LA PACIENCIA PARA SER FELIZ

Existe un momento concreto en el que, cuando Andrés Feliz da un bote tras aprovechar el bloqueo de un compañero, el tiempo se detiene, la incertidumbre del rival se inflama hasta desorientar y la fantasía en el aficionado crece, aventurando lo que el base dominicano ya acostumbra a dar. Puede arrancarse con un cambio de ritmo, continuando con otro bote hasta una entrada a canasta en el que el saludo al aro es cercano, casi familiar, dejando el balón en la red, cual ofrenda, con cualquiera de ambas manos. Entre medias, varios rivales intentan taponar e incluso chocar con un cuerpo de uno ochenta y tantos de estatura, que sabe absorber la rudeza de ese impacto, para posar suavemente el balón.  

Y Andrés Feliz también puede, tras un cambio de dirección, desestabilizar la defensa cambiando la orientación e irse por el otro lado o, con toda la sencillez, un bote más y levantarse con esas dos ballestas que la madre naturaleza le ha otorgado a modo de piernas, para ejecutar una suspensión en la que el defensor confiesa su impotencia, “le he aguantado el cambio de ritmo y esta arrancada. Saltar hasta ahí arriba, mire usted, yo ya no llego”. 

EL HÉROE VERDINEGRO DE LA SEMANA… A PESAR DE STEIMBERGS

Y no, la épica no la reduce el hecho que Marcin Steimbergs diera el triunfo al BAXI Manresa con un triple sobre la bocina en el Olimpic badalonés el pasado sábado, porque la exhibición de Andrés fue sublime. Autor de 28 puntos, más de una tercera parte de los de todo su equipo al completo (que logró 81) y sobre todo, con la obligación de encomendarse a él, debido a las importantísimas bajas entre sus compañeros (Pau Ribas, Tyler Cook y Ante Tomic). Un día torcido en el que Feliz llevaba 6 puntos cuando el electrónico marcaba un pavoroso 30-52 a poco de marcharse a los vestuarios en el intermedio. Se necesitaba de un importante cambio de rumbo. Y se dio, vaya que sí. Tanto como para llegar a empatar el encuentro a 52.

En el parcial más impresionante de este curso sin recibir punto alguno (un 22-0), nuestro protagonista firmó 10 de ellos para hacer vibrar a las gradas como en pocas ocasiones. Gradas que suelen exigir y enjuiciar bajo la lente del aficionado entendido, más que -en ocasiones- animar. Pues aquello fue la locura. Y añadan cuando redondeó el encuentro con la canasta a falta de 2 segundos que otorgaba la delantera (81-80), a la heroica. Solo Steimbergs y su nuevo triple imposible hizo claudicar la fe del dominicano. 

Porque también fueron 28 puntos los conseguidos días antes, en el enfrentamiento más decisivo de este curso -al menos, hasta ahora- en cancha del vigente campeón de la Bundesliga alemana, Ratiopharm Ulm, en el que el Joventut sacó la victoria (79-88) y la clasificación para los cuartos de final de la Eurocup. En esta ocasión en tierras alemanas, quienes dominaron hasta llegar a la veintena, fueron los verdinegros, con Feliz marcando el ritmo como un veterano y, con sus puntos, nunca dar la oportunidad a los de Ulm de poder creer en la victoria. Cuando se acercaban a 6-8 puntos, ¡zas!, un triple, un par de canastas consecutivas y hacerles pensar que tenían que volver a remar. Fue la partitura de un maestro veterano de tan solo 26 años, la secuencia del cómo y cuándo actuar para hacer ganar. Todas aquellas esperanzas materializadas en alguien que hace tres años, junto a acciones vibrantes, hacía desesperar con decisiones individuales erráticas, en mitad de su proceso de adaptación al baloncesto español. 

UN CHICO MUY ESPECIAL

Andrés Feliz ha tenido la etiqueta de ser alguien especial siempre como jugador de baloncesto. No solamente en su Guachupita natal, sino cuando con 16 años tuvo la oportunidad de emigrar a Estados Unidos, aun sin saber ni una palabra de inglés. Orlando Antigua, el fiel asistente de John Calipari durante tantos años en Kentucky, se encaprichó de este joven base cuando fue seleccionador de República Dominicana y encauzó el camino de nuestro protagonista hasta la ciudad de Orlando, en la West Oaks Academy. De ser relegado al tercer equipo a, esa misma temporada, jugar de titular en las semifinales estatales de high school, donde lograron ser campeones. Si el día a día no fue nada fácil debido a la hostilidad que da la barrera del idioma y un nuevo país, el apoyo de un ángel de la guarda en forma de compañero, llamado Richardson Meitre, un haitiano residente en Canadá, junto a afianzarse sobre una pista de baloncesto con el lenguaje universal del baloncesto que él sabía ejecutar, lo elevaron hasta ser uno de los mayores atractivos. Lo mismo que vemos ahora cuando tiene esos arranques de acierto individual, era lo que mostraba en el estado de Florida aquellos días. 

