Son nuestros campeones del mundo, los “Golden boys 2.0”. Ganadores, sí, pero sobre todo, inspiradores a los aficionados de los sentimientos más punzantes, los que nos han llevado al júbilo. Y curiosamente, las menos veces, por sus canastas. El compromiso, el esfuerzo defensivo hasta el límite y la voluntad de ser un grupo, nos han emocionado.
Ahora, en Endesa Basket Lover toca hacer uno análisis algo más pormenorizado de todos y cada uno de ellos.
RAFA VILLAR. Base. 1,93. F.C. Barcelona. Se ha convertido en la brújula del equipo. Según iba avanzando el campeonato y la importancia de cada compromiso a partir de los cruces, ha ido creciendo en importancia y en liderazgo. Nuestro principal director de juego, aún con 18 años, parecía el jugador más experimentado tras la vivencia de 20 partidos jugados en LEB Oro, promediando 18 minutos en el Força Lleida. Y le vino al equipo de perlas, porque tuvo las tablas para saber marcar el juego del equipo a cada momento. Su inconsistencia en el tiro exterior (2 de 10 en triples a lo largo del torneo) se fue diluyendo ante todas sus virtudes, porque entre suspensiones a media distancia y entradas, cumplió con creces. ¡Cómo era posible que anotara canastas imposibles en la final, cuando estaba agotado! Decidir entrar a canasta era sacar todo su repertorio de recursos, que no pasan por excelsas cualidades físicas, sino saber del arte de este juego. Su estampa, exhausto, en los últimos minutos de la final, de tener que aguantar porque en su figura teníamos depositada toda nuestra confianza, se merecía una medalla de oro. ¡Olé por ti! NOTA: 8.

LUCAS LANGARITA. Escolta. 1,95. Casademont Zaragoza. Era el primer exterior en las rotaciones de Miret. Acertado en el lanzamiento triple (39,4%), de esta futura joya debemos tener aún paciencia a que acabe rompiendo, que son 18 años los que tiene todavía. Su carácter ganador y esas piernas privilegiadas van a dar mucho juego. Esa falta de experiencia conlleva cierta inconsistencia todavía, a la hora de tomar decisiones sobre todo, aunque siempre cumplió con creces. Pero, claro, es que barruntamos una estrella en ciernes y lo que no podemos es ser impacientes con su evolución. Poco a poco. NOTA: 6.
SERGIO DE LARREA. Base. 1,97. Valencia Basket. Era el base de recambio de Rafa Villar que, gracias a su estatura y sus aptitudes, en ocasiones compartió pista con él. Era el benjamín del grupo -con 17 años- y eso se ha notado. Cuando jugaba cómodo, se le veía con mucha gracia. La que él tiene. En los partidos de más responsabilidad… que son 17 años en un director de juego, démosle tiempo. Y que se lo dé él también, que no es nada decepcionante y sí de valientes tomar decisiones con el riesgo al error. Esta es una experiencia maravillosa en la que, entre otras cosas, tocaba equivocarse. Y con esto, decir que ha sabido estar cuando se le ha requerido, que ha ayudado y mucho en el notabilísimo engranaje defensivo que había en pista constantemente, que su presión al balón ha sido muy preciada. NOTA: 6.

JORDI RODRÍGUEZ. Alero. 1,99. Joventut Badalona. Uno de los principales andamios en los que se ha sostenido esta medalla de oro. Joya mimada en la cantera verdinegra, para la historia nos llevaremos la suspensión que llevó al equipo a la prórroga en la final. Y otro caso similar al de Villar, multiplicando su valor cuando ya estaban reventados. Su facilidad en el tiro, su rapidez de ejecución, procedente en primer término de una perfecta colocación y trabajo de pies, lo han hecho ser componente del mejor quinteto. Y no es para menos. Chico decidido cuando entra a canasta, su constante actividad en pista denota el espíritu de un ganador. Los años y los partidos jugados le harán ser mejor jugador en el bloqueo y continuación -algo a trabajar- y hacerle ver que, por muy buenas que sean sus facultades físicas, intentar zafarse de rivales franceses en uno contra uno, es complicado, que hay otras armas y las irá aprendiendo. 39,1% en triples, aunque eso sí, poco más de un 52% en tiros libres, cuestión de concentración. Pecados de juventud. Pero uno de nuestros baluartes más valiosos. NOTA: 8.
