Cebolla y calabacín. Venga, añadamos patata también. Pochemos en abundante aceite para luego colarlo. Y al final, se añade el huevo para revolverlo. No tiene más. Pues el plato se llama zarangollo y en la región de Murcia es una exquisitez. Porque tiene la materia prima de la región y todo el arte que convive allí. Eso es mucho.

Ralph McPherson, Nacho Suárez y Clarence Kea, mitos de la ciudad, ya asomaron con el 5-5 en la temporada 90/91, enseñando las posibilidades del equipo. Los dineros depositados en la primera década de este siglo no lograron la tendencia, cada vez más ganadora de los últimos cursos. Porque no se trataba de eso, sino de buena gestión, de tener mucho mimo en el equipo por parte de sus máximos rectores y conocimiento y trabajo día a día. Alejandro Gómez, desde un despacho, sonríe. La dirección deportiva es impoluta. Y son varios años ya de aciertos. Y esta eclosión de buenos resultados, de festín en su Municipal de Deportes, es extendido por parte de quien maneja el área de marketing, José Miguel Garrido. Convencer a toda la ciudad que los partidos de casa son una celebración (que no han perdido esta temporada en su fortín), ahora es fácil, pero no siempre fue así, remangándose para hacer llegar a todos los rincones lo que vislumbraba. Que todo esto, UCAM y baloncesto en Murcia, sea algo intrínseco de la tierra. El arte que convive allí.
Actualmente, quienes conviven son los que conforman el plantel. Y algo tiene esta zona pegada al Mediterráneo, cuando para muchos de ellos es encontrar su lugar en el mundo. Dylan Ennis es un tipo feliz, porque está igualando con 27 minutos y 15,3 sus medias en su mejor temporada en Zaragoza, como lo están mostrando las incorporaciones suecas, Ludde Hakanson y Simon Birgander. Saltar de 6,3 puntos y 4,9 rebotes, con un 54,6% en tiros de campo el pasado curso, a ser uno de los reyes estadísticos de esta Liga Endesa en este, con 15,4 puntos y 9.8 rebotes, con un 62,9% en tiros de campo, es una verdadera locura. Y bajo el amparo de Nemanja Radovic, alguien ya “de la casa”, disfruta Moussa Diagne, que vuelve a ser feliz sin problemas físicos, que ya no hace falta del uso de tantos triples como en su última temporada en Andorra, porque vuelve a su hábitat de brega en la zona, donde le gusta, donde sonríe.
Sin embargo, en esta ocasión, nos vamos a detener en Rodion Kurucs. Quizás el domingo por la tarde fuimos testigos de un punto de inflexión. Su 18,2% en triples esta temporada parecen como un ancla maldito a su pasada temporada en Sevilla, donde su paso fue insípidamente discreto. Ante el Barça, con 70-72 en el electrónico y entrando en pista a falta de 03:11 para el final, siguió con la estrategia local de buscar las debilidades azulgranas (que ya es complicado), insistiendo en el poste bajo. Una, dos y tres canastas. Consecutivas y sin respuesta rival. La templanza y el dominio del alero letón, ese con el que pegamos un respingo en la pasada Copa del Mundo con su selección letona, “¡ese no es el del Betis!”, se elevó con todas sus facultades físicas y, sobre todo, técnicas, para dominar en el momento de la verdad. Y Una cuarta ocasión el balón fue a sus manos, al bendito poste bajo, a la sombra del aro, donde cualquier acción positiva hace estallar naves enemigas, para asistir al corte de Birgander, reafirmando con tal rúbrica la imbatibilidad en casa.
Ya ven de la cantidad de materia prima que hay en Murcia. Las cebollas y los calabacines no son cosa corriente, son de allí. ¡Ay, amigo! Y luego, el arte, para saber que cuando se retiran del fuego, hay que echar los huevos. Que con calma se cuaje con el calor sobrante de las verduras. Arte y maestría. Y Sito Alonso sujetando el recipiente, porque es otro que ya sabe de la cocina de allí, que son ya unos años. Otro tipo que ha encontrado su sitio. Y el estudio metódico de hacer daño donde más debilidad contaban los barcelonistas, en la defensa del pick&roll, de ser verticales, agresivos y hasta hirientes. “Este año contamos con físico, cosa que me alegra y satisface” nos comenta cuando nos lo cruzamos por los pasillos a la mañana siguiente, con la sonrisa aún de la satisfacción por las cosas bien hechas. “Tenemos profundidad y físico”. Y falta de cualquier prejuicio para enfrentarse con los grandes. Que son 7-3 para estar arriba, muy arriba en la clasificación. Que profundidad puede ser el billete de Copa, pero sobre todo de Playoff, porque otros caerán en un dificilísimo ejercicio de mantener la solidez del UCAM. Materia prima y arte murciano. El arte del zarangollo.


