“Es un pitbull en defensa” declaraba Brad Underwood, su entrenador en la prestigiosa universidad de Illinois, la que Feliz eligió para graduarse, algo muy importante en su vida. “Es un tipo tenaz en todo lo que hace. Tener un joven tan humilde y al mismo tiempo tan apasionado, tan competitivo y tan orgulloso de su familia… Todo lo que hace, lo hace bien. Es un líder increíble”. Ser un jugador en la rotación exterior, un físico privilegiado para guardar las espaldas de Ayo Dosumnu, mientras vivía el sueño de ser un chico becado, con todo lo que conlleva. “Un gimnasio para mí, 24 horas al día. Tenías agua y comida, todo lo que quieras y es gratis. Cuando era niño no tenía nada de eso”. Hasta el punto de sentirse dichoso porque la beca de su primera universidad, un junior college también en Florida, incluía 75 dólares semanales para sus propios gastos. Tal humildad encandiló a otra jugadora de baloncesto, una estudiante originaria de Kentucky llamada Lisa Wygal, que tras compartir varios entrenamientos, se emparejaron y actualmente es la esposa y madre de los hijos que comparte con Andrés, tan perenne entre las gradas del Olimpic como su sonrisa. 

Tras el año en el que todo fue extraño con el confinamiento a nivel mundial, frenando en seco una trayectoria más que notable en la temporada 19/20 que no tuvo final, se decidió por recalar en el vinculado del Joventut, el C.B. Prat, en LEB Plata. A las órdenes de Daniel Miret, actual asistente de Carles Durán, Feliz logró unas medias de 18,9 puntos, 4,5 rebotes (sobresaliente para un base) y 3,3 asistencias por partido, logrando el ascenso a LEB Oro. De ahí, en Badalona lo tenían claro: este chico debía recalar en el Joventut

PACIENCIA, VIRTUD DEL JUGADOR Y DEL CLUB

La de cal y la de arena. Acciones increíbles enlazados con errores de bulto siluetizaban el retrato de Feliz en sus primeros meses en la Penya. El baloncesto que había jugado toda su vida, por lo que siempre había destacado, en entredicho por el rigor de la liga más exigente de Europa, la Liga Endesa. Ser el base y director de un club histórico como el verdinegro, acarrea mucho peso en los hombros. Era increíble cómo entraba a canasta, cómo decidía en momentos calientes, el jugador tenía hechuras de no amedrentarse con la responsabilidad. Pero algunos tiros, la toma de malas decisiones… ¡ay! Enfados de Carles Durán en la banda por no entenderlo y la frustración durante este tiempo invertido para ser consciente que aquí, en nuestro baloncesto, cada posesión es un tesoro, que hay que cuidar y valorar. 

Sin embargo, hubo paciencia. Todo el staff técnico al completo lo asumía, arriesgó con el dominicano que poco a poco ha ido creciendo, entendiendo lo que se demanda de su cargo. Y claro, con él venía de serie la materia prima previa, lo que le hizo siempre tan especial. Su fortaleza mental, su deseo por aportar y decidir. Sus canastas de dos con las que nos recreábamos en el inicio de este artículo. De los 7,4 puntos de promedio en su primer año en la Penya, la 21/22, a los 14,9 actuales en esta 23/24. De su inicial 30,2% en triples al actual 36,7%. Porque su tiro exterior también ha mejorado. Su seguridad es latente. 

Ya conoce a sus compañeros y asume lo que puede sacar de ellos y, lo más importante, lo que todos esperan de él. En redes sociales hace pocas fechas, el comentarista de Liga Endesa en Movistar+, Marc Castillo, nos enseñaba ejemplos del tuya-mía junto a Ante Tomic como finalización del pick&roll, jugada inesperada para los adversarios. Tener un compañero como el pívot croata es un lujo. Entenderle y apoyarse en él, una bendición en el día a día. Y la humildad, inteligencia y ética de trabajo de Feliz así lo ha entendido. ¿Y saben lo que han entendido en Badalona? Que Andrés es el líder en los momentos importantes, los decisivos. Él ya tiene su lugar en la historia con la canasta ante Surne Bilbao Basket para vencer sobre la bocina. Pero, ¿qué nos dicen del triple para romper el partido en Vitoria ante Baskonia? ¿Y la canasta por elevación en Ljubljana ante Olimpia Cedevita en el debut de la Eurocup también sobre la bocina? Y la del pasado sábado… de no ser por Steimbergs. 

Andrés Feliz es quien decide, quien se hace importante en los últimos minutos, quien enjuicia -y para bien- las posibilidades del Joventut. Y no es un comentario baladí. Vean estos números.

Como se puede observar, reparte menos asistencias en los últimos cuartos porque acapara más el juego. Más protagonismo, más tiros y mejores porcentajes. La Penya en sus manos, está segura. 

Y esta es la historia del último ídolo badalonés, una estrella venida desde la sombra, como sucedió en su high school y en la universidad de Illinois. Un portento físico cuyas ganas de trabajar y su inteligencia, le ha hecho adaptarse perfectamente y que, en una plaza tan exigente como este Joventut, se ha consagrado en la élite de nuestro baloncesto. Que siga repartiendo en su barriada de Guachupita todo el calzado deportivo que él no pudo disfrutar como chaval, que sea un tipo dulce, amable y que la alegría que emana con su esposa y sus hijos, permanezca por mucho tiempo en Badalona y en nuestra Liga Endesa. Eso significará que seguiremos disfrutando de sus acciones imposibles y sus canastas sobre la bocina. 

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