En un pequeño pabellón de la población de Ludwigsburg, se procedía a la presentación de las selecciones de España y Francia en categoría junior, disputándose la clasificación en el Eurobasket sub18. Era verano de 2002 y el speaker anunciaba a Terence Parker, base francés, “y es hermano de Tony Parker, actual base de San Antonio Spurs” aclaró. Aplausos pertinentes, porque el parecido físico era notorio. Con el turno de nuestros representantes, aparece Marc Gasol y el speaker, vuelta a la tarea “es el hermano de Pau Gasol, actual Rookie del Año en la NBA”. Y, de repente, en el pabellón, se oye un murmullo, casi de asombro, de cómo aquel chaval de 17 años, con acné juvenil, con 2,14 de estatura y sobrado de peso, en una versión infantil de “Cariño, he agrandado al niño”, era el hermano de Pau.

Como amante del baloncesto, hemos de confesar nuestro gozo cuando supimos que fue nombrado “Mejor Defensor del Año” en la mejor liga del mundo, terreno exclusivo del jugador perimetral, privilegiado para robar balones o pívots que vuelan para culminar tapones estratosféricos. Así se escribía el relato de tal galardón, hasta que se lo dieron a Marc, por -otra vez- inteligencia a la hora de jugar, de saber situarse, de tener en su cabeza de manera permanente, las posibilidades del rival de unos pases, una circulación, amenazas en la zona que era su territorio y denegar todo eso por puro posicionamiento y detectar dónde resquebrajaría ataques. Luego añadía la fiereza en su juego que le dio el convencimiento en todo lo que hacía.
Un veteranísimo Jack Palance decía en su interpretación de vaquero curtido en “Cowboys de ciudad”, alzando un dedo índice, que eso era lo importante en la vida, una sola cosa. Billy Cristal finalmente descubrió que esa sola cosa era lo que se estaba haciendo en ese momento. Y define perfectamente la carrera deportiva de Marc Gasol. Lo que tocara en cada situación vital, era lo que se predisponía a afrontar. Asumir que de las primeras exigencias de Svetislav Pesic en el Barça, había mucho de aprendizaje y ser capaz de asumirlo. Aplicar y mostrarlo posteriormente en Girona, enfocado en ser, no solo importante, sino el mejor en la ACB.
Y todo lo que posteriormente llegó en la NBA. Reestructurar una alimentación y unos hábitos, unos condicionantes físicos y asumir lo que era competir a este nivel, algo que quizás sabía desde siempre y lo único que hacía falta era estar en el escenario. Porque en todo hay un poco de suerte y a tal escenario, a veces, se va con un empujoncito, como en el Mundial de Japón. Y una vez allí, lo importante era una sola cosa: comprometerse a ayudar. Sea desde el banquillo o protagonista en una finalísima.
La cercanía de Marc Gasol con los aficionados era como un compromiso para que todos dijéramos con mayor orgullo “tú me representas”. Y claro, a muerte con él y fe ciega en sus posibilidades. Tanto como para saber que en una matinal española, cuando no estaba teniendo una actuación brillante en el “día D”, se repuso y acabó siendo el tipo decisivo, porque cuando se juega una segunda prórroga ya no se puede perder, por muy Australia que fuese el rival. Y suponemos que, algo así, pensaron en Toronto solo un puñado de meses antes. Y eso lo tuvieron claro los aficionados de los Grizzlies durante tantos años.
Marc Gasol dice adiós a una carrera en activo como deportista, de cuento. Desde la introducción que comentamos en el artículo, a tocar el cielo y bajar a lugares más terrenales y saber aupar al club que preside, Bàsquet Girona, hasta el ascenso y consolidación en Liga Endesa. La muestra hacia todos nosotros que, siendo dominador de este juego, estar cerca del aro es un arte en el que se multiplica el peligro para el rival, hasta superarlo. Desde 2002 donde pusimos el inicio de esta aventura en la élite, hasta hoy, son muchos años y muchas alegrías. Lecciones que fuimos aprendiendo de su mano, de un tipo de una inteligencia mayúscula cuya obstinación le llevó al mayor éxito en lo que eligió.

















