Claro que el escenario era el ideal. El Martín Carpena abarrotado, sin necesidad de que fuese el rival Barça o Real Madrid, sino que con la excusa de ser el primer día ya servía. Era un escenario perfecto, repleto de gente que sueña con sus colores. Ellos vibran y hacen vibrar. Pero había momentos del enfrentamiento de Unicaja ante Lenovo Tenerife, que uno se dejaba embaucar por la calidad de sus canastas y sus defensas. Y sus canastas sobre esas defensas. Y es cuando existe un parón y da tiempo a pensar, en una especie de reflexión contrarreloj, que el juego está a punto de reanudarse, que el nivel de la Liga Endesa es extraordinario. Su calidad es altísima. Y son muchos escenarios en los que podremos ver un gran espectáculo y pensar, transitar hasta la siguiente reflexión la fascinación que tienen en nuestra liga todos los scouts estadounidenses, agentes y entrenadores allende los mares -que damos fe de ello-. La calidad del juego.

Y sí, también hay alguien por el individuo que genera una especial atención, que siempre nos ofrece algo diferente, algo para elogiar. Añadan la sugerente carga de ser aficionado a un equipo o simple seguidor de este bendito deporte, de la curiosidad de tal o cual fichaje, que estamos en las primeras jornadas, con todo el muestrario por enseñar y certifica nuestras palabras.
Sea donde sea, sentarse hoy día a ver un partido de Liga Endesa, es billete para enmarcar un espectáculo auténtico, de los que agrandan el tiempo, casi falseándolo como las buenas escenas, para que lo disfrutemos más. Por la calidad de su juego.
















