Era cuestión que el tiempo le diese la oportunidad de jugar 34 partidos. Y poder así ser importante en Casademont Zaragoza, porque de la calidad y el hambre, ya se encargaba él. Fue el pasado curso cuando tuvo tal bendita normalidad, sin conocerla desde su primer año en Obradoiro, allá por la temporada 15/16. Muchos años con muchos lastres. Considerado entre la clase alta de nuestro baloncesto español, Santi Yusta cayó en la mala suerte de romperse la rodilla exhibiendo tal condición, con el Equipo Nacional, una tarde de “ventanas FIBA” ante Polonia en febrero de 2020. Luego, que si el rotura del menisco, luego que si… Antes del pasado curso, donde sí pudo jugar a plenas condiciones todo el año, solo disfrutó 81 de los posibles 136 en las 4 campañas precedentes. Demasiado escaso para un joven que buscaba continuidad.

De casta le viene al galgo el gen deportivo (padre, portero de fútbol y madre, jugadora de baloncesto), pero mostrar liderazgo no es cosa solo de genética, sino de voluntad por serlo, con esfuerzo, partido a partido, sembrando el ejemplo. Santi Yusta es un lujo, porque verle jugar, es poner a disposición de este bendito juego sus desbordantes condiciones físicas y saber cómo acoplarlas y hacer daño al rival. Sigue siendo el tipo que entra a canasta al mínimo resquicio que tiene, su mayor don. Y una vez arrancado, es de esa clase de “Nocionis de la vida” que van con todo, de los que oye al rival tragar saliva viéndole venir y de la expectación en la grada cuando la locomotora ruge.
Su actuación -e importante victoria maña ante Unicaja en la segunda jornada-, con 20 puntos cargados de carácter y agresividad, fue como una bienvenida a la afición en esta nueva temporada. Que lo confesaba el pasado verano, lo que pide es salud para poder mostrar todo lo que tiene. Sobre el mapa de juego de su entrenador, Porficio Fisac, con los espacios habituales como sello, con ala-pívots con fiable tiro exterior como Tomasz Gielo, amenazas desde poste bajo por obra y gracia de Jahlil Okafor, junto con la también verticalidad entrando a canasta de Mark Smith, el juego de Santi Yusta es un acicate más que compacta un ataque tan inteligente como elaborado. Siempre encontrarán en la circulación de balón, la fractura para poder entrar. Una vez hecho, del resultado ya sabemos.
Nuestro protagonista es fiabilidad en el tiro exterior (38,9% en triples) y en poste bajo sabe jugar, no solamente por una cuestión de potencia, sino adherida a una notable clase. Y échenle corazón al asunto, para quedarnos con un tipo que está en la élite de nuestro baloncesto. Y todas estas virtudes en Santi Yusta, se traducen en la receta más fiable para romper la dinámica del 1-4 que Casademont Zaragoza cuenta hoy día en la clasificación.

