ALEJANDRO MORENO. Base. 1,93. Casademont Zaragoza. Ha sido el tercer base del equipo. Ha podido disfrutar de minutos en los partidos en los que la ventaja parecía más holgada. 24 ante el Líbano y 14 ante Argentina, en este choque de cuartos, cuando en la segunda mitad el encuentro estaba encarrilado. Director de juego coherente, sabiendo cuándo le tocaba su cuota de protagonismo. Aunque el disfrutar de minutos con un marcador casi intrascendente, nos hace que no podamos tomar una evaluación numerizada de su actuación. NOTA: Sin calificar.
SEDIQ GARUBA. Alero. 1,93. Real Madrid. Pues la final se escribe con letras de oro porque tuvimos a Sediq Garuba como una de las claves. Y no solo en la final. No sabemos si su aptitud defensiva supera a su actitud, pero ambas han sido de sobresaliente. Era fascinante ver el pavor en los rivales que subían el balón cuando lo tenían enfrente. La concentración y el instinto para adivinar líneas de pase, el umbral de esfuerzo que siempre marca y que acaba impregnando a sus compañeros. Un lujo contar con él. Aunque no es un buen tirador exterior, pero sí va sabiendo cuándo toca decidirse, encontrar las opciones más óptimas. Y el mismo cuento entrando a canasta. Estudiar su juego y aprender cómo y cuándo es el turno de sus virtudes, es de tipo inteligente. Tan inteligente como anticiparse al juego en defensa y saber qué va a pasar. Un lujo tenerlo en el plantel. NOTA: 7.

IZAN ALMANSA. Pívot. 2,09. NBA G League Ignite. Es el recopilador de trofeos MVP de campeonatos, porque es el más determinante. En Debrecen ha estado de sobresaliente, con unas cualidades que le están encaminando a ser el jugador que va a ser. Si el año pasado en el Mundial malagueño, vimos en él un gran jugador de pick&roll continuando hacia canasta como un puñal, en esta ocasión tocaba ser más jugador de poste bajo. Y ha vuelto a ser resolutivo y decisivo porque mueve muy bien sus pies y, sobre todo, tiene uno de los toques más suaves en soltar el balón a canasta. Sus ganchos en suspensión parecen trazos de arquitecto, dando la velocidad y orientación con exactitud informatizada para que acaben en el aro. El chaval sabe. Además, ha sido nuestro mayor baluarte interior en defensa y, sin ninguna duda, el mayor intimidador del campeonato. Para ello ha que tener tablas y conocimiento, pero sobre todo hambre. Y esa es la expresión que más define su juego: hambre. Por jugar, por ganar, por triunfar. Cómo apabulló a los interiores franceses en el partido de la fase de grupos, era casi sonrojante. Claro, luego la carga de minutos a lo largo del campeonato (26 minutos de media) y su importancia en la final (jugó 41 minutos), hicieron que la final fuese otra batalla diferente ante las tanquetas rivales. Encima, un golpe de su compañero Alexandre Sarr durante la final, lo dejó grogui gran parte del partido. Y aun así, ahí estuvo. Lo que volvemos a recalcar: el hambre. 16,8 puntos y un 61% en tiros de campo. El mejor, sin discusión. Y sobre todo, compañero. NOTA: 9.
LUIS GARCÍA. Ala-pívot. 2,04. Real Betis Baloncesto. 9 minutos ante Canadá y 20 ante Líbano, no dan mucho bagaje para evaluar. Tiempo tendremos de ver su desarrollo y su talento. Pero, ¿saben dónde sí lo destacamos? Era el primero en animar en la banda, sabiéndose quien menos jugaba. Era el primero en saltar para animar a sus compañeros cuando se decretaba tiempo muerto. Siempre haciendo grupo. Ni un mal gesto, ni una mala cara, sabiendo disfrutar de una experiencia que el destino le ha deparado. Todo un ejemplo. NOTA: Sin calificar.
