…Y EN ZARAGOZA SONÓ LA CAMPANA

Había que poner el colofón a uno de los mejores partidos de la temporada. El triple que parecía llevarnos a la bendita condena de la prórroga con empate a 99, el de Jabari Parker desde la esquina insuflando en sus venas la sangre fría de las estrellas, daba lugar a una última posesión de 6,9 segundos para Casademont Zaragoza. Trae Bell-Haynes había acumulado uno de los dobles-dobles más atractivos del año, con 17 puntos y 13 asistencias. Desde que al saque de banda llegó el balón a sus manos, le tocaría decidir a él, anotando o asistiendo. Pero le tocaba a él. 

Los grandes jugadores tienen la capacidad de congelar el tiempo y ver con más claridad el tablero de ajedrez. Los grandes, tienen la certeza que el siguiente movimiento, debe ser el correcto. Y Bell-Haynes, tras solicitar el bloqueo de su compañero Mitchell Watt y comprobar que su continuación no estaba nada clara, oscurecida porque el Barça -muy acertado en su decisión- estaba ‘zoneando’, se pasó el balón por detrás de la espalda, amenazando cambiar de dirección. “¡Ay!”, pensó por unos instantes Rokas Jokubaitis, que de un posible dos contra uno al base canadiense, ahora se quedaba a mitad de camino en tierra de nadie, en un mar de dudas. Y más que crecieron cuando vio a su compañero de aquel dos contra uno que habían ideado, Nikola Kalinic, caerse al suelo. “¡Ay!”.

Bell Haynes ya tenía la decisión tomada. Detectar el pasillo que se había creado, volver hacia el lado derecho y arrancarse hasta canasta con toda la decisión. Y allá que fue. Jokubaitis, en la labor de achicar agua en ese momento para evitar el naufragio, fue hacia su rival para obstaculizar su entrada a canasta lo más posible, porque esta era ya inevitable. Hubiese ayudado que Vesely hubiese colaborado en la causa, defendiendo en lugar próximo. Ya, defendiendo a McFadden, un tipo en racha que llevaba tres triples sin fallo en la segunda mitad, de forma consecutiva. “Ni lo sueñen”. Y el base canadiense de los zaragozanos, que había sufrido un tapón en la misma situación al filo del descanso, sabía que esta vez el cuento sería otro. Aun forzado, su maestría de saber equilibrarse en el aire le daba la comodidad de ejecutar el tiro corto y la garantía de poder anotar. La garantía se convierte en certeza. Dentro. 101-99 y el estallido en el Príncipe Felipe de Zaragoza como hacía tiempo que no se oía. Victoria sobre la bocina. Ante el Barça.

Un marcador meteórico para un partido meteórico. El de las bajas por los zaragozanos, tras la desvinculación del club de dos de sus jugadores abanderados, Jahlil Okafor a China y Andrea Cinciarini, que regresa a Italia. El de una esquina del banquillo repleta de lesionados, con Santi Yusta, Emir Sulejmanovic y Yoanki Mencía, con tan solo 10 fichas disponibles para enfrentarse a todo una súper potencia, donde a Porfi Fisac -en su línea- no le importó alinear a un chaval de 16 años, Youssouf Traoré, como titular en la contienda (y jugando casi 10 minutos).

Y Trae Bell Haynes como único base del equipo. Sus minutos de descanso los tomó Lucas Langarita, en esta reconversión a director de juego de estas semanas, un papelón cuando se cuenta con 18 años de edad. Por eso era la hora del canadiense. La de reivindicarse y decidir con 19 puntos, 6 de 11 en tiros de campo y los 6 tiros libres que intentó, convertidos. Y es que son 18,6 puntos de promedio en los últimos 3 partidos, el máximo anotador del plantel en este periplo. ¡Ah! Y lugar para el récord, pues sus 13 asistencias han sido el mayor registro en la historia del club, dejando atrás los registros de Tomás Bellas, Pedro Llompart o Sam Van Rossom

Casademont Zaragoza ha de seguir construyendo, que lo alucinante es decir esto en diciembre, como si fuese pretemporada. Desde la desgracia de Borisa Simanic y la marcha a Valencia de Stefan Jovic, todo ello antes de iniciarse la competición, ha sido un camino de sortear obstáculos, muchos más de los que inicialmente plantea una competición como la Liga Endesa. Al menos esta vez, sonó la campaña -y se dio la campanada- en Zaragoza para lograr su quinta victoria. Tan navideño como suena. Jingle Bell…Haynes.

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