcan rivalidades entre equipos que, en un momento puntual escribieran páginas ilustres de nuestra historia. Sí que hay un aroma de algo grande entre Unicaja y UCAM Murcia tras lo visto en la pasada semifinal liguera. No era la primera vez en la que veíamos una eliminatoria a 5 partidos en la que nadie fuese capaz de vencer en casa, tuvimos esa suerte en 2015, también en las semifinales entre Valencia Basket y Barça. Pero sí en esa forma inesperada, con los vuelcos que todo puede dar, la sorpresa de los murcianos saliendo con las manos llenas en el Carpena tras dos capítulos que nadie esperaba y las manos vacías tras salir de su recinto para encarar el quinto y definitivo encuentro y volver a triunfar. Algo difícilmente olvidable.
Unicaja, que parece encontrarse en casi todas las rivalidades, sabe de sufrir hasta el éxtasis, de ganar y perder ante La Laguna Tenerife, que desde su nuevo periplo ACB cuando ascendió en 2012, aprendió a ascender peldaños y, lo más difícil, establecerse en la élite. La reiteración de partidos hace engrandecer a ambos. Y seguro que pudiéramos sacar alguna más. Lo más llamativo y lo que se ha de valorar, es que un Lakers-Mavericks ahora será otra cosa, desde la cristalización de una de las noticias que más han sacudido el mundo del baloncesto a lo largo de su historia. Y aquí, aunque en menos situaciones, pero si rascamos, encontraríamos escenarios parecidos que, por otra parte, debiéramos alzan hasta la importancia que merecen, sean rivalidades de equipos o adquisiciones puntuales que dan sal y pimienta al devenir de nuestra competición.


