BABA MILER. Alero. 2,08. Overtime Elite. Otro de los jugadores más importantes de esta selección. En esta ocasión jugando como ala-pívot por obligación del guion (donde sí se le notaban ramalazos que él es un alero puro, acostumbrado a jugar más alejado del aro). Claro, uno ve la estampa de Miller y sale impresionado. Degustar la gracilidad de su juego, es impactante. Ha tenido momentos muy importantes, como su serie de 4 de 4 en triples que acabaron destrozando a Francia en la fase de grupos y en la final, saber detectar cuándo sus rivales estaban ya muy cansados para tomar protagonismo entrando a canasta, “asfaltando” tras sus pasos el camino al oro. Cuando marcaba los dos pasos en su camino a la bandeja… es que es muy complicado ver en estas categorías, un recorrido tan largo con dos zancadas. Muy buenos minutos también ante Argentina en la 2ª mitad, su 76% en tiros de 2 puntos dan una idea de lo decisivo que era bajo el aro, para 9,4 puntos de promedio. NOTA: 7.

DAVID GÓMEZ. Ala-pívot. 2,07. Real Betis Baloncesto. 12 minutos de media no dicen mucho, aunque sí es verdad que jugó en varias ocasiones minutos importantes. Poco protagonismo, pero sí suficiente para ver sus cualidades. Y pedirle a modo de ruego, que siga trabajando, que no desfallezca. Que con sus interminables brazos y su sobresaliente técnica individual, chicos así no es nada fácil encontrarlos. Con su mecánica de tiro, podemos estar ante un tipo con gran lanzamiento exterior. Y nos remitimos a evaluarlo en un futuro. NOTA: Sin calificar.
VICTORY ONUETU. Pívot. 2,10. Unicaja. 10 minutos de media, mucho aún por trabajar, pero apoyado en sus condiciones físicas, el que sea un chico que necesite más recorrido en su juego da, incluso, el arrebato que tengamos más paciencia con él. Ayudó en el rebote defensivo y en la defensa española. Jugador que supo hacer grupo. NOTA: Sin calificar.
ISAAC NOGUÉS. Alero. 1,96. Peñas Recreativas de Huesca. El regalo que nos dio la final. A Isaac hay que hacerle un monumento en los exteriores del pabellón en Debrecen, porque él y Garuba fueron los que sostuvieron con su defensa a España en la final, cuando venían mal dadas. Sus condiciones defensivas las ha mostrado de manera sobrada a lo largo del torneo. Pero es que, en la final, la defensa fue quien dio el título. Y él fue el más destacado. Pocas veces se puede ver una entrega mayor en un jugador y, sobre todo, con tantos y tan buenos réditos. Es que fue alucinante. Muy buenas condiciones físicas, carácter y raza para imponerse ante hombres mucho más altos que él, puesto que debió batallar en posiciones más cercanas a la canasta, cuando Almansa se tomaba un respiro en el banquillo y tocaba junto a Miller, ser la dupla interior. Impresionante. Fajarse, luchar, no ceder un centímetro. Qué raza. Para que luego hablen de blanduras en Badalona. Jugador con más limitaciones en ataque, sobre todo en el tiro… es que nos da igual. En este Mundial, fue héroe. Mucho hay que agradecerle. NOTA: 7.
Daniel Miret. Entrenador. Joventut Badalona. Nos ha gustado todo de él. Lo primero, la propuesta. Chequear todo lo que tenía a su disposición, asumir las virtudes y los puntos a mejorar de los chicos y a partir de ahí, planificar un tipo de juego. Conocía perfectamente de las carencias (interiores, sobre todo) del grupo y ha sido valiente arriesgando. Hasta llegar a la final, donde los chicos ya estaban muy cansados, el resto ha sido una alegoría a la lógica en el juego del baloncesto, asumiendo que en poste bajo se podía hacer mucho daño, en invertir el balón para que los aleros tengan libertad de decidir con muchos más espacios, sea en el triple o en posiciones más cercanas. Nunca esclavo del triple, siempre con un estudio más que metódico del quinteto en pista y según para qué circunstancias. Y en defensa, sublime. El entramado defensivo de la selección, llegando a todas partes, anulando el concepto del “lado débil”, porque nuestros gladiadores llegaban a todas partes… Es que ha sido todo de cuento y, como tal, se tenía que llegar al oro. Magnífico. NOTA: 9.

















